jueves, 3 de mayo de 2018

Rock progresivo anglosajón: #1. "Dark Side Of The Moon" - Pink Floyd (1973)



1. Speak To Me (1:16)
2. Breathe (2:44)
3. On The Run (3:32)
4. Time / Breathe (reprise) (7:06)
5. The Great Gig In The Sky (4:44)
6. Money (6:32)
7. Us And Them (7:40)
8. Any Colour You Like (3:25)
9. Brain Damage (3:50)
10. Eclipse (2:04)

El gran mérito de los Beatles era el hecho de que, además de ser los que mejor música hacían, también eran los más populares. Este hecho se ha repetido en contadas ocasiones desde la desaparición de dicha mítica banda, y una de esas contadas ocasiones fue cuando apareció "Dark Side Of The Moon", de Pink Floyd, una obra que a parte de ser una de las mejores de toda la historia del rock, también figura como la más popular, pues se mantuvo por más de 17 años entre las listas de popularidad.

Pero, ¿qué hace de este álbum uno tan atractivo para las masas, así como para los puristas? ¿Qué elementos incluye la banda para poder posicionarse como una buena banda y una banda reconocida mundialmente? Las canciones no son del todo pegajosas, no tienen nada de pop, no hay ritmos bailables ni tampoco sencillos accesibles. Es rock progresivo, con elementos de blues y rock espacial. ¿Qué hay de atractivo en ello?

La respuesta es simple: el álbum es humano, tanto lírica como musicalmente. Se tratan temas universales, y se tocan melodías que son capaces de penetrar nuestra mente con suma facilidad debido a su precisión sensible, y a su pureza natural. No hay exibicionismos, ni facilismos; no hay amor ni desamor; no hay simplismos ni tampoco elementos muy cerebrales. Lo que sí hay es alma, es dolor, es gozo, es humildad, todo expresado de manera fascinante en notas musicales, tal y como lo hacían los grandes músicos románticos de principios del siglo XIX. Es lo más cercano a música realmente celestial, música que le habla al alma y al espíritu humano, no al cerebro, no a los pies ni a las caderas.

Dicen que la música es un lenguaje universal, y también dicen que en gustos se rompen géneros, dos preceptos contradictorios y paradójicos que en este álbum encuentran su eslabón perdido, y hallan el punto medio exacto entre lo subjetivo y lo objetivo. Obviamente habrá quienes pregonen no disfrutar de esta música, más por ignorancia que por criterio. Pero en términos generales, esta obra es de todos los gustos, es universal, y supera las barreras de la subjetividad y la carencia de cultura. No se necesita ser un estudioso de la música para sentir vibrar el sistema nervioso por completo con esta música, no se necesita ser un crítico, un experto o un virtuoso musical para estremecerse con las notas precisas y la emotividad exacta que tiene este álbum en todas y cada una de sus canciones.

Diecisiete años, señoras y señores, diecisiete años de estar entre lo más popular de la música. Nadie ha hecho eso jamás, y dudo que tal cosa vuelva a suceder. Cuando se le habla al alma con una intención artística y no monetaria, lo demás viene por añadidura. El fin justifica los medios, pero el fin no es vender, el fin es trascender. Pink Floyd trascendió como nadie gracias a su obra maestra, llegó a los corazones de todos y se ganó un lugar en la historia del arte. En 500 años se hablará de la música de los Beatles, y de Pink Floyd, porque aún en 500 años estas notas, y estas melodías, y estas letras van a seguir estremeciendo las almas y los espíritus de nuestros descendientes.

La música habla por sí sola, hágase usted mismo un favor, y escuche el álbum de principio a fin, mientras lee las letras de las canciones, y conocerá la manifestación divina, sobrenatural, metafísica, o acorde a cualquiera que sea su creencia, que existe en la música, aquí más explícita que en cualquier otra música. Déjese estremecer, llore, goce, disfrute y llénese el alma de esta música.

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