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lunes, 4 de febrero de 2019

Atomizer



En los años ochenta el punk dejó de ser como era en los setenta, y bandas legendarias como los mismísimos Ramones tuvieron que adaptarse a las nuevas corrientes. Una parte del punk evolucionó y se mezcló con otros sonidos para formar el Thrash Metal que Metallica habría de popularizar. Otro punk fue tomado por bandas como Black Flag y lo convirtieron en el Hardcore Punk. Sin embargo, una banda peculiar de los Estados Unidos, liderada por el futuro productor de álbumes famosísimos, Steve Albini, hizo del punk una expresión híbrida entre la agresividad de los géneros antes mencionados, pero con un cierto elemento netamente musical predominante. Todo ello expresado en su debut, el potente Atomizer de 1986.

Es cierto que las canciones del álbum son, en su mayoría, despliegues de energía, poderío y riffs de guitarra estruendosos, sin embargo, detrás de todo ese noise, está un background artístico que, si bien es difícil de apreciar a primer escucha, conforme le vamos dando más oportunidades al álbum, las vamos descubriendo.

El sonido del álbum habría de ser influencia para bandas que habrían de revolucionar al rock en la siguiente década, sobre todo por el uso de los riffs y las guitarras estruendosas, si bien la esencia punk quedaría un tanto olvidada. Pero aquí tenemos un gran ejemplo de un álbum que quiso llevar al punk a otro nivel, con temas destacadísimos como "Jordan, Minnesota", la extensa "Kerosene", la oscurísima "Bad Houses", la premonitoria "Fists Of Love", o la electrizante "Passing Complexion". Sin duda un gran álbum para comprender el nacimiento del grunge algunos años después.


El murmullo inicial de R.E.M.



La primer obra discográfica de R.E.M. es una obra llena de sonidos prometedores, una frescura necesaria en la década de los ochentas, y un sentimiento de alienación apenas palpable en la música, que posteriormente habría de ser esencial en el desarrollo del llamado rock alternativo de los años noventa. También es de destacar el hecho de que la frescura del álbum viene acompañada de una vivacidad y un optimismo sonoro que sería característico de la banda, sobre todo en sus años iniciales.

La música nos puede remitir por igual al sonido post punk de Televison o The Clash, que al estilo new wave de bandas como los Cars o New Order, sin embargo, no encaja del todo en ninguna de estas categorías, y ello se debe a la estructura de las canciones, alejadas de la simplicidad del punk, y más cercanas al rock clásico de los años sesenta. Las guitarras no son el sonido más prominente del álbum, sin embargo sí sn lo suficientemente protagonistas a lo largo de las canciones como para considerarles una nueva rama naciente del rock.

Apenas iniciado el álbum nos topamos con una maravilla, que es la destellante "Radio Free Europe", con su beat acelerado y su jovialidad contagiosa, no podía haber mejor manera de iniciar la obra. Sin embargo, no para ahí el deleite pues temas como "Laughing" con su ritmo cercano por momentos al reggae,  "Talk About The Passion" con su riff jugueton y su coro deliciosamente evocador, "Perfect Circle" con su ambientación preciosista y bastante más avanzada estéticamente que lo que cualquier banda de post punk logró jamás, "Shaking Through" y su beat bailable y característicamente indie, entre otras, hacen del álbum un pequeño deleite que, si bien no es una obra revolucionaria, sí es una pieza musical bastante interesante, sobre todo si se considera el contexto que rodea a la obra.

Más adelante, la banda nos regalaría muchas más obras mejor ejecutadas, compuestas e interpretadas, sin embargo, el debut del entonces cuarteto no desmerece al resto de su exitosa y prolífica discografía.


jueves, 13 de septiembre de 2018

Oda agridulce al amor y la amargura: Songs Of Leonard Cohen



El poder que puede tener la música para transmitir emociones a través de los sonidos es inmenso, inagotable, inconmensurable e infinito. Desde las grandes obras de Mozart, Beethoven y Bach hasta la simpleza de una música en apariencia minimalista, como lo es el folk, toda la música bien hecha es capaz de dejarnos en un estado de ánimo "virtual", porque es real y no lo es. Porque nos permite sentir cosas que no estamos viviendo. Porque nos concede la gracia de sentir el dolor ajeno sin pasar por el infierno de los demás.

Y de la misma forma nos permite acariciar el amor de los talentosos y exprimir la felicidad de los virtuosos, aunque sea por un efímero instante, sólo para exiliarnos de nuestra propia realidad, que sin ser necesariamente buena o mala, no es tan trágica o tan excelsa como se nos narra en la música más plena. Todo esto es capaz de regalarnos la sola música, los acordes y las notas, las melodías y las armonías. Pero si a ello le agregamos un letrista, un poeta auténtico que con palabras expresa con escalofriante precisión un estado de ánimo, el resultado puede ser asombroso.

Todo esto sucedió en 1967, cuando un reconocido escritor y poeta canadiense, Leonard Cohen, decidió que quería grabar un disco, sólo con su guitarra y nada más. El talentoso músico aspiraba inicialmente a formar una banda country en Nashville, razón por la que llegó a los Estados Unidos, sin embargo, afortunadamente se quedó inmerso en el enorme movimiento folk neoyorquino de los años 60. Así fue como se decidió por esta música, tan austera como plena, perfecta para el nivel de crudeza y/o magnificencia de sus letras.

Si bien, el músico (y algunos críticos musicales de la época) no quedó del todo contento con el resultado, debido a la inclusión de diversos arreglos (ya no fue él solo con su guitarra al final), con el paso de los años su álbum debut llegó a considerarse una obra de culto. Titulado "Songs Of Leonard Cohen", la obra se aleja de los convencionalismos de la época, en donde la psicodelia, el ácido y los colores dominaban la escena musical a nivel mundial. Cohen era ajeno a todo ese mundo, y esto se debe a la edad del compositor cuando se publicó su obra debutante: tenía 39 años de edad.

Pero nada de esto importa una vez que escuchamos la música, leemos las letras y nos empapamos del arte contenido en cada una de las 10 canciones que conforman la obra. No se necesita ser un experto en música, no se necesita saber sobre poesía, simplemente se requiere ser humano, y haber sentido algo alguna vez en la vida. Por lo cual la obra es universal y atemporal. Aplica para todos los casos, en cualquier lugar del mundo y en cualquier época en que se escuche.

Pero vayamos a las canciones, una a una. "Suzanne" es una joya incuestionable. Desde el primer tema el canadiense nos deja en claro su nivel musical y lírico. La sensibilidad para interpretar la hermosa letra escrita, además claro, de los bellos arreglos musicales, como los coros femeninos y algunos discretos sonidos de cuerdas, hacen de este tema un gancho inesquivable que nos atrapa y nos acerca al melancólico estado de ánimo de esta romántica melodía. Un romanticismo que no es cursi, un romanticismo pletórico en donde se trascienden las sensaciones y se analiza el alma de una persona que, inconsciente y burdamente, es incapaz de descifrar el amor que puede sentir en su interior.

El segundo tema es mucho más obscuro, "Master Song" se acerca a la temática de la guerra y los horrores de ella, claro, desde una perspectiva poética, pero con una ominosidad que se percibe de manera evidente en la letra, pero también en la música y en los arreglos de ésta. Una clara canción de protesta, que cobra mayor importancia por la guerra de Vietnam acaecida en aquella época, con cerca de los 6 minutos de duración, y que puede llegar a ser desgarradora y cruda, pero que en nada pierde la esencia austera de la música. Sin los brillos (prácticamente inalcanzables) del tema inicial, pero con un enfoque mucho más realista que metafórico, se trata de una de las grandes canciones del álbum.

