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jueves, 9 de abril de 2020

Mis canciones favoritas de Led Zeppelin




A mi gusto, la cuarta banda más importante de la historia del rock, Led Zeppelin fue un ejemplar único, que mezclaba por igual elementos de blues y soul con poderosas guitarras, riffs metaleros y ambientaciones hinduístas y místicas. Además, es una de is bandas favoritas, y es por ello que presento mis canciones favoritas de tan histórica y maravillosa agrupación.

20. "Friends" del álbum Led Zeppelin III (1970)


Una increíble canción con aires orientales y una energía tal, que parece muy lejos de su ambientación folk, y nos acerca más a una electrizante atmósfera rock. Muchos críticos demeritan este álbum, por ser menos eléctrico que sus predecesores, sin embargo a mí me parece una maravilla.

19. "Nobody's Fault But Mine" del álbum Presence (1976)


Una de las cosas que hacían que el sonido de Led Zeppelin fuera fascinante eran los asombrosos efectos que Jimmy Page le ponía a su guitarra. Tal es el caso de esta poderosa canción, que nos deleita con un riff de guitarra alucinante. Eran los últimos brillos de la banda, que iba en pleno declive, sin embargo, esta canción sigue siendo de mis favoritas.

18. "That's The Way" del álbum Led Zeppelin III (1970)


Esta vez sí nos encontramos con una canción campirana y sensible... por momentos. Ya que la energía del Zeppelin no se podía contener, sus canciones más íntimas aún tenían momentos de pesadez y de poder musical. No por ello deja de ser una canción muy bella.

17. "Whole Lotta Love" del álbum Led Zeppelin II (1969)


La canción que todo mundo conoce de Led Zeppelin, con ese riff inconfundible y ese ritmo irresistible. Esta canción resume en su totalidad todos los elementos que nos enamoran del rock, y específicamente, de Led Zeppelin. Mi único pero siempre será el interludio psicodélico, que no tiene mucho sentido de ser.

16. "In My Time Of Dying" del álbum Physical Graffiti (1975)


Extraída del último álbum colosal que grabó la banda, hace 45 años, esta canción es un poderoso tour de force bluesero, rockero, metalero y lleno de una emotividad que transita entre la crudeza y la potencia. Es una de esas canciones que, luego de llegar al final, nos hacen comprender el por qué de la grandeza de esta monumental agrupación. Ojo especial al gigantesco virtuosismo de John Bonham en la batería, que suenan como 10 baterías simultáneas.

15. "Heartbreaker" del álbum Led Zeppelin II (1969)



Uno de los riffs más disfrutables de la historia del rock, en una de las canciones más perfectas del género, y por supuesto, un hito del alcance de esta música en el inconsciente y el consciente colectivo. Muy pocas personas escuchan la canción sin encontrarle un gusto peculiar. Es casi una regla que aquel que le dedica minutos de apreciación a esta joya, la termina apreciando.

14. "Dazed And Confused" del álbum Led Zeppelin (1969)



De su primer álbum, tenemos esta increíble joya que hace honor a su título, y que en todo momento nos lleva por el camino del desconcierto. No por su rareza, sino por su ambientación tétrica y su cambiante sonido, bluesero a veces, rockero en otras, psicodélico incluso. La canción tuvo problemas de plagio en su momento. Ello no hace que la deje de amar ni siquiera un poquito.

13. "No Quarter" del álbum Houses Of The Holy (1973)



Esta maravilla contiene una serie de elementos fundamentales de la banda: una atmósfera mística, un riff muy pegajoso, y un poder rockero absolutamente disfrutable. Los efectos tanto en los teclados de John Paul Jones, como en la guitarra y en la voz de Robert Plant le dan un aire poco accesible a la canción, sin embargo, su perfección musical supera cualquier barrera.

12. "Rock And Roll" del álbum Led Zeppelin IV (1971)



El título lo dice todo. La canción es un poderoso rock and roll que en su letra guarda algo de nostalgia a los años del apogeo primigenio del género. Las guitarras  y las percusiones sostienen esta nostalgia en un ambiente netamente rocanrolero, disfrutable, poderoso y contundente.

11. "Houses Of The Holy" del álbum Physical Graffiti (1975)



En esta canción podemos percibir la madurez de la banda, en un tema bastante sobrio, sin excesos y sin destellos, con una base musical sólida y estable, desde luego adornada con un riff inolvidable, y la elegante voz de Robert Plant.

