Una simple canción de apenas 3 minutos y 21 segundos de duración, una expresión de la vida, del alcance del espíritu, de la bajeza humana, y de la esperanza misma, encarnada en un ave que sobrevuela una ciudad, la cual puede ser una expresión literal de una urbe, o una metáfora sobre uno mismo, una nación, o la humanidad entera como unidad de especie.
La ingenuidad engañosa con la que comienza la canción nos invita a sonreir, y nuestros oídos se relajan por un momento. Pero más adelante, conforme la misma canción nos lleva a un subsuelo de hechos históricos deleznables y de actitudes humanas tan cotidianas como destructivas, nos adentramos a una densidad sonora que alcanza la ominosidad y así, de ser un alegre e ingenuo tema, se transforma en un oscuro y pesado lapso (como en la vida misma), mientras el ave, desde su perspectiva de más arriba, parece compadecerse al mismo tiempo que siente lástima por la ceguera de quienes somos mayoría, siendo oprimidos por los menos. La historia de la humanidad, ni más ni menos.
Pero la gracia de Rubén Albarrán (compositor de esta joya) nos permite regresar, resurgir del fondo al que nos había llevado, ahora reemplazando la ingenuidad por una esperanza indescriptible, expresada por el amor que el ave siente por su ciudad (reitero, literal o metafóricamente) a pesar de que ésta le hace tanto bien y tanto mal.
Para cerrar, y así estremecernos, el ave nos deja entrever que todos y cada uno de nosotros pertenecemos a una gran nada, y que tal y como ella, todos tenemos alas para así volar, y escapar de nuestra naturaleza autodestructiva. La canción cierra espléndidamente de la misma manera en la que comenzó, cerrando un círculo, un ciclo como lo es la vida misma, la cual comienza y termina con llantos y dolor.
Todo esto encapsulado en poco más de 3 minutos, es un logro musical y artístico total. Y la canción, desde luego, es un deleite de principio a fin.
Es momento de redactar una serie de posts que yo mismo he estado buscando a lo largo de la red, y que al parecer nadie ha escrito de manera ordenada, extensa y completa. Me refiero a la historia completa del rock. Para ello primero debemos considerar que el rock no sólo se refiere a esa música de guitarras estridentes y músicos adictos a las drogas (que en muchos casos sí lo son), sino me refiero a esa música contemporánea en la que la mayoría de los géneros de la actualidad (menos los regionales y/o autóctonos, a pesar de haber sido influenciados en estructura por el rock en innumerables ocasiones) basan sus armonías, melodías y ritmos.
El rock como tal, ha logrado que se unifiquen criterios musicales en nuestra época, y que de ahí se ramifiquen un sinfín de sub-géneros algunos otros que antes eran externos al rock, se complementen con elementos de éste a un nivel tan esencial, que lentamente entraron al grupo de movimientos musicales derivados del rock.
Entonces, a lo largo de estos posts, consideraremos al rock como un todo, como un compendio global de la música contemporánea, y no sólo a las guitarras estridentes. Me parecía importante recalcar este hecho porque, en su momento, se tratará de dar explicación a los orígenes y fundamentos de movimientos musicales que nacieron en el seno del rock, y a partir de ahí, labraron su propio camino en la historia de la música. Algunos otros aún se encuentran emparentados cercanamente con el rock de sepa, y otros tantos son híbridos con elementos innegables del rock, pero fusionados con otros aspectos externos, como la cultura regional, la época y el contexto que rodea a los mismos.
En fin, que el esfuerzo de entregar datos históricos verídicos y relevantes, alimentará la comprensión y análisis de la música que todos escuchamos hoy en día.
La música es un arte, y como tal debe ser analizado y comprendido en su totalidad considerando no sólo lo que se escucha, sino todo el contexto general que le respalda, y le ha sostenido a lo largo de milenios de existencia humana. De ahí radica la importancia (en mi opinión) de conocer y estructurar la historia de un género tan fundamental en la historia de este arte, dentro de nuestra evolución humana.
Para quienes regularmente leían este blog, les pido disculpas por el repentino abandono. El blog revive, con algunos proyectos interesantes que con el tiempo podrán conocer. Espero y les guste.
