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sábado, 9 de octubre de 2021

15 cantos celestiales, con Sigur Rós

 


Nadie jamás hubiese pensado que una banda proveniente de un país tan  ignoto como lo es Islandia, sería la productora de canciones tan bellas y tan emotivas, tanto que tuvieron un inexorable alcance mundial. Islandia es un país sumamente aislado del resto del mundo. Hablan un idioma que sólo es oficial en su pequeña isla, viven rodeados de volcanes activos, y cuando es invierno las temperaturas son extremadamente frías. Pensar en vivir en un lugar así de inhóspito, parecería ser algo ilógico. Y sin embargo, todos estos factores son esenciales para entender el sonido de esta banda. Cantan en un idioma raro, tienen un fuego interno que es avasallador, pero la carcasa de su música es tan helada como los paisajes de su país natal. Contrastes tan inusuales como perfectos, para obtener, por ejemplo, estas 15 maravillosas canciones.


15. "Hafssól" (1997)


Enigmática canción extraída de su primer álbum, se trata de una atmósfera que de tanto en tanto emite sonidos, armonías, notas y cantos. La confusión no invadirá de momento, hasta que comprendemos que de esto va la canción. Un llanto en la tormenta, que se deja oír sólo lo suficiente para sumergirnos en él, pero no tanto como para no poder regresar. Es hasta la segunda mitad de la canción que, sostenido en una base monótona, la canción cobra fuerzas, y culmina de manera emotiva. 


14. "Mílanó" (2005)


Esta canción tiene toda la pinta de haber sido compuesta para el álbum anterior. Cubierta con el velo de melancolía que caracterizó a las canciones de la banda en el álbum "( )", esta pieza se sostiene en una dulce melodía tocada con las notas más agudas de un piano, y sobre ella se construye una canción en esencia, simple, con estrofa-coro que se repite. Pero la forma en la que la canción nace suavemente, y se rompe con cada estribillo, es lo que la hace destacar notablemente. No necesitamos más que eso para disfrutar de una canción.


13. "Samskeyti" (2002)


La belleza llevada a su faceta más minimalista. La canción es instrumental, y tiene como columna vertebral una hermosa melodía de piano que se repite incansablemente, y que somos incapaces de dejar de escuchar, precisamente por su belleza y melancolía innata. Lo que hace crecer a la canción son los demás instrumentos que cobijan a este piano, y que de a poco lo van elevando, casi involuntariamente, hasta llevarlo al clímax, donde la canción (y nosotros) revienta de manera apoteósica en el cambio de octava más poderoso de la música contemporánea. Al final, sólo podemos dar las gracias a Kjartan Sveinsson, por estos 6 minutos y medio de música genuina.


12. "Hjartað Hámast" (1999)


Extrañamente, esta canción inicia como una pieza de jazz, algo casi ajeno al sonido de la banda. Pero muy pronto recompone, con la entrada del bajo y la guitarra, para entrar en una fase de plena oscuridad, en donde la voz es casi un susurro, y los instrumentos se esconden y tocan sólo lo mínimo necesario. Hasta que, de manera hermosamente contrastante, llega el estribillo, en principio nada bello, pero que con el claroscuro generado con la sección anterior, termina por apabullarnos y ser un brillo en la ominosidad creada por los músicos. Para la segunda vuelta, el coro es aún más apoteósico, y con él, llega el climático final de la canción.


11. "Von" (1997)


Esta canción va como en línea recta, sin grandes cambios, sin contrastes, sin crescendos ni explosiones de emotividad. Y en ello radica su gran belleza. El ritmo, casi tribal, sostiene una melodía simple que se presenta en diversas capas, entre el bajo, unas cuerdas que por ahí suenan (en realidad es una guitarra eléctrica tocada con el arco de un violín), la guitarra con sus arpeggios, y finalmente la voz de Jónsi. Para completar el minimalismo, la letra no dice nada, y a la vez, dice lo que nosotros queramos que diga. 


10. "Svefn-g-Englar" (1999)


La entrada de la guitarra, ejecutada con un arco de violín, y sonando como la cuarta trompeta del apocalipsis, es el recibimiento más estremecedor que podríamos tener para una canción. En realidad la canción no empieza con ese sonido. De hecho, llega hasta el minuto 1:25. Pero es tan icónico, que se graba en la memoria como el primer sonido de la canción. El tema parece transcurrir en un paisaje islandés, helado y sombrío, pero sumamente hermoso. Y esa belleza nos da una sensación de calidez tan extraña, y tan ilógica para lo que estamos escuchando. 


9. "Festival" (2008)


La primera mitad de esta canción es de una belleza inusitada. Jónsi con su voz, y un tímido acompañamiento son capaces de extraerle lágrimas a la más dura de las rocas. Con sólo esos minutos tendríamos más que suficiente para desahogarnos y entregarnos a la música. Pero es que luego viene la segunda parte, una sección más explosiva y dinámica, y que de alguna manera, subsana el terrible dolor y melancolía con el que nos quedamos tras la primera sección. Un círculo perfecto, una vuelta al inicio, tras un filtro emocional como pocos.


8. "Ágætis Byrjun" (1999)


Quizás la versión más simple de la banda, en todas las canciones de la lista. No hay orquestas, no hay guitarras eléctricas, no hay tensión ni clímax. Es una bella y sencilla canción tocada por 4 amigos que se encontraron en casa de uno de ellos, y decidieron tocar con sus instrumentos caseros. El resultado, desde luego, es una canción hermosa. Emotiva sí, pero no por su alcance, sino por su falta de él, por su sencillez y bajo perfil. A veces, lo más simple es lo más bonito de la vida.


7. "Glósoli" (2005)


Esta es una de esas canciones que te restauran la fe por la humanidad. Si existe alguien capaz de hacer esta música, alguien capaz de tocar las fibras que Sigur Rós toca con esta canción, entonces todo vale la pena. Todo es perfecto, todo aporta. Todo forma parte de la experiencia que representan los 6 minutos que dura esta canción. Y todo, absolutamente todo, hace que valga la pena. Esta canción es todo lo que está bien en el mundo.


6. "Ára Bátur" (2008)


Hubo una época en la que, con escuchar los primeros 10 segundos de una canción de Sigur Rós, sabías en automático que sería un himno, una canción que sí o sí te iba a sacar unas lágrimas, no por la tristeza, sino por el asombro de escuchar música tan celestial y tan terrenal al mismo tiempo. Música que, de una u otra forma, iba a cambiar tu día, iba a cambiar tu perspectiva del momento, y te iba a regalar un pedacito de eso que sólo los verdaderos artistas poseen. Todo eso lo encontramos en esta pieza de arte.


5. "Andvari"


La canción definitiva para una despedida. No puede haber mejores notas, mejores armonías, para dejar atrás algo, o alguien, que las que tiene esta belleza. Todo es melancolía, todo es tristeza, todo es nostalgia. Y si de alguna manera hay que hacer una despedida, sobre todo de alguien muy significativo, qué mejor que hacerlo con esta canción, tan elegante, tan sublime y tan directa en su sentir. No hay miramientos al momento de transmitir un sentimiento, no extienden innecesariamente lo inevitable, ni tampoco lo reducen al mínimo para apaciguar. Lo dejan en su justa medida para que duela, y para que sea hermoso.


4. "Olsen Olsen" (1999)


Esta canción es un regalo de la banda, al mundo y a los escuchas que se atrevían a sumergirse en la música de la entonces desconocida agrupación. Al principio, parece ser una misteriosa y entrañable canción, pero después todo es alegría, todo es gozo, todo es amor a la música, al arte, a la vida misma. Es imposible no escuchar de principio a fin esta canción, y terminar sintiéndose nuevo, feliz, pleno y lleno del espíritu de renovación. Que duro mucho o poco esa sensación, ya depende de nosotros, pero el impulso inicial nos lo da esta hermosura de canción.


3. "Njónsavelin" (2002)


Pocas veces podemos encontrar una canción de Sigur Rós con un riff de guitarra. Y ésta es una de ellas. Pero, evidentemente, no es un riff como los que conocemos. Éste es sublime, en su sonido, en sus notas, en su tratamiento, es un riff que traspasa las barreras de la lógica, del análisis, y llega directo a donde tiene que llegar, al punto en donde nos hace sentir mil cosas distintas, en donde nos reflejamos en su sonido, y a través de él vemos momentos de nuestro pasado, que involuntariamente aparecen como flashbacks de profunda entrañabilidad. Esta canción es lo que es, por ese hermoso riff de guitarra.


