Mostrando las entradas con la etiqueta Indie. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Indie. Mostrar todas las entradas
miércoles, 5 de septiembre de 2018
La música más digerible
Luego de una serie de álbumes más psicodélicos y ácidos que indie, como el inusual "Cryptograms" de 2007 o el alucinante Microcastle de 2008, Deerhunter, banda originaria de Atlanta en el corazón sureño de los Estados Unidos, habría de cambiar su estilo musical de forma más o menos radical para su entrega de 2010, el melódico y más accesible "Halcyon Digest". Atrás quedaban los temas cargados de ondas sonoras tan alucinantes como desconcertantes. Atrás quedaban las piezas transitorias instrumentales. En este álbum nos encontramos con temas esencialmente poperos, pero claro, con un arreglo musical elegantísimo y una capacidad de composición mucho más madura, en la que la simpleza en vez de ser un defecto, la hacen su mayor virtud.
Así, en la mayoría de los temas tenemos melodías accesibles, agradables y disfrutables, y tenemos estructuras bien definidas que nos permiten asimilar de mejor manera la música que estamos escuchando. Si bien, el elemento más experimental de la banda está hecho un poco a un lado, no deja de ser un álbum bastante denso y con atmósferas muy aturdidoramente bellas. De ahí que se considere una evolución más que una involución, porque el sonido característico de la banda está presente en los temas, sólo que esta vez las canciones son un poco más "convencionales", si se puede decir así.
Aún así, este álbum representa una de las últimas grandes obras del llamado indie rock, una obra que despertará en nosotros un sinfín de emociones y memorias, y que con suma facilidad nos trasladará a lugares y momentos, reales o ficticios, que antes sólo vivían en nuestro subconsciente. La música entrará a nuestro consciente y subconsciente como cuchillo en mantequilla, y ello se debe en gran medida a la gran accesibilidad melódica de los temas, pero también al fuerte contenido humano inherente a la belleza y simplicidad de la música. No hay que quebrarse la cabeza para comprender y sentir las canciones, sólo basta con sentarse y dejarse llevar por los sonidos, las voces, las guitarras y las ambientaciones.
La obra inicia con una canción bastante densa y etérea, pero bellísima, y se titula "Earthquake". Una vez que entran los arpeggios de guitarra y que el muro de sonido entra en acción, todo es dejarse llevar. En palabras de John Lennon: "Surrender to the void". Y es así, la música parece un caos ordenado y por encima de todo el sonido está la melodía, suave y tenue pero tan bien lograda que nos atrapará de inmediato. Es una gran canción para abrir el álbum, y para darnos una idea de lo que estaremos a punto de escuchar.
El segundo tema es el beatlesco "Don't Cry", un breve y exquisito rock en el que las guitarras predominan por su elegancia y precisión, y en donde el ritmo es simplemente irresistible. Apenas 2 minutos y fracción le bastan para hacerse recordar y gustar desde la primera escucha. Las cualidades melódicas de la banda quedan plenamente expuestas en este breve y maravilloso tema. Seguido está "Revival", otro breve tema, mucho menos rockero y mucho más popero, nuevamente con una base melódica deliciosa y con una estructura musica un poco en ascenso que, sin generar mayor suspenso, nos mantiene en una cierta expectativa hasta que el tema finaliza.
Y la expectativa se cumple y con creces, pero en el siguiente tema, el escalofriante y absolutamente hermoso "Sailing", una oda a la soledad, a la melancolía y a la belleza de la simplicidad. Con sólo una guitarra eléctrica y algunos sonidos atmosféricos, Bradford Cox, vocalista y compositor principal de la banda, nos transporta a lo más profundo de nuestro ser, a ese refugio al que vamos cuando necesitamos estar solos, cuando reflexionamos y cuando revivimos las mejores memorias de nuestra vida. Todo ello se resume en la belleza de la canción, que no necesita más elementos para fusionarse con nuestra mente y volverse así uno mismo con nosotros. De tal manera, nos apropiamos de la canción de inmediato, la hacemos nuestra y la llevamos con nosotros a donde sea que vayamos.
