martes, 3 de abril de 2018

Rock progresivo anglosajón: #45. "Relayer" - Yes (1974)



1. Gates Of Delirium (22:55)
2. Sound Chaser (9:25)
3. To Be Over (9:08)

Yes es una de esas bandas legendarias a las que nos cuesta cierto trabajo encontrarle el gusto, y descifrar la grandeza de sus obras. Sabemos que es una banda legendaria, pero cuando le escuchamos por primera vez, nos cuesta trabajo el descubrir por qué lo es. Su sonido es mucho más cercano al funk que al pop británico, todo esto desde luego dentro del progresivo, por lo que, además de sonar funk, también tiene un enorme grado de complejidad su música. Entonces si alguien desea conocer la música de esta banda, definitivamente "Relayer" no es el álbum para hacerlo. Es un muy buen trabajo, mucho mejor que su anterior disco, el excesivo y pretencioso "Tales From Topographic Oceans" de 1973, pero no es un álbum fácil de escuchar. Está conformado por 3 canciones: una majestuosa de 21 minutos, y dos suites de 10 minutos en promedio (la misma estructura del majestuoso álbum de esta misma banda, el histórico "Close To The Edge").

Esto no necesariamente significa algo malo, pero su grado de complejidad por momentos les hace perder el sentido de la música. Yes, para este álbum, estaba conformado por Jon Anderson en la voz, Steve Howe en las guitarras, Patrick Moraz en los teclados, Alan White en la batería y Chris Squire en el bajo. Todos ellos son (o eran, en el caso de los ya fallecidos) unos maestros en la ejecución de sus instrumentos, y ello se percibe ampliamente a lo largo de esta obra, cosa que los puristas agradecerán pero que no es tan accesible para el resto de los mortales, a quienes con mucha paciencia y muchas escuchas, nos costará el triple de trabajo el asimilar la música, y estructurar en nuestras mentes las obras para que tengan sentido.

Bajo esta premisa, podemos destacar lo impresionante que puede sonar la inicial "Gates Of Delirium", una majestuosa (y un poco saturada sonoramente) obra de más de 20 minutos, que viaja siempre en el barco de la complejidad sonora, pero que alcanza momentos de epicidad realmente impresionantes. Alan White hace un trabajo espléndido, Chris Squire suena como Dios, y las guitarras y teclados son menos vistosos pero igual de efectivos, por lo que, luego de escucharla unas 7 veces, podremos admirarla en su totalidad, aunque esto también nos llevará a detectar sus fallas, como son las excesivas instrumentaciones y los aparentes sinsentidos rítmicos que la banda constantemente presentaría a lo largo del álbum. Sin embargo, esta canción es magistral, una de las mejores del repertorio de la banda en su historia, un himno poderoso y complejo.

"Sound Chaser" por su parte, lleva la complejidad un paso más lejos. La canción en general es inconsistente, esto en gran medida debido a su enorme interludio que baja las revoluciones drásticamente y sin un sentido o un propósito de mejora para la obra. Sin embargo, tanto el prólogo como el epílogo de la canción contiene algunos de los momentos más impresionantes de todo el rock progresivo en cuanto al nivel de complejidad de ejecución de los instrumentos. Lo que hacen tanto Patrick Moraz, como Chris Squire, en los teclados y en el bajo, respectivamente, es algo que pocas personas en el mundo son capaces de hacer. La velocidad de sus dedos debió ser impresionante para tocar las notas imposibles de esta canción. Y un pequeño peldaño más abajo está Alan White y sus múltiples brazos que debió de fabricarse para tocar las percusiones en esta canción. En el estricto sentido de ejecución, estas secciones de la canción son obras maestras, con las que podemos deleitarnos una y otra vez.

Finalmente, "To Be Over" es una canción que baja las revoluciones (luego de "Sound Chaser", hasta un speed metal hubiera bajado las revoluciones) de una manera más o menos elegante, que sí que desentona un poquito con el acelere con el que nos dejó la canción anterior, pero que para cerrar el disco, me parece que fue una buena elección, por más que la canción parezca ser intrascendente (que no lo es), es de destacar el alto nivel de emotividad de la canción, lo cual nos aporta una nueva faceta musical en el álbum, que si bien no es muy relacionada con lo que hemos escuchado, sí mantiene la calidad del álbum lo suficientemente alta como para que aparezca en esta lista.

Este quizás fue el último gran álbum de Yes, y lo honramos en esta lista como se merece, como una de las obras más al límite del exceso, pero que afortunadamente no o rebasó, y como un predecesor del sonido que más adelante adoptaría King Crimson en su etapa ochentera, y que lo llevarían aún más lejos en una triada de álbumes extraños y no apto para todos los oídos. En su justa medida de grandilocuencia, este álbum es el número 45 de nuestra lista.

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