La belleza retorna de manera espectacular en "Winter Lady". El Cohen romántico e inspirador regresa con esta pequeña maravilla a dos guitarras, y con unos brillos de arpa tan fugaces y tan brillantes y relucientes como un relámpago que aparece en medio de una suave lluvia. La canción nuevamente, no es romántica en un sentido convencional. Si bien se dedica a una mujer y al impacto que ella tuvo en el autor, la canción habla más sobre la soledad y la necesidad que tenemos todos de sentirnos acompañados por alguien. Una bella y triste canción de amor y abandono.

Y el contraste nuevamente se hace presente con "Stranger Song", una canción que se enfoca más en el mensaje lírico que en el musical. La guitarra, con la compejidad de los arpeggios que acompañan constantemente a la letra, no cambia en ningún instante, y todo se centra en la letra de la canción, que lidia con la alienación vista desde dentro hacia afuera. No es sobre cómo i por qué se aleja del mundo, sino del mundo visto desde la perspectiva el exiliado, del extraño que está ahí pero que nadie ve, hasta que eventualmente, los extraños son todos menos él.

"Sister Of Mercy" es mucho más melódica, apela más a los elementos musicales que a los líricos, sin que esto se refiera a que la letra es, digamos, promedio. Por el contrario, en la letra se nos habla sobre las musas del autor, todas ellas que le salvan en sus momentos más bajos, y que además, conmina a que cada quien busque a sus "hermanas de la piedad", las que siempre nos acompañan y las que siempre vivirán en nuestro interior para salvarnos del debacle. La música, como se había dicho, es más melódica. Las guitarras no son lineales, y los arreglos varían desde un Rhodes (los brillitos) tan dulce como elegante, hasta unas percusiones a manera de marcha que, de manera discreta, nos acompañan en gran parte de la canción.

La canción más accesible del álbum, sin duda, es "So Long, Marianne", una canción con una estructura más convencional, con una instrumentación más rica y menos austera, y unas melodías menos oscuras y/o tristes. La letra es abiertamente romántica, y en ella se habla sobre el amor que siente el protagonista por una mujer, a la que extraña mucho. Escuchamos una batería, un bajo, algunos instrumentos celtas muy lejanos, y un coro femenino que acompaña los estribillos de la canción, y los hace más memorables. Dicho sea de paso que, a pesar de la belleza y simpleza de la canción, a Cohen no le gustó nada el resultado, ya que él esperaba que la canción fuera mucho más triste con el solo sonido de su guitarra, sin embargo, el productor le añadió los demás instrumentos y arreglos. Algo similar con lo que le pasó a Paul McCartney con su mítica "The Long And Winding Road".

"Hey, That's No Way To Say Goodbye" es, para mí,  la canción más representativa del álbum y del artista, y ello se debe a que esta es la primer canción que escuché de Cohen en mi vida, y me ha cautivado desde aquel entonces, hasta hoy en día. Es una canción bellísima, muy romántica aún desde su enfoque de reproche, con unos arreglos deliciosos y con un sentido poético magistral per nada complicado de entender. Esencialmente, es una canción sobre el distanciamiento físico de un par de amantes, quienes lo sufren enormemente, pero que en el transcurso expresan su amor, el cual se acrecenta, irónicamente, con la distancia que hay entre ellos.

Mientras que "Stories Of The Street" es una canción de protesta, en la que Cohen nos narra el día a día en la ciudad en la que habitaba, en donde reinaba la incertidumbre y la desesperanza debido a la situación de guerra que vivían los Estados Unidos. La música es muy cruda y la progresión melódica nos lleva a una serie de cimas emocionales que son emocionalmente altas, pero breves, y el descenso de ellas nos lleva a una nueva estrofa. En ese sentido estructural, esta es la canción que más nos recuerda al trabajo de Bob Dylan.

La crudeza no sólo se mantiene, sino que se acrecenta con "Teachers", una extraña canción con dos guitarras como protagonistas, una que acompaña y sostiene a la canción y otra que nos regala una serie de melodías que por momentos son incluso terroríficas. Ciertamente Cohen quería dar un golpe final de visceralidad antes de cerrar el álbum, y por ello colocó a la canción más cruda del álbum cerca del final, en donde ya no hay reservas, donde incluso lleva su voz el extremo de cualquier posible estética, en aras de incrementar el nivel de brusquedad de la canción. Tanto así que los pasajes instrumentales son nulos, la canción va al grano y en 3  contundentes minutos la canción nos ha entregado todo y ha finalizado, con la voracidad y la contundencia del rayo.

Pero el álbum no podía terminar ahí, no podía terminar así. Es por ello que, como golpe final, como golpe de gracia a nuestras emociones, nos trae la canción más triste y desgarradora del álbum justamente para cerrarlo. "One Of Us Cannot Be Wrong" es una joya dolorosa, una bella e hiriente canción en todos su aspectos. La letra es poderosamente deprimente, en la que se habla sobre el abandono, la soledad, el rompimiento, la desesperación y la desesperanza, desde un enfoque primordialmente romántico. La música no hace sino acompañar lentamente el dolor explícito de la letra, y ser cómplice de éste hasta llegar al punto de sostener por casi 5 minutos la agonía incesante de la canción. Dicha agonía queda más que expuesta cuando, una vez terminada la letra, a Cohen le da por sollozar de manera brillante y desgarradora. No podía haber una canción más perfecta para cerrar lo que eventualmente se convertiría en un álbum perfecto, una obra de culto.

Escuchar este álbum en momentos de tristeza, nostalgia o dolor, puede ser algo peligroso, aunque igualmente reparador. La música es un bálsamo que está ahí para sanar las heridas, o para ayudarnos a llegar al fondo y así poder emerger cual fénix. Este álbum cumple esta función con creces, y demuestra el poder que puede llegar a tener la música sobre nosotros y sobre nuestro estado de ánimo. El álbum que nos enamora y nos desgarra, que nos endulza y nos amarga. La contradicción perfecta.

martes, 7 de agosto de 2018

La vanguardia rockera.



Hacia el año de 1972 en Inglaterra había 3 corrientes musicales bastante claras. La primera de ellas era la del Heavy Metal, que gracias a Black Sabbath y Deep Purple, entre otras bandas, se colocaba como uno de los sub-géneros esenciales para la comprensión del rock. La segunda era la del Rock Progresivo, en la que Pink Floyd y King Crimson eran las puntas de lanza, y en la que las experimentaciones eran menos frecuentes, sustituidas por las largas y complejas orquestaciones. La última de estas corrientes era la del Glam Rock, que en artistas como David Bowie y Lou Reed, o bandas como T. Rex, encontraban su lugar en el mundo musical, con una ambientación sonora muy marcada sobre la rudeza del rock, mezclada con la melodicidad del pop, pero adornada por las extravagantes vestimentas de los artistas que conformaban dicho sub-género.

