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jueves, 16 de enero de 2020
El mejor álbum de 1992
La aseveración en el título de este escrito es, por supuesto, totalmente subjetiva, puesto que cada quien tendrá su álbum favorito para tal año. Sin embargo, dentro de esa subjetividad, creo que tengo algunos argumentos para sustentar que The Southern Harmony And Musical Companion es, de hecho, el mejor álbum de segundo año de la década noventera.
Para empezar, algo de contexto. Los Black Crowes son una banda originaria de Marietta, en Georgia, estado sureño por excelencia, no sólo en términos geográficos. Gran parte de la historia y la cultura sureña de los Estados Unidos se origina en dicho estado, cosa que también se deriva en expresiones artísticas, como lo es la música. El rock, como género, tiene sus raíces en el sur de dicho país, y por ende, en Georgia, como estado y como pieza esencial de tal región.
Así, la banda siempre ha honrado esos orígenes en su música, como lo demostró en su debut, el Shake Your Money Maker de 1990, con canciones tan rockeras como emotivas, como lo son "Twice As Hard", "Sister Luck" o "She Talks To Angels", por mencionar sólo algunas. El álbum fue bien recibido, a pesar de ser publicado en una época de transición en el rock. Entre el decadente hair metal, el naciente grunge y el oculto y venerado alternativo subterráneo, poco espacio había para un álbum con referencias a las raíces del rock, como lo son el blues, el gospel, el soul, el country, etc. Aún así la banda publicó su debut, el cual es un deleite de principio a fin.
Luego vino el vendaval que fue 1991, y la escena musical era completamente diferente. Fue entonces, en 1992 que la banda publica su segunda obra, el maravilloso y ya mencionado The Southern Harmony And Musical Companion. Un compendio maravilloso del rock clásico, mezclado con los sonidos emergentes, sin caer en los facilismos deprimentes del grunge, que ahora era popular, ni en la vanguardia postpunkera que venían manejando algunas bandas que después serían conocidas como alternativas. Esto era simplemente rock, con atisbos de blues y gospel principalmente. Y si a ello le añadimos el potencial en la composición de los hermanos Chris y Rich Robertson, además del estupendo y emotivo alcance vocal del primero, tenemos como resultado una de las obras más puras y genuinas de rock, en una época donde el rock parecía haber olvidado sus raíces.
La obra inicia de manera contundente con el poder de "Sting Me", un rock que nos recuerda un poco a los Rolling Stones de su época más clásica. Además, un coro de gospel para acompañar la parte vocal, y un ritmo irresistible, hacen de esta canción abridora un entremés perfecto para lo que vendría después. "Remedy" es otro gospel rock, mucho más pausado que el anterior, menos enérgico y mucho más melódico. Es, de hecho, la canción más conocida del álbum, y una de las mejores. Desde el riff inicial nos percatamos que estamos ante una obra diferente y propositiva, y si a ello añadimos la entrañable línea de piano en el fondo, como sostén de emotividad, y los coros que van de lo cálido a lo sensual. Los amantes del rock clásico nos enamoramos a primer escucha con esta fantástica canción.
La sustancia comienza de lleno con el tercer tema, el impresionante "Thorn In My Pride", un gospel lento, lleno de una entrañabilidad celestial, y una ambientación majestuosa. Además sus seis minutos de duración nos permiten apreciar cada parte de la obra, desde el calmo inicio, pasando por el crescendo intermedio y llegando hasta el portentoso cierre de la canción. La primer canción del álbum que se puede considerar como una pequeña obra maestra, sin lugar a dudas. Siguiendo con la ambientación, "Bad Luck Blue Eyes Goodbye" es un blues lento y dolorosísimo, en donde se tocan fibras diferentes, pero igualmente majestuosas. SI bien, no nos deja un sabor de boca como el tema anterior, de epicidad y gozo, sí nos dejará con un nivel emotivo bastante alto. La banda tampoco escatima en segundos de música, de dolor y de tristeza, en esta maravillosa obra.
Siguiendo con los acordes de dolor y con el blues, "Sometimes Salvation" llega en la forma de un rock poderoso, lento y sufrido, con un despliegue vocal de Chris Robertson que es glorioso y que alcanza las fibras más sensibles de todo aquel que le escucha. La banda nos bombardea con su potente rock lento y cargado de una dosis emocional tan intensa como pesada. La tensión se corta con "Hotel Illness", un típico rock sureño, con elementos campiranos y country, sin caer demasiado en estos géneros, pero sí tomando prestados los elementos necesarios para que la canción se disfrute y nos aligere un poco la ambientación.
Por su parte, "Black Moon Creeping" es otro rock poderoso, que nuevamente nos remite mucho a los Rolling Stones de inicios de los años setenta. Mientras que "No Speak, No Slave" es la canción más pesada de todo el álbum, coqueteando con el hard rock más puro, con ese riff a una cuerda que transmite ese poderío rocanrolero, con un sonido mucho más cercano al alternativo de aquellos días, sin que llegue a serlo del todo. Digamos que es la canción que más se acerca a las tendencias de principios de los noventa, aunque sin dejar del todo la esencia de rock clásico.
A mi gusto, la mejor canción del álbum es "My Morning Song" una canción que retoma los elementos blues y soul que escuchamos en "Remedy", pero los lleva aun nivel diferente, rayando en la epicidad hacia el final de la canción, con riffs de guitarra maravillosos y un despliegue rocanrolero excelso en los estribillos. El acompañamiento del coro de gospel no hace más que incrementar el efecto catártico de la canción, que para el final nos tendrá absolutamente asombrados por su perfección. Para cerrar, una maravillosa interpretación de "Time Will Tell", canción original de Bob Marley que la banda retoma para hacer una suerte de jam vocal, con una base musical acústica y un sinfín de improvisaciones vocales que repiten el coro de la canción incansablemente, desde distintas perspectivas emocionales que se intensifican progresivamente. No podía haber un final más perfecto para esta joya.
Y así, yo no tengo duda de que esta obra es la mejor de todo 1992, con todo y que la banda perteneciera a otra corriente distinta a la que imperaba en aquellos años. Sin lucrar con la nostalgia, la banda retoma los elementos esenciales que hicieron al rock lo que es, y lo interpretaron desde una perspectiva actualizada, y fresca. Todo aquel que se declare amante del rock, debe conocer y amar esta deliciosa y poderosa obra musical.
jueves, 13 de septiembre de 2018
Oda agridulce al amor y la amargura: Songs Of Leonard Cohen
El poder que puede tener la música para transmitir emociones a través de los sonidos es inmenso, inagotable, inconmensurable e infinito. Desde las grandes obras de Mozart, Beethoven y Bach hasta la simpleza de una música en apariencia minimalista, como lo es el folk, toda la música bien hecha es capaz de dejarnos en un estado de ánimo "virtual", porque es real y no lo es. Porque nos permite sentir cosas que no estamos viviendo. Porque nos concede la gracia de sentir el dolor ajeno sin pasar por el infierno de los demás.
Y de la misma forma nos permite acariciar el amor de los talentosos y exprimir la felicidad de los virtuosos, aunque sea por un efímero instante, sólo para exiliarnos de nuestra propia realidad, que sin ser necesariamente buena o mala, no es tan trágica o tan excelsa como se nos narra en la música más plena. Todo esto es capaz de regalarnos la sola música, los acordes y las notas, las melodías y las armonías. Pero si a ello le agregamos un letrista, un poeta auténtico que con palabras expresa con escalofriante precisión un estado de ánimo, el resultado puede ser asombroso.
Todo esto sucedió en 1967, cuando un reconocido escritor y poeta canadiense, Leonard Cohen, decidió que quería grabar un disco, sólo con su guitarra y nada más. El talentoso músico aspiraba inicialmente a formar una banda country en Nashville, razón por la que llegó a los Estados Unidos, sin embargo, afortunadamente se quedó inmerso en el enorme movimiento folk neoyorquino de los años 60. Así fue como se decidió por esta música, tan austera como plena, perfecta para el nivel de crudeza y/o magnificencia de sus letras.
Si bien, el músico (y algunos críticos musicales de la época) no quedó del todo contento con el resultado, debido a la inclusión de diversos arreglos (ya no fue él solo con su guitarra al final), con el paso de los años su álbum debut llegó a considerarse una obra de culto. Titulado "Songs Of Leonard Cohen", la obra se aleja de los convencionalismos de la época, en donde la psicodelia, el ácido y los colores dominaban la escena musical a nivel mundial. Cohen era ajeno a todo ese mundo, y esto se debe a la edad del compositor cuando se publicó su obra debutante: tenía 39 años de edad.
Pero nada de esto importa una vez que escuchamos la música, leemos las letras y nos empapamos del arte contenido en cada una de las 10 canciones que conforman la obra. No se necesita ser un experto en música, no se necesita saber sobre poesía, simplemente se requiere ser humano, y haber sentido algo alguna vez en la vida. Por lo cual la obra es universal y atemporal. Aplica para todos los casos, en cualquier lugar del mundo y en cualquier época en que se escuche.
Pero vayamos a las canciones, una a una. "Suzanne" es una joya incuestionable. Desde el primer tema el canadiense nos deja en claro su nivel musical y lírico. La sensibilidad para interpretar la hermosa letra escrita, además claro, de los bellos arreglos musicales, como los coros femeninos y algunos discretos sonidos de cuerdas, hacen de este tema un gancho inesquivable que nos atrapa y nos acerca al melancólico estado de ánimo de esta romántica melodía. Un romanticismo que no es cursi, un romanticismo pletórico en donde se trascienden las sensaciones y se analiza el alma de una persona que, inconsciente y burdamente, es incapaz de descifrar el amor que puede sentir en su interior.
El segundo tema es mucho más obscuro, "Master Song" se acerca a la temática de la guerra y los horrores de ella, claro, desde una perspectiva poética, pero con una ominosidad que se percibe de manera evidente en la letra, pero también en la música y en los arreglos de ésta. Una clara canción de protesta, que cobra mayor importancia por la guerra de Vietnam acaecida en aquella época, con cerca de los 6 minutos de duración, y que puede llegar a ser desgarradora y cruda, pero que en nada pierde la esencia austera de la música. Sin los brillos (prácticamente inalcanzables) del tema inicial, pero con un enfoque mucho más realista que metafórico, se trata de una de las grandes canciones del álbum.
La belleza retorna de manera espectacular en "Winter Lady". El Cohen romántico e inspirador regresa con esta pequeña maravilla a dos guitarras, y con unos brillos de arpa tan fugaces y tan brillantes y relucientes como un relámpago que aparece en medio de una suave lluvia. La canción nuevamente, no es romántica en un sentido convencional. Si bien se dedica a una mujer y al impacto que ella tuvo en el autor, la canción habla más sobre la soledad y la necesidad que tenemos todos de sentirnos acompañados por alguien. Una bella y triste canción de amor y abandono.
Y el contraste nuevamente se hace presente con "Stranger Song", una canción que se enfoca más en el mensaje lírico que en el musical. La guitarra, con la compejidad de los arpeggios que acompañan constantemente a la letra, no cambia en ningún instante, y todo se centra en la letra de la canción, que lidia con la alienación vista desde dentro hacia afuera. No es sobre cómo i por qué se aleja del mundo, sino del mundo visto desde la perspectiva el exiliado, del extraño que está ahí pero que nadie ve, hasta que eventualmente, los extraños son todos menos él.