La manera en que cada quien escucha la música, ciertamente es diferente, única y característica de la unicidad que todos por naturaleza poseemos. La apreciación del arte es por necesidad un acto de subjetividad, como la mayoria de los análisis que hacemos en nuestras vidas. Sin embargo, todos sabemos que obras como la Mona Lisa de Da Vinci, La Piedad de Miguel Ángel o la Novena Sinfonía de Beethoven son obras artísticas de calidad incuestionable, y de una trascendencia histórica prácticamente inigualable. La aceptación universal de estas obras como monumentos a la historia del arte también pone en tela de juicio la subjetividad de la opinión. Claro, se trata de obras supremas, pero cuanto menos populares son las expresiones artísticas, más borrosa se hace la línea del arte y las burdas expresiones pseudo-artísticas.
En el terreno de la música, además de la mencionada novena de Beethoven, obras como la Pasión de Bach, el Réquiem de Mozart, las Cuatro Estaciones de Vivaldi o el Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, entre otras, son obras musicales de aceptación prácticamente universal, y es justo en este nivel de obras, que yo encuentro un patrón de conducta no tan visible en obras menos vistosas, aunque de muy buena calidad también. Qué pasa si alguien menciona que le "aburre la música clasica", o bien, que es muy buena música "para relajarse", o "para dormir". Lo único que se demostraría es que, más allá de la obvia incomprensión de la música como tal con sus elementos fundamentales, se estaría cayendo en el terreno de la ignorancia, no como un motivo de ofensa, sino como una razón para apreciar de tan paupérrima manera las obras musicales. Si esta situación la llevásemos a un terreno más convencional, podríamos deducir que, hoy en día, la subjetividad tiene más que ver con la ignorancia que con la independencia de razonamiento.
Ejemplos de esto podrían ser dos extremos diametralmente opuestos que se presentan con tanta frecuencia, que ya parecen ser un reflejo natural de la conducta de las personas. El primero es cuando se le pregunta a alguien su tipo de música favorito, y su respuesta es "de todo un poco". Una vez que afirma ser capaz de encontrar gusto a todo tipo de música, se le presenta música no tan convencional, como por ejemplo el álbum "Tago Mago" de la banda alemana de krautrock Can y, obviamente, dice no gustarle. Más allá de si conscientemente y con razonamientos lógicos argumenta su disgusto por el krautrock, su desdén tiene más que ver con su desconocimiento de dicha corriente musical. Y para cerrar con broche de oro, la frase de cajón incuestionable y sacrosanta con la que disculpa y se enorgullece de su falta de conocimiento, "en gustos se rompen géneros".
Es por ello que sería importante conocer los elementos de análisis musical en su nivel más teórico, que sirvan como herramientas base para un análisis posterior, individual y subjetivo, pero con razonamiento fundamentado. Es importante comprender que la música es la conjunción de 3 elementos, los cuales nunca deberán faltar en una expresión que pretenda ser artística: armonía, melodía y ritmo. Es decir, si yo, con mis dedos hago un sonido rítmico en la mesa o escritorio, estoy creando un ritmo, sin embargo, no estoy creando música, puesto que no hay melodías y armonías que sustenten mi expresión como tal. El ritmo es eso, la frecuencia numérica con que se mantiene un sonido, manteniendo coherencia y constancia. El ritmo es el sustento por ejemplo, del baile, aunque no es exclusivo un elemento con respecto al otro. Obras en ritmos complejos son imposibles de bailar, sin embargo, la frecuencia numérica del ritmo tiene sentido, y en su complejidad, mantiene una coherencia razonable, por lo que se mantiene en su estándar musical.
La armonía es la correcta conjunción de sonidos, que sean agradables, coherentes y expresivos, y que vayan de acuerdo con el ritmo. Si por ejemplo, en una canción de repente sonara un zumbido, o un estruendo que no tuviera ningún sentido con la temática de la canción, se estaría alterando la música. Así mismo, la correcta elección de instrumentos para interpretar alguna canción, es fundamental para incrementar o disminuir su calidad artística. Una cumbia metida en una canción de rock, no necesariamente es inaudible, pero ciertamente la mezcla de elementos sin sentido ni conexión cultural disminuye la calidad de la expresión musical. Es decir, se atenta contra la armonía musical.