Sin embargo había una banda londinense que se encontraba un tanto emparentado con estas 3 corrientes, sin pertenecer realmente a cualquiera de ellas. Una banda que, en su música, era posible escuchar las potentes melodías y solos guitarreros del heavy metal, así como la extraordinaria melodicidad del glam rock, mezclado todo eso con una dosis de complejidad y profundidad artística, como la que caracterizaba al rock progresivo de aquel entonces. Sí, una banda que amalgamaba los 3 sonidos, pero que como resultado nos regalaba algo novedoso, algo jamás escuchado y que aún hoy, a 46 años de distancia, resulta excitante y electrizante, por su capacidad de asombrarnos y llenarnos de gozo puro.

La banda en cuestión era Roxy Music, una banda que hoy en día se podría cosiderar como un supergrupo por la calidad de las figuras que le conformaban, empezando por el extravagante y genial  vocalista/pianista Bryan Ferry, pasando por el innovador y vanguardista Brian Eno en los teclados, y culminando con el virtuosísimo y sensibilísimo guitarrista Phil Manzanera. Además de ellos, estaba Paul Thompson en las percusiones, Graham Simpson en el bajo y un elemento poco usual, Andy Mackay que se encargaba de tocar algunos vientos y metales, en específico el oboe y el saxofón.

Si bien, bandas como King Crimson (que era influencia directa de Bryan Ferry, e incluso Robert Fripp, líder de Crimson, es un cercano amigo del vocalista) ya habían usado una sección de vientos y metales en sus primeros álbumes, no era como tal parte de la banda en sí, sino un agregado en ciertas canciones. Aquí no, aquí Mackay era parte fundamental de la banda, y su sonido es esencial para poder distinguir la genialidad de la música.

Fue así que en un lapso de 15 días, en marzo de 1972, se grabaría su álbum debut, que inicialmente pasaría desapercibido entre los círculos de la música popular, pero que eventualmente se convertiría en uno de los álbumes más importantes de la década de los 70. Con la cuñada de Mick Jagger en la portada, en junio de ese mismo año la banda dejaría asombrado a gran parte del medio musical con la publicación del álbum, y sería una joya tan incomprendida como alabada. No era nada reconocible, a pesar de los avances de la música para aquellos entonces. Nadie sabía en dónde colocar esta música, y dada la vistosa vestimenta de la banda en sus presentaciones, los colocaron como glamrockeros, sin realmente serlo.

El álbum transcurre por muchos pasajes que son tan disfrutables como complejos. A veces es estruendosamente rockero, a veces es tierno, otras veces es sumamente experimental, e incluso por momentos es deliciosamente popero. Sin embargo hay una característica presente en todos los temas, el maravilloso aire de dramatismo impreso en la voz de Ferry, que duplica la emotividad de todas las canciones, sea cual sea. Así, de los 9 temas que conforman al álbum, los 9 son auténticas joyas vanguardistas. Nadie veía venir el impacto de esta música, y nadie se creía que en verdad fuera a trascender algo tan fuera del radar musical de tal época.

De inicio tenemos a una de las canciones abridoras más impresionantes de toda la historia del rock: "Re-Make/Re-Model". Desde que escuchamos las primeras notas de piano, literalmente golpeadas por el propio Ferry, sentimos una descarga de electricidad recorrer todo nuestro cuerpo. Una apabullante canción sin una estructura clásica, pero con una exposición instrumental impecable. Ninguno de los instrumentistas se queda relegado, opacado o superado por sus compañeros. Todos tiene su momento de lucidez, y a lo largo de la canción, todos los instrumentos, incluyendo la voz de Ferry, suenan maravillosos. La increíble explosión musical inicial nos dejará absortos, inertes, anonadados y estupefactos. A ese grado.

Pero las cosas no hacen más que mejorar con "Ladytron", una canción mucho más ambiciosa con un inicio delicioso (el juego de palabras inicial es de lo más ingenioso para cualquier letrista del rock), y en la que el coro principal no es una sección cantada, sino el oboe de Mackay alterado por un sintetizador de Eno, que sustentado por las maravillosas percusiones de Thompson (luciéndose en el minuto y medio final de la canción) y acompañado más tarde por la guitarra de Manzanera y el mellotron de Eno, hacen que este tema se convierta en uno de los momentos más sublimes del álbum, en especial el cierre de la canción, que es un despliegue instrumental fantástico.

El dramatismo hace acto de presencia en "If There Is Something", en la que una vez más la canción inicia con una ambientación y termina con otra completamente diferente. De inicio escuchamos una tranquila pieza, adornada con un elegante riff de guitarra, y un ritmo semi lento que acompaña a las primeras estrofas. Una vez que la canción entra en su parte instrumental, todo se empieza a poner más y más denso, primero con la guitarra, luego con los metales/vientos, y finalmente con la espeluznante voz de Ferry (y su característico falsetto), que para nada suena tan amistosa como al inicio de la canción. La canción mantendrá esta tónica por los minutos que le restan, alternando deliciosas secciones instrumentales con escalofriantes estrofas. La simpleza del acompañamiento a lo largo de este extenso paisaje musical es, casi adrede, una manera de alejarse del rock progresivo, y centrarse en su estilo particular en el que la emotividad predomina sobre el virtuosismo, lo que hace que la canción sea muchísimo más original en su esencia.

En "2 H.B." finalmente tenemos una canción que mantiene su estilo de principio a fin, cosa que agradecemos mucho, pues se trata de una de las canciones con un sonido mucho más fino, mucho más pulido. Aquí se cuidó no sólo el sonido de cada instrumento, sino su volumen, para que la canción quedara como una especie de susurro musical detrás de un poema vocal. Así que todo en esta canción va más por la delicadeza y la finura que por la fuerza y explosividad. Esto hace que, literal,  a lo largo de los 4 minutos y medio que dura la canción, sintamos la suave caricia de la música en nuestros oídos, y la gocemos a plenitud. Las percusiones juguetonas, las guitarras sutiles, el bajo sofisticado, los metales discretos y precisos y, en especial, los sintetizadores como de terciopelo, logran este espectacular efecto sonoro. Sin ser una canción emotiva, la inmensa sensibilidad de los músicos queda evidenciada con creces en esta maravilla.

Por su parte, "The Bob" es la canción más "progresiva" del álbum tanto en su estructura de mini-suite, como en su sonido plagado de sintetizadores y momentos sinfónicos. Sin embargo, no por ello se le debe demeritar, por el contrario, es una de las canciones más complejas y experimentales del álbum. En el inicio escuchamos los sintetizadores que esta vez suenan futuristas, irrumpidos por la potente sección principal en la que la mezcla de guitarras y metales le dan al tema una especie de muro de sonido que, detrás de la ominosa voz de Ferry, suena espectacular. Luego de una ruptura, tenemos una alegre y cuasi sinfónica sección de vientos y cuerdas que anteceden a otra mini sección cantada, esta igualmente mucho más alegre que la inicial. Luego de otra mini sección, esta vez de piano y oboe, regresa la poderosa parte inicial para abrochar el tema.

Todo regresa a la normalidad en "Chance Meeting", una maravillosa balada a base de piano, que resulta ser la más romántica del álbum, al menos musicalmente. Fácilmente podemos imaginar a Ferry sentado en su piano interpretando la maravillosa melodía. Mención especial a los solos experimentales de la guitarra (claramente alterada) de Manzanera, que le dan una ambientación tétrica a la dulce melodía principal. Cerca del final hay un mini clímax, ya que la velocidad de la canción se acelera, y da pie a más instrumentaciones experimentales, que más que futuristas, suenan muy dolientes.