"Sister Of Mercy" es mucho más melódica, apela más a los elementos musicales que a los líricos, sin que esto se refiera a que la letra es, digamos, promedio. Por el contrario, en la letra se nos habla sobre las musas del autor, todas ellas que le salvan en sus momentos más bajos, y que además, conmina a que cada quien busque a sus "hermanas de la piedad", las que siempre nos acompañan y las que siempre vivirán en nuestro interior para salvarnos del debacle. La música, como se había dicho, es más melódica. Las guitarras no son lineales, y los arreglos varían desde un Rhodes (los brillitos) tan dulce como elegante, hasta unas percusiones a manera de marcha que, de manera discreta, nos acompañan en gran parte de la canción.
La canción más accesible del álbum, sin duda, es "So Long, Marianne", una canción con una estructura más convencional, con una instrumentación más rica y menos austera, y unas melodías menos oscuras y/o tristes. La letra es abiertamente romántica, y en ella se habla sobre el amor que siente el protagonista por una mujer, a la que extraña mucho. Escuchamos una batería, un bajo, algunos instrumentos celtas muy lejanos, y un coro femenino que acompaña los estribillos de la canción, y los hace más memorables. Dicho sea de paso que, a pesar de la belleza y simpleza de la canción, a Cohen no le gustó nada el resultado, ya que él esperaba que la canción fuera mucho más triste con el solo sonido de su guitarra, sin embargo, el productor le añadió los demás instrumentos y arreglos. Algo similar con lo que le pasó a Paul McCartney con su mítica "The Long And Winding Road".
"Hey, That's No Way To Say Goodbye" es, para mí, la canción más representativa del álbum y del artista, y ello se debe a que esta es la primer canción que escuché de Cohen en mi vida, y me ha cautivado desde aquel entonces, hasta hoy en día. Es una canción bellísima, muy romántica aún desde su enfoque de reproche, con unos arreglos deliciosos y con un sentido poético magistral per nada complicado de entender. Esencialmente, es una canción sobre el distanciamiento físico de un par de amantes, quienes lo sufren enormemente, pero que en el transcurso expresan su amor, el cual se acrecenta, irónicamente, con la distancia que hay entre ellos.
Mientras que "Stories Of The Street" es una canción de protesta, en la que Cohen nos narra el día a día en la ciudad en la que habitaba, en donde reinaba la incertidumbre y la desesperanza debido a la situación de guerra que vivían los Estados Unidos. La música es muy cruda y la progresión melódica nos lleva a una serie de cimas emocionales que son emocionalmente altas, pero breves, y el descenso de ellas nos lleva a una nueva estrofa. En ese sentido estructural, esta es la canción que más nos recuerda al trabajo de Bob Dylan.
La crudeza no sólo se mantiene, sino que se acrecenta con "Teachers", una extraña canción con dos guitarras como protagonistas, una que acompaña y sostiene a la canción y otra que nos regala una serie de melodías que por momentos son incluso terroríficas. Ciertamente Cohen quería dar un golpe final de visceralidad antes de cerrar el álbum, y por ello colocó a la canción más cruda del álbum cerca del final, en donde ya no hay reservas, donde incluso lleva su voz el extremo de cualquier posible estética, en aras de incrementar el nivel de brusquedad de la canción. Tanto así que los pasajes instrumentales son nulos, la canción va al grano y en 3 contundentes minutos la canción nos ha entregado todo y ha finalizado, con la voracidad y la contundencia del rayo.
Pero el álbum no podía terminar ahí, no podía terminar así. Es por ello que, como golpe final, como golpe de gracia a nuestras emociones, nos trae la canción más triste y desgarradora del álbum justamente para cerrarlo. "One Of Us Cannot Be Wrong" es una joya dolorosa, una bella e hiriente canción en todos su aspectos. La letra es poderosamente deprimente, en la que se habla sobre el abandono, la soledad, el rompimiento, la desesperación y la desesperanza, desde un enfoque primordialmente romántico. La música no hace sino acompañar lentamente el dolor explícito de la letra, y ser cómplice de éste hasta llegar al punto de sostener por casi 5 minutos la agonía incesante de la canción. Dicha agonía queda más que expuesta cuando, una vez terminada la letra, a Cohen le da por sollozar de manera brillante y desgarradora. No podía haber una canción más perfecta para cerrar lo que eventualmente se convertiría en un álbum perfecto, una obra de culto.
Escuchar este álbum en momentos de tristeza, nostalgia o dolor, puede ser algo peligroso, aunque igualmente reparador. La música es un bálsamo que está ahí para sanar las heridas, o para ayudarnos a llegar al fondo y así poder emerger cual fénix. Este álbum cumple esta función con creces, y demuestra el poder que puede llegar a tener la música sobre nosotros y sobre nuestro estado de ánimo. El álbum que nos enamora y nos desgarra, que nos endulza y nos amarga. La contradicción perfecta.
viernes, 7 de septiembre de 2018
"Yo tengo chicle en mi cerebro"
Cuando en los años 80 se desarrolló el hip hop afroamericano, tenía muchos elementos callejeros tanto en sus letras como en su música. El crimen y las drogas eran las principales temáticas de las canciones hiphoperas, y si bien se perseguía una especie de fin artístico, básicamente con la improvisación y el uso de ritmas que expresaran de la manera más cruda posible la realidad afroamericana, sus ambiciones musicales dejaron mucho que desear. Ahora bien, una cosa es bastante clara: el hip hop como tal, es un género que mayoritariamente pertenece a los afroamericanos. "Ese" hip hop.
Sin embargo, dentro de esa oleada hiphopera se desarrolló una metodología musical que parecía un mero plagio, pero que nadie de ese mundo había percibido el potencial artístico y creativo que poseía. El uso de sampleos. Es decir, el tomar segmentos o fracciones de otros temas para crear sonidos, ritmos y melodías dentro de un tema nuevo. Claro, con la acreditación y los derechos del autor original. Entonces, mientras los raperos usaban los sampleos como simples añadiduras en sus canciones agresivas y poco lúcidas, hubo quienes descubrieron el potencial de los sampleos para elaborar así obras nuevas, frescas y renovadas.
Uno de esos artistas era Beck Hansen, un freak angelino que se había hecho famoso en 1994 por su hip hop albino titulado "Loser", en la que mezclaba letras en inglés y en español. Una curiosidad que en su momento nadie tomó en serio, y que era más un tema hilarante que artístico, según la visión de muchos. Ahora bien, es importante establecer lo que el hip hop de blancos representa. No es agresivo, no es tan elaborado en sus rimas, pero sí tiene un sentido artístico más evidente, y sus alcances musicales suelen ser más amplios.
Cuando Beck publicó en 1996 su obra maestra "Odelay", muchos se rehusaban a admitir los elementos hiphoperos que el músico había utilizado en la mayoría de los temas. Sin embargo, no es hip hop como tal. Es una serie de recortes y secciones muy variadas que se ensamblaron de manera magistral en 13 fantásticos temas, y que como resultado dieron un álbum interesantísimo, innovador e inmensamente musical. Lo primero que podemos destacar al escuchar el álbum es que Beck no le teme a los ritmos bailables, a los ritmos tribales y a la eclecticidad que viene implícita al uso de sampleos.
Tampoco es algo estrictamente rockero, dentro del álbum podemos escuchar una enorme diversidad de sonidos y géneros, desde las baladas hasta el punk, y desde el grupero hasta el bossa nova. Pero no nos confundamos, no es un collage de géneros que simplemente están ahí y ya. Todos los temas tienen un lazo invisible que los conecta, y en este caso son varios: el humor negro de las letras, la electricidad de los ritmos (es inevitable el bailar con la mayoría de las canciones) y la enorme versatilidad creativa de Beck para mezclar piezas de música y así crear canciones.
Luego de 22 años, aún se puede escuchar con entusiasmo la música, y se revalora su importancia, dado el hecho de que álbumes como este escasean en la escena musical. Cada canción es un mundo dentro de sí misma, y la carga emocional está presente aún cuando los temas no son en apariencia emotivos.
La obra inicia con un tema muy representativo del álbum, el pegadizo "Devil's Haircut", con ese riff distorsionado de guitarra y el coro inolvidable. También es uno de los temas más lineales del álbum, existen pocos cambios de ritmo o irrupciones en la música. Y sí, desde esta canción podemos bailar sin problemas. "Hotwax" es un hip hop típico, con un ritmo lento y un riff de guitarra simple pero memorable. Aquí es donde escuchamos la primer mezcla mexico-americana: en primera tenemos el coro en español (tan incoherente como hilarante), y en segunda ese pequeño instante con un acordeón netamente grupero. La música entra por nuestros oídos y electriza a nuestro cuerpo, por lo que las melodías pasan a un segundo plano, por detrás del ritmo y los sonidos que constantemente aparecen y desaparecen.
El inicio de "Lord Only Knows" está tan fuera de lugar (a propósito) que pasa de ser incoherente a rayar en lo genial. Pero la esencia de la canción no está en su inicio, sino en la enorme emotividad que transmite en todo momento (menos, claro, en la introducción). Aquí sí hay una progresión armónica y sí hay una melodía central, por lo que nuevamente tenemos un tema distinto a los anteriores, pero con una mayor carga artística. Al final de la canción tenemos otra referencia a la cultura mexicana: los "órale" que se repiten una y otra vez. En realidad es el título del álbum, una forma de representar fonéticamente lo que los gringos entienden cuando nosotros decimos "órale".
Y por si fuera poco con el tema anterior, "The New Pollution" es otra maravilla de canción, nuevamente con un corte completamente diferente, pero con una estructura más "musical" digamos. La energía de la música nuevamente se transmite con suma facilidad, y las melodías aquí lo son todo. Además de los recortes musicales que de tanto en tanto aparecen, como brillitos que embellecen a la canción por un instante, y luego se van. Por su parte, "Derelict" es una canción netamente tribal, los ritmos son como de world music, y los arreglos responden a una música primitiva, en la que el ritmo es la parte esencial. Todo esto contrastado con la extraña letra de la canción, y el fantástico interludio hindú.
"Novocane" representa a la perfección lo que es el álbum. Se trata de una canción sin estructura, conformada por secciones y secciones de música, desde el lento (y maravilloso) inicio, pasando por la primer ruptura, las dos secciones cantadas, las melodías a manera de riff que aparecen en la segunda mitad de la canción, y finalmente el cierre. Sólo la sección inicial se repite en un momento, y lo demás son secciones nuevas una detrás de la otra. Y la sensibilidad regresa, esta vez aumentada, con "Jack-ass", una suave y exquisita melodía en la que Beck toca la guitarra acústica, y en la que diversos sonidos adornan la base melódica de la canción. Una canción muy bella que termina con el rebuznar de un asno. Así es Beck.