Ese idilio en el que nos sumergimos durante los 5 minutos del tema anterior se ve interrumpido súbitamente por la contrastante alegría infinita de "Memory Boy", una breve canción llena de energía y vitalidad, una forma de regresar al mundo real de golpe, pero con toda la amabilidad posible. La estructura de la canción es aún más simple, dejando de lado los puentes y los coros, y simplemente dejándonos disfrutar con la melodía principal, y con la excelente armonización con diversos instrumentos que no son escuchados de primera mano, pero que ahí están para embellecer, como la gaita que, debajo de las capas de sonido, está ahí para aportar en el sonido total de la canción, más que para destacar por sí sola.
A continuación, otra de las grandes canciones del álbum, una de las dos canciones escritas por Lockett Pundt, segundo guitarrista de la banda, quien además se encarga de las voces principales de la canción. El tema se titula "Desire Lines", y es una de las joyas máximas del álbum. Siguiendo los cánones estructurales más simples de una canción, mezcla a la perfección la melodicidad de los beatles con ciertas armonías vocales muy discretas y perfectamente colocadas en el momento y volumen preciso para ambientar la canción, y además le añade unos arpeggios de guitarra igualmente simples, igualmente evocadores e igualmente efectivos. Como resultado tenemos una de las canciones más bellas, melódicas y memorables del álbum. Para cerrar con broche de oro, el solo de guitarra totalmente indie minimalista con el que cierra la canción es el monumento musical más grande del álbum, un homenaje por igual al rock, al indie y al pop.
Y para no bajar el nivel musical del álbum, "Basement Scene" es otra bella melodía, esta mucho más introspectiva e intimista que las anteriores, mucho más cercana a lo escuchado en "Sailing" pero sin llegar a los niveles emocionales de aquella. Aquí hay una especie de riff de bajo y guitarra, muy discreto, que da pie al elemento principal que es la voz de Brandon Cox, es su voz la que nos hace ir a miles de lugares y sentir miles de cosas. En ese sentido, la instrumentación minimalista es un acierto que nos permite disfrutar de la voz y de los matices que ésta puede alcanzar.
Mientras que "Helicopter" nos remite mucho al tema inicial, debido a su atmósfera densa, a sus instrumentaciones etéreas y al muro de sonido con resonancia que, a pesar de no ser tan intenso como en el tema abridor, sí nos hace sentir la misma nostalgia. Digamos que es una versión más pulida y sofisticada del sonido que escuchamos apenas inicar el álbum. Pundt regresa a la composición y vocalización en "Fountain Stairs", una auténtica maravilla indie rockera, en la que las guitarras pueden ser tan agresivas como nostálgicas, y en donde el coro no es cantado, sino que es instrumental, y no sólo eso, es bellísimo. Un riff de guitarra poderoso suple de manera fantástica a las voces para llevarse el protagonismo tanto en el coro, como en la canción toda. Es una lástima que la canción dure tan poco, pues es tan disfrutable que podríamos escucharla por más y más minutos.
"Coronado" es una canción de pop rock un tanto atípica para lo que veníamos escuchando en el álbum, sin embargo nos logrará cautivar de la misma manera, a pesar de sonar un poco distinta. De alguna manera, el saxofón que adorna esta canción suena totalmente apropiado para el álbum, sin haber escuchado ningún otro instrumento de metal en las demás canciones del álbum. Aún así, los elementos centrales están ahí, las melodías, el ritmo, la accesibilidad y la nostalgia.
La última canción del álbum es "He Would Have Laughed", un perfecto tema cerrador pues, en sus 7 minutos de duración, engloba todos los elementos presentes en el álbum: el rock, el pop, la melancolía y la accesibilidad sonora. Un riff de guitarra muy simple pero que fácilmente se quedará tatuado en nuestra mente es el que nos da la bienvenida a la canción. Acto seguido, las atmósferas etéreas aparecen, y la voz de Cox en una melodía vocal exquisita. Estos dos últimos elementos intercalan protagonismo en la primera mitad de la canción, mientras que en la segunda mitad el ritmo se calma un poco, y nos lleva por terrenos más íntimos, justo antes de que la canción se termine de forma interrumpida, y nos corte de tajo la emoción que estábamos sintiendo.
Una de las ventajas de escuchar un álbum como este, es que no se necesita ser un experto musical, ni un conocedor. Sólo se necesita el mínimo de calma y apertura, y la música hará el resto. Es tan melódica y tan disfrutable, que no costará ningún trabajo identificarse y enamorarse de esta música. Es por eso que el álbum ha sido tan aclamado, y por lo que se le considera una de las últimas joyas del indie rock.
miércoles, 29 de agosto de 2018
Un álbum desgarrador, o sobre la honestidad musical
La diferencia de un álbum promedio y un gran álbum radica en la cohesión y la unificación de un concepto musical dentro de una serie de canciones. Puede haber álbumes con algunas canciones buenas pero sin un elemento unificador, es decir, álbumes que son sólo una excelente colección de canciones. Sin embargo, también hay álbumes que, dentro de una temática específica, enaltecen las canciones que le conforman, y pasan de ser simplemente canciones con características propias, a ser engranes y piezas que juntas conforman un todo, un ente mayor que en conjunto multiplica exponencialmente su valor artístico.
Así, por ejemplo, un álbum de música pop, como por ejemplo "Thriller" de Michael Jackson, puede tener canciones melódicas y pegajosas, canciones que funcionan para la radio y que eventualmente se convierten en clásicos de la música popular. Sin embargo, hablando específicamente de dicho ejemplo, se percibe una falta de cohesión y un desdén hacia la búsqueda del todo, anteponiendo a las partes de forma individual antes que al concepto mayor que debería ser un álbum. El resultado es un álbum del cual todos sus temas fueron a la radio, pero que entre sí no tienen nada en común, más allá de ser populares. Por aquí una canción disco ("Wanna Be Startin' Somethin'), por allá una canción semi-rockera ("Beat It"), de este lado un r&b más popero y plástico que emocional ("Billie Jean"), de aquel lado un pop simpático y vacío ("Thriller"), y otras cuantas de las que ya nadie se acuerda.
Y la falta de cohesión va más allá de una disonancia en géneros de una canción a otra. Si se hubiera usado, por poner un ejemplo, la temática del horror, como en el video de "Thriller", aún con la distancia rítmica y armónica entre canciones, hubiera existido una temática que añadiría un valor mayor a las canciones. Pero no. La fórmula fácil de hacer canciones como se hacían en 1962. La fórmula probada y garantizada para obtener lo que algunos "arti$ta$" buscan.
Ahora bien, este mini-ensayo anti pop lo incluí en la reseña de un álbum que no tiene la trascendencia popular que tendría el mayor álbum pop de todos los tiempos, pero que sí tiene una calidad artística infinitamente superior a la del mencionado álbum multimillonario. Y lo hice en cierta medida, para comparar a ambos álbumes desde una perspectiva musical, pero también para dimensionar el hecho de que un álbum prácticamente desconocido es sumamente superior a la obra máxima del artista máximo del pop.
Y ese álbum del que hablo es el "Black Sheep Boy", de Okkervil River, banda oriunda de los Estados Unidos, liderada por la mente creativa de Will Sheff y su habilidad de componer canciones honestas y directas. Pero, ¿qué es lo que hace de "Black Sheep Boy" un álbum sumamente superior al que, según la revista Rolling Stone, es el vigésimo mejor álbum de la historia (LOL)? La respuesta es simple. La honestidad. Sí, ya sé que en gustos se rompen géneros, ya sé que de la moda lo que te acomoda, ya sé que el respeto al derecho ajeno es la paz (de verdad, eso dicen algunos cuando se habla de música). Es por ello que no hablaré en este caso de la enorme calidad musical del Niño Oveja Negra, ni de las múltiples cualidades artísticas que pueden o no ser subjetivas y que, tanto individualmente como en conjunto, tienen todas las canciones, TODAS.
Sólo me enfocaré en la honestidad de la música. Todos somos susceptibles a la falta de honestidad, al engaño. A nadie nos gusta que se nos vea la cara de tontos, que nos jueguen trucos, y menos a través de algo tan noble, como lo es la música. Así que, en cierta medida, todos reconocemos la honestidad cuando la vemos, o en este caso, la escuchamos, a pesar de que no todos estén dispuestos a aceptarla. Y la honestidad es un valor que trasciende las cualidades técnicas o artísticas de una obra; es un valor fundamental para que, como seres humanos, podamos crecer y ser mejores.
Entonces, si en un álbum ("Thriller") nos engañan constantemente con trampas fáciles y vacías, y nos muestran una faceta simplista y carente de sustancia, pero que suena bonito, entonces nos están engañando, nos están vendiendo el facilismo como si fuera una cualidad humana. Ojo, me enfoco en valores humanos, no musicales. Por el otro lado, tenemos una obra ("Black Sheep Boy") que es honesta consigo misma en un principio, y por ende, con la audiencia que le aprecia. Una obra que no se digiere fácilmente, pero que nos habla de corazón a corazón, que enriquece nuestras emociones y nos lleva a lugares de nuestro interior que definitivamente están ahí, pero que, sin ayuda, es difícil acceder a ellos.