2. "Viðrar Vel Til Loftárása" (1999)


Luego de una enigmática introducción, escuchamos las notas de piano que marcan la melodía principal de la canción, que sigue por casi 5 minutos antes de que aparezca la primera estrofa cantada. Y no nos quejamos de ello, la melodía es hermosa, y toda la canción gira en torno a ella. Incluso la voz, que parece un susurro a la distancia, y cuya función no es tanto la de transmitir palabras, sino sonidos que complementen la música, como un instrumento más. Luego viene el final, y ahí es donde todos, inexorablemente, nos rendimos en agradecimiento ante la majestuosidad de la canción. 


1. "Popplagið" (2002)


La canción definitiva de Sigur Rós. La que resume mejor lo que la banda hace mejor. Una canción que inicia en calma, que inicia de forma convencional, y que en algún punto se rompe, para terminar en el clímax apoteósico, el crescendo más espectacular de la música del siglo XXI. No exagero, los alcances de esta canción son de proporciones históricas. Uno de los aspectos que más me gustan de la canción, es que se aleja un poco de la solemnidad de sus pares, y aquí no se busca la estética, la emotividad sensible ni la melancolía. Aquí se ataca con agresividad, desde su trinchera y sin abandonar su esencia, pero con una explosividad espeluznante. Y sí, de proporciones históricas. Life-changing experience le llaman en otros países.

martes, 10 de julio de 2018

Entre paréntesis



Luego de un debut interesante, y de un segundo álbum hermosísimo, Sigur Rós estaba afianzado como una de las propuestas musicales más vitoreadas y destacadas a nivel mundial, por lo que tanto músicos, como críticos, y especialmente sus seguidores, esperaban con ansia y emoción la publicación de su tercer álbum. ¿Habría evolución? ¿Sería tan bello como el anterior? ¿Confirmarían su estatus como una de las bandas más importantes del inicio de siglo? A todas estas preguntas se respondería de la misma manera: sí.

En 2002 se publicó finalmente "( )", un álbum tan enigmático como su título. Ahora bien, de las 3 preguntas anteriores, la segunda debe incluir un asterisco. La música es tan bella y tan emotiva como en su álbum anterior, sin embargo, los aires de preciosismo y la belleza palpable no estarían presentes en este álbum, por lo que se trata de un álbum mucho más íntimo y menos extrovertido que el anterior. Si en el anterior "Agætis Byrjun" Sigur Rós se expuso ante nosotros y nos mostró su faceta más amable, en este "( )" nosotros tendremos que buscar a los integrantes de la banda entre la música, y escuchar con atención para percibir las múltiples emociones que se esconden tras cada nota.

Esto fue, sin duda, un movimiento muy arriesgado por parte de la banda, pues apenas comenzaban a ser reconocidos a nivel mundial y la cerradez y el anonimato de esta obra podrían cerrarle las puertas irremediablemente. Aún así, publicaron su minimalista álbum, carente de orquestaciones pero con abundantes momentos poderosos y contundentes. Las 8 canciones que conforman la obra no tienen título ni letra (sólo las vocalizaciones de Jónsi, que son palabras al azar), dado que el arte del disco no incluye mucho texto. No aparece el nombre de los integrantes de la banda, ni por supuesto, el nombre de las canciones. Sólo aparecen los dos paréntesis que dan título al álbum. Posteriormente se sabrían los nombres no oficiales que la banda usaba para designar a cada canción durante su proceso de grabación, con los cuales llamaremos a las canciones en este texto.

Es así que la obra abre con "Vaka", una suave y para nada vistosa canción a base de piano, que lentamente transcurre mientras el Vonlenska hace gala de su conciso y preciso léxico. Desde este tema inicial ya percibimos que tendremos que esforzarnos un poco para asimilar la música, y que este esfuerzo tendrá su recompensa con creces. Los minutos finales de la canción son de una intensidad inusitada en la banda, como si se rebelaran contra sí mismos y contra el estilo que ellos mismos inventaron en el álbum anterior. A pesar de esto, la canción no tiene percusiones, por lo que se trata del tema con menor poderío del álbum, algo que fue hecho adrede para que, al igual que en la canción, el álbum comenzara de forma tranquila y terminara en un caos ordenado y estremecedor.

El segundo tema es la intimísima "Fyrsta", en donde las percusiones hacen su debut de manera calma y lenta, y en donde igualmente la guitarra de Jónsi nos regala una serie de arpeggios dulcísimos. Luego de la larga (y bellísima) introducción instrumental, la voz de Jónsi repite las mismas 6 palabras que en el anterior y el resto de los temas, sólo que esta vez lo hace de "arriba hacia abajo", es decir, de lo más agudo hacia lo más grave, y cerca de la mitad de la canción se llega al clímax, uno muy breve y a medio gas, y finalmente de a poco la música se desvanece, aunque no del todo, pues está ligada con el inicio del tercer track, el único instrumental del álbum.

"Samskeyti" es una obra magistral, las notas iniciales nos indican un constante crescendo que en sí ya suena majestuoso, pero una vez que hace su aparición el piano de Kjartan Sveinsson, la obra toma otras dimensiones mucho más épicas y monumentales. Ese piano que asciende y asciende en notas y en intensidad, mientras el trasfondo musical hace lo propio sin que nos demos cuenta del todo, hasta que cerca del final el piano sube una octava de golpe y la emotividad colapsa sobre sí misma, regalándonos un auténtico momento celestial y la primer cumbre musical del álbum. Toda la energía reservada hasta ahora finalmente se expulsa y, de manera catártica, nos lleva hasta el mismísimo cielo con una facilidad delirante.

Lo lógico, luego de haber llegado hasta el cielo, es que inmediatamente después venga una caída estrepitosa. Todo lo que sube tiene que bajar. Sin embargo, la gracia y la providencia son tan grandes y tan benévolas con nosotros que decidieron mantenernos allá arriba, entre las nubes, por una canción más. Y es que "Njósnavélin" es una delicia total, una belleza inconmensurable que tiene tanta dulzura como emotividad, y que nos llena los oídos con suma facilidad, ya sea por sus notas memorables o por su melancolía explicita que nos inunda los corazones desde la primera escucha. Se trata de la canción más bella del álbum, la que más gozo trae consigo y la que más luz nos regalará de todo el álbum. Con una estructura simple y efectiva, y una instrumentación ligeramente más variada que en sus siete hermanas, la obra nos provee de la dulzura que tanta falta nos hará en la segunda mitad del álbum.

Luego de un interludio silencioso, el crescendo del álbum se aviva con "Álafoss", no porque sea una canción muy intensa, sino porque es la canción más densa y difícil del álbum. En sus casi 10 minutos de duración, tendremos que mantener la concentración a tope mientras la pesadísima cadencia de la canción nos va llevando muy lentamente hacia un clímax poderoso e igualmente lento. No hay nada vistoso en esta canción, y el mantenerse concentrado hasta el final será un auténtico reto. Ahora bien, en apariencia aburrida, la canción tiene un firme propósito, que es el de marcar de manera contundente la transición del álbum hacia su parte más oscura y menos amable, y de las cuatro canciones que conforman esta segunda mitad, "Álafoss" era la ideal para adentrarnos en la atmósfera lentamente, y así no sentir un cambio drástico y fuera de lugar.

Una vez que hemos pasado por "Álafoss", ahora sí viene lo realmente bueno. Las 3 canciones finales son las 3 cúspides artísticas del álbum más altas, cada una más alta que la anterior. Primero está "E-Bow", una que en sus percusiones de inicio se asemeja a su predecesora, pero que en ambientación y en estructura es mucho más directa e intensa. Las estrofas son muy melódicas y los coros de la canción son poderosos, siendo el último de ellos el que se conecte con el cierre de la canción, que es el clímax sonoro de la misma, y que es uno de los momentos más escalofriantes del álbum. Mientras las percusiones estallan y las guitarras tocan sus notas más ruidosas en lo que va del álbum, el piano nos regala una suaves notas que adornan todo este caos, que finalmente culminan en una suerte de feedback muy rasposo y agresivo. Oficialmente, el Sigur Rós del álbum anterior había muerto.

Por su parte, "Dauðalagið", el tema más extenso del álbum, es otra muestra de la faceta más agresiva de la banda, siendo el absoluto sostén de esta agresividad el poder de las intensísimas percusiones que, sobre todo en la segunda mitad de la canción, hacen que la banda llegue hasta un extremo al que jamás habían llegado, y que de alguna manera suena tan natural en ellos. El concepto musical del ascenso en intensidad y poderío parece tomar su forma definitiva luego de esta impresionante canción, en donde parece que ya no se puede llegar más lejos, sin embargo la banda aún nos tiene preparada una sorpresa más, una que resultaría ser la mejor canción del álbum, y quizás de todo su repertorio.

Una vez que lograste el punto más alto de intensidad, de agresividad y hasta de poderío, sin traicionar el estilo al que perteneces, ¿qué más queda por hacer? La banda lo tenía muy claro, y en el tema final del álbum se reservaron lo mejor que tenían. "Popplagið" es una obra suprema, una que de inicio suena de hecho muy normal. Y es que la primera mitad de la canción tiene una estructura de estrofa-coro muy convencional, nada vistosa y que para nada vaticina el huracán de sonidos y emociones que se vendrían para el majestuoso final de la canción. ¿Qué más podían hacer, luego de lo escuchado en las canciones anteriores? Le añadieron epicidad. Hicieron de la agresividad, la intensidad y el poderío una mezcla de epicidad y emotividad que nuevamente nos llevan hasta la gloria misma, ahora por otro camino que no es el de la belleza. Una vez que la canción se rompe y que las percusiones se callan, sabemos que estamos a punto de escuchar algo fuera de este mundo, algo que de a poco va creciendo en intensidad, algo que una vez que estalla nos deja absolutamente pasmados. Es épico. Es majestuoso. Es inalcanzable.

Luego de esto, nos queda bastante claro que se trata no sólo del mejor trabajo de Sigur Rós, sino de uno de los mejores álbumes de rock de la década pasada, y una de las muestras más sublimes de la música del nuevo siglo. Nadie ha podido replicar esto, ni la banda misma, y dudo que alguien alguna vez lo logre. Es cierto que aún no se le da el reconocimiento que se merece esta obra. Aún muchos piensan que "Agætis Byrjun" es lo mejor de los islandeses. Algunos todavía creen que éste parentético álbum es aburrido. Algunos aún no entienden la perfección que se esconde detrás de estas nada vistosas canciones. A algunos les falta escuchar más veces esta joya, o quizás un par de décadas que den la distancia necesaria para revalorar esta música, como ya ha sucedido en muchas otras ocasiones con muchos otros álbumes magníficos y menospreciados en su época de aparición.

Mientras tanto, la obra aquí está, para que todos la disfrutemos, la lloremos o la compartamos de una u otra forma. Igual nos sumergimos en el anonimato implícito en el álbum para ser alguien más, y desde nuestro refugio, admirar y regocijarnos con las lentas y poderosas notas de este bello e incomprendido álbum.

viernes, 8 de junio de 2018

Talk Talk - Spirit Of Eden, ¿inventores del Post Rock?



Si bien es cierto que determinar el álbum exacto con el que se inventaron la gran mayoría de los  géneros musicales existentes es una tarea muy difícil, por no decir imposible, sí se puede determinar el álbum que los hizo populares, que sembró semillas de creatividad en muchas mentes musicales y que dictaminó las tendencias con respecto a dichos géneros. Es así que podemos nombrar al álbum debut de los Ramones como el catapultor del punk rock, a pesar de ser enormemente influenciado por los Stooges en el periodo 1970-1973 o incluso por los mismos Beatles. Otro caso es el del Heavy Metal, que con "Paranoid" de Black Sabbath tomó la forma definitiva que todos conocemos, a pesar de que detrás de éstos ya existía la influencia de Led Zeppelin, The Who, Cream o (de nuevo, y como siempre) los Beatles.

Si este fenómeno sucede con los géneros más populares y con mayor número de exponentes, qué sucedería con géneros menos conocidos y más exclusivos. Es el caso del Post Rock, esa mezcla de rock espacial con elementos del ambient, el krautrock e incluso las atmósferas del folk más fino. Si bien, Pink Floyd sembró la semilla más poderosa para el nacimiento de este género, no podemos menospreciar los trabajos de John Cale, Neu, Brian Eno o Soft Machine para que eclosionara, años después, en este suave y místico género musical, exclusivo para los oídos de algunos pocos.

Siguiendo el orden cronolígico de las cosas, en 1982 se publicó el primer álbum de la banda británica Talk Talk, llamado "The Party's Over", que en sonido casi no se relaciona con el post rock y mucho se relaciona con el synthpop ochentero que a todos nos satura los oídos con suma facilidad. Y sin embargo, esta misma banda sería la que años después se encargaría de hacer del conocimiento de todos la maravilla de este género múltiplemente mencionado en este texto. Para ello tuvieron que pasar otros tres álbumes y seis años más, en los que la banda experimentó con el new wave ("It's My Life" de 1984) y el baroque pop ("The Colour Of Spring" de 1986).