10. "Babe I'm Gonna Leave You" del álbum Led Zeppelin (1969)



Se trata de un maravilloso cover que la banda grabó para su primer álbum, que se podría catalogar como un folk metal, si es que cabe tal denominación. La canción es dramática por naturaleza, con suaves momentos folk que sin más se ven interrumpidos por el despliegue rockero inmisericorde (sin guitarras eléctricas, ojo) que crea un contraste drástico y, de alguna manera, perfecto.

9. "Black Dog" del álbum Led Zeppelin IV (1971)



Es la canción con la que se inaugura este histórico álbum, una canción de rock que cumple con los cánones de la banda. Riff maravilloso, poder inigualable, voz alucinante y un estilo semibluesero que a nadie nos disgusta. No podía empezar de mejor manera el que terminó por ser su mejor álbum.

8. "The Song Remains The Same" del álbum Houses Of The Holy (1973)



Luego de entregar su obra maestra, todo mundo estaba a la expectativa del siguiente álbum de la banda. Al escucharlo por primera vez, esta es la canción que nos da la bienvenida. Es una cachetada a las expectativas de la gente, una canción bastante enérgica, excesivamente positiva diría yo, más en su música que en su letra. Y sobre todo, es una maravillosa e inusual canción de Led Zeppelin.

7. "Immigrant Song" del álbum Led Zeppelin III (1970)



Una de las canciones más famosas de la banda, caracterizada por ese grito tarzanesco y el riff minimalista y protopunkero que es tan simple como pegajoso. La canción es un breve y contundente manifiesto rockero de la banda. Una canción única en el repertorio de la banda, y una súmamente influyente para agrupaciones futuras.

6. "Misty Mountain Hop" del álbum Led Zeppelin IV (1971)



Esta canción es tan peculiar que quizás es la única de todo el historial de la banda que se puede considerar como pop. De entrada tenemos unos sintetizadores que junto a la guitarra, hacen las veces de riff, seguido de una melodía inusual pero accesible en las voces, y una ambientación amable. Lo que hace a esta canción tan grande es su complejidad musical, poco perceptible, pero de altísimo nivel.

5. "Ramble On" del álbum Led Zeppelin II (1969)



Una exquisita canción, a mi gusto la más bella de toda la historia de la banda, deliciosamente campirana y con bellos detalles medievales, en ningún momento deja de ser rockero, gracias al estupendo estribillo en que la energía se despliega sin miramientos. El solo de guitarra con sonido celta es de una belleza inigualable.

4. "In The Light" del álbum Physical Graffiti (1975)



Si la anterior canción era hermosa en un sentido clásico, esta lo es en un sentido bizarro. Los aires hinduístas de la canción son desconcertantes, pero ciertamente de una belleza asombrosa. Luego la sección más convencional tiene un riff calmado, casi oculto, pero exquisito, y qué decir de la tercera sección, que a la postre habría de cerrar la canción. No es de las canciones más valoradas de la banda, pero sí es una de mis preferidas de toda la vida.

3. "Kashmir" del álbum Physical Graffiti (1975)



Una de las canciones más épicas de la banda, nuevamente con aires hinduístas, con una orquesta sinfónica y con una majestuosidad que en otras bandas sonaría pretenciosa, pero en Led Zeppelin está justo a la medida. Todo amante de la música debe conocer y amar esta majestuosidad sonora.

2. "Stairway To Heaven" del álbum Led Zeppelin IV (1971)



Sin duda alguna esta es la mejor canción de Led Zeppelin, una canción histórica, legado de los mejores años del rock como género y digno representante del arte de la humanidad como especie. Una gloriosa e inalcanzable canción dividida en secciones genialmente interconectadas entre sí, con una soltura y una delicadeza impecables, al grado de que las transiciones son suaves y definidas, y la canción que empezó como un  suave folk, terminó como un poderoso rock duro. No hay más, es la canción perfecta.

1. "The Battle Of Evermore" del álbum Led Zeppelin IV (1971)



Si bien, ya se estableció que la anterior es la mejor canción de la banda, esta es la que más me gusta. Es una auténtica epopeya, una canción folk que lejos de ser suave y delicada, es una batalla (como el nombre lo sugiere) que tiene aires medievales, no tiene ni una sola guitarra eléctrica, pero aún así, es mucho más épica que cualquier canción de la banda. La batalla entre las dos voces se ve acompañada de una serie de instrumentos de cuerda que sólo incrementan la epicidad y nos hacen alucinar de principio a fin. Mi canción favorita de Led Zeppelin.