Otra de las joyas máximas del álbum es "Would You Believe?", una maravilla que evoca el soul sesentero de una manera muy particular, ya que dentro de la espectacular música y los asombrosos cambios de ritmo, el alma de la música soul (valga la redundancia) está más que presente en todo momento. Primero en la sección lenta, la voz de Ferry, duplicada y suavizada, encaja a la perfección con la enorme emotividad del fondo musical, adornado con el saxofón más que preciso en la canción. Sin embargo, en un punto la canción se rompe y se acelera súbitamente. Esto no hace que la emotividad descienda ni un milímetro, y en ello aporta el cambio de enfoque en la voz de Ferry, que de ser suave y dulce, pasa a ser poderosa. La balada inicial pasa a ser una especie de rockabilly esplendoroso, que a pesar de todo su poder, tiene tanta alma como la lenta sección inicial. Para terminar de rompernos en mil pedazos, regresa la lentitud primaria con la intensidad secundaria, mezcladas en una tercera parte poderosa y desgarradora. Esta es mi canción favorita del álbum, no tienen idea de cómo la gozo cada que la escucho.

Siguiendo en la línea de canciones monumentales, "Sea Breezes" es de lo más impresionante que escucharemos en el álbum. Incluso, quizás, se trate de la mejor canción del álbum. La palabra más exacta para definir esta canción debe ser "desgarradora". La canción se divide en una sección principal y un interludio. La sección principal es muy sensible, muy melancólica. La voz de Ferry empieza suave sobre los sintetizadores, dramática, pero suave. El oboe aparece discretamente, y un breve grito nos hace estremecer. Sin embargo, al final de la segunda estrofa está "el grito", el espeluznante grito de Ferry que nos pondrá la piel de gallina y los sentidos al borde del delirio. La música sigue suavemente en el fondo, hasta que de pronto aparece el piano, cambiando la dinámica de la canción en el interludio. El ánimo no cambia ni tantito, pero la intensidad de la canción sí. No se necesita una explosión para sentir la enorme intensidad en la música y en la voz. La brevedad del interludio es directamente proporcional a su poderío. Es impresionante lo que se nos puede hacer sentir con tan pocos elementos, perfectamente ejecutados y conjuntados. Es aquí que comprendemos la maestría de la canción, que finalmente nos regresa a la tristísima sección inicial, para desvanecerse entre la niebla, y llevarse una parte de nuestra alma consigo.

Sin embargo, el álbum cierra de amable y disfrutable manera con la irónica "Bitter's End", una singular y breve melodía que, armónicamente, nos recuerda a la música de los años 50, sin embargo los arreglos son propios del vanguardismo de la banda, así la mezcla de estilos tan contrastante es perfecta y precisa. Los coros, los metales, el piano, las curiosas percusiones, y el delicioso bajo se conjuntan a la perfección para culminar una obra maestra del rock.

El álbum debut de Roxy Music es una de las obras más grandes jamás creadas, una de las muestras musicales más singulares, aún en nuestros días, y se debe revalorar como tal. A mi gusto, es uno de los mejores álbumes de la historia, quizás uno de los 5 mejores álbumes debut del rock, y un perfecto de lo que la originalidad puede ser, aún cuando la inspiración viene de algo ya creado. No se necesita inventar el hilo negro para ser originales, simplemente tomar los elementos ya existentes, y mostrarlos desde una perspectiva que nadie ha visto jamás. He ahí el gran mérito de la banda y de su maravilloso debut.

jueves, 2 de agosto de 2018

Jane dice... el mejor debut de los ochentas



Tenía yo 3 meses y 19 días de haber nacido, cuando se publicó un álbum que hoy, 30 años después (para ser exactos, 29 años y 344 días después), es uno de los álbumes que más admiro y amo, de una de las bandas que conocía de nombre desde hace muchos años, pero que hasta hace pocos realmente me dediqué a escuchar y conocer. Entonces, cuando me hablaban de bandas alternativas norteamericanas de finales de los 80 y principios de los 90, obvio pensaba en Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Smashing Pumpkins, R.E.M., Alice In Chains, Stone Temple Pilots, Pixies, etc.

Sin embargo, de entre todas ellas, había una que siempre omitía (por ignorancia, lo admito), y que hoy en día, no vislumbro la aparición de muchas de las bandas antes mencionadas sin su influencia directa. La banda en cuestión es Jane's Addiction, una de la que sólo me sonaba una canción de la que un par de veces vi el video en MTV, en sus años buenos, que se llama "Been Caught Stealing" de su álbum "Ritual de lo Habitual". Nada más.

Años después quise escuchar dicho álbum, y de inmediato me recordó a los Red Hot Chili Peppers, era funk metal, y por aquellos años, mi apertura hacia dicho género no era la más extensa, así que pasé de ellos, pensando que lo sabía todo sobre la banda y su música (hoy en día, "Ritual de lo Habitual" me parece un gran disco). Sin embargo, cometí el error de no escuchar su álbum anterior, que de hecho era su debut. El fascinante "Nothing's Shocking" de 1988, que sí, tiene elementos funk, pero también es proto-metalero, artístico y por momentos glorioso. Así que en honor a ello, el escrito de hoy va dedicado a tan monumental obra musical.



El álbum es oscuro desde la portada, controversial y transgesor. Vaya, desde el título: "Nada impresiona". Pero la música contenida en él trasciende a tan simples adjetivos, y va desde lo poderoso hasta lo emotivo, de lo contundente a lo sublime, y de lo accesible a lo psicodélico. Las letras del líder, vocalista y co-productor de la banda, Perry Farrell, son tan crudas como ingeniosas, y la música detrás de ellas es superior a lo expresado líricamente. Pero vayamos en orden.

La obra inicia con una especie de prólogo espectacular, como si estuviéramos en la intro de un concierto en un estadio lleno. Es épico, pesado y atrevido, cualidades que no se esperarían en un álbum debut, es más, en la canción inicial de un álbum debut. Es como cuando escuchas la primera canción del primer álbum de Pink Floyd, te vuela la cabeza. El estilo del álbum queda ambiguamente marcado en la inicial "Up The Beach", que de manera tan gratificante nos da la bienvenida al álbum. Y digo ambiguamente porque el segundo tema, "Ocean Size" es muy distinta en sonido. Parece ser de inicio una tranquila y acústica melodía, sin embargo la poderosa ruptura a los 20 segundos nos hace cambiar de opinión. Estamos ante una poderosa canción proto-metalera, con un sonido y una actitud claramente grungeros, y con Dave Navarro luciéndose en las guitarras, tanto la acústica como la eléctrica, ya que ambas tienen sus momentos de protagonismo, sonando sublimes dentro de su rango emocional. Dos canciones espectaculares para abrir la obra.

El tercer tema es mucho más acelerado, enérgico y menos expresivo emocionalmente. Ahora sí el rock duro es el protagonista en el 100% de la canción, y por ende, quien más se luce es Dave Navarro, aunque el trabajo de Stephen Perkins en la batería no desmerece en absoluto. Llega un momento en que la canción entra en un túnel sonoro muy denso, seguido de un espectacular solo de guitarra y luego otro túnel; esto es el alma de la canción. "Ted, Just Admit It..." es una contundente canción de más de 7 minutos de duración, que de inicio suena inofensiva, hasta rítmica, con esas percusiones limpias y pulcras. Sin embargo, los minutos avanzan y los trancazos sonoros se dejan venir por todos lados, hasta que llega el momento en que no sabemos ni cómo ni por qué llegamos hasta un punto de explosividad y energía rockera que, en un inicio, era impensable. Toda la sección de "sex is violent" es simplemente indescriptible. He aquí la primer majestuosidad del álbum.

Por su parte, "Standing In The Shower Thinking" es la primer canción de funk rock del álbum. Tenemos el ritmo, tenemos las guitarras, tenemos la letra cruda... tenemos aquí al sello distintivo de Jane's Addiction, una canción arquetípica de la banda. La energía y los solos de guitarra son los protagonistas de esta canción. Y a continuación, otra canción suprema, majestuosa, gigantesca. "Summertime Rolls" replica la epicidad del tema abridor, pero ahora con mucho más profundidad letrísticia y musical, siendo un constante crescendo sonoro y emocional que nos va llevando de a poco hasta un clímax maravilloso, adornado con sonidos espectaculares, como la hermosa guitarra lejana de Navarro, o la aparente suavidad del bajo de Eric Avery. Una vez que llegamos a la cima de la canción, el panorama desde allí arriba es espectacular. Parece una canción de otra banda mucho más legendaria, mucho más experimentada; es impresionante que se trate de una canción de una banda nueva, en su álbum debut.

Hora de regresar a terrenos mortales. Antes, una escala a medio camino, entre el olimpo y la tierra, "Mountain Song", una canción poderosísima y espectacular, con un riff, tanto de guitarra como de batería que, al unísono, suenan como una armada entera marchando hacia nosotros, con la firme intención de borrarnos del mapa. Es impresionante el legado de este álbum. Uno escucha estas canciones, y de ninguna manera suenan ochenteras, ni un esbozo de la música típica de tal década. Ahora sí, ya en la tierra, otra canción de funk rock, "Idiots Rule", una canción crítica, aplicable a casi todos los sectores de la sociedad correcta en la que vivimos. Como dato, los metales que escuchamos a lo largo de la canción son interpretados por Flea, el bajista de los Red Hot Chili Peppers, quien como todos sabemos, sabe un poco de esto del funk metal, y además, como pocos saben, es un virtuoso multi instrumentista y amante de los metales. Justo al final de la canción se le puede escuchar diciendo "I was great!" (¡Estuve genial!).

"Jane Says" es una delicia de canción, nada densa, nada agresiva (musicalmente al menos), bellamente adornada con algunas percusiones y con una estructura cuasi popera, que claro, para esta banda, esto es lo más pop a lo que pueden llegar. La canción fue un éxito menor en la radio de aquellos días, pero hoy en día, se trata de uno de los emblemas máximos de la banda, y de su época ochentera. En cualquier nivel en que se intente apreciar y analizar a esta canción es una delicia. Mientras tanto, "Thank You Boys" es un breve interludio jazzero, que como tal funciona bien a pesar de ser un sonido nada emparentado con lo mostrado en el álbum. Es más como un breve respiro antes de que finalice el álbum, cosa que sucede con el siguiente tema, el potente y crítico "Pigs In Zen", completamente funk-metalero, espectacular y contundente. No se podía esperar menos del maravilloso debut de la banda.

He de admitir que haber pasado por alto esta banda, y este álbum en particular, había sido un error. Sin embargo, me enorgullece saber que hubo grandes álbumes en el año en que nací (pobres los del 2001 para acá -salvo algunas excepciones-), y uno de ellos es esta obra, una de las más grandes en la historia del rock, al nivel de los más grandes álbumes noventeros y de algunos grandes álbumes setenteros, una de las obras más poderosas del rock ochentero, y un álbum esencial para comprender la revolución musical que se avecinaba apenas empezar la década siguiente.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Lectura, escritura y aritmética.



Si yo les dijera que existe un álbum de 1989 (es importante considerar la época) que tiene elementos de Indie Rock, de Dream Pop y de New Wave; que está compuesto e interpretado por músicos británicos, quienes hacen su debut con una frescura palpable, y que las 10 canciones que le conforman son de alta calidad, adornadas por una bella voz femenina, seguramente se preguntarán el porqué de su desconocimiento (de la mayoría) hacia dicho álbum. Lo mismo hice yo cuando me enteré que existía "Reading, Writing and Arithmetic", de los londinenses The Sundays.

Y una vez que lo escuché quedé maravillado por la belleza y simplicidad de la música. No se trata de una obra densa, compleja o cerebral que nos rete y que ponga a prueba nuestra capacidad de comprensión musical y artística. Más bien se trata de un ligero álbum que en términos generales podríamos clasificar como pop, pero pop del bueno, de ese que te atrapa pero que no te satura. Las armonías son muy dulces y entrañables en prácticamente todos los temas, y son un perfecto acompañamiento para los viajes, los atardeceres o los días lluviosos. Además, es importante resaltar otro elemento único en la banda: la preciosa y dulce voz de Harriet Wheeler, que engalana todos y cada uno de los temas con esa cualidad innata que a la distancia del tiempo y los años aún es capaz de enamorar y evocar con suma facilidad.

La música británica de aquella época, en terminos generales, era particularmente alegre y vivaz, a excepción de dos corrientes menores (en cantidad) lideradas por dos (enormes) bandas en auge: The Cure con su tristeza y oscuridad, y Depeche Mode con su experimentación cruda y desgarradora. Lo demás eran sonidos influenciados principalmente por el llamado "sonido Madchester", originado precisamente en Manchester, y que era una mezcla de dance, con new wave y algunos elementos de rock clásico. El caso de los Sundays tiene un poco que ver con esta corriente, aunque alejada totalmente del elemento dance y mucho más cerca del rock pop sesentero.

Ello hace que la música se deslice por nuestros oídos, y que de inmediato se gane un lugar en nuestra memoria. No se requiere un estado de ánimo específico ni un conocimiento amplio de los elementos de análisis musical para sentir y gustar de la bella música expuesta en este opus. Sólo el hecho de ponerle play al reproductor y dejarnos llevar por las melodías agradables y las armonías cautivadoras nos bastará para enamorarnos de la música contenida en él.

Los temas siguen una misma línea musical, lo cual hace del álbum un perfecto compendio artístico redondo, y no sólo una colección de canciones sin relación entre sí. De todas, quizás la más famosa sea "Here's Where The Story Ends", una canción que recientemente ha tenido mucho más reconocimiento que en la época en la que salió (quizás porque el mundo musical comercial apenas está llegando a los años noventa... quizás). De hecho, de acuerdo con las tendencias musicales más populares de la década en turno, este álbum podría perfectamente decirse que pertenece a esta época, y nadie notaría los casi 30 años de edad que tiene. Otro gran mérito del álbum: no ha envejecido ni un poco.

Retomando el tema de las canciones, aparte de la ya mencionada, se puede destacar la bella "I Won", con su sonido muy noventero, la inicial "Skin & Bones" llena de alegría, la vivaz "A Certain Someone" y su sonido muy ochentero, la ensoñadora "I Kicked A Boy" y sus aires de elegancia, la entrañable "Joy" que cierra el álbum, o la perfecta alegría de "Can't Be Sure" que sí o sí nos pondrá de buenas, por mencionar sólo a algunas. En sí, todo el álbum es igual de bueno, y cada canción vale por sí misma lo mismo que en conjunto, por lo que la suma de 10 excelentes elementos nos da como resultado un excelente álbum.

Si hay un álbum que vale la pena rescatar de la década más pueril y pobre (musicalmente hablando) de la historia moderna, es precisamente éste, una joyita escondida que tiene grandes tesoros en su interior, y que nos regalará momentos de genuina alegría, gozo y deleite. Si usted aún no lo ha escuchado, ya le digo, abra su Spotify y búsquelo inmediatamente. Me lo agradecerá.

lunes, 14 de mayo de 2018

Gish: el grunge que no era tan grunge



El álbum debut de los Smashing Pumpkins es uno de los menos valorados de las bandas de rock alternativo de los 90, cuando en realidad se trata de una obra digna de reconocerse, y de una piedra fundamental para géneros muy alejados del grunge, en específico el shoegazing. Si bien el álbum no es del todo shoegazing (a diferencia de su contemporáneo "Loveless" de los irlandeses My Bloody Valentine) sí retoma muchos elementos y características de éste, y las acopla al profundo sonido deprimente del grunge tan de moda en 1991.

Una de las grandes diferencias de los Smashing Pumpkins con respecto a las demás bandas grungeras de principios de los noventa es una que en apariencia no debería ser tan determinante: su origen. Mientras el grunge y sus bandas principales son de Seattle, los Smashing son de Chicago, y mientras el grunge se trataba de romper esquemas y destruir las construcciones musicales, a base de rebeldía y desenfreno, los Smashing, y en específico su líder, Billy Corgan, era un perfeccionista obsesivo en el estudio de grabación, llevando a su banda al borde de la ruptura apenas en la grabación de su debut. Corgan era un dictador musical, un tipo que se dedicaba a dar órdenes y a realizar el mismo trabajo una  y otra y otra y otra vez hasta que el resultado le satisfacía.

El mismo productor (nada menos que Butch Vig) tuvo problemas con esta obsesiva actitud de Corgan, por lo que había momentos en que abandonaba la sala de consolas y dejaba que el buen Billy se hiciera cargo de todo. Esto trajo como resultado un álbum sucio en apariencia, tan áspero como el grunge, pero con un poco más de atención, nos damos cuenta de lo pulido que está el sonido, lo meticulosa que fue la producción y la increíble sofisticación de las melodías y armonías, demasiado para ser un álbum grunge, un álbum debut y un álbum de rock incluso. Nada de esto frenó a Corgan, quien se salió con la suya y nos entregó uno de los álbumes debut más peculiares y distintivos de todos los 90.

La obra inicia poderosamente con las percusiones de Jimmy Chamberlin en "I Am One", antes de que el bajo y las guitarras irrumpan con el riff en una nota y media. Conforme avanza la canción podemos notar el trabajo de producción, con el uso de overdubs poderosos y una limpieza en las percusiones, que jamás se pierden detrás del grueso muro de guitarras que se antepone a todo sonido. La canción es compleja en estructura, no tiene las típicas estrofas ni un arreglo convencional, sin embargo, la enorme inventiva de James Iha, guitarrista principal, hace que la canción tenga sentido dentro de su anarquía estructural. Y la complejidad se incrementa con el espectacular segundo tema, "Siva", uno con un riff maravilloso y una sección rítmica impresionante. La canción es un headbanger por naturaleza, pero al mismo tiempo tiene una melodicidad memorable y un nivel de sofisticación poco ordinario. El primer solo instrumental, que llega en el seguno 35 de canción, con Iha en la guitarra y Chamberlin espectacular en la batería, es prueba de ello. La canción se vuelve misteriosa luego de un par de silencios un tanto incómodos, para luego estallar y culminar de forma poderosa. El poderío con el que inicia el álbum es destacable, de menos.

La que sin duda es la mejor canción del álbum, es la que le sigue a "Siva", es decir "Rhinoceros", un lento tema que es igualmente sensible, rockero y deprimente. Las guitarras aquí son las protagonistas de todo, desde el extraño arreglo a manera de coro con el que abre la canción, hasta el estupendo riff final con el que la canción, una vez que nos ha destrozado, abrocha de manera portentosa. Los altibajos emocionales son la médula de la canción, y la razón por la que es tan memorable y sobresaliente: un inicio lento y tranquilo, que de alguna manera termina ruidoso y catártico. La cima artística más alta de este álbum. Mientras tanto, "Bury Me" retoma un poco la dinámica del tema inicial, siendo un rock extraño, con un riff fantástico pero un nivel de emotividad no tan destacable. Luego de haber escuchado "Rhinoceros", nos costará un poco de trabajo retomar la dinámica inicial, y de hecho, no tendremos que hacerlo tanto, pues esta canción marca el final de la primera mitad del álbum, que será muy distinta a la segunda mitad.

Dicha segunda mitad se caracteriza por ser mucho más emocional que viril, y ello se nota de inmediato en la sensible y hermosa, pero nada rockera "Crush", una balada con un riff ascendente de bajo y una guitarra acústica que lleva el ritmo y la emotividad de la canción. La voz de Corgan luce por primera vez en el álbum, en específico en los coros en donde la levanta a alturas maravillosas. Luego de la breve y efectiva pieza acústica, aparece "Suffer", una canción oscura y tenebrosa, en la que las guitarras lucen pero no por su poderío, sino por su escalofriante ambientación. La música se vuelve sofisticada nuevamente, y los ecos del rock gótico hacen acto de presencia en ésta más que en cualquier otra canción. Nos vamos a estremecer en esta canción, tanto del misterio como del sublime sonido de las guitarras, y al final, un brillito de flauta dulce nos va a convencer de la grandeza de este tema.

Otra de las canciones más memorables del álbum es "Snail", un perfecto compendio de lo que la banda haría más adelante, en sus álbumes de madurez y legado. Se trata de un poderoso rock lleno de tristeza y melancolía. Cada nota, cada melodía y armonía, están puestos a propósito para derrumbarnos y sumergirnos en la gris naturaleza de la canción, y para llenarnos de una tristeza profunda y deliciosa. Es imposible resistirse a una canción así de emocional, que por momentos nos consiente y por momentos es cruel con nuestros sentimientos. El final de la canción, en donde se deja atrás la estructura y aparece la melodía de guitarra más memorable de la canción, es un despliegue rockero-emocional tan intenso y hermoso como pocos que haya escuchado. La manera en que Jimmy Chamberlin hace "llorar" a su batería es algo que no sabía que se pudiera hacer con dicho instrumento, y que áun me estremece al borde de las lágrimas.

Luego de esto podemos decir que el álbum ya se ha ganado un puesto en nuestra memoria, nuestra alma y corazón, sin embargo aún nos quedan 3 temas por escuchar. El primero de ellos es el poderoso y acelerado "Tristessa", uno con ecos al punk primigenio de la Gran Bretaña, pero con elementos de shoegazing y una depresión inherente a las rockerísimas notas. Luego de esto sigue la bizarra y extraña "Window Paine", una especie de experimento emocional que igualmente tiene sus altas y bajas emocionales, y que hacia el final termina rompiéndonos otra vez. El ingenio y creatividad de Corgan quedan expuestos en este increíble y raro tema, en el que no hay miedo a arrisgarse y a ir más allá de lo habitual. La última canción es la dulce "Daydream", cantada por la bajista D'arcy Wretzky sobre una base rítmica de guitarra acústica, y algunas cuerdas como adorno cerca del final. Un final suave y contrastante con el poderoso inicio del álbum.

