martes, 27 de junio de 2017

Álbumes Históricos: Let It Bleed (1969)


El que, desde mi perspectiva, es el álbum más fino de los Rolling Stones, de principio a fin, Let It Bleed nos muestra a unos músicos en plenitud creativa e interpretativa, en tan sólo 9 canciones dejan constancia de su altísimo nivel musical, con una música que si bien de inicio no es la más destellante o atractiva, sí que lo es cuando se le escucha un par de veces y se asimila su homenaje a las raíces del rock.

En ese punto de la historia, el rock sufría un cambio generacional, los Beatles estaban agonizando como banda, la invasión inglesa estaba por terminar, la psicodelia era el sonido de moda, de una manera abrumadora todas las bandas querían ser psicodélicas, e incluso la psicodelia se encontraba también en una trancisión hacia el rock progresivo que predominó en la década siguiente. Ante esto, los Rolling Stones se arriesgaban no sólo a ser ignorados, por el hecho de no pertenecer a ninguno de estos movimientos de moda, sino que se les pudo haber catalogado de anticuados.

Nadie quería regresar al blues, al gospel, al country. Todos esos sonidos parecían haberse borrado del mapa de manera contundente, sin embargo, he aquí la prueba de que estos sonidos de antaño también podían evolucionar, y adaptarse a las nuevas corrientes sonoras. Y la mezcla de rock duro con blues amalgamó de una manera tan perfecta, que al día de hoy, músicos como Jack White aún siguen tocando el estilo y la fusión que de manera ingeniosa los Stones inauguraron hace casi 50 años.

La obra abre de manera portentosa con el tema más accesible del álbum, la rockerísima "Gimme Shelter", una canción abiertamente de protesta, con ecos al rythm & blues de 20 años atrás, pero con un poderosos background rocanrolero, y un coro gospel que se luce sobremanera. Repito, esta fusión que inauguraron los Rolling Stones fue tan fantástica que aún perdura, y la muestra de ello es el hecho de que esta canción suena tan actual y fresca como si hubiese sido grabada en este mismo año.

El segundo tema, "Love In Vain" es un triste blues (valga la redundancia) sacado de un bar de mala muerte, que se rinde ante la nostalgia propia de la soledad, y que con ecos al country, baja las revoluciones aceleradas del primer tema, de una manera incluso sana para nuestros oídos, puesto que con la intensidad de los temas que siguen, se necesitaba un respiro sonoro. Inmediatamente después, nos trasladaremos a una granja del sur de la unión americana, mediante las melodías de la típicamente redneck "Country Honk", sin que ello sea necesariamente algo negativo. El fiddle, o violín campirano, es la estrella de esta canción, de la que habría una versión rockera mucho más conocida; sin embargo, esta versión "rural" es la original del álbum, y como tal, enriquece en demasía el concepto del álbum, destacando otra faceta de las raíces del rock, además haciéndolo con una canción llena de melodías tan arquetípicas del género country, como memorables y cercanas al pop. Esta canción será de las más fácilmente recordables de todo el álbum.

En contraste, "Live With Me" es un enérgico rock duro, donde el riff de bajo nos dará la bienvenida, y posteriormente las poderosas guitarras y la trepidante batería complementarán una de las canciones más rockeras del historial stoniano. La letra resulta ser una sátira a la misoginia que se vivía en la época de manera tan natural e inadvertida, en la que el vocalista invita a una mujer a vivir con él, explicándole sus hábitos y requerimientos domésticos, para que ella se acople a ellos. Nada de esto funcionaría sin la energía transmitida por el rock de sepa de la canción. Especial atención a los momentos finales, en donde se destrampará dicha energía, y terminará explotándonos en los oídos de manera estremecedora. Por su parte, "Let It Bleed" es una canción mucho más tranquila, más cercana al rock pop de los Beatles, aunque preponderando una base bluesera que aparentemente es inherente a cualquier canción de los Rolling Stones, aunque ellos no se lo propongan así. La canción también va en constante crescendo, sin llegar a los niveles de explosividad de la canción anterior, pero sí logrand cerrar una canción que co las escuchas iremos apreciando y dándole su valor justo.

La segunda mitad del álbum abre con la impresionante "Midnight Rambler", un típico blues de la zona norte de los Estados Unidos, especialmente el que se hacía en Chicago, pero con una altísima dosis experimental que hace de este tema un auténtico viaje sonoro. El delicioso riff, la armónica tocada estupendamente por Jagger, y la base rítmica de altísima finura se destacan por igual, todos los elementos que conforman el tema son tan fantásticos que no dejan a los demás que resalten. Una de las canciones más disfrutables de todo el álbum. "You Got The Silver" es otro número de blues, ahora cantado por el guitarrista Keith Richards, que al igual que "Love In Vain" funciona de maravilla para relajar a nuestros oídos, aunque la de Richards es mucho más fina que la de Jagger.

"Monkey Man" es otra estupenda canción de rock, en donde las guitarras se lucen como en ninguna otra canción del álbum. Incluso podemos escuchar la alta influencia que esta canción tuvo en álbumes completos, como el "No Wow" de los Kills, de 2005, o el "De Stijl" de los White Stripes, de 2000. La correcta amalgama de sonidos anteriores con sonidos modernos se ejemplifica a la perfección en este tema, que nos hará amar más y más el sonido de las guitarras rockeras.

Finalmente la épica coda, esplenodorosa y majestuosa, "You Can't Always Get What You Want" es un tema que de inicio suena grandilocuente, con esos coros tan pulcros, tan europeos, pero que sólo son un falso inicio, puesto que la canción en realidad es un folk blues que se transforma en rock a lo largo de sus siete minutos de duración. En un determinado momento, los coros limpios se transforman en coros deliciosamente gospel, americanos y estremecedores; aunque cerca del final escucharemos ambos, se fusionan a la perfección sin sonar pretenciosos. La canción, como podremos anticipar, es una obra majestuosa y gigantesca, que cierra el álbum con la misma finura con la que abrió, y con la que se desarrolló.

La obra más sofisticada de los Rolling Stones, una obra que no tiene fallas, que no tiene momentos de debilidad, en la que los nueve temas son tan diferentes y con personalidades tan definidas, como conceptualmente hermanados. La obra que revivió las raíces del rock, las volvió a poner en el escenario de moda, y que las evolucionó en rock de raíz. Lo único que se puede hacer al escuchar un álbum así es algo simple: déjalo sangrar.

No hay comentarios.: