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sábado, 20 de febrero de 2021

15 temas icónicos de Nirvana (para mí)

 


Debido al aniversario del nacimiento de Kurt Cobain, en el cual hubiese cumplido 54 años de edad, decidí hacer esta lista de canciones que son fundamentales no sólo para mí como amante del rock, y que además conocí desde mi infancia, sino para el género mismo que, en su momento, se vio salvado, elevado y reinventado por este personaje tan frágil y tan icónico. Vamos entonces a ver estas 15 grandes canciones de Nirvana que, para mí, son fundamentales.

15. "Smells Like Teen Spirit"


La canción que detonó el movimiento grunge, que definió a la generación X y la canción que reinventó la escena musical. Es el mayor legado de la banda, sin lugar a dudas, y además, es una gran canción. Como es lógico, yo conocí a Nirvana a través de esta canción cuando iba en primaria, y desde entonces me sigue estremeciendo su genial contraste entre lo calmo y lo explosivo. 

14. "All Apologies"

Esta es, de hecho, la segunda canción de Nirvana que conocí, y de igual manera, se grabó en mi mente permanentemente. Una canción menos rockera que Teen Spirit, pero con el mismo contraste de intensidad entre las estrofas y los coros, sólo que esta vez orientado hacia la emotividad, y no hacia la agresividad. 

13. "Swap Meet"

Esta es una canción muy extraña, muy rara. A veces a Kurt Cobain le daba por "experimentar" con riffs raros, y este es uno de ellos. La canción es muy simple, pero desde que la escuché me pareció muy singular e ingeniosa. Además de ser poco conocida, es una de las canciones de su primer álbum, el oscuro y semi-metalero Bleach.

12. "About A Girl"

Me refiero a la versión en vivo del Unplugged, puesto que me parece mucho más limpia y emotiva que la versión de estudio. Es una de las incómodas (y escasas) canciones románticas que hizo Cobain en su breve e intensa carrera musical. Pero musicalmente es una exquisitez, con melodías que no sólo son accesibles, sino que son bellas.

11. "Aero Zeppelin"

Esta canción está más orientada al hard rock que al punk, con su riff de guitarra explosivo y perfectamente acompañado de las percusiones que son igualmente poderosas. La canción se grabó en 1988, pero no se publicó sino hasta 1992, en el compilatorio Incesticide. La primera vez que escuché la canción me quedé completamente boquiabierto, el despliegue rockero de poder es único. 

10. "Heart Shaped Box"

Una canción en apariencia tranquila, pero que en su falsa calma esconde una oscuridad y una crudeza deprimente que fue parte del sonido característico de In Utero, último álbum de estudio de la banda. El riff es tan sencillo como icónico, y la ruptura musical del coro es un elemento del cual Cobain se apoyaba en muchas de sus canciones. 

9. "Plateau"

Otra canción extraída del icónico Unplugged de 1994 (grabado a finales de 1993), esta vez un cover de los Meat Puppets a quienes Cobain admiraba en sus años de juventud. La versión es muy suave y muy bella, muy íntima, y muy ad hoc al ambiente creado por la presentación misma. La elección de los temas ajenos para esta presentación es inmejorable. 

8. "Serve The Servants"

Por alguna razón extraña, esta canción siempre fue mi favorita del In  Utero. Siempre que escuchaba ese álbum, repetía una y otra vez esta canción. Hay algo en ella que me captura y me encanta. El sonido es crudo, áspero y la rasposa voz de Cobain no desmerece en ningún momento. 

7. "Son Of A Gun"

El lado más punk de Nirvana se expresa en esta joyita, un cover de The Vaselines, otra de las bandas a las que Kurt admiraba. Desde el ensordecedor feedback con el que abre la canción, hasta el último rasgueo, la sencillez y melodicidad de la canción la convierten en una memorable desde la primer escucha. Los Ramones estarían orgullosos de escuchar su sonido replicado en esta pequeña maravilla.

6. "Where Did You Sleep Last Night?"

Último cover de esta lista, este tema además es el que cierra el Unplugged, es decir, la última presentación grabada en directo de la banda antes del lamentable suicidio de Kurt. La canción de por sí ya es desgarradora, y en la voz de Cobain, y luego de los hechos sucedidos en los meses siguientes, cobra mayor relevancia, y tiene un mayor significado emotivo. La desgarradora voz de Kurt. La despedida de Kurt. La muerte del grunge.