Los Smashing Pumpkins pusieron distancia desde su álbum debut con el resto de bandas grunge de la época, y convirtieron un potencial clásico del grunge en un sofisticado y elegante álbum de rock alternativo. Se plantó la semilla de lo que harían en sus históricos y gigantescos dos álbumes siguientes, y se consolidaron desde ya como una de las bandas norteamericanas más importantes de la década que, en ese entonces, apenas comenzaba; una década histórica y por demás prolífica en la historia del rock.

lunes, 22 de mayo de 2017

Grandes álbumes debut: Pink Floyd - The Piper at the Gates of Dawn (1967)


En 1967 el rock psicodélico ya estaba bien establecido como una corriente dominante en la escena rockera. Si bien la etiqueta era la misma, había distintas exposiciones del género; nada tiene que ver el "Are You Experienced" de Jimi Hendrix con el debut de The Doors, o con el "Sgt Pepper's" de los Beatles. Todos estos álbumes encajan en la definición de rock psicodélico, sin embargo, no suenan para nada similares uno del otro.

Justamente en los mismos estudios de Abbey Road en donde el famoso cuarteto de Liverpool grababa su icónico álbum colorido, también se encontraba una banda debutante grabando su primogénito. Un álbum pesado para la época, osadamente denso y oscuro. Los pasajes musicales eran por demás arriesgados y definitivamente era un sonido que no destacaría en las estaciones de radio, por su alto nivel experimental y espacial. La banda en cuestión era Pink Floyd, grabando su álbum debut "The Piper at the Gates of Dawn", con una imprudencia y una fescura musical que sólo un debutante puede ofrecer.

La psicodelia aquí es llevada un paso más lejos, no es de la psicodelia que enaltece el "amor y paz", ni la que se orienta por el blues experimental. Es la psicodelia más hardcore (si se le puede llamar así) que se había escuchado hasta ese momento, y pronto, las mentes de los escuchas y los críticos volaría en mil pedazos apenas escuchan la primer canción del álbum. Cabe destacar que en este álbum la banda no tenía la formación que los haría ser gigantes del rock en el futuro, no estaba David Gilmour, y el líder de la banda no era Roger Waters, sino el excéntrico Syd Barrett, un genio incomprendido el cual tenia tanto talento como desequilibrio, y que sólo alcanzó la lucidez con la banda para grabar este álbum, para después ser despedido irremediablemente de la banda que él mismo formó.



El elemento Barrett aquí es determinante para establecer el sonido de la banda, todas esas largas secciones espaciales y experimentales sólo podían surgir de la mente del diamante loco, así como las deliciosas e innovadoras canciones cortas del álbum. La fantasía, los viajes, el LSD, la dulzura y el misticismo son elementos Barrettianos que bañan al álbum de una finura y una agresividad por igual, y que tristemente no volveríamos a escuchar jamás en ningún otro álbum de la banda.

Pero entrando de lleno en el álbum, abre con la impresionante "Astronomy Domine", una joya del rock más experimental creado hasta ese momento, con sus dos estrofas y su extensa y aucinante sección instrumental media. La banda no tiene miedo de sonar agresiva, los platillos de Mason aquí son un elemento destacadísimo que sostienen la endeble estabilidad de la canción, energizando la canción a niveles altísimos. El segundo track, "Lucifer Sam" es igual de interesante, aunque con una estructura un tanto más convencional. Es decir, la batería suena más o menos normal, los efectos de sonido se reducen y no hay largas secciones musicales, sin embargo, la canción es muy buena en todos los sentidos, no es suave ni ligera, mantiene la pesadez musical, sin salirse del estilo establecido en el tema anterior. "Matilda Mother" es otra gran canción, tocando temas de fantasía medieval, pero sonando extraordinariamente sutil a pesar de ser tan viajada como los dos temas anteriores. La música se interrumpe drásticamente por la mitad con esa fantástica sección media, en la que Wright se luce en los teclados y la ambientación nos lleva más y más lejos.

"Flaming" es una corta y sencilla canción que añade frescura al álbum, con una estructura un tanto similar a "Lucifer Sam" pero con menores niveles de densidad sonora, con más animosidad y accesibilidad que cualquiera de los 3 temas anteriores. Por primera vez podemos notar el lado sensible de Barrett,. con esos pequeños brillos de piano que apenas suenan por un instante, pero que iluminan por completo a la canción. Por el contrario, "Pow R. Toc H." es la canción más experimental hasta este punto, un smooth jazz con elementos psicodélicos, mientras la banda vocaliza sin decir nada realmente, haciendo de este un tema interesante. La única composición que no es de Barrett, es la frenética "Take Up Thy Stethoscope and Walk" de Waters, un tema que de inicio parece ser pop, pero que se sumerge en los densos oceanos de la psicodelia extrema, para regalarnos un extenso jam de sonidos y efectos sonoros oscuros. El pináculo de la psicodelia extrema es la poderosa y alucinante "Interstellar Overdrive", una suite de casi 10 minutos sin estructura, con un riff memorable y una experimentación jamás realizada hasta ese momento. La capacidad de la banda queda de manifiesto en este impresionante tema.

De aquí en adelante, nos encontraremos con 4 deliciosas y hermosas canciones que reflejan la sensibilidad y delicadeza de Barrett, esto sin dejar de ser experimentales. "The Gnome" es una simpática canción que disfrutaremos cantar infinitamente, tocando nuevamente temas de fantasía, pero evocando una armonización musical sublime. "Chapter 24" es otra joyita experimental. Un gong y el bajo de Waters son los estelares, mientras que la sección media a cargo de los teclados de Wright se encarga de huir de nuestra rralidad y adentrarnos en las maravillosas nubes de la música. Un deleite. Por su parte, "Scarecrow" es una minimalista y hermosa canción campirana, celta incluso, en la que unas percusiones y el órgano de Wright a lo lejos, son los elementos que sostienen a la canción, hasta la estremecedora aparición de la guitarra acústica en el final de la canción, momento en el que no podremos evitar derramar un par de lágrimas por lo sublime del momento. Finalmente el álbum cierra con la divertida y disfrutable "Bike", un tema que sin duda es el más ligero del álbum, y que aparte nos regala otra faceta del enorme talento artístico de Barrett.

Para bien o para mal, este fue el único álbum de Barrett con la banda, y posteriormente él se desvanecería en su propia mente, y nos abandonaría mucho antes de que su cuerpo falleciera, pero el legado que nos dejó en esta impresionante y hermosísima obra, quedará para la posteridad como uno de los mejores álbumes debut de la historia, un álbum que hasta hoy, a 50 años de su aparición, sigue asombrándonos y deleitándonos enormemente.

martes, 9 de mayo de 2017

Grandes álbumes debut: Definitely Maybe



Desde mediados de los años ochenta, el rock británico se había transformado en diversas corrientes que, si bien no eran de mala calidad, parecían haber claudicado en mantener el espíritu rocanrolero con vida, y habían abogado por explorar nuevas posibilidades estilísticas y emocionales, que ciertamente no encajaban con la aspereza y dureza del rock puro. Así, la música británica de finales de los ochenta y principios de los noventa tenía mucho parentezco con el dance y el new wave. Ejemplos como el de los Smiths o los Stone Roses, son la muestra más clara de la dirección que estaba tomando el rock británico.