Aquí no hay facilismos, por el contrario, la obra es desgarradora en todas y cada una de sus canciones. De hecho, ese es el concepto central del álbum. Los sentimientos dolientes que todos conocemos, esos que en una pantalla se ven bonitos pero que cuando los sentimos queremos morirnos. Y de dolor a dolor, se nos habla en una obra musical que, con un poco de apertura emocional, sabremos apreciar y agradecer. Porque sentir cosas así sin un riesgo real es un lujo que sólo a unos pocos se les permite disfrutar, no porque sean "elegidos", sino porque ellos mismos se lo permiten.
A ese reducido público se dirige esta obra tan bella y tan desgarradora, tan sutil y tan agresiva, tan humana e inhumana por igual, un ente mayor dividido en once secciones hermosamente dolientes. Una muestra de que, cuando se hacen las cosas por las razones correctas, con los valores humanos más enaltecedores, lo demás viene por añadidura. Si partimos de esta premisa, la de los valores humanos, se nos facilitará enormemente el apreciar los valores musicales intrínsecos de las canciones. Sabremos apreciar un arpeggio, una armonía precisa, un cambio de ritmo, una sucesión de notas que nos lleven del cielo al infierno, o viceversa. Pero si en vez de eso, se nos enseña a apreciar una obra musical sólo por lo pegajosa que es, o por lo bien que se puede bailar, o por cualquier anti-valor que sólo se enfoque en el lado fácil de las cosas, pues entonces nos perderemos de todo un mundo de maravillas que están ahí para nosotros.
Lo sé, dije que no hablaría de los valores artísticos del álbum, pero no puedo resistirme a decir que "So Come Back, I'm Waiting" es una de las canciones más fascinantes, dolorosas, escalofriantes y majestuosas que he escuchado en toda mi vida. Son 8 minutos de paraíso absoluto, 8 minutos de un oasis de belleza dentro del horroroso mundo musical actual. Y tampoco puedo resistirme a las lágrimas que inevitable(y afortunada)mente me regalan las bellas notas de las cuerdas del tema final, "A Glow".
A manera de conclusión, existen 2 tipos de música. La música que te enseña a enamorarte de las emociones y que te vende el placer efímero como la máxima finalidad musical. Y está la otra música, la que te enseña a enamorarte de la vida y que te vende la honestidad, a veces cruel y a veces dolorosa, y en muy pocas ocasiones (c0mo en la vida misma) alegre, como parte fundamental del objetivo del arte como expresión humana. La primera es fácil y vacía, la segunda es difícil y eterna. Pero claro, "en gustos se rompen géneros", y ante eso, nada más queda por decir.
jueves, 29 de marzo de 2018
Un disco inusual - "Any Other City" de Life Without Buildings
Generalmente estamos predispuestos a rechazar todo aquello que nos sea desconocido o nos parezca extraño. Solemos acomodarnos a la familiaridad de lo conocido, y difícilmente buscaremos alternativas desconocidas por iniciativa propia. Esta máxima aplica en todos los aspectos de nuestras vidas, y en ello incluyo por supuesto, a nuestros gustos musicales. Es cómodo estancarnos en un estilo, o en algo que a la mayoría le parezca aceptable, y salirnos de esos lineamientos suele ser algo difícil de hacer.
Ahora bien, para aquellos que conocen un poco más a fondo la música, y que pueden presumir de haber escuchado algunos de los álbumes más extraños de la historia, aún les genera cierta incomodidad algún elemento distinto de un género que ya conocen. Es el caso de mucha gente que escuchó a la banda escocesa Life Without Buildings, quienes en 2001 grabaron su único álbum, el delirante y poco conocido "Any Other City". La banda tiene un estilo muy marcado: hacían indie rock con elementos de garage y pop. Sin embargo hay un elemento que les distingue de manera muy marcada: la constante vocalización de Sue Tompkins, quien más que cantar, simplemente recitaba con inusitada energía las letras que ella misma iba improvisando en su cabeza.