Por último, la melodía es el alma de la música, todas las emociones y sentimentos, que van de lo sublime a lo grotesco, dentro de lo estrictamente humano y noble, se transmiten a través de las melodías de una canción, sonata o sinfonía. La originalidad y expresividad de las melodías es funndamental para alcanzar la gloria en el plano artístico. ¿Qué sería de la novena sinfonía de Beethoven sin esa melodía gloriosa que aparece en el último movimiento? Esta melodía es la más memorable de la historia de la humanidad, y es debido a que está tan bien hecha, que transmite múltiples emociones no sólo a los oídos o al cerebro de quienes le escuchan, sino a sus almas y corazones mismos. Aquí se evidencía la importancia de la melodía en la música. Cierto, si analizamos dicha obra, el ritmo jamás se pierde, y las armonías son fundamantales para alcanzar el éxtasis sonoro que todos hemos escuchado, pero el alma de la obra, es la melodía. Reitero, originalidad y expresividad. La misma melodía de siempre no funciona, el mismo sonsonete en cada canción no funciona.
Una vez comprendidos estos elementos, una vez que asimilamos la importancia de cada uno de estos, ahora sí, podemos analizar la música, podemos ser subjetivos y desechar obras no por desconocimiento o ignorancia, sino con conocimiento de causa y con elementos fundamentados que sustenten nuestra sagrada subjetividad. De nosotros dependerá el incursionar en expresiones musicales mucho más complejas (como el jazz) o disfrutar las mieles de las expresiones más simples y destellantes (rock, pop, blues). Ahora sabemos por qué el reggateón es tan vilipendiado por críticos y conocedores; se trata de sólo ritmo, con armonías horrorosas (gritos y percusiones primitivescas) y una ausencia de melodías, o melodías tan burdas como poco creativas. Ahora sabemos en qué radica la aceptación universal de las obras mencionadas al principio de este escrito.
Para finalizar, una pequeña muestra, una serie de vídeos que cada quien, ahora con conocimiento de causa, podrá juzgar sobre cuales se pueden aceptar como expresiones artística, y cuales no.
Los seres humanos somos extraños, únicos y excepcionalmente irrepetibles. Sin embargo todos buscamos pertenecer a un grupo mayor, por instinto incluso. Nos volvemos capaces de eliminar o intentar eliminar esos razgos tan únicos que os diferencían de los demás, y pretendemos encajar por fuerza en alguna masa, sólo para ser parte de ella.
A mí me gustan mis peculiaridades, pero lo mío va más allá de ser distinto y defender mi unicidad. Pero más allá de si lo mío es raro o no, a mí me gusta pertenecer a grupos, mi familia siendo el principal ejemplo de ello. Pero, ¿qué es lo que hace que funcione mi pertenencia a un grupo, si no soy similar a casi nadie de los miembros? Pues que yo respeto, y que se me respeta. Y es que casi nadie quiere respetar, porque de ser así, todos podríamos partenecer a todos los grupos, sin miedo a que se nos excluya, se nos relegue o se nos aparte del núcleo social de dicho grupo.
La verdad es que nadie acepta a otros tal cual, y por ello se generan las distinciones, y por miedo a ellas, es que decidimos renunciar a nosotros mismos, y hallamos la vacía satisfacción de compartir gustos, preferencias, actitudes y hasta valores que no son nuestros en verdad. Es eso precisamente, el vacío de vivir en una soledad voluntaria, y en una compañía de cartón.
¿En dónde queda nuestro real yo? Eso casi nadie lo sabe. Todos vivimos en el autoengaño de que "así soy", porque es más fácil creer que somos ese ente que pertenece por pertenecer.
Imagino cómo sería una vida de diversidad humana, casi una utopía. Sorpresas incontables en cada esquina, en cada salón de clases, en cada empleo, en cada persona que uno se topa. Ni modo.