miércoles, 29 de agosto de 2018

Un álbum desgarrador, o sobre la honestidad musical




La diferencia de un  álbum promedio y un gran álbum radica en la cohesión y la unificación de un concepto musical dentro de una serie de canciones. Puede haber álbumes con algunas canciones buenas pero sin un elemento unificador, es decir, álbumes que son sólo una  excelente colección de canciones. Sin embargo, también hay álbumes que, dentro de una temática específica, enaltecen las canciones que le conforman, y pasan de ser simplemente canciones con características propias, a ser engranes y piezas que juntas conforman un todo, un ente mayor que en conjunto multiplica exponencialmente su valor artístico.

Así, por ejemplo, un álbum de música pop, como por ejemplo "Thriller" de Michael Jackson, puede tener canciones melódicas y pegajosas, canciones que funcionan para la radio y que eventualmente se convierten en clásicos de la música popular. Sin embargo, hablando específicamente de dicho ejemplo, se percibe una falta de cohesión y un desdén hacia la búsqueda del todo, anteponiendo a las partes de forma individual antes que al concepto mayor que debería ser un álbum. El resultado es un álbum del cual todos sus temas fueron a la radio, pero que entre sí no tienen nada en común, más allá de ser populares. Por aquí una canción disco ("Wanna Be Startin' Somethin'), por allá una canción semi-rockera ("Beat It"), de este lado un r&b más popero y plástico que emocional ("Billie Jean"), de aquel lado un pop simpático y vacío ("Thriller"), y otras cuantas de las que ya nadie se acuerda.

Y la falta de cohesión va más allá de una disonancia en géneros de una canción a otra. Si se hubiera usado, por poner un ejemplo, la temática del horror, como en el video de "Thriller", aún con la distancia rítmica y armónica entre canciones, hubiera existido una temática que añadiría un valor mayor a las canciones. Pero no. La fórmula fácil de hacer canciones como se hacían en 1962. La fórmula probada y garantizada para obtener lo que algunos "arti$ta$" buscan.

Ahora bien, este mini-ensayo anti pop lo incluí en la reseña de un álbum que no tiene la trascendencia popular que tendría el mayor álbum pop de todos los tiempos, pero que sí tiene una calidad artística infinitamente superior a la del mencionado álbum multimillonario. Y lo hice en cierta medida, para comparar a ambos álbumes desde una perspectiva musical, pero también para dimensionar el hecho de que un álbum prácticamente desconocido es sumamente superior a la obra máxima del artista máximo del pop.


Y ese álbum del que hablo es el "Black Sheep Boy", de Okkervil River, banda oriunda de los Estados Unidos, liderada por la mente creativa de Will Sheff y su habilidad de componer canciones honestas y directas. Pero, ¿qué es lo que hace de "Black Sheep Boy" un álbum sumamente superior al que, según la revista Rolling Stone, es el vigésimo mejor álbum de la historia (LOL)? La respuesta es simple. La honestidad. Sí, ya sé que en gustos se rompen géneros, ya sé que de la moda lo que te acomoda, ya sé que el respeto al derecho ajeno es la paz (de verdad, eso dicen algunos cuando se habla de música). Es por ello que no hablaré en este caso de la enorme calidad musical del Niño Oveja Negra, ni de las múltiples cualidades artísticas que pueden o no ser subjetivas y que, tanto individualmente como en conjunto, tienen todas las canciones, TODAS.

Sólo me enfocaré en la honestidad de la música. Todos somos susceptibles a la falta de honestidad, al engaño. A nadie nos gusta que se nos vea la cara de tontos, que nos jueguen trucos, y menos a través de algo tan noble, como lo es la música. Así que, en cierta medida, todos reconocemos la honestidad cuando la vemos, o en este caso, la escuchamos, a pesar de que no todos estén dispuestos a aceptarla. Y la honestidad es un valor que trasciende las cualidades técnicas o artísticas de una obra; es un valor fundamental para que, como seres humanos, podamos crecer y ser mejores.

Entonces, si en un álbum ("Thriller") nos engañan constantemente con trampas fáciles y vacías, y nos muestran una faceta simplista y carente de sustancia, pero que suena bonito, entonces nos están engañando, nos están vendiendo el facilismo como si fuera una cualidad humana. Ojo, me enfoco en valores humanos, no musicales. Por el otro lado, tenemos una obra ("Black Sheep Boy") que es honesta consigo misma en un principio, y por ende, con la audiencia que le aprecia. Una obra que no se digiere fácilmente, pero que nos habla de corazón a corazón, que enriquece nuestras emociones y nos lleva a lugares de nuestro interior que definitivamente están ahí, pero que, sin ayuda, es difícil acceder a ellos.

Aquí no hay facilismos, por el contrario, la obra es desgarradora en todas y cada una de sus canciones. De hecho, ese es el concepto central del álbum. Los sentimientos dolientes que todos conocemos, esos que en una pantalla se ven bonitos pero que cuando los sentimos queremos morirnos. Y de dolor a dolor, se nos habla en una obra musical que, con un poco de apertura emocional, sabremos apreciar y agradecer. Porque sentir cosas así sin un riesgo real es un lujo que sólo a unos pocos se les permite disfrutar, no porque sean "elegidos", sino porque ellos mismos se lo permiten.

A ese reducido público se dirige esta obra tan bella y tan desgarradora, tan sutil y tan agresiva, tan humana e inhumana por igual, un ente mayor dividido en once secciones hermosamente dolientes. Una muestra de que, cuando se hacen las cosas por las razones correctas, con los valores humanos más enaltecedores, lo demás viene por añadidura. Si partimos de esta premisa, la de los valores humanos, se nos facilitará enormemente el apreciar los valores musicales intrínsecos de las canciones. Sabremos apreciar un arpeggio, una armonía precisa, un cambio de ritmo, una sucesión de notas que nos lleven del cielo al infierno, o viceversa. Pero si en vez de eso, se nos enseña a apreciar una obra musical sólo por lo pegajosa que es, o por lo bien que se puede bailar, o por cualquier anti-valor que sólo se enfoque en el lado fácil de las cosas, pues entonces nos perderemos de todo un mundo de maravillas que están ahí para nosotros.

Lo sé, dije que no hablaría de los valores artísticos del álbum, pero no puedo resistirme a decir que "So Come Back, I'm Waiting" es una de las canciones más fascinantes, dolorosas, escalofriantes y majestuosas que he escuchado en toda mi vida. Son 8 minutos de paraíso absoluto, 8 minutos de un oasis de belleza dentro del horroroso mundo musical actual. Y tampoco puedo resistirme a las lágrimas que inevitable(y afortunada)mente me regalan las bellas notas de las cuerdas del tema final, "A Glow".

A manera de conclusión, existen 2 tipos de música. La música que te enseña a enamorarte de las emociones y que te vende el placer efímero como la máxima finalidad musical. Y está la otra música, la que te enseña a enamorarte de la vida y que te vende la honestidad, a veces cruel y a veces dolorosa, y en muy pocas ocasiones (c0mo en la vida misma) alegre, como parte fundamental del objetivo del arte como expresión humana. La primera es fácil y vacía, la segunda es difícil y eterna. Pero claro, "en gustos se rompen géneros", y ante eso, nada más queda por decir.

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