Sin dudas, la canción más elaborada es "Where It's At?", una canción muy al estilo de "Novocane", pero con más secciones, más sampleos y más inventiva. La melodía de órgano con la que inicia la canción es simplemente irresistible, y afortunadamente nos acompañará por gran parte de la canción, exceptuando los coros en los que la canción cambia drásticamente de ambientación, pero sin alterar el estado de ánimo en el que nos encontramos. Y la eclecticidad aumenta con "Minus", un tema de punk rock, al estilo Beck, con mucha energía, con un riff de bajo muy merol, pero con un ingenio que sólo le puede pertenecer al angelino, por lo que a pesar de ser algo que no habíamos escuchado aún, el sello de Beck está impreso en los 2 minutos y medio que dura la canción.
Los dos temas siguientes son dos de los que tienen el ritmo más delicioso, más disfrutable. El primero de ellos es "Sissyneck", una canción sin muchos cambios y con una estructura más convencional. El coro de esta canción es de lo mejor que escucharemos. El segundo tema es el breve "Readymade", un tema un tanto wannabe, sin pretensiones, sin aspiraciones, sin altas ni bajas. Una representación musical de la mentalidad noventera a pleno. Pero eso sí, con un ritmo exquisito. Los coros iniciales de "High 5 (Rock The Catskills)" nos distraen un poco de lo realmente interesante del inicio del tema: la guitarra de bossa nova de fondo. Claro, esto es sólo la introducción, y pronto el tema cambiará drásticamente. Este es el tema más hiphopero en esencia de todo el álbum, y aún así tenemos una serie de interrupciones tan extrañas como interesantes, de pronto la música se corta para dar pie a un cuarteto de cuerdas, de pronto se interrumpe para que entre una guitarra, y luego se interrumpe para escuchar la voz de un dj de radio. Un auténtico viaje hacia lo bizarro.
El álbum finaliza de manera monumental con "Ramshackle", el único tema del álbum que no incluye ningún sampleo ni recorte musical alguno. Es Beck, su guitarra, algunas percusiones de fondo y nada más. Una canción muy oscura, muy emotiva pero no alegre, como el resto del álbum. Esta canción parece triste, parece sin esperanza, pero claro, es inmensamente bella, por lo que cierra con broche de oro el eclecticismo del álbum. Un monumento a lo que el álbum no tuvo, pero pudo tener. Sólo a Beck se le ocurriría algo así.
No creo que exista otro álbum como este. Su unicidad es directamente proporcional a su espectacularidad. Sin duda se trata de uno de los más grandes clásicos de los años 90, y una de las obras más innovadoras y genialmente extrañas de la historia de la música contemporánea. Una obra (junto con un par más) que ha hecho de Beck Hansen una leyenda viviente, un ícono del rock y una de las mentes más creativas del mundo musical.
lunes, 27 de agosto de 2018
La primera Ópera Rock
Sin lugar a dudas que Pete Townshend es uno de los más grandes creadores de rock de toda la historia, tanto musical como líricamente. Desde sus años iniciales, siempre buscó destacarse por encima de sus compatriotas invasores musicales británicos. Incluso él sentía que podía superar a los mismísimos Beatles, y por ello, desde el segundo álbum de su banda, los increíbles The Who, tuvo en mente la idea de conceptualizar un álbum e incluso ir más allá: quería crear una obra musical a manera de ópera, que contara una historia trágica a través de las letras y la música, y lograr un éxtasis en sus oyentes similar al que se logra con las mencionadas óperas.
Sólo que en este caso no habría una señora gorda cantando, no estarían los tenores más famosos de dicha escena musical. No. Él quería hacer una ópera rock, con guitarrazos y ritmos acelerados y poderosos. Es así que nació el proyecto de Tommy, en 1968, que fue consolidado en 1969 por los Who, formados por el mencionado Townshend en las guitarras y voces, Roger Daltrey y su potente voz rocanrolera, John Entwistle en el bajo (y el humor negro) y un absoluto demente de las percusiones que era Keith Moon.
Tommy hablaría sobre la trágica e inverosímil historia de Tommy Walker, un niño que a causa de un gran trauma, pierde la capacidad del habla, escucha y vista, y que a lo largo de los 24 temas se descubre a sí mismo y a su más grande pasión, no sin antes sufrir otros altercados bastante crueles e infames por parte de algunos de sus propios familiares. El álbum es una obra maestra musical, y un referente que aún a nuestros días se mantiene como punta de lanza dentro de las obras conceptuales y las óperas rock, no sólo por tratarse de la primera en su género, sino por la calidad intrínseca de la música incluida en él.
La majestuosa obra inicia, como todas las obras majestuosas, con una overtura, "Overture", en la que se crea una especie de potpourrí musical que nos anticipa algunas de las grandes melodías incluidas en el álbum, y en donde se nos establece el destino del capitán Walker, perdido en la guerra y sin conocer a su nonato hijo. La energía de la canción de inmediato nos atrapa y nos arranca la desidia y pereza que inicialmente sentimos por escuchar 24 canciones y más de 75 minutos de música. La breve "It's a Boy" está ahí simplemente para anunciarnos que ha sido varón el hijo del capitán Walker. Recordemos que en uha obra de esta naturaleza hay muchos temas de transición que, más que analizarse como canciones per se, se les trata como lo que son, breves piezas transitorias que enriquecen el contexto del álbum. Tal es el caso de este segundo tema.
Acto seguido, la primer canción desgarradora del álbum: "1921", una que es desgarradora tanto en la letra como en la música. La letra nos hace creer que es optimista, dada su primera línea: "Got a feeling '21 is gonna be a good year", pero no. Tommy ha crecido, y su madre ha encontrado un nuevo amor. Nadie contaba con el inesperado regreso del capitán Walker, por lo que la madre y el amante deciden asesinarlo frente a Tommy, a quien le dicen que no vio ni escuchó nada, por lo que no debe decir nada de esto jamás. Esto le genera su trauma y así, pierde el habla, la escucha y la vista. La música se desvanece en tristeza hacia el final, mientras Townshend canta, casi clamando: "What about the boy?". Desgarradora.
En "Amazing Journey" tenemos una de las canciones más intensas de todo el álbum, musicalmente hablando, pues maneja las emociones a su antojo, y por momentos tenemos epicidad, por otros agresividad, y por otros sensibilidad. Aquí se nos habla de las capacidades que Tommy desarrolló en su estado deplorable: el sentido del tacto y, sobre todo, una gran imaginación. Esta segunda habilidad se ve manifestada musicalmente en "Sparks", una breve e instrumental que retoma la sección musical de uno de sus temas del álbum anterior. Como una especie de cierre de ciclo, que más tarde retomarían.
El siguiente tema es "Eyesight To The Blind (The Hawker)", un cover de un blues de 1951 que de alguna manera, se adaptó a la perfección a la temática de la canción. En ella de habla de un personaje misterioso, al que llaman The Hawker, que en realidad es un proxeneta que jura que sus empleadas son capaces de curar cualquier mal, incluido el del pequeño Tommy. Musicalmente podemos destacar el poder vocal de Daltrey, que aquí se luce de manera extraordinaria. Mientras tanto, la fantástica "Christmas" nos habla de la preocupación de la madre de Tommy, quien teme que sus incapacidades le eviten llegar al cielo, si muere, mostrando el nivel de inconsciencia por parte de los familiares más cercanos de Tommy. Las melodías y armonías vocales de esta canción son simplemente exquisitas; mientras Daltrey nos expone el tema principal de la canción, con su potente voz, los coros de Townshend y Entwistle parecen jugar en el fondo, lo cual hacen de manera estupenda.
"Cousin Kevin" es la primera de dos canciones escritas por John Entwistle para el álbum, una con estructura simple pero con un crescendo emocional asombroso, por lo que el lento y calmado inicio en algún momento es un torbellino de voces, guitarras y emociones, liderado por los coros a 3 voces tan maravillosos como escalofriantes. La canción nos habla sobre el abuso y acoso que Tommy sufría por parte de su primo Kevin, quien se aprovechaba de las debilidades del protagonista para su diversión malsana. Por su parte, "The Acid Queen" nos habla del encuentro que Tommy tuvo con la gitana, una de las empleadas del proxeneta que ya se había mencionado. Un abuso más a la inocencia del pequeño Tommy que habría de incrementar sus traumas en aras de poder hallar una cura para sus males. Esta es otra muestra del rock más pulido y perfecto que los Who aspiraban a mostrar. Todos los instrumentos suenan de maravilla, acorde con la temática de la canción, pero también con el sonido enérgico característico de la banda.
La gitana, además del abuso sexual, le otorgó al pequeño unas drogas, para liberar su mente y romper con las cadenas que le atan a su interior. El viaje inducido por dichas drogas se musicaliza en los 10 minutos que dura "Underture", una muestra del poderío instrumental de la banda. Además, este tema sirve como punto central de la obra, pues la historia se empieza a encaminar hacia la curación del niño. Antes de ello, un trauma más. "Do You Think Is Alright?" es una pieza transitoria que exhibe la preocupación de la madre por dejar a Tommy al cuidado de su tío Ernie, quien en el tema siguiente (escrito por Entwistle) "Fiddle About" abusa sexualmente del niño.
Es hasta "Pinball Wizard" que se nos exhibe una faceta alegre y esperanzadora de la vida de Tommy. Él ama el pinball, y es un experto en ello. La música aquí es mucho más electrizante que en cualquier otro tema de la canción, y el riff de guitarra acústica es ya un clásico del rock. De hecho esta sea quizás la canción más conocida del álbum, y no es para menos, su estructura simple y efectiva, aunada a sus melodías pegajosas y su energía mayúscula le hacen destacar de inmediato. El sentido común finalmente aparece en "There's A Doctor", otra breve canción en la que se establece la posibilidad de llevar con un médico a Tommy para que le haga estudios y, al fin, pueda curar al niño.
Sorprendentemente, en "Go To The Mirror", el doctor les dice a los familiares que el niño de hecho no está sordo, ni ciego ni mudo, sino que simplemente él decide no hablar, ni oír, ni ver. Esta esperanza se puede palpar en la música, que maneja los 3 acordes memorables de la overtura, pero que esta vez nos auguran un futuro más optimista. El final de la canción es lo opuesto al final de "1921". En donde allá todo se derrumbaba, aquí todo se reconstruía. Claro, no sin un gran esfuerzo, cosa que se aprecia en "Tommy Can You Hear Me?", un esfuerzo de la madre por hacer reaccionar a su hijo perdido en su interior.
Finalmente en "Smash The Mirror", el niño regresa en sí, luego de un enorme esfuerzo de su parte, representado en el sonido final de un espejo rompiéndose estrepitosamente. Nada extraordinario musicalmente, por lo que le podemos considerar como un tema transitorio. Caso opuesto al de "Sensation", una canción alegre tipo Beach Boys, en la que se describe el suceso a nivel local que significó el regreso de Tommy, quien se convirtió en una noticia de la que muchos escucharon. Esta noticia se expresa en la brevísima "Miracle Cure". De pronto Tommy es famoso, así que decide transmitir su mensaje de esperanza al mundo. Esto le genera todo tipo de seguidores, como la que se muestra en "Sally Simpson", una inocente niña que se enamora de Tommy mientras su madre y los allegados a Tommy le hacen ver que su amor hacia él será imposible e incorrespondido. La música de esta canción es una de las más bellas y deliciosas de todo el álbum, con ese piano tocado en notas con dos octavas de diferencia. Además de destacar a Keith Moon, siendo loco en una canción que para nada es loca.