A mi gusto, este es un elemento maravilloso que, aunado a la música que por momentos es enloquecida y por otros es melancólica, hace de este álbum una joya escondida, una perla dispuesta a ser descubierta y admirada por todo aquel que se atreva a hacerlo. El álbum, por consiguiente, es más que un álbum indie entre muchos que pasaron al olvido, es más bien una delicia que vale la pena destacar y resaltar por encima de lo más comercial, dentro de ese mismo género, que se ha hecho en los últimos 20 años.
La banda no descubre el hilo negro, ni pretende hacerlo, simplemente hicieron un álbum con una enorme frescura, que viene a renovar nuestros ánimos y deseos de encontrar propuestas nuevas, diferentes y arriesgadas. También sé que no son los primeros ni los últimos en hacerlo. Es justo aquí donde la calidad musical y conceptual hace acto de presencia, pues si el álbum se destaca, además de lo ya mencionado, es por la enorme calidad de todas y cada una de sus canciones. No existe la típica canción de relleno, ni la clásica canción para la radio. Todas las canciones mantienen una misma tónica que hacen del álbum un todo dividido en 10 partes, pero que funciona como una obra total y no como una simple colección de canciones.
Desde "PS Exclusive" hasta la maravillosa "Sorrow", todas las canciones son entermanente disfrutables, aunque si me piden una favorita, estaría indeciso entre "The Leanover", "14 Days" o "New Town". Si embargo, no las destaco por que sean mejores que el resto, sino por un mero gusto personal por esos temas. Desde un punto de vista más objetivo, tengo que decir que todas las canciones son tan buenas como la anterior, y la posterior.
Así que aquí dejo testimonio de un gran álbum (de esos álbumes perfectos para viajar), del que muy pocas personas han escuchado, y que, a pesar de no ser el álbum que cambiaría el rumbo de la historia musical, sí es uno de esos que años después será redescubierto y revalorado como una de las propuestas más originales y maravillosas de la primer década del nuevo milenio. Y con todo merecimiento, pues es (reitero) una absoluta delicia de principio a fin.
jueves, 18 de enero de 2018
Música de ensueño: The War on Drugs - Slave Ambient (2011)
El llamado "Indie" de estas épocas suele ser una mezcla de folk, con sonidos melancólicos a la Radiohead, y con una fuerte dosis de frescura que hace que el sonido sea agradable tanto para jóvenes como para adultos. Ahí tenemos el ejemplo de la música de los Fleet Foxes, Father John Misty, o los mismos The Lumineers, como ejemplos de ello. Sin embargo, la corriente también tiene una faceta mucho más profunda, mucho más etérea y rebuscada.
Un ejemplo de esto es el bellísimo "Slave Ambient", publicado en 2011 por la banda Norteamiericana "The War On Drugs", liderada en aquel entonces por el brillante Adam Granduciel, y el no menos destacado músico Kurt Vile. "Slave Ambient" es una pequeña joyita de poco más de 46 minutos de duración, divididos en 12 hermosos tracks.
Escucharle es como sumergirse en un sueño profundo, en medio de las nubes y con un ambiente ta denso como delicioso. Todas las canciones parecen ser parte de un viaje interno, o quizás un viaje extrasensorial, en el que de manera gratuita los músicos nos llevan y nos muestran algo de lo que ellos, en su creatividad, pueden apreciar, y dejarnos a los mortales admirar por 45 minutos. Cierto es que las canciones tienen mucho de melancolía, pero ello no significa que el álbum sea triste, al contrario, este álbum puede levantarnos el ánimo con relativa facilidad, debido a la calidad y cantidad de gozo que podemos hallar en él.
De los 12 temas, algunos son gigantescos, otros son transitorios y otros más son simplemente deliciosos. Pero en ningún momento vamos a sentir que estamos perdiendo nuestro tiempo, sino todo lo contrario. Quizás sea la apaciguada voz de Granduciel, quizás sean los beats rítmicos casi ochenteros, o quizás sea el ambiente etéreo y denso que en general rodea al álbum, como una especie de atmósfera suave, en apariencia impenetrable, pero tan accesible y amable para el escucha como si se tratara de nubes de vapor de agua, de esas que cálidamente nos recubren mientras nos duchamos. De cualquier manera, sabemos que no estamos escuchando un álbum indie más, como muchos que merodean el ambiente musical de estos días.
