jueves, 18 de mayo de 2017

Badmotorfinger: la contundencia sonora.



Si se puede mencionar a un álbum contundente, definitivamente Badmotorfinger es el que mejor se adapta a este calificativo, el álbum te golpea, te avasalla, te destroza y te zarandea de impresionante manera en todos sus cortes. A mi modo de ver, se trata del mejor álbum de Soundgarden, a pesar del éxito que tuvo su siguiente trabajo, el excelente aunque un poco más ligero Superunknown de 1994.

En 1992 la banda ya había grabado un par de álbumes anteriores, los cuales tenían un sonido poderoso y cuasi thrashero, pero fue hasta este álbum que supieron mezclarlo con sonidos un tanto más accesibles, sin perder su esencia metalera primigenia, y sin caer en facilismos comerciales. Tanto así que este álbum para muchos ha pasado desapercibido al momento de mencionar a los mejores álbumes de la década. La música aquí de hecho no es nada comercial, es dura y cruda, las guitarras ensordecedoras ahuyentan a los oídos domesticados de los amantes de lo comercial, las complejas estructuras musicales aturden y desconciertan a los headbangers empedernidos, la potente y virtuosa voz de Cornell ahuyenta a los que buscan sólo música deprimente que alimente su baja autoestima. Nada del álbum es atractivo para los que buscan pertenecer a una moda o a un status (incluidos los que escuchen el álbum luego de la muerte de Cornell, y salgan despavoridos con las notas iniciales de "Rusty Cage").

Repito, el álbum es un puñetazo en el pómulo, contundente como un martillo golpeando un clavo. No es para grungeros, ni para metaleros. Es para amantes de la buena música. Es cierto que la mezcla de grunge y metal pueda ser atractiva para algunos, pero el resultado no es nada de lo que un amante del grunge o un amante del metal esperaría. La banda aprovecha esto para dar un golpe de autoridad y establecer su verdadera premisa musical: las complejas estructuras musicales y los despliegues virtuosísimos de los intérpretes. Es cierto, estamos ante un álbum de alto nivel técnico, ante una obra perfeccionista de la interpretación y ante una cerebral y virtuosa exposición musical. Todo cubierto con los oscuros manteles del metal y del grunge.

Sus 58 minutos de duración no nos van a dar ninguna tregua, ningún instante de solemnidad o tranquilidad. No hay canciones "acústicas" que nos permitan recobrar el aliento, todo lo contario, "Rusty Cage" es potente, "Outshined" es cerebral y compleja con sus 7/8 de beat, "Slaves and Bulldozers" es una impresionante demostración del mejor rock pesado (en 6/8), donde la voz de Chris Cornell suena más perfecta que nunca, nos demuestra que es la mejor voz rockera de los últimos años. Con estos 3 temas iniciales debemos sentirnos aturdidos, demasiada energía, demasiados trancazos. "Jesus Christ Pose" es (quizás junto con "Hooker With A Penis" de Tool) la canción más contundente que yo haya escuchado en toda mi vida, no alcanzo a superar aún la potencia y la agresividad de la canción (sin usar la fórmula fácil de los metaleros para adolescentes, es decir, el constante uso de groserías y gritos esquizofrénicos). Las guitarras no están sobretrabajadas, ni la batería amplificada al triple, simplemente la música en su naturaleza, es contundente. Es, para mí, imposible imaginarme una versión acústica de esta canción. Es tan poderosa que no se le puede hacer versión acústica.

De ahí pasamos al speed metal de "Face Pollution", con sus pequeños pero impresionantes brillos de complejidad musical, el grunge de sepa de "Somewhere", la canción más accesible del álbum, con un sonido muy cercano a lo que harían en el ya mencionado "Superunknown" (es para destacar que, en un álbum como este, la canción más grungera sea la más ligera de todas); el homenaje fantástico a Black Sabbath y al mismo Ozzy Osbourne en la ascendente "Searching With My Good Eye Closed", la oscura y ominosa "Room A Thousand Years Wide", el auténtico deleite de principio a fin que es "Mind Riot", lo más cercano a una balada que encontraremos en el álbum (lo cual es maravilloso), otra muestra de complejidad rockera en la casi bluesera "Drawing Flies", la deprimente y pesada "Holy Water" y el oscuro y derrotista cierre en "New Damage".

Sin duda se trata de un trabajo único, nadie más hizo lo que Soundgarden logró en Badmotorfinger, una amalgama excepcional de sonidos duros y contundentes, mezclados con el sonido de moda pero sin el facilismo implícito de éste. El mayor legado de Chris Cornell, para quienes piensan que está al nivel de Scott Weiland, o de Layne Staley, nada más lejano de la realidad. Cornell se merece un lugar entre los próceres del rock noventero, y este álbum es la prueba de ello. Con el tiempo, estoy seguro que se le dará el justo valor a esta obra imprescindible de la historia del rock.


1 comentario:

Fabiola Luna dijo...

Esta genial el articulo! definitivamente escucharé el album Badmotorfinger, saludos!