"I'm Free", que sí es una alocada canción, es quizás lo más rockero que nos presentaría la banda para este álbum, una canción con un riff simple e incluso un tanto bobo, pero que se acopla a la disonancia general de la canción, en la que la temática principal es la nueva consciencia de libertad que ahora Tommy siente en su interior. Esto le hace abrir un campo pseudo-espiritual, para niños como él que puedan hallar la solución a sus problemas. En "Welcome", Tommy les habla directamente a sus súbditos con este mensaje de esperanza, pero con una exigencia un tanto fuera de lugar. Si querían ser salvados como Tommy, debían vivir los mismos traumas de Tommy, cosa que el propio protagonista exigía. Esto, desde luego, era un absurdo. La música de este tema es la más calmada y disfrutable de todo el álbum. Se priorizan las melodías y su estética mucho antes que la energía de la música, cosa que no sucede en ninguna otra canción del álbum.
El penúltimo tema es la irreverente "Tommy´s Holiday Camp", una extraña canción transitoria escrita y cantada (o al menos es un intento de canto) por Keith Moon, que sólo sirve para dar pie a la épica canción final. "We're Not Gonna Take It" es la rebelión de los seguidores de Tommy, que se rehusaban a vivir los traumas que vivió Tommy para ser salvados. La canción se divide en dos partes, la primera es muy melódica y acelerada, y contiene toda a temática lírica que se ha mencionado, mientras que la segunda mitad es épica y emotiva, en la que Tommy recuerda las palabras que a sí mismo se decía en su interior, y que eventualmente le salvaron de su trauma. Y es así como culmina uno de los álbumes más ambiciosos y grandiosos de la historia del rock.
Es cierto que han existido muchas otras óperas rock, algunas de ellas igual de históricas que Tommy, sin embargo, la innovación y originalidad de esta obra le hace destacar siempre, y ser un referente para todo aquél que, después de Tommy, publicara una ópera rock.
Es cierto que no se trata del mejor álbum de la banda, sin embargo, sí es el más representativo del cuarteto londinense, el que les catapultó al estrellato y a uno de los lugares más privilegiados en la historia del rock.
martes, 7 de agosto de 2018
La vanguardia rockera.
Hacia el año de 1972 en Inglaterra había 3 corrientes musicales bastante claras. La primera de ellas era la del Heavy Metal, que gracias a Black Sabbath y Deep Purple, entre otras bandas, se colocaba como uno de los sub-géneros esenciales para la comprensión del rock. La segunda era la del Rock Progresivo, en la que Pink Floyd y King Crimson eran las puntas de lanza, y en la que las experimentaciones eran menos frecuentes, sustituidas por las largas y complejas orquestaciones. La última de estas corrientes era la del Glam Rock, que en artistas como David Bowie y Lou Reed, o bandas como T. Rex, encontraban su lugar en el mundo musical, con una ambientación sonora muy marcada sobre la rudeza del rock, mezclada con la melodicidad del pop, pero adornada por las extravagantes vestimentas de los artistas que conformaban dicho sub-género.
Sin embargo había una banda londinense que se encontraba un tanto emparentado con estas 3 corrientes, sin pertenecer realmente a cualquiera de ellas. Una banda que, en su música, era posible escuchar las potentes melodías y solos guitarreros del heavy metal, así como la extraordinaria melodicidad del glam rock, mezclado todo eso con una dosis de complejidad y profundidad artística, como la que caracterizaba al rock progresivo de aquel entonces. Sí, una banda que amalgamaba los 3 sonidos, pero que como resultado nos regalaba algo novedoso, algo jamás escuchado y que aún hoy, a 46 años de distancia, resulta excitante y electrizante, por su capacidad de asombrarnos y llenarnos de gozo puro.
La banda en cuestión era Roxy Music, una banda que hoy en día se podría cosiderar como un supergrupo por la calidad de las figuras que le conformaban, empezando por el extravagante y genial vocalista/pianista Bryan Ferry, pasando por el innovador y vanguardista Brian Eno en los teclados, y culminando con el virtuosísimo y sensibilísimo guitarrista Phil Manzanera. Además de ellos, estaba Paul Thompson en las percusiones, Graham Simpson en el bajo y un elemento poco usual, Andy Mackay que se encargaba de tocar algunos vientos y metales, en específico el oboe y el saxofón.
Si bien, bandas como King Crimson (que era influencia directa de Bryan Ferry, e incluso Robert Fripp, líder de Crimson, es un cercano amigo del vocalista) ya habían usado una sección de vientos y metales en sus primeros álbumes, no era como tal parte de la banda en sí, sino un agregado en ciertas canciones. Aquí no, aquí Mackay era parte fundamental de la banda, y su sonido es esencial para poder distinguir la genialidad de la música.
Fue así que en un lapso de 15 días, en marzo de 1972, se grabaría su álbum debut, que inicialmente pasaría desapercibido entre los círculos de la música popular, pero que eventualmente se convertiría en uno de los álbumes más importantes de la década de los 70. Con la cuñada de Mick Jagger en la portada, en junio de ese mismo año la banda dejaría asombrado a gran parte del medio musical con la publicación del álbum, y sería una joya tan incomprendida como alabada. No era nada reconocible, a pesar de los avances de la música para aquellos entonces. Nadie sabía en dónde colocar esta música, y dada la vistosa vestimenta de la banda en sus presentaciones, los colocaron como glamrockeros, sin realmente serlo.
El álbum transcurre por muchos pasajes que son tan disfrutables como complejos. A veces es estruendosamente rockero, a veces es tierno, otras veces es sumamente experimental, e incluso por momentos es deliciosamente popero. Sin embargo hay una característica presente en todos los temas, el maravilloso aire de dramatismo impreso en la voz de Ferry, que duplica la emotividad de todas las canciones, sea cual sea. Así, de los 9 temas que conforman al álbum, los 9 son auténticas joyas vanguardistas. Nadie veía venir el impacto de esta música, y nadie se creía que en verdad fuera a trascender algo tan fuera del radar musical de tal época.
De inicio tenemos a una de las canciones abridoras más impresionantes de toda la historia del rock: "Re-Make/Re-Model". Desde que escuchamos las primeras notas de piano, literalmente golpeadas por el propio Ferry, sentimos una descarga de electricidad recorrer todo nuestro cuerpo. Una apabullante canción sin una estructura clásica, pero con una exposición instrumental impecable. Ninguno de los instrumentistas se queda relegado, opacado o superado por sus compañeros. Todos tiene su momento de lucidez, y a lo largo de la canción, todos los instrumentos, incluyendo la voz de Ferry, suenan maravillosos. La increíble explosión musical inicial nos dejará absortos, inertes, anonadados y estupefactos. A ese grado.
Pero las cosas no hacen más que mejorar con "Ladytron", una canción mucho más ambiciosa con un inicio delicioso (el juego de palabras inicial es de lo más ingenioso para cualquier letrista del rock), y en la que el coro principal no es una sección cantada, sino el oboe de Mackay alterado por un sintetizador de Eno, que sustentado por las maravillosas percusiones de Thompson (luciéndose en el minuto y medio final de la canción) y acompañado más tarde por la guitarra de Manzanera y el mellotron de Eno, hacen que este tema se convierta en uno de los momentos más sublimes del álbum, en especial el cierre de la canción, que es un despliegue instrumental fantástico.
El dramatismo hace acto de presencia en "If There Is Something", en la que una vez más la canción inicia con una ambientación y termina con otra completamente diferente. De inicio escuchamos una tranquila pieza, adornada con un elegante riff de guitarra, y un ritmo semi lento que acompaña a las primeras estrofas. Una vez que la canción entra en su parte instrumental, todo se empieza a poner más y más denso, primero con la guitarra, luego con los metales/vientos, y finalmente con la espeluznante voz de Ferry (y su característico falsetto), que para nada suena tan amistosa como al inicio de la canción. La canción mantendrá esta tónica por los minutos que le restan, alternando deliciosas secciones instrumentales con escalofriantes estrofas. La simpleza del acompañamiento a lo largo de este extenso paisaje musical es, casi adrede, una manera de alejarse del rock progresivo, y centrarse en su estilo particular en el que la emotividad predomina sobre el virtuosismo, lo que hace que la canción sea muchísimo más original en su esencia.
En "2 H.B." finalmente tenemos una canción que mantiene su estilo de principio a fin, cosa que agradecemos mucho, pues se trata de una de las canciones con un sonido mucho más fino, mucho más pulido. Aquí se cuidó no sólo el sonido de cada instrumento, sino su volumen, para que la canción quedara como una especie de susurro musical detrás de un poema vocal. Así que todo en esta canción va más por la delicadeza y la finura que por la fuerza y explosividad. Esto hace que, literal, a lo largo de los 4 minutos y medio que dura la canción, sintamos la suave caricia de la música en nuestros oídos, y la gocemos a plenitud. Las percusiones juguetonas, las guitarras sutiles, el bajo sofisticado, los metales discretos y precisos y, en especial, los sintetizadores como de terciopelo, logran este espectacular efecto sonoro. Sin ser una canción emotiva, la inmensa sensibilidad de los músicos queda evidenciada con creces en esta maravilla.
Por su parte, "The Bob" es la canción más "progresiva" del álbum tanto en su estructura de mini-suite, como en su sonido plagado de sintetizadores y momentos sinfónicos. Sin embargo, no por ello se le debe demeritar, por el contrario, es una de las canciones más complejas y experimentales del álbum. En el inicio escuchamos los sintetizadores que esta vez suenan futuristas, irrumpidos por la potente sección principal en la que la mezcla de guitarras y metales le dan al tema una especie de muro de sonido que, detrás de la ominosa voz de Ferry, suena espectacular. Luego de una ruptura, tenemos una alegre y cuasi sinfónica sección de vientos y cuerdas que anteceden a otra mini sección cantada, esta igualmente mucho más alegre que la inicial. Luego de otra mini sección, esta vez de piano y oboe, regresa la poderosa parte inicial para abrochar el tema.
Todo regresa a la normalidad en "Chance Meeting", una maravillosa balada a base de piano, que resulta ser la más romántica del álbum, al menos musicalmente. Fácilmente podemos imaginar a Ferry sentado en su piano interpretando la maravillosa melodía. Mención especial a los solos experimentales de la guitarra (claramente alterada) de Manzanera, que le dan una ambientación tétrica a la dulce melodía principal. Cerca del final hay un mini clímax, ya que la velocidad de la canción se acelera, y da pie a más instrumentaciones experimentales, que más que futuristas, suenan muy dolientes.
Otra de las joyas máximas del álbum es "Would You Believe?", una maravilla que evoca el soul sesentero de una manera muy particular, ya que dentro de la espectacular música y los asombrosos cambios de ritmo, el alma de la música soul (valga la redundancia) está más que presente en todo momento. Primero en la sección lenta, la voz de Ferry, duplicada y suavizada, encaja a la perfección con la enorme emotividad del fondo musical, adornado con el saxofón más que preciso en la canción. Sin embargo, en un punto la canción se rompe y se acelera súbitamente. Esto no hace que la emotividad descienda ni un milímetro, y en ello aporta el cambio de enfoque en la voz de Ferry, que de ser suave y dulce, pasa a ser poderosa. La balada inicial pasa a ser una especie de rockabilly esplendoroso, que a pesar de todo su poder, tiene tanta alma como la lenta sección inicial. Para terminar de rompernos en mil pedazos, regresa la lentitud primaria con la intensidad secundaria, mezcladas en una tercera parte poderosa y desgarradora. Esta es mi canción favorita del álbum, no tienen idea de cómo la gozo cada que la escucho.