Y mientras pasan los tracks, prácticamente sin silencio entre uno y otro, sentimos como si estuviésemos escuchando una gran banda sonora de algún evento de nuestro pasado (puede ser el que sea, el que más se acople con nuestro estado de ánimo), y de manera entrañable, la música penetra nuestros oídos y se sumerge en nuestro interior hasta llegar justo a donde tiene que llegar, a ese lugar donde sólo la música especial nos llega, y ahí mismo se arma una guarida permanente.
A destacar, "Best Night", que me parece la canción ideal para adentrarnos en el ambiente esclavista del álbum, "I Was There" con su letra desesperanzadora y familiarmente catastrófica (I was there to catch a man, i thought i had him by the hand, i only had him by the glove...), "Your Love Is Calling My Name" y sus aires ochenteros innegables, e incluso casi bailables, "Come To The City" que es una monumental obra maestra de 4 minutos y medio, y que nos estremecerá al borde de las lágrimas gracias a sus espectaculares muros de sonido tan altos como majestuosos, "It's Your Destiny" nuevamente con aires ochenteros, aunque más cercanos al sonido de Cocteau Twins que al pop bailable de dicha década, a diferencia de "Baby Missiles", ante la cual podemos bailar y bailar sin descanso alguno, o el hermoso tema de cierre "Black Water Falls", un "acústico" etéreo que nos regresa lentamente a nuestro mundo material y lleno de banalidades tangibles e intrascendentes.
Y es que ese es el mayor mérito tanto de la banda, como de la joya que han creado, la capacidad de transportarnos a un mundo alterno, uno en donde el arte es vanagloriado, en donde las mundaneidades no tienen mayor relevancia, y donde podemos soñar despiertos, y dejar que nuestra imaginación vuele al ritmo de la música, acompañado de las hermosas melodías y las perfectas armonías que de manera tan gratuita, la banda nos ha regalado. Este es sin duda, uno de los álbumes más destacados de lo que va de esta década. Reitero, sin duda alguna.
Best Night – 5:30
Brothers – 4:28
I Was There – 3:49
Your Love Is Calling My Name – 6:01
The Animator – 2:16
Come to the City – 4:31
Come for It – 0:27
It's Your Destiny – 4:49
City Reprise #12 – 3:05
Baby Missiles – 3:33
Original Slave – 3:11
Black Water Falls – 5:10
martes, 9 de enero de 2018
La joya indie más grande de todos los tiempos
Recién terminaba un año clave para la historia del rock, el 1997 lapidario para el britpop, en el cual Blur se apartaría de la senda británica popera con su álbum homónimo, y Oasis presentaba "Be Here Now" una obra excedida que los críticos no recibieron del todo bien. Además en 1997 Radiohead sacó a la luz un álbum definitivo para determinar el rumbo que el rock tomaría a lo largo de los primeros años de la siguiente década (y siglo, y milenio), el espléndido "OK Computer".
Así, 1998 comenzaba como un año de expectativa, un año de mera transición hacia el final de siglo. El "mainstream" norteamericano empezaba a olvidar a sus leyendas del grunge, y daba cabida a estrellas adolescentes del pop, además de que emergían hip hoperos como salidos de las alcantarillas, por lo que la escena artística musical del vecino norteño no parecía ser muy prometedora. Tuvo que ser, de hecho, una pequeña e inadvertida banda del sur de los Estados Unidos la que de manera casi anónima, publicara su segundo álbum, en un sello discográfico debutante y con un estilo completamente alejado de los sonidos populares del momento.
El excéntrico Jeff Mangum, quien fundaría el sello Elephant 6, el cual daba mayor oportunidades a bandas indie que grababan su música literalmente en el garage de su casa, y quien además sería parte importante de otra fantástica banda indie de finales de los 90, es decir, The Olivia Tremor Control, alcanzaría su mayor esplendor artístico con su banda madre, Neutral Milk Hotel, quien en 1998 publicó un disco que en su momento nadie notó, y que hoy día se considera una obra maestra, de culto, y de los mejores de la historia, "In The Aeroplane Over The Sea".