Sin embargo, una sencilla banda, con enormes aspiraciones, gestaba en el garaje de sus líderes lo que culminaría en un álbum no sólo poderoso y rockero, sino trascendente e histórico para la música británica y mundial. Oasis grabó a lo largo de 1993 el fantástico "Definitely Maybe" su álbum debut, con el que súbitamente se lanzarían a lo más alto del olimpo británico del rock. En aquel momento, a parte de la ya mencionada escena británica, a nivel mundial imperaban los crudos y deprimentes sonidos grungeros estadounidenses, y el rock más comercial provenía justamente de las sombrías melodías grungeras y post-grungeras que se gestaban al norte de nuestro continente. En ese sentido, la aparición de "Definitely Maybe" significó no sólo una bocanada de aire fresco en la Gran Bretaña, sino en todo el mundo, detonando lo que se podría considerar como una "segunda invasión británica", aunque proporcionalmente más pequeña y menos explosiva que la de los años sesenta.

Oasis le abrió las puertas del mundo a un sinfín de bandas británicas que buscaban un lugar en la escena rockera, envueltos en la bandera del llamado Britpop que tenía en Oasis a su flamante punta de lanza. Blur, Pulp, Suede, Kula Shaker, Supergrass, The Verve, entre muchas otras bandas, fueron las más relevantes de este género. Sin embargo, ninguna alcanzaría el éxito y la trascendencia (quizás Blur a finales de los noventa) que alcanzó Oasis en 1994 y 1995. Y fue gracias a este álbum que lograron llegar a la cima a la que soñaban llegar desde su adolescencia. Pero entremos de lleno en el álbum.

La música es potente, contundente y melódica. No es sombría como el grunge, no es bailable como el sonido Madchester, no es rebuscada ni pretenciosa como el new wave. Es áspera y cruda, es rock and roll puro. Y precisamente el tema inicial, "Rock 'N' Roll Star" nos da la premisa de la banda, nos pone sus intenciones de forma muy clara, sin rodeos ni aspavientos. La canción es demasiado enérgica y acelerada, y nos habla del sueño que los músicos siempre tuvieron desde su infancia, ser estrellas rocanroleras. El genial muro de sonido creado con las guitarras, el cual es más notorio (y aturdidor incluso) en el final de la canción, es una muestra clara de que la banda buscaba eso, el estridente sonido de las guitarras, como un sello propio de identificación, y un elemento constante que aparecería a lo largo del álbum. "Shakermaker" es una canción más tranquila, más típica de la banda. El riff inicial es uno de los más reconocibles del repertorio de Oasis (a pesar de que muchos lo acusan de ser plagiado, o "demasiado inspirado" en trabajos de otras bandas a las que los Gallagher idolatraban, principalmente los Beatles). "Live Forever" es una de las canciones más reconocidas de la banda, y una de las mejor logradas, en cuanto a estructura, de todo el álbum. Definió el sonido característico del britpop, y muchos intentarían igualar lo logrado en esta canción.

"Up In The Sky" es una canción muy atípica a lo que se le conoce a la banda, una canción que se acerca mucho al sonido garage de finales de los setenta, apoyada sobre un riff acelerado. Incluso la forma de cantar de Liam Gallagher suena de cierta forma, distinta a lo que hizo en trabajos posteriores. Otra cima del álbum es la poderosísima "Columbia", otra muestra del poder rockero que tenía la banda, y que en ella se inaugura un estilo que la banda haría propio en el futuro. Canciones poderosas y ruidosas pero al mismo tiempo lentas y melódicas, lo que genera un ambiente de locura controlada, como una mezcla de Black Sabbath con los Beatles, o de Led Zeppelin con los Kinks, un sonido ciertamente original, aunque suene como algo que ya hemos escuchado antes. "Supersonic" es mi canción preferida del álbum, una canción que perfecciona la premisa mencionada de la canción anterior; un rock duro y melódico por igual, agresivo e inofensivo de alguna manera. Las guitarras potentes y las melodías pegajosas jamás se conjuntaron tan bien como en esta canción.

Otra canción atípica, aunque increíble es "Bring It On Down", quizás la máxima expresión de rock duro de todo el álbum, aquí las melodías ceden sólo un poco el terreno ante la agresividad y crudeza de la música, y nos regalan uno de los momentos más rockeros de todo el britpop. Las reminiscencias a otros autores regresan en "Cigarretes & Alcohol", inevitablemente vendrán a nuestra mente las obras de ZZ Top o de MC5, aunque con un aire británico ineludible que baña a la canción de la finura característica de los músicos de esta nación. Por su parte, "Digsy's Diner" es una divertida y breve canción que, extrañamente, funciona a la perfección dentro del álbum, refrescándolo y aportando nuevamente un sonido que la banda ya no habría de repetir en trabajos posteriores, lo que le da valor doble a esta pequeña y disfrutable melodía.

La grandeza musical llega a otra de sus cumbres en "Slide Away", una excelente canción, que por emotividad no tiene igual en ninguna otra canción del álbum, pero que aparte se complementa con deliciosas melodías y resonantes guitarras, lo cual hacen que, desde mi punto de vista, sea la canción más completa y mejor lograda de todo el álbum, e incluso una de las mejores 5 canciones del repertorio histórico de la banda. Y es que no es exageración, se trata de una obra delirante y deliciosa, que conforme avanza va evolucionando en emotividad e intensidad, e incluso en el final de la canción podemos sentir escalofríos de satisfacción por la perfecta conjunción (y única a lo largo de todo el álbum) de la música insistente y la letra suplicante ("don't know/ don't care/ all I know is you can take me there") mientras Noel Gallagher eleva su voz en unos coros tan sublimes como discretos, y Liam repite incansablemente el título de la canción. Reitero, una de las mejores canciones (rayando en lo genial) de la banda, y del britpop todo. Para finalizar el álbum, una joyita llena de una ironía simplemente deliciosa, "Married With Children" es una acústica en la que la guitarra de Gallagher (Noel) acompaña a la voz del otro Gallagher (Liam) y en apenas 3 minutos de duración nos regalan un compendio del perfecto rompimiento de un matrimonio incosciente, en el que ambas partes se hartan una de la otra. Bastante común, y ello hace que la ironía sea un factor elemental en esta canción, y la hace ser más que perfecta para cerrar el álbum.

Para la versión mexicana del álbum, incluyeron un track 12, la portentosa y bella "Whatever", en la que las cualidades de composición musical de Noel Gallagher quedan expuestas. Sin embargo, a nivel mundial, esta canción no pertenece al álbum, así que no la contaremos como tal en este escrito.

Oasis grabó en su debut un álbum fundamental en la historia del rock, un álbum que cambiaría e influiría a muchas bandas en las décadas siguientes, y que habría de marcar un precedente del camino a seguir por otras bandas británicas. Un ejemplo de esto es ni más ni menos que Radiohead, quienes luego de su primer álbum, influenciado enormemente por Nirvana y el grunge norteamericano, en su segundo habrían de hacer un (gran) álbum de britpop al más puro estilo inglés, influenciados evidentemente por Oasis y su fantástico trabajo. Al final, los años le han dado su justo valor a este disco, y hoy en día se reconoce como lo que es, un histórico y grandioso álbum de rock and roll. Ni más ni menos.