Siguiendo en la línea de canciones monumentales, "Sea Breezes" es de lo más impresionante que escucharemos en el álbum. Incluso, quizás, se trate de la mejor canción del álbum. La palabra más exacta para definir esta canción debe ser "desgarradora". La canción se divide en una sección principal y un interludio. La sección principal es muy sensible, muy melancólica. La voz de Ferry empieza suave sobre los sintetizadores, dramática, pero suave. El oboe aparece discretamente, y un breve grito nos hace estremecer. Sin embargo, al final de la segunda estrofa está "el grito", el espeluznante grito de Ferry que nos pondrá la piel de gallina y los sentidos al borde del delirio. La música sigue suavemente en el fondo, hasta que de pronto aparece el piano, cambiando la dinámica de la canción en el interludio. El ánimo no cambia ni tantito, pero la intensidad de la canción sí. No se necesita una explosión para sentir la enorme intensidad en la música y en la voz. La brevedad del interludio es directamente proporcional a su poderío. Es impresionante lo que se nos puede hacer sentir con tan pocos elementos, perfectamente ejecutados y conjuntados. Es aquí que comprendemos la maestría de la canción, que finalmente nos regresa a la tristísima sección inicial, para desvanecerse entre la niebla, y llevarse una parte de nuestra alma consigo.
Sin embargo, el álbum cierra de amable y disfrutable manera con la irónica "Bitter's End", una singular y breve melodía que, armónicamente, nos recuerda a la música de los años 50, sin embargo los arreglos son propios del vanguardismo de la banda, así la mezcla de estilos tan contrastante es perfecta y precisa. Los coros, los metales, el piano, las curiosas percusiones, y el delicioso bajo se conjuntan a la perfección para culminar una obra maestra del rock.
El álbum debut de Roxy Music es una de las obras más grandes jamás creadas, una de las muestras musicales más singulares, aún en nuestros días, y se debe revalorar como tal. A mi gusto, es uno de los mejores álbumes de la historia, quizás uno de los 5 mejores álbumes debut del rock, y un perfecto de lo que la originalidad puede ser, aún cuando la inspiración viene de algo ya creado. No se necesita inventar el hilo negro para ser originales, simplemente tomar los elementos ya existentes, y mostrarlos desde una perspectiva que nadie ha visto jamás. He ahí el gran mérito de la banda y de su maravilloso debut.
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martes, 10 de julio de 2018
Entre paréntesis
Luego de un debut interesante, y de un segundo álbum hermosísimo, Sigur Rós estaba afianzado como una de las propuestas musicales más vitoreadas y destacadas a nivel mundial, por lo que tanto músicos, como críticos, y especialmente sus seguidores, esperaban con ansia y emoción la publicación de su tercer álbum. ¿Habría evolución? ¿Sería tan bello como el anterior? ¿Confirmarían su estatus como una de las bandas más importantes del inicio de siglo? A todas estas preguntas se respondería de la misma manera: sí.
En 2002 se publicó finalmente "( )", un álbum tan enigmático como su título. Ahora bien, de las 3 preguntas anteriores, la segunda debe incluir un asterisco. La música es tan bella y tan emotiva como en su álbum anterior, sin embargo, los aires de preciosismo y la belleza palpable no estarían presentes en este álbum, por lo que se trata de un álbum mucho más íntimo y menos extrovertido que el anterior. Si en el anterior "Agætis Byrjun" Sigur Rós se expuso ante nosotros y nos mostró su faceta más amable, en este "( )" nosotros tendremos que buscar a los integrantes de la banda entre la música, y escuchar con atención para percibir las múltiples emociones que se esconden tras cada nota.
Esto fue, sin duda, un movimiento muy arriesgado por parte de la banda, pues apenas comenzaban a ser reconocidos a nivel mundial y la cerradez y el anonimato de esta obra podrían cerrarle las puertas irremediablemente. Aún así, publicaron su minimalista álbum, carente de orquestaciones pero con abundantes momentos poderosos y contundentes. Las 8 canciones que conforman la obra no tienen título ni letra (sólo las vocalizaciones de Jónsi, que son palabras al azar), dado que el arte del disco no incluye mucho texto. No aparece el nombre de los integrantes de la banda, ni por supuesto, el nombre de las canciones. Sólo aparecen los dos paréntesis que dan título al álbum. Posteriormente se sabrían los nombres no oficiales que la banda usaba para designar a cada canción durante su proceso de grabación, con los cuales llamaremos a las canciones en este texto.
Es así que la obra abre con "Vaka", una suave y para nada vistosa canción a base de piano, que lentamente transcurre mientras el Vonlenska hace gala de su conciso y preciso léxico. Desde este tema inicial ya percibimos que tendremos que esforzarnos un poco para asimilar la música, y que este esfuerzo tendrá su recompensa con creces. Los minutos finales de la canción son de una intensidad inusitada en la banda, como si se rebelaran contra sí mismos y contra el estilo que ellos mismos inventaron en el álbum anterior. A pesar de esto, la canción no tiene percusiones, por lo que se trata del tema con menor poderío del álbum, algo que fue hecho adrede para que, al igual que en la canción, el álbum comenzara de forma tranquila y terminara en un caos ordenado y estremecedor.
El segundo tema es la intimísima "Fyrsta", en donde las percusiones hacen su debut de manera calma y lenta, y en donde igualmente la guitarra de Jónsi nos regala una serie de arpeggios dulcísimos. Luego de la larga (y bellísima) introducción instrumental, la voz de Jónsi repite las mismas 6 palabras que en el anterior y el resto de los temas, sólo que esta vez lo hace de "arriba hacia abajo", es decir, de lo más agudo hacia lo más grave, y cerca de la mitad de la canción se llega al clímax, uno muy breve y a medio gas, y finalmente de a poco la música se desvanece, aunque no del todo, pues está ligada con el inicio del tercer track, el único instrumental del álbum.
"Samskeyti" es una obra magistral, las notas iniciales nos indican un constante crescendo que en sí ya suena majestuoso, pero una vez que hace su aparición el piano de Kjartan Sveinsson, la obra toma otras dimensiones mucho más épicas y monumentales. Ese piano que asciende y asciende en notas y en intensidad, mientras el trasfondo musical hace lo propio sin que nos demos cuenta del todo, hasta que cerca del final el piano sube una octava de golpe y la emotividad colapsa sobre sí misma, regalándonos un auténtico momento celestial y la primer cumbre musical del álbum. Toda la energía reservada hasta ahora finalmente se expulsa y, de manera catártica, nos lleva hasta el mismísimo cielo con una facilidad delirante.
Lo lógico, luego de haber llegado hasta el cielo, es que inmediatamente después venga una caída estrepitosa. Todo lo que sube tiene que bajar. Sin embargo, la gracia y la providencia son tan grandes y tan benévolas con nosotros que decidieron mantenernos allá arriba, entre las nubes, por una canción más. Y es que "Njósnavélin" es una delicia total, una belleza inconmensurable que tiene tanta dulzura como emotividad, y que nos llena los oídos con suma facilidad, ya sea por sus notas memorables o por su melancolía explicita que nos inunda los corazones desde la primera escucha. Se trata de la canción más bella del álbum, la que más gozo trae consigo y la que más luz nos regalará de todo el álbum. Con una estructura simple y efectiva, y una instrumentación ligeramente más variada que en sus siete hermanas, la obra nos provee de la dulzura que tanta falta nos hará en la segunda mitad del álbum.
Luego de un interludio silencioso, el crescendo del álbum se aviva con "Álafoss", no porque sea una canción muy intensa, sino porque es la canción más densa y difícil del álbum. En sus casi 10 minutos de duración, tendremos que mantener la concentración a tope mientras la pesadísima cadencia de la canción nos va llevando muy lentamente hacia un clímax poderoso e igualmente lento. No hay nada vistoso en esta canción, y el mantenerse concentrado hasta el final será un auténtico reto. Ahora bien, en apariencia aburrida, la canción tiene un firme propósito, que es el de marcar de manera contundente la transición del álbum hacia su parte más oscura y menos amable, y de las cuatro canciones que conforman esta segunda mitad, "Álafoss" era la ideal para adentrarnos en la atmósfera lentamente, y así no sentir un cambio drástico y fuera de lugar.
Una vez que hemos pasado por "Álafoss", ahora sí viene lo realmente bueno. Las 3 canciones finales son las 3 cúspides artísticas del álbum más altas, cada una más alta que la anterior. Primero está "E-Bow", una que en sus percusiones de inicio se asemeja a su predecesora, pero que en ambientación y en estructura es mucho más directa e intensa. Las estrofas son muy melódicas y los coros de la canción son poderosos, siendo el último de ellos el que se conecte con el cierre de la canción, que es el clímax sonoro de la misma, y que es uno de los momentos más escalofriantes del álbum. Mientras las percusiones estallan y las guitarras tocan sus notas más ruidosas en lo que va del álbum, el piano nos regala una suaves notas que adornan todo este caos, que finalmente culminan en una suerte de feedback muy rasposo y agresivo. Oficialmente, el Sigur Rós del álbum anterior había muerto.
Por su parte, "Dauðalagið", el tema más extenso del álbum, es otra muestra de la faceta más agresiva de la banda, siendo el absoluto sostén de esta agresividad el poder de las intensísimas percusiones que, sobre todo en la segunda mitad de la canción, hacen que la banda llegue hasta un extremo al que jamás habían llegado, y que de alguna manera suena tan natural en ellos. El concepto musical del ascenso en intensidad y poderío parece tomar su forma definitiva luego de esta impresionante canción, en donde parece que ya no se puede llegar más lejos, sin embargo la banda aún nos tiene preparada una sorpresa más, una que resultaría ser la mejor canción del álbum, y quizás de todo su repertorio.
Una vez que lograste el punto más alto de intensidad, de agresividad y hasta de poderío, sin traicionar el estilo al que perteneces, ¿qué más queda por hacer? La banda lo tenía muy claro, y en el tema final del álbum se reservaron lo mejor que tenían. "Popplagið" es una obra suprema, una que de inicio suena de hecho muy normal. Y es que la primera mitad de la canción tiene una estructura de estrofa-coro muy convencional, nada vistosa y que para nada vaticina el huracán de sonidos y emociones que se vendrían para el majestuoso final de la canción. ¿Qué más podían hacer, luego de lo escuchado en las canciones anteriores? Le añadieron epicidad. Hicieron de la agresividad, la intensidad y el poderío una mezcla de epicidad y emotividad que nuevamente nos llevan hasta la gloria misma, ahora por otro camino que no es el de la belleza. Una vez que la canción se rompe y que las percusiones se callan, sabemos que estamos a punto de escuchar algo fuera de este mundo, algo que de a poco va creciendo en intensidad, algo que una vez que estalla nos deja absolutamente pasmados. Es épico. Es majestuoso. Es inalcanzable.