Una obra áspera, cruda, compleja y por momentos maniática, "In The Aeroplane Over The Sea" es un trabajo excelso de principio a fin, sin fallas ni fisuras, y con un elevado sentido armónico en la orquestación de las canciones que le conforman. La emotividad es sin duda otro elemento de alto valor en el álbum, y así pasamos de una alegre canción acústica, a un gospel semi-esquizofrénico, para cerrar con un rock poderoso y atronador. Esto se presenta durante los primeros 2 tracks de la obra. "King Of Carrot Flowers Pt 1" es la bucólica primera parte de esta secuencia de cambios rítmicos y armónicos. Una canción nada impresionante, en principio, y que de ninguna manera nos prepara para lo que se viene a continuación. "King Of Carrot Flowers Pts 2 & 3" incrementa de sobremanera la emotividad, mientras Mangum le canta a Jesucristo que lo ama incesantemente, y la música de fondo le acompaña espléndidamente, hasta desembocar en el poderoso rock antes mencionado, redondeando la obra (es decir, las dos partes de la canción) de forma fantástica. En sólo 2 tracks, nos podemos dar cuenta de la magnitud de la obra que estamos presenciando.
Pero tan sólo es el inicio, la canción homónima es un portento de belleza y deleite desde el primer hasta el último segundo, y no pasará mucho antes de que se convierta en una de nuestras canciones favoritas de la música toda. Cabe destacar la constante aparición de instrumentos "poco usuales" dentro del rock, como la trompeta, el fagot o el theremin, entre otros (incluso un serrucho), los cuales aportan una atmósfera única a la música. "Two Headed Boy" nos regresa un poco al dinamismo de los dos primeros temas, aunque en una escala musical un poco más baja, lo cual nos hace sentir menos animados, más introvertidos y por ende, más emotivos. "Fool" funciona como un espléndido complemento del tema anterior, dándole un cierre apropiado, pero manteniendo cierta distancia, la suficiente como para que se le considere como un track por separado, esto gracias a su compleja instrumentación, y su ambiente fúnebre y desolado.
"Holland, 1945" es una trepidante canción de rock, de ese tipo de rock que nos estremeció en el segundo track, de ese estruendoso y rasposo rock que tan bien se amolda al estilo del álbum, que le da perfecta cabida a los instrumentos inusuales de los que hemos hablado antes, y que por supuesto hacen su aparición en esta joya para enriquecerla. A continuación, "Communist Daughter" cierra la primera mitad del álbum de forma más calma, las revoluciones bajan considerablemente y desde otra perspectiva, podemos admirar la misma esquizofrenia sonora que para este punto ya nos ha envuelto en sus sábanas sin salida más que el fin del álbum mismo.
El track más largo, y el menos cambiante también, el monumental "Oh Comely", de más de 8 minutos y de una ambientación mucho más introspectiva, por momentos nos lleva a una apacible calma, y en otros nos lleva al borde de la locura. Jeff Mangum se luce con su guitarra subiendo y bajando los ánimos a su antojo, mientras nosotros, incapaces de resistirnos, caemos en todas y cada una de sus trampas. Ojo a los 3 minutos finales de canción, que son de un disfrute máximo como pocas veces se ha escuchado. Luego de la magnánima obra del álbum, pensaríamos que lo que le siga va a desmerecer irremediablemente, pero cual es nuestra sorpresa cuando escuchamos "Ghost", una obra llena de energía y de emotividad, que va creciendo y creciendo sin parar hasta alcanzar el clímax en el asombroso y catártico final, y que con cada segundo nos acelera más y más los latidos de nuestro corazón, que no se preparó para la hecatombe tan sublime que recibiría de forma directa. Podemos decir que este punto es uno de los más altos a nivel musical en toda la década de los 90, sin duda alguna.
"Untitled" es una extensión del tema anterior, con un arreglo diferente pero igualmente sublime, no sé qué instrumento exactamente es el que suena como protagonista, pero lo hace de manera espectacular, y la canción no hace que la calidad musical baje ni por un solo segundo. Lo que estamos escuchando no tiene precedentes, y para este punto estamos completamente seguros de ello. El álbum llega a su final con "Two Headed Boy Pt. 2", una bella coda que nos regresará suavemente a la tierra, desde donde sea que nos llevó gratuitamente la música que acabamos de escuchar. La sonrisa en este punto del álbum es inevitable. Nuestra conciencia nos hace saber que hemos escuchado una de las mayores obras musicales de una época en la que parecía que no habrían muchas de estas.
El legado de "In The Aeroplane Over The Sea" es mayor a la distancia de los años, y ahora, con total libertad podemos apreciar cada nota y cada instante, sin el velo del mainstream y con la apropiada dosis de añejamiento, que en este caso y como en los vinos, eleva la calidad del producto final. Uno de los mejores 10 álbumes de la década, sin lugar a dudas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