Es en 1988 que la banda publicó su obra más fina hasta ese momento, el delicioso y poderoso "Spirit Of Eden", un álbum con sólo 6 canciones, pero con una altísima calidad, un sentido de sofisticación musical exquisito y un nivel de emotividad por los cielos. Casi todo lo que después hemos escuchado en el post rock surgió de la inventiva del trío londinense y de los sonidos almacenados en esta pequeña gran obra musical.

La obra inicia con "The Rainbow", un tema con aires de smooth jazz muy ricos, las improvisacioes de la trompeta añadidas sobre la suave alfombra musical de piano, bajo y percusiones nos deleitarán los oídos por los 9 minutos de duración de la canción. Por momentos aparecen unas cuerdas (guitarra incluida) que son más un adorno por el hecho de ser esporádicas, y no un instrumento base como tal. Cerca del final, algo inesperado, una armónica tan bluesera como Muddy Waters, que no veíamos venir pero que agradecemos infinitamente por su aparición. Casi sin darnos cuenta, el contador cambia al track número dos, ligado con el primero, el cual lleva por nombre "Eden", y es eso, un edén musical, absolutamente delicioso y disfrutable de principio a fin. La canción en sí es más breve que la inicial, pero mucho más emotiva, y en ello aporta mucho el uso sutil pero determinante de las guitarras como elementos creadores de tensión, una tensión que sube y baja a lo largo de la canción, haciendo de cada momento una expresión definitiva de cada emoción que maneja la canción, así, cuando la canción es intensa, lo es en verdad, y cuando es suave y delicada, es capaz de enternecer cualquier emoción distinta que estemos sintiendo.

Y nuevamente ligada, se encuentra la tercer canción del álbum, la mucho más intensa "Desire", una en la que las guitarras ahora sí pasan a ser protagonistas, pero no en un sentido rockero como tal, sino como un elemento enaltecedor de emociones, tanto en los momentos más intensos como en las estrofas llenas de calma y paz. Los subidones esta vez son mucho más drásticos, y pasamos de silencios casi absolutos a destellos de intensidad musical maravillosa y estremecedora. El primer silencio real se da entre el tercer y el cuarto tema, "Inheritance", una suave y delicada canción. Hay que destacar el trabajo de la producción ( a cargo de Tim Friese-Greene) ya que todos los sonidos se aprecian con una claridad y una suavidad pasmosas y maravillosas, haciendo que la canción cumpla más fácilmente su objetivo de deleitar nuestras cabezas y nuestras almas con la suavidad explícita que expresa.

Ahora el silencio entre canciones es más largo, y nos hace esperar por el inicio de "I Believe In You", otra canción llena de emotividad como la segunda y tercera, menos explícita pero igualmente palpable por la maravillosa elección de notas en "ascenso" que nos hacen sentir una ligera tensión que lejos de alterarnos, nos llena de una expectativa que finalmente se cumple con el simple cambio de una nota en los instrumentos del fondo, con lo que se ilumina la canción de una manera tan sutil que si nos distraemos un poco, lo pasamos de largo. El último minuto y medio de la canción es de una belleza inaudita en el resto del álbum. Otro silencio anticipa a "Wealth", la última canción del álbum, y un regreso al smooth jazz del primer tema, ahora con claros tintes nostálgicos, por lo que la canción transcurre mucho más lenta, y mucho más definitiva que las anteriores. No se crean expectativas ni se alteran las emociones, se nos llena de una nostalgia que se mantendrá desde el inicio hasta el fin de la canción, sin mayores aspavientos, y con un dejo de satisfacción preciso para cerrar el álbum.

Es así que se originó uno de los movimientos musicales que hacia finales de la década siguiente tendría su mayor auge, pero que si le buscamos un precedente, un álbum fundamental para su desarrollo y su inserción en la memoria colectiva de los melómanos al rededor del orbe, definitivamente tendrá que ser "Spirit Of Eden", pues la marcada tendencia de la música y la enorme influencia sobre muchas otras bandas, con el paso de los años resulta innegable. Quizás por ello, a pesar de su desconocimento mayoritario, este álbum debería de considerarse como un álbum fundamental, sobre todo para la música que se hace hoy en día, con muchos elementos indie, folk y sí, post rock.

La banda grabaría un album más, el también destacadísimo "Laughing Stock" de 1991, con el que la banda cerraría su carrera con la frente en alto, con la vista al cielo, en el punto más alto de su creatividad. Buena o mala decisión, según se le vea, su huella musical es imborrable e irrefutable.