Luego de esto, nos queda bastante claro que se trata no sólo del mejor trabajo de Sigur Rós, sino de uno de los mejores álbumes de rock de la década pasada, y una de las muestras más sublimes de la música del nuevo siglo. Nadie ha podido replicar esto, ni la banda misma, y dudo que alguien alguna vez lo logre. Es cierto que aún no se le da el reconocimiento que se merece esta obra. Aún muchos piensan que "Agætis Byrjun" es lo mejor de los islandeses. Algunos todavía creen que éste parentético álbum es aburrido. Algunos aún no entienden la perfección que se esconde detrás de estas nada vistosas canciones. A algunos les falta escuchar más veces esta joya, o quizás un par de décadas que den la distancia necesaria para revalorar esta música, como ya ha sucedido en muchas otras ocasiones con muchos otros álbumes magníficos y menospreciados en su época de aparición.
Mientras tanto, la obra aquí está, para que todos la disfrutemos, la lloremos o la compartamos de una u otra forma. Igual nos sumergimos en el anonimato implícito en el álbum para ser alguien más, y desde nuestro refugio, admirar y regocijarnos con las lentas y poderosas notas de este bello e incomprendido álbum.
jueves, 14 de junio de 2018
Automatic For The People
No sé si se trate del mejor disco de R.E.M., sin embargo, creo que sí es el más fino, el que marcó la madurez plena de la banda. Luego del estupendo "Out Of Time" de 1991, que por cierto fue con el que se dieron a conocer a nivel mundial por su sencillo "Losing My Religion", la banda publicó en 1992 éste "Automatic For The People", y aunque no alcanzó la popularidad del anterior opus y su sencillo insignia, sí creo que alcanzaron una cima artística mucho más alta, gracias a que el álbum es más completo y menos impulsivo.
Aquí la banda se lo toma con mucha calma, no busca lograr de inmediato el penetrar nuestras mentes coon melodías fáciles y canciones joviales. El mayor uso de guitarras acústicas, pianos y demás instrumentos orgánicos como titulares de la mayoría de las canciones es muestra de ello. Muy atrás queda ya los sonidos ochenteros de la banda, más cercanos al post punk guitarrero que al rock presentado en esta joya. No que sus álbumes ochenteros sean malos, sin embargo la madurez es palpable en éste, a diferencia de la frescura y jovialidad de aquellos. Y el timing fue de lo más preciso, pues cuando tuvieron que madurar como músicos, lo lograron de manera estupenda.
Es así que, con el paso de las escuchas, vamos asimilando las canciones de una en una con mayor facilidad, y su trascendencia es cada vez mayor, con cada escucha, lo cual nos brinda una experiencia pocas veces presentada al escuchar un álbum: se renueva constantemente. Claro que llega un punto en que ya nos sabemos todas las canciones, y ya no descubrimos tantas cosas nuevas como en las primeras escuchas. Pero en este punto, ya sabemos apreciar en su totalidad los temas, y descubrimos que no hay un solo tema malo, pobre o flaco en el álbum. Todos son enriquecedores, deliciosos y de enorme calidad, muy a su manera cada uno.
Y es que debemos tener presente que R.E.M. no es una banda convencional, desde sus inicios la banda adoptó por igual los enfoques pesimista y optimista, por lo que en la mayoría de sus álbumes (incluyendo este) tenemos ambas facetas, y fácilmente podemos pasar de una canción súper alegre a una muy melancólica, o de una muy dulce a una muy amarga, sin que en ningún momento esto sea factor para determinar la calidad artística de las canciones. Por el contrario, este sube y baja emocional es precisamente del álbum lo que lo hace tan memorable. Y tampoco se trata de cambios emocionales tan drásticos, recordemos que es un álbum de madurez, por lo que las emociones, si bien están perfectamente representadas, jamás están exageradas ni sobre expuestas. Es así que las que son alegres, no suenan como teletubbies en azúcar, y las tristes no suenan como la vida de Precious. Se alcanza un equilibrio emocional que sólo una banda con años y años de componer canciones podría lograr.
Hablando de las canciones, ninguna alcanzó el éxito de "Losing My Religion", pero la mayoría tienen igual o mayor calidad artística que ésta. Y esto se comprueba desde la inicial "Drive", que nos remite un poco al R.E.M. ochentero por la oscuridad natural de la canción (un poco como "The One I Love"), sólo que manejada de distinta manera y con distintos arreglos, como el uso prominente de guitarras acústicas. De la oscuridad pasamos al brillo de "Try Not To Breathe", una que desde el mero inicio explota con cautela, se despliega la música pero no del todo, de a poco se nos muestra la médula musical de la canción. Esta canción es de esas que requieren un par de escuchas para admirar su belleza en esplendor máximo. Y luego subimos un peldaño más hacia la alegría, en "The Sidewinder Sleeps Tonite", una especie de sátira a una canción setentera (que por cierto está horrorosa) llamada "The Lion Sleeps Tonight", que sin embargo, a pesar de la alegría electrizante que escuchamos de primera instancia en la música, en la letra es más bien una ácida sátira hacia el estilo de vida moderno. Así que nos quedamos con una canción electrizante y burlona, lo cual suaviza un poco el extremo emocional aparente del tema.
Y el primer bajón emocional notable llega con "Everybody Hurts", una canción que tuvi relativo éxito, y que es melancólica a más no poder. Perfecta para rupturas ammorosas, decepciones del corazón y sanación lenta y dolorosa de heridas emocionales. Sin embargo, no se necesita encontrarse uno en tal estado emocional para apreciar la belleza inmensa de la canción. Y siguiendo en la misma línea, la belleza se incrementa con la instrumental "New Orleans Instrumental No. 1", una canción que transita en dos notas base, y con una serie de adornos sonoros en la superficie que nos deleitarán los oídos a plenitud. Para no salir del estado triste en que la banda nos ha sumergido, "Swetness Follows" llega para rematarnos, esta vez con más oscuridad y menos brillitos. Esta vez la melancolía se transforma en miseria, y la canción nos pisotea de forma contundente, a pesar de su aparente inofensividad. Se trata quizás de la canción más oscura de todo el álbum.
Es necesario un cambio emocional, y la banda lo sabe, por eso llega "Monty Got A Raw Deal", otra canción suprema que requiere de algunas escuchas para apreciarla, pero que de primera instancia, resalta su melodicidad, especialmente en el coro, y con ello logrará permanecer en nuestra memoria por unn rato, reitero, mientras logramos apreciarla luego de algunas escuchas. Por su parte, "Ignoreland" nos retorna un poco a la alegría musical de "Sidewinder..." aunque no es tan notoria como en aquella canción. De hecho, "Ignoreland" es quizás la canción más rockera de todo el álbum. Tiene su riff de guitarra y la voz de Michael Stipe suena poderosa por momentos. De ahí pasamos a la dulzura e inocencia de "Star Me Kitten", una canción breve pero que enriquece la gama de estados de ánimo del plato, pues esta vez no entramos a la nostalgia ni a la melancolía, simplemente nos dejamos llevar por las bellas y suaves notas, así como la tersa voz de Stipe.
El último cuarto del álbum es esspectacular, comienza con una de las canciones más míticas y memorables de la banda, "Man On The Moon", la cual es una referencia enorme al humor de Andy Kaufman y sus recurrentes rutinas que le hicieron famoso como uno de los comediantes má excéntricos y extremos de la historia norteameicana. La música es cercana al recién nacido -por aquellos entonces- Alt. Country, una canción con referencias country pero con una emotividad que sobrepasa los límites de dicho género. Ello hace que la canción sea artísticamente impecable y que además, logre quedarse en nuestra memoria desde la primera vez que la escuchamos. Pero si de excelsitud musical hablamos, la siguiente canción nos llevará a la cima máxima del álbum en este rubro. "Nightswimming" es una evocadora, entrañable y nostálgica obra maestra. No es de esa nostalgia que nos pone triste, sino de esa que nos hace recordar los mejores momentos de nuestra juventud, y nos hace sonreír de agradecimiento, por saber que nos ha tocado vivir cosas maravillosas. Musicalmente es una gema finísima, el piano, las cuerdas, los vientos. Todo se conjunta a la perfección para que logremos disfrutar al máximo de una de las joyas musicales más emblemáticas de R.E.M. No hay más qué decir sobre este tema, lo demás lo sentirán en carne propia cuando le escuchen. Para cerrar el álbum, "Find The River" sí aboga un poco a la tristeza para lograr su cometido, cerrar el álbum con un dejo de nostalgia, como para que lo volvamos a escuchar una y otra vez.
No es para menos, la calidad musical del álbum es altísima. Se alcanza un nivel de exquisitez musical que no creo que la banda haya logrado en ningún otro álbum. Ahora bien, es cierto que "Green" de 1988 es otra maravilla de álbum, es por ello que al inicio del escrito, no sabía si se trataba del mejor álbum de la banda, sin embargo, sí es el que a mí más me gusta. Y no es por otra razón que porque yo soy mucho más sensible a la emotividad musical, y este tipo de obras me llenan.
Sin duda alguna, este álbum es otra muestra de que la gran mayoría de álbumes históricos de los noventa se publicaron en los primeros 3 años de dicha década. R.E.M. se une a una larga lista de banda que en este periodo de tiempo publicaron álbumes majestuosos, históricos y esenciales en la comprensión del rock como género. Bandas como U2, Nirvana, Metallica, Pearl Jam, Soundgarden, Smashing Pumpkins, Red Hot Chili Peppers, Alice In Chains, Guns n' Roses, etc., hicieron historia con sus álbumes publicados en los primeros 3 años noventeros. De ahí que dicha década haya sido la última gran época de oro del rock.
viernes, 8 de junio de 2018
Talk Talk - Spirit Of Eden, ¿inventores del Post Rock?
Si bien es cierto que determinar el álbum exacto con el que se inventaron la gran mayoría de los géneros musicales existentes es una tarea muy difícil, por no decir imposible, sí se puede determinar el álbum que los hizo populares, que sembró semillas de creatividad en muchas mentes musicales y que dictaminó las tendencias con respecto a dichos géneros. Es así que podemos nombrar al álbum debut de los Ramones como el catapultor del punk rock, a pesar de ser enormemente influenciado por los Stooges en el periodo 1970-1973 o incluso por los mismos Beatles. Otro caso es el del Heavy Metal, que con "Paranoid" de Black Sabbath tomó la forma definitiva que todos conocemos, a pesar de que detrás de éstos ya existía la influencia de Led Zeppelin, The Who, Cream o (de nuevo, y como siempre) los Beatles.
Si este fenómeno sucede con los géneros más populares y con mayor número de exponentes, qué sucedería con géneros menos conocidos y más exclusivos. Es el caso del Post Rock, esa mezcla de rock espacial con elementos del ambient, el krautrock e incluso las atmósferas del folk más fino. Si bien, Pink Floyd sembró la semilla más poderosa para el nacimiento de este género, no podemos menospreciar los trabajos de John Cale, Neu, Brian Eno o Soft Machine para que eclosionara, años después, en este suave y místico género musical, exclusivo para los oídos de algunos pocos.