5. "Lithium"

Uno de los puntos altos de los años noventa es esta melódica canción. Con una estructura musical tan simple como efectiva, y con un sonido inconfundible de la guitarra y la voz de Kurt cantando un coro compuesto sólo por "yeah's", representando lo poco (y mucho) que tenía que decir la generación X, harta de los ochentas falsamente idílicos, esta canción es un auténtico referente no sólo del grunge, no sólo de la década de los noventas, sino del rock mismo como género y como movimiento cultural. 

4. "Polly"

Generalmente en un álbum de rock, la canción acústica es la que trae la paz, la estética, el lado más amable del artista. En el caso de Nevermind, segundo álbum de la banda, Polly es la canción acústica, y quizás se trate de la canción más sombría y oscura de la banda. La temática nos narra un secuestro a una chica, y la música acompaña a la perfección con notas graves y en escalas menores. 

3. "Aneurysm"

Otro de los grandes temas de la banda, aparecido de forma inédita en Incesticide de 1992. Es un tema con diversas secciones, entrelazadas de forma muy ingeniosa y conectadas entre sí por un crescendo caótico muy similar al de A Day In  The Life de los Beatles, sólo que en versión grunge. Para los que dudan del ingenio creativo de Kurt, escuchen esta joya.

2. "On A Plain"

A pesar de ser una canción de grunge, y a pesar de que su letra no es la más optimista, ni mucho menos, esta canción siempre me ha puesto de buen humor. Quizás es su simplicidad, quizás es su estructura ingeniosa, pero esta canción me alegra en el instante que la escucho. 

1. "Come As You Are"

Es la segunda canción más famosa de la banda, y es mi favorita indiscutible. Es melódica, es oscura, es extraña, es depresiva, es rockera, es innovadora. Todos los elementos de esta canción son llevados al punto artístico más alto, y ello hace que la canción sea, por mucho, mi canción favorita. El solo sonido de esa guitarra, modificado, acuoso, estruendoso, me cautiva inexorablemente.

lunes, 14 de mayo de 2018

Gish: el grunge que no era tan grunge



El álbum debut de los Smashing Pumpkins es uno de los menos valorados de las bandas de rock alternativo de los 90, cuando en realidad se trata de una obra digna de reconocerse, y de una piedra fundamental para géneros muy alejados del grunge, en específico el shoegazing. Si bien el álbum no es del todo shoegazing (a diferencia de su contemporáneo "Loveless" de los irlandeses My Bloody Valentine) sí retoma muchos elementos y características de éste, y las acopla al profundo sonido deprimente del grunge tan de moda en 1991.

Una de las grandes diferencias de los Smashing Pumpkins con respecto a las demás bandas grungeras de principios de los noventa es una que en apariencia no debería ser tan determinante: su origen. Mientras el grunge y sus bandas principales son de Seattle, los Smashing son de Chicago, y mientras el grunge se trataba de romper esquemas y destruir las construcciones musicales, a base de rebeldía y desenfreno, los Smashing, y en específico su líder, Billy Corgan, era un perfeccionista obsesivo en el estudio de grabación, llevando a su banda al borde de la ruptura apenas en la grabación de su debut. Corgan era un dictador musical, un tipo que se dedicaba a dar órdenes y a realizar el mismo trabajo una  y otra y otra y otra vez hasta que el resultado le satisfacía.

El mismo productor (nada menos que Butch Vig) tuvo problemas con esta obsesiva actitud de Corgan, por lo que había momentos en que abandonaba la sala de consolas y dejaba que el buen Billy se hiciera cargo de todo. Esto trajo como resultado un álbum sucio en apariencia, tan áspero como el grunge, pero con un poco más de atención, nos damos cuenta de lo pulido que está el sonido, lo meticulosa que fue la producción y la increíble sofisticación de las melodías y armonías, demasiado para ser un álbum grunge, un álbum debut y un álbum de rock incluso. Nada de esto frenó a Corgan, quien se salió con la suya y nos entregó uno de los álbumes debut más peculiares y distintivos de todos los 90.

La obra inicia poderosamente con las percusiones de Jimmy Chamberlin en "I Am One", antes de que el bajo y las guitarras irrumpan con el riff en una nota y media. Conforme avanza la canción podemos notar el trabajo de producción, con el uso de overdubs poderosos y una limpieza en las percusiones, que jamás se pierden detrás del grueso muro de guitarras que se antepone a todo sonido. La canción es compleja en estructura, no tiene las típicas estrofas ni un arreglo convencional, sin embargo, la enorme inventiva de James Iha, guitarrista principal, hace que la canción tenga sentido dentro de su anarquía estructural. Y la complejidad se incrementa con el espectacular segundo tema, "Siva", uno con un riff maravilloso y una sección rítmica impresionante. La canción es un headbanger por naturaleza, pero al mismo tiempo tiene una melodicidad memorable y un nivel de sofisticación poco ordinario. El primer solo instrumental, que llega en el seguno 35 de canción, con Iha en la guitarra y Chamberlin espectacular en la batería, es prueba de ello. La canción se vuelve misteriosa luego de un par de silencios un tanto incómodos, para luego estallar y culminar de forma poderosa. El poderío con el que inicia el álbum es destacable, de menos.