Y finalmente, aquí la playlist en Spotify de este listado:

miércoles, 23 de mayo de 2018

La consolidación del Rock Duro: Led Zeppelin IV



¿Qué se puede decir sobre un álbum que es una leyenda por sí sola? Un álbum que marcó a generaciones, que sentó las bases para el desarrollo del rock duro, al que unos llaman rock pesado, o en inglés Hard Rock. Se trata de una de las obras más perfectas de toda la historia del rock, un álbum sin fallas y sin flaquezas, y en donde la media se sitúa en un punto muy alto, al grado de que todas las canciones son perfectas y supremas. Fue en 1971 que Led Zeppelin publicaría su álbum más trascendente y artísticamente superior de todos, uno que figura en las listas de los mejores de todos los tiempos, una joya obligada para todo aquel que se dice amante de la música.

Si bien, no es el único álbum histórico de la banda (la banda por sí sola ha colocado por lo menos otros 4 álbumes en esa lista de lo mejor de lo mejor, haciendo de ella una de las 10 bandas esenciales de la música contemporánea), sí que es el que más ha influenciado a generaciones, y uno de los que mejor se han mantenido en cuanto a frescura con el paso de los años. No se puede hablar de heavy metal, ni de sus múltiples derivados, sin hablar del cuarto (y oficialmente intitulado) álbum de Led Zeppelin.

La banda había comenzado su carrera de manera trepidante y contundente con sus dos álbumes de 1969, Led Zeppelin I y II respectivamente. Con esos dos álbumes les bastaba para ganarse un lugar en el olimpo del rock. Sin embargo no les bastó, en 1970 publicaron Led Zeppelin III, un álbum mitad rock mitad folk, que si bien no fue bien recibido en la época, sí se trata de uno de los álbumes más ricos en finas texturas musicales de la banda. Con todo esto, la crítica y los amantes del rock en general ya vaticinaban un declive en la calidad musical del cuarteto británico, y para 1971, año en que se publicó esta obra maestra, nadie esperaba lo gigantesco de ésta.

Así que imaginemos que estamos en los zapatos de un o una joven, amante del rock, que compró el disco por mera curiosidad, y lo coloca en su tornamesa para escucharle. Lo primero que escuchamos es la guitarra de Jimmy Page en "Black Dog" con una leve distorsión, seguida de la potente voz de Robert Plant cantando una melodía bluesera pero convertida a rock duro. Acto seguido, la entrada de los demás instrumentos, especialmente la guitarra de Page con ese riff inconmensurable nos volará los sesos de manera contundente e inexorable. La canción se mantiene en su estructura bluesera/hardrockera y nosotros nos quedaremos pasmados y enamorados del maravilloso sonido de esa guitarra, que jamás había sonado tan estridente y poderosa como en esta canción.

Estamos apabullados, y la siguiente canción será un segundo sacudidón a nuestros oídos y corazones, una canción míticamente titulada "Rock And Roll", y es eso, un rock and roll poderoso, delicioso, vertiginoso y majestuoso de principio a fin. El poderío de la batería de John "Bonzo" Bonham será el sustento perfecto para los pesadísimos riffs de guitarra, y la agudísima voz de Robert Plant nos va a estremecer en todo momento. Sí, amamos el rock and roll, y esta canción está aquí para demostrarlo. Amamos este rock and roll tan puro, tan esencial y tan fundamental.

Aún en este punto, nuestros oídos no están preparados para lo que se nos viene encima con "The Battle Of Evermore", una épica canción que para nada es pesada, es más, ni siquiera tiene guitarras eléctricas. Es una celta/folk/medieval canción acústica, eso sí, con toda la energía de Led Zeppelin pero transportada a un terreno que era desconocido para nosotros pero que nos enchina la piel desde que las voces de Plant y de Sandy Denny (quien añade majestuosidad a la canción) comienzan a alternar el protagonismo, mientras Page tocaba esa mandolina espeluznante que sobresale, y John Paul Jones, que normalmente se encargaba del bajo, aquí toca la guitarra de acompañamiento, con la misma emotividad que los demás participantes de la canción. El tema va subiendo y subiendo, hasta que llega a una altura tal que se colapsa en sí misma, y nos colapsa a nosotros emocionalmente al punto de las lágrimas. Es en este colapso que la banda se rehace para levantar la canción de los escombros, y entregarnos uno de los finales de canción más épicos y poderosos de la historia del rock. No hay palabras para describir los últimos dos minutos de esta gigantesca obra de arte.