Siguiendo el orden cronolígico de las cosas, en 1982 se publicó el primer álbum de la banda británica Talk Talk, llamado "The Party's Over", que en sonido casi no se relaciona con el post rock y mucho se relaciona con el synthpop ochentero que a todos nos satura los oídos con suma facilidad. Y sin embargo, esta misma banda sería la que años después se encargaría de hacer del conocimiento de todos la maravilla de este género múltiplemente mencionado en este texto. Para ello tuvieron que pasar otros tres álbumes y seis años más, en los que la banda experimentó con el new wave ("It's My Life" de 1984) y el baroque pop ("The Colour Of Spring" de 1986).
Es en 1988 que la banda publicó su obra más fina hasta ese momento, el delicioso y poderoso "Spirit Of Eden", un álbum con sólo 6 canciones, pero con una altísima calidad, un sentido de sofisticación musical exquisito y un nivel de emotividad por los cielos. Casi todo lo que después hemos escuchado en el post rock surgió de la inventiva del trío londinense y de los sonidos almacenados en esta pequeña gran obra musical.
La obra inicia con "The Rainbow", un tema con aires de smooth jazz muy ricos, las improvisacioes de la trompeta añadidas sobre la suave alfombra musical de piano, bajo y percusiones nos deleitarán los oídos por los 9 minutos de duración de la canción. Por momentos aparecen unas cuerdas (guitarra incluida) que son más un adorno por el hecho de ser esporádicas, y no un instrumento base como tal. Cerca del final, algo inesperado, una armónica tan bluesera como Muddy Waters, que no veíamos venir pero que agradecemos infinitamente por su aparición. Casi sin darnos cuenta, el contador cambia al track número dos, ligado con el primero, el cual lleva por nombre "Eden", y es eso, un edén musical, absolutamente delicioso y disfrutable de principio a fin. La canción en sí es más breve que la inicial, pero mucho más emotiva, y en ello aporta mucho el uso sutil pero determinante de las guitarras como elementos creadores de tensión, una tensión que sube y baja a lo largo de la canción, haciendo de cada momento una expresión definitiva de cada emoción que maneja la canción, así, cuando la canción es intensa, lo es en verdad, y cuando es suave y delicada, es capaz de enternecer cualquier emoción distinta que estemos sintiendo.
Y nuevamente ligada, se encuentra la tercer canción del álbum, la mucho más intensa "Desire", una en la que las guitarras ahora sí pasan a ser protagonistas, pero no en un sentido rockero como tal, sino como un elemento enaltecedor de emociones, tanto en los momentos más intensos como en las estrofas llenas de calma y paz. Los subidones esta vez son mucho más drásticos, y pasamos de silencios casi absolutos a destellos de intensidad musical maravillosa y estremecedora. El primer silencio real se da entre el tercer y el cuarto tema, "Inheritance", una suave y delicada canción. Hay que destacar el trabajo de la producción ( a cargo de Tim Friese-Greene) ya que todos los sonidos se aprecian con una claridad y una suavidad pasmosas y maravillosas, haciendo que la canción cumpla más fácilmente su objetivo de deleitar nuestras cabezas y nuestras almas con la suavidad explícita que expresa.
Ahora el silencio entre canciones es más largo, y nos hace esperar por el inicio de "I Believe In You", otra canción llena de emotividad como la segunda y tercera, menos explícita pero igualmente palpable por la maravillosa elección de notas en "ascenso" que nos hacen sentir una ligera tensión que lejos de alterarnos, nos llena de una expectativa que finalmente se cumple con el simple cambio de una nota en los instrumentos del fondo, con lo que se ilumina la canción de una manera tan sutil que si nos distraemos un poco, lo pasamos de largo. El último minuto y medio de la canción es de una belleza inaudita en el resto del álbum. Otro silencio anticipa a "Wealth", la última canción del álbum, y un regreso al smooth jazz del primer tema, ahora con claros tintes nostálgicos, por lo que la canción transcurre mucho más lenta, y mucho más definitiva que las anteriores. No se crean expectativas ni se alteran las emociones, se nos llena de una nostalgia que se mantendrá desde el inicio hasta el fin de la canción, sin mayores aspavientos, y con un dejo de satisfacción preciso para cerrar el álbum.
Es así que se originó uno de los movimientos musicales que hacia finales de la década siguiente tendría su mayor auge, pero que si le buscamos un precedente, un álbum fundamental para su desarrollo y su inserción en la memoria colectiva de los melómanos al rededor del orbe, definitivamente tendrá que ser "Spirit Of Eden", pues la marcada tendencia de la música y la enorme influencia sobre muchas otras bandas, con el paso de los años resulta innegable. Quizás por ello, a pesar de su desconocimento mayoritario, este álbum debería de considerarse como un álbum fundamental, sobre todo para la música que se hace hoy en día, con muchos elementos indie, folk y sí, post rock.
La banda grabaría un album más, el también destacadísimo "Laughing Stock" de 1991, con el que la banda cerraría su carrera con la frente en alto, con la vista al cielo, en el punto más alto de su creatividad. Buena o mala decisión, según se le vea, su huella musical es imborrable e irrefutable.
martes, 29 de mayo de 2018
"Transformer" de Lou Reed: el fundamento del glam rock.
Cuando en 1969 John Cale abandonó a The Velvet Underground, dejó una marca que sería bastante notable en los álbumes posteriores de la banda. Hay un antes y un después de la era John Cale en la banda, c0n mayores experimentaciones, mayor arriesgue sonoro y un nivel de exquisitez musical más complejo, en el antes, y un mayor acercamiento al rock digamos "convencional" y menos psicodélico en el después. Lo que sí es curioso, es que los dos mejores álbumes de la banda son el primero y el último en el que participó Lou Reed. El primero, desde luego, el histórico grabado (es un decir) por Andy Warhol, con la voz de Nico en algunos temas; el último, el más popero y accesible de la banda, el delicioso "Loaded" de 1970, en el que se dejaba entrever la verdadera intención musical del líder de la banda.
Así que Reed se separó de su banda, y decidió empezar a grabar álbumes como solista, siendo "Lou Reed" el primero de ellos, a principios de 1972, sin mayor éxito y más bien anecdótico. Sin embargo, todos sabían del potencial del peculiar compositor, quien además llevaba una relación de amistad muy cercana con otro estupendo solista de la época: David Bowie. Ambos se influenciaron mutuamente, lo suficiente para que se notara en sus álbumes siguientes. Bowie grabó "Hunky Dory", y Reed grabó el álbum del que trata este escrito, el maravilloso "Transformer".
"Transformer" es un álbum de rock lleno de delicadeza, de belleza y de un poco de melancolía. Aunque claro, principalmente se trata de un álbum de rock, pero el rock en sí se encontraba en un proceso de transformación (transformer) debido al surgimiento del glam rock, del art rock y de otros elementos derivados primero del soul, y segundo del prog rock. Lou Reed y su "Transformer" fueron en ese sentido, pioneros de dicho movimiento, y este álbum es como la piedra fundacional del glam rock, sin que la intención de Reed fuera precisamente esa. Sin embargo, más allá de las etiquetas que se le puedan poner al sonido del álbum, se trata de una obra monumental de rock, llena de sensibilidad y de una contrastante combinación entre inocencia y sensualidad.
La obra inicia de manera melódica con "Vicious", la más cercana al sonido velvetiano del álbum, recordándonos por momentos la base rítmica y melódica de "Sweet Jane", pero sin ser de ninguna manera un autoplagio de dicha canción. Por el contrario, esta canción evoluciona hacia momentos más densos pero mejor logrados, pues desembocan en conclusiones musicales más gratificantes. El sonido de las guitarras es uno de los elementos más influyentes de la canción, y los poderosos solos de guitarra nos recuerdan que el álbum es esencialmente rockero. El segundo tema es la estupenda "Andy's Chest", con una clara influencia soul, o mejor aún, del llamado blue-eyed-soul, que es una derivación directa del primero, pero adaptada por músicos de raza blanca, con todas las características musicales inherentes a una u otra raza. Es por ello que la canción es un auténtico deleite. La base de guitarra, el bajo smooth y preciso, los coros masculinos de fondo y la sensualidad del ritmo son claras muestras de lo que mencionaba anteriormente.
El inicio del álbum parece no poder ser mejor, luego de dos temas supremos, sin embargo, sí que mejora, pues una de las canciones más emotivas y dulces del repertorio Reediano es "Perfect Day", una llena de melancolía, dulzura y amor. Nuevamente la influencia soulera está presente, y es algo que enriquece a la música de una forma suprema. La forma en que el coro se eleva por encima del resto de la canción, y luego baja suavemente a nivel de tierra, es simplemente sublime. Además de ser, líricamente, una de las muestras de sensibilidad más honestas del rock, con frases tan simples y tan significativas como "It's such a perfect day, i'm glad i spent it with you" o "You keep me hanging on". Tales palabras sólo se pueden decir por causa de un sentimiento, y sólo se pueden dedicar a una sola persona. De ahí que la canción tome mayor relevancia emotiva. Si como cereza del pastel ponemos el minuto y 20 segundos finales, con el piano y las cuerdas de fondo mientras Reed canta dulcemente "You're going to reap just what you sow", tenemos a una de las cimas artísticas más altas del glam, del rock setentero y del repertorio Reediano. Una maravilla.
Por su parte, "Hangin' Round" retoma un poco la aspereza del rock inicial, llevándola un poquito más cerca del terreno del mencionado glam, y con las guitarras como principales protagonistas de esta enérgica canción. La canción de hecho está perfectamente colocada, entre dos canciones más sensibles, para cerciorarse de que no nos olvidamos la intención general del álbum de hacer rock tan áspero por un lado, como sensible por el otro. Es así que alcanzamos otra cima artística del álbum en "Walk On The Wild Side", con sus referencias al country rock, sólo que con una dosis de suavidad y sensibilidad muho más marcadas. Las letras, que nos cuentan diversas historias entrelazadas por el título de la canción, enmarcan perfectamente la melancolía explícita de la canción, que a pesar de tener un ritmo semi juguetón (por cierto, perfectamente acoplado a la canción, aunque no parezca tan adecuado en un inicio, cosa que sólo a un brillante músico se le pudo haber ocurrido), no deja de ser un brillo musical y emotivo de otro nivel. Si no me creen, váyanse al final de la canción, y deléitense con el breve y bello solo de sax.
"Make Up" es otra suave canción, con adornos estupendos, que hacen que no sea precisamente una canción melancólica ni dulce, pero sí distinguimos la belleza de inmediato. La sección de metales que suena tan grave como precisa, es uno de los elementos más distintivos de la canción, y uno de los aciertos más grandes del álbum. Pero regresemos a la dulzura, ya que en ese rubro no hay canción que supere a "Satellite Of Love", una bella e inocente canción de amor a base de piano que no se anda con rodeos ni miramientos, es directa en su mensaje lírico y musical, y ello le incrementa la simplicidad, y por ende, la belleza general de la canción. La inmensa facilidad melódica del coro es el principal factor de supremacía de la canción, es la razón por la que nos gusta desde la primera vez que la escuchamos.