La que sin duda es la mejor canción del álbum, es la que le sigue a "Siva", es decir "Rhinoceros", un lento tema que es igualmente sensible, rockero y deprimente. Las guitarras aquí son las protagonistas de todo, desde el extraño arreglo a manera de coro con el que abre la canción, hasta el estupendo riff final con el que la canción, una vez que nos ha destrozado, abrocha de manera portentosa. Los altibajos emocionales son la médula de la canción, y la razón por la que es tan memorable y sobresaliente: un inicio lento y tranquilo, que de alguna manera termina ruidoso y catártico. La cima artística más alta de este álbum. Mientras tanto, "Bury Me" retoma un poco la dinámica del tema inicial, siendo un rock extraño, con un riff fantástico pero un nivel de emotividad no tan destacable. Luego de haber escuchado "Rhinoceros", nos costará un poco de trabajo retomar la dinámica inicial, y de hecho, no tendremos que hacerlo tanto, pues esta canción marca el final de la primera mitad del álbum, que será muy distinta a la segunda mitad.

Dicha segunda mitad se caracteriza por ser mucho más emocional que viril, y ello se nota de inmediato en la sensible y hermosa, pero nada rockera "Crush", una balada con un riff ascendente de bajo y una guitarra acústica que lleva el ritmo y la emotividad de la canción. La voz de Corgan luce por primera vez en el álbum, en específico en los coros en donde la levanta a alturas maravillosas. Luego de la breve y efectiva pieza acústica, aparece "Suffer", una canción oscura y tenebrosa, en la que las guitarras lucen pero no por su poderío, sino por su escalofriante ambientación. La música se vuelve sofisticada nuevamente, y los ecos del rock gótico hacen acto de presencia en ésta más que en cualquier otra canción. Nos vamos a estremecer en esta canción, tanto del misterio como del sublime sonido de las guitarras, y al final, un brillito de flauta dulce nos va a convencer de la grandeza de este tema.

Otra de las canciones más memorables del álbum es "Snail", un perfecto compendio de lo que la banda haría más adelante, en sus álbumes de madurez y legado. Se trata de un poderoso rock lleno de tristeza y melancolía. Cada nota, cada melodía y armonía, están puestos a propósito para derrumbarnos y sumergirnos en la gris naturaleza de la canción, y para llenarnos de una tristeza profunda y deliciosa. Es imposible resistirse a una canción así de emocional, que por momentos nos consiente y por momentos es cruel con nuestros sentimientos. El final de la canción, en donde se deja atrás la estructura y aparece la melodía de guitarra más memorable de la canción, es un despliegue rockero-emocional tan intenso y hermoso como pocos que haya escuchado. La manera en que Jimmy Chamberlin hace "llorar" a su batería es algo que no sabía que se pudiera hacer con dicho instrumento, y que áun me estremece al borde de las lágrimas.

Luego de esto podemos decir que el álbum ya se ha ganado un puesto en nuestra memoria, nuestra alma y corazón, sin embargo aún nos quedan 3 temas por escuchar. El primero de ellos es el poderoso y acelerado "Tristessa", uno con ecos al punk primigenio de la Gran Bretaña, pero con elementos de shoegazing y una depresión inherente a las rockerísimas notas. Luego de esto sigue la bizarra y extraña "Window Paine", una especie de experimento emocional que igualmente tiene sus altas y bajas emocionales, y que hacia el final termina rompiéndonos otra vez. El ingenio y creatividad de Corgan quedan expuestos en este increíble y raro tema, en el que no hay miedo a arrisgarse y a ir más allá de lo habitual. La última canción es la dulce "Daydream", cantada por la bajista D'arcy Wretzky sobre una base rítmica de guitarra acústica, y algunas cuerdas como adorno cerca del final. Un final suave y contrastante con el poderoso inicio del álbum.

Los Smashing Pumpkins pusieron distancia desde su álbum debut con el resto de bandas grunge de la época, y convirtieron un potencial clásico del grunge en un sofisticado y elegante álbum de rock alternativo. Se plantó la semilla de lo que harían en sus históricos y gigantescos dos álbumes siguientes, y se consolidaron desde ya como una de las bandas norteamericanas más importantes de la