Y hablando de obras de arte, en un álbum tan perfecto como este, que haya una canción que se destaque por encima de las demás significa sólo una cosa: se trata de una de las mejores canciones de la historia. Es el caso de "Stairway To Heaven", la mítica canción de la banda, el himno Zeppeliano, el monumento al rock más glorioso de la historia. La canción, claramente dividida en 4 partes, comienza de manera muy dulce con la guitarra de Page punteando, y el mellotron de John Paul Jones haciendo las veces de flautas armonizadas. Es innegable la belleza del inicio de la obra, pero es sólo el inicio. La segunda parte viene con una mayor estructura armónica, se añaden más guitarras acústicas, una eléctrica y el bajo. Bonzo está a la espera todavía. La segunda parte mantiene la belleza de la primera, pero con una melodía mucho más memorable en las guitarras, que hace las veces de coro, entre las épicas estrofas cantadas por Plant. Mientras la canción sigue en ascenso, en la tercera sección al fin aparece la batería, sin que ello signifque que la dulzura se haya ido; aún permanece como el corazón de la canción, y se mantiene entre el limbo de la suavidad y el poderío de las secciones anterior y posterior, respectivamente. Es muy obvio el momento en que la dulzura se despide de la obra, ya que es una ruptura musical muy clara, y que anticipa la epicidad de lo que se nos viene en la cuarta sección. Primero un solo de guitarra tan memorable y representativo del rock como las caderas de Elvis, la voz de Dylan o los labios de los Stones. La canción ya es un rock duro y en pleno ascenso emocional. Cuando Plant aparece con su voz endurecida, ya nos hemos dado cuenta de la magnitud de la obra que estamos escuchando, no sin antes dejarnos una referencia rocanrolera inevitable ("to be a rock and not roll"). Finalmente el silencio se apodera de la canción, y Plant recita la última línea de la canción ("and she's buying a stairway to heaven") la cual nos deja con uno de los finales de canción más ingeniosos y creativos de la historia, digno de un monumento musical como este.

¿Y qué hacer luego de 8 minutos de majestuosidad? Pues seguir en la tónica de excelentes canciones de rock, y eso es lo que la banda hace con "Misty Mountain Hop", una excéntrica y divertida canción, que en las estrofas juega un poco con la disonancia tonal, subiendo y bajando media nota, divirtiéndose con las posibilidades musicales, y haciéndonos gozar como pocas veces. Nuevamente la banda nos entrega una joya de canción que será imposible quitar de nuestra memoria, por lo melódica que resulta ser. Como elemento adicional, los fantásticos juegos de palabras a lo largo de toda la canción. Es un auténtico divertimento este tema.

Por su parte, "Four Sticks" es otra gran canción de rock, en la que la batería de Bonham es lo primero que se destaca en ella, debido a su complejidad, para luego escuchar el riff de guitarra (otro más, tan bueno como los demás)  que es el alma de la canción, pues no dejará de sonar en el fondo durante la mayor parte de la canción. Las estructuras armónicas no parecen brillar mucho, sin embargo son el elemento más destacable de la canción, pues debido a su excentricidad incrementa el nivel de complejidad para ejecutarlas y armarlas de la manera en que la banda lo hizo, especialmente en la parte de los coros, en la que el número de instrumentos se incrementa, y la ambientación musical de la obra pasa de ser simplemente rockera, a tener aires de epicidad y majestuosidad.

Dicen que todo álbum que se dice llamar clásico del rock, debe incluir por lo menos una canción acústica (regla que, como todas, tiene sus excepciones). En el caso de este álbum, "Going To California" representa este elemento ("The Battle Of Evermore" es tan monumental que rebasa las expectativas de una simple canción acústica). La base de guitarra nos remite al folk clásico neoyorkino de principios de los sesenta, mientras que la voz con eco de Plant hace de la obra una entrañable y deliciosa. La brevedad y frescura de la canción nos traen la calma necesaria en un álbum así de vertiginoso, y nos prepara para el poderoso final.

"When The Levee Breaks" es un poderoso blues rock de más de 7 minutos, con un poderío que, para ser blues, es para destacarse. Si bien  no se trata de rock duro como tal, sí se acerca bastante a éste debido a la fuerza de las guitarras y las percusiones. Además hay que añadirle el acertado elemento de la armónica interpretada por el mismo Plant, que nos remite al blues del norte de los Estados Unidos, principalmente el que se hacía en Chicago. Como buen blues, no tiene muchos cambios de ritmo, pero sí una emotividad que sobrepasa las expectativas, y que es perfecta para cerrar una obra maestra como lo es este álbum.

Luego de haber escuchado las 8 canciones, y de habernos dado cuenta de que todas son perfectas y magistrales, estamos convencidos de que el álbum se merece un lugar muy alto entre las listas de los mejores de todos los tiempos. La música sigue estando vigente, y las pruebas de su calidad siguen siendo lo suficientemente contundentes para evitar dudar sobre la naturaleza perfecta del álbum. Tan contundentes como la música misma, como el rock duro, y como la enorme influencia que la obra tendría en miles y miles de obras posteriores.