Y siguiendo la línea de grandes canciones, "Wagon Wheel" es otra estupenda referencia al rock sureño de los Estados Unidos, pero de cierta forma adaptada para que no suene del todo country, sino que se integre al sonido del álbum como pieza de rompecabezas, es por ello que, sin ser un rock del todo enérgico, ni ser tampoco una dulce canción, sí es una que representa a la perfección el sonido del álbum, una variante si se puede decir de esa forma, que enriquece al álbum y que por sí sola se sostiene como una de las mejores canciones del álbum. Mientras que el jugueteo sigue con "New York Telephone Conversation", una breve y divertida, y muy bien hecha, canción a base de piano, un poco a la ragtime pero con un trasfondo neoyorkino que trasciende al título, la música de inmediato nos traslada a la gran metrópoli, quizás para que no olvidáramos el origen del músico, quien a lo largo del ´´album ha estado probando sonidos originarios de otras partes de su país natal.
El final del álbum llega con dos temas que redondean a la perfección el álbum. Primero, "I'm So Free" es nuevamente un glam rock estupendo, como el que después se haria tan popular en los dos o tres años siguientes, con su ritmo acompasado y sus guitarras con ritmos breves y efectivos. Además está el gran ensamble vocal del coro, que es un detalle a destacar. Y por último, otra influencia soulera innegable en "Goodnight Ladies", como de cabaret pero con una estructura armónica perfecta, con el uso de metales y cuerdas que se destacan por encima de la sección rítmica simple, pero efectiva. No podía haber otra canción tan perfecta para cerrar el álbum como esta.
No sé si se trate del mejor álbum de Reed como solista, ya que muchos se decantan por su siguiente opus, el igualmente genial "Berlin", sin embargo sí puedo decir que este es mi particular favorito, gracias a su enorme sensibilidad y a su aceptación de la influencia negra en la mayoría de los temas, lo cual engalana y embellece a la música contenida en el álbum, y por ende, incrementa la calidad del mismo. Cerraré diciendo algo que ya todos saben: "Transformer" de Lou Reed es una joya imprescindible.
miércoles, 23 de mayo de 2018
La consolidación del Rock Duro: Led Zeppelin IV
¿Qué se puede decir sobre un álbum que es una leyenda por sí sola? Un álbum que marcó a generaciones, que sentó las bases para el desarrollo del rock duro, al que unos llaman rock pesado, o en inglés Hard Rock. Se trata de una de las obras más perfectas de toda la historia del rock, un álbum sin fallas y sin flaquezas, y en donde la media se sitúa en un punto muy alto, al grado de que todas las canciones son perfectas y supremas. Fue en 1971 que Led Zeppelin publicaría su álbum más trascendente y artísticamente superior de todos, uno que figura en las listas de los mejores de todos los tiempos, una joya obligada para todo aquel que se dice amante de la música.
Si bien, no es el único álbum histórico de la banda (la banda por sí sola ha colocado por lo menos otros 4 álbumes en esa lista de lo mejor de lo mejor, haciendo de ella una de las 10 bandas esenciales de la música contemporánea), sí que es el que más ha influenciado a generaciones, y uno de los que mejor se han mantenido en cuanto a frescura con el paso de los años. No se puede hablar de heavy metal, ni de sus múltiples derivados, sin hablar del cuarto (y oficialmente intitulado) álbum de Led Zeppelin.
La banda había comenzado su carrera de manera trepidante y contundente con sus dos álbumes de 1969, Led Zeppelin I y II respectivamente. Con esos dos álbumes les bastaba para ganarse un lugar en el olimpo del rock. Sin embargo no les bastó, en 1970 publicaron Led Zeppelin III, un álbum mitad rock mitad folk, que si bien no fue bien recibido en la época, sí se trata de uno de los álbumes más ricos en finas texturas musicales de la banda. Con todo esto, la crítica y los amantes del rock en general ya vaticinaban un declive en la calidad musical del cuarteto británico, y para 1971, año en que se publicó esta obra maestra, nadie esperaba lo gigantesco de ésta.
Así que imaginemos que estamos en los zapatos de un o una joven, amante del rock, que compró el disco por mera curiosidad, y lo coloca en su tornamesa para escucharle. Lo primero que escuchamos es la guitarra de Jimmy Page en "Black Dog" con una leve distorsión, seguida de la potente voz de Robert Plant cantando una melodía bluesera pero convertida a rock duro. Acto seguido, la entrada de los demás instrumentos, especialmente la guitarra de Page con ese riff inconmensurable nos volará los sesos de manera contundente e inexorable. La canción se mantiene en su estructura bluesera/hardrockera y nosotros nos quedaremos pasmados y enamorados del maravilloso sonido de esa guitarra, que jamás había sonado tan estridente y poderosa como en esta canción.
Estamos apabullados, y la siguiente canción será un segundo sacudidón a nuestros oídos y corazones, una canción míticamente titulada "Rock And Roll", y es eso, un rock and roll poderoso, delicioso, vertiginoso y majestuoso de principio a fin. El poderío de la batería de John "Bonzo" Bonham será el sustento perfecto para los pesadísimos riffs de guitarra, y la agudísima voz de Robert Plant nos va a estremecer en todo momento. Sí, amamos el rock and roll, y esta canción está aquí para demostrarlo. Amamos este rock and roll tan puro, tan esencial y tan fundamental.
Aún en este punto, nuestros oídos no están preparados para lo que se nos viene encima con "The Battle Of Evermore", una épica canción que para nada es pesada, es más, ni siquiera tiene guitarras eléctricas. Es una celta/folk/medieval canción acústica, eso sí, con toda la energía de Led Zeppelin pero transportada a un terreno que era desconocido para nosotros pero que nos enchina la piel desde que las voces de Plant y de Sandy Denny (quien añade majestuosidad a la canción) comienzan a alternar el protagonismo, mientras Page tocaba esa mandolina espeluznante que sobresale, y John Paul Jones, que normalmente se encargaba del bajo, aquí toca la guitarra de acompañamiento, con la misma emotividad que los demás participantes de la canción. El tema va subiendo y subiendo, hasta que llega a una altura tal que se colapsa en sí misma, y nos colapsa a nosotros emocionalmente al punto de las lágrimas. Es en este colapso que la banda se rehace para levantar la canción de los escombros, y entregarnos uno de los finales de canción más épicos y poderosos de la historia del rock. No hay palabras para describir los últimos dos minutos de esta gigantesca obra de arte.
Y hablando de obras de arte, en un álbum tan perfecto como este, que haya una canción que se destaque por encima de las demás significa sólo una cosa: se trata de una de las mejores canciones de la historia. Es el caso de "Stairway To Heaven", la mítica canción de la banda, el himno Zeppeliano, el monumento al rock más glorioso de la historia. La canción, claramente dividida en 4 partes, comienza de manera muy dulce con la guitarra de Page punteando, y el mellotron de John Paul Jones haciendo las veces de flautas armonizadas. Es innegable la belleza del inicio de la obra, pero es sólo el inicio. La segunda parte viene con una mayor estructura armónica, se añaden más guitarras acústicas, una eléctrica y el bajo. Bonzo está a la espera todavía. La segunda parte mantiene la belleza de la primera, pero con una melodía mucho más memorable en las guitarras, que hace las veces de coro, entre las épicas estrofas cantadas por Plant. Mientras la canción sigue en ascenso, en la tercera sección al fin aparece la batería, sin que ello signifque que la dulzura se haya ido; aún permanece como el corazón de la canción, y se mantiene entre el limbo de la suavidad y el poderío de las secciones anterior y posterior, respectivamente. Es muy obvio el momento en que la dulzura se despide de la obra, ya que es una ruptura musical muy clara, y que anticipa la epicidad de lo que se nos viene en la cuarta sección. Primero un solo de guitarra tan memorable y representativo del rock como las caderas de Elvis, la voz de Dylan o los labios de los Stones. La canción ya es un rock duro y en pleno ascenso emocional. Cuando Plant aparece con su voz endurecida, ya nos hemos dado cuenta de la magnitud de la obra que estamos escuchando, no sin antes dejarnos una referencia rocanrolera inevitable ("to be a rock and not roll"). Finalmente el silencio se apodera de la canción, y Plant recita la última línea de la canción ("and she's buying a stairway to heaven") la cual nos deja con uno de los finales de canción más ingeniosos y creativos de la historia, digno de un monumento musical como este.
¿Y qué hacer luego de 8 minutos de majestuosidad? Pues seguir en la tónica de excelentes canciones de rock, y eso es lo que la banda hace con "Misty Mountain Hop", una excéntrica y divertida canción, que en las estrofas juega un poco con la disonancia tonal, subiendo y bajando media nota, divirtiéndose con las posibilidades musicales, y haciéndonos gozar como pocas veces. Nuevamente la banda nos entrega una joya de canción que será imposible quitar de nuestra memoria, por lo melódica que resulta ser. Como elemento adicional, los fantásticos juegos de palabras a lo largo de toda la canción. Es un auténtico divertimento este tema.
Por su parte, "Four Sticks" es otra gran canción de rock, en la que la batería de Bonham es lo primero que se destaca en ella, debido a su complejidad, para luego escuchar el riff de guitarra (otro más, tan bueno como los demás) que es el alma de la canción, pues no dejará de sonar en el fondo durante la mayor parte de la canción. Las estructuras armónicas no parecen brillar mucho, sin embargo son el elemento más destacable de la canción, pues debido a su excentricidad incrementa el nivel de complejidad para ejecutarlas y armarlas de la manera en que la banda lo hizo, especialmente en la parte de los coros, en la que el número de instrumentos se incrementa, y la ambientación musical de la obra pasa de ser simplemente rockera, a tener aires de epicidad y majestuosidad.
Dicen que todo álbum que se dice llamar clásico del rock, debe incluir por lo menos una canción acústica (regla que, como todas, tiene sus excepciones). En el caso de este álbum, "Going To California" representa este elemento ("The Battle Of Evermore" es tan monumental que rebasa las expectativas de una simple canción acústica). La base de guitarra nos remite al folk clásico neoyorkino de principios de los sesenta, mientras que la voz con eco de Plant hace de la obra una entrañable y deliciosa. La brevedad y frescura de la canción nos traen la calma necesaria en un álbum así de vertiginoso, y nos prepara para el poderoso final.
"When The Levee Breaks" es un poderoso blues rock de más de 7 minutos, con un poderío que, para ser blues, es para destacarse. Si bien no se trata de rock duro como tal, sí se acerca bastante a éste debido a la fuerza de las guitarras y las percusiones. Además hay que añadirle el acertado elemento de la armónica interpretada por el mismo Plant, que nos remite al blues del norte de los Estados Unidos, principalmente el que se hacía en Chicago. Como buen blues, no tiene muchos cambios de ritmo, pero sí una emotividad que sobrepasa las expectativas, y que es perfecta para cerrar una obra maestra como lo es este álbum.
Luego de haber escuchado las 8 canciones, y de habernos dado cuenta de que todas son perfectas y magistrales, estamos convencidos de que el álbum se merece un lugar muy alto entre las listas de los mejores de todos los tiempos. La música sigue estando vigente, y las pruebas de su calidad siguen siendo lo suficientemente contundentes para evitar dudar sobre la naturaleza perfecta del álbum. Tan contundentes como la música misma, como el rock duro, y como la enorme influencia que la obra tendría en miles y miles de obras posteriores.
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