martes, 10 de abril de 2018

Cómo grabar un álbum histórico y no volverte loco en el intento. Pet Sounds.



Mientras en la Gran Bretaña los Beatles estaban cambiando el rumbo de la historia en muchos sentidos (no sólo en el musical), en los Estados Unidos la Beatlemanía era un fenómeno frenético y desquiciado entre la inocente juventud norteamericana, tan correcta e influenciable. Evidentemente, también influenciaron a los músicos estadounidenses, quienes tomaban los elementos pop de los 4 de Liverpool, y los explotaban a su antojo. Incluso hubo influencia directa en artistas anteriores a los propios Beatles, como es el conocido caso de Bob Dylan.

De entre los múltiples músicos gringos que admiraban a los Beatles, había un peculiar joven que se tomaba muy en serio la parte artística de la música, y que no sólo quería componer canciones para conquistar mujeres o conocer el mundo y hacerse rico. A pesar de esto, pasó los primeros 5 años de la década de los 60 haciendo canciones alegres, populares e inofensivas, y sus compañeros de banda estaban más que complacidos con este estilo de vida. Pero él no, él quería trascender. Sabía que tenía la capacidad de hacer algo monumental, algo que pudiera ser parte de la historia de la música, algo justo como lo que sus ídolos británicos, y ahora rivales en la carrera por la supremacía creativa, hacían.

Todo comenzó en 1965, cuando luego de una larga gira en la que ganaba mucho dinero pero se sentía perdido y vacío a nivel artístico, tuvo que abandonar a su banda a mitad de gira por un ataque severo de ansiedad, y ello significó el pretexto perfecto para por fin trabajar a solas, sin la presión de su padre, su disquera o sus propios compañeros de banda. Fue así que Brian Wilson, líder de los Beach Boys, en la tranquilidad de su hogar escuchó el genial "Rubber Soul", sexto álbum de los Beatles, y quedó fascinado, estupefacto y confundido por igual. Era incapaz de creer la perfección musical de la obra que acababa de escuchar. Esto le generó una inmensa envidia y una interminable esperanza. Sí, estaba en un conflicto emocional supremo, pues en su mente, sus rivales habían hecho algo que ni él mismo se imaginaba, pero al mismo tiempo se había dado cuenta que podía hacer algo más allá de lo que pensaba, y que podía explotar sus inquietudes creativas al máximo, aprovechando que se encontraba solo.

Entonces se encerró en el estudio de grabación, y comenzó a grabar, junto con una enorme diversidad de músicos de estudio, el que sería su trabajo maestro. Había de todo, desde un cuarteto de cuerdas o una sección de metales, hasta una chicharra y una campana de bicicleta. Todo era posible, justo como lo escuchaba en su mente. Liberó al demonio perfeccionista que se encontraba amarrado, y dio rienda suelta a su creatividad como nunca pensó que podría hacerlo. Así se grabaron las múltiples secciones musicales de "Pet Sounds", un álbum en el que sólo él creía, y que le costó llegar al borde de la locura.

Una vez que sus compañeros de banda regresaron de su gira, y escucharon las grabaciones de su entonces líder, comenzaron las tensiones y las discusiones, pues no todos estaban de acuerdo con la osadía musical que se encontraba almacenada en esas cintas. El principal reaccionario ante esto fue Mike Love, quien además de sentirse relegado por no estar en los procesos de grabación, sólo quería éxitos y poco más que eso. Pero era tal la determinación de Brian Wilson, que no cedió hasta convencer a sus compañeros, y hacer que grabaran las complejas armonías vocales que se requerían para completar a la perfección las canciones.

Así, el 16 de mayo de 1966 se publicó "Pet Sounds", y prácticamente pasó desapercibido. Sólo unos cuantos lo escucharon (entre ellos Paul McCartney), lo que provocó bajos niveles de ventas y un fracaso comercial mayúsculo. Pero lo que contenía el álbum era oro puro. Se trata sin duda de uno de los mejores álbumes de toda la historia, y a pesar de ser ninguneado en su momento, hoy en día el valor que tiene lo coloca en su justo lugar. Desde la inicial y enérgica "Wouldn't It Be Nice" hasta la final y hermosa "Caroline No", las canciones en el álbum son de una calidad y una complejidad armónica inusitadas. Quién podría demeritar la sensibilidad de la emotivísima "You Still Believe In Me", la potencia de "I'm Waiting For The Day", la pegajosa y deliciosa "I Know There's An Answer", la beatlesca "Here Today" o incluso las dos joyitas instrumentales, "Let's Go Away For A While" y "Pet Sounds" respectivamente.

Mención aparte merecen 2 canciones supremas, "Sloop John B" con su ritmo hacia adelante y su constante crescendo armónico que, a pesar de ser una adaptación de una canción popular entre los marineros, Wilson la hizo propia con esta matavillosa y complejísima estructura sonora. Ese interludio a capella a manera de nudos vocales es uno de los momentos más gloriosos de la historia del rock. Y la otra, la majestuosa y el himno por excelencia del álbum, "God Only Knows" con su letra deprimente escondida entre las hermosas melodías, armonías y arreglos musicales, que engalanan al rock todo y que se podría considerar como una de las 5 canciones más hermosas de la historia del rock. La emotividad es inalcanzable en esta canción, y de inmediato nos enamoraremos de semejante obra.

Así que, sin saberlo en su momento, Brian Wilson lo había logrado. Había hecho un álbum histórico que marcaría a toda una década, justo como lo hicieron (en 5 álbumes distintos) sus colegas británicos, ídolos y rivales a la vez. A pesar de ello, sólo bastó que accidentalmente, casi por casualidad, mientras conducía su automóvil en la radio escuchó "Strawberry Fields Forever" de los Beatles, y en ese momento lo supo. Eran inalcanzables. Así que lo volvió a intentar con su proyecto "Smile",  aún más osado que el anterior, y que no se llegó a completar, por lo que ahora sí  lo alcanzó la locura, y los Beach Boys artísticos murieron con su cordura.

Dentro de lo triste y amargo de esta historia, está una de las más grandes joyas musicales del siglo XX, un álbum monumental e idílico. Y es que así es la vida, agridulce, y afortunadamente, sin toda esa amargura, no hubiera existido la inmenza dulzura que aún disfrutamos, 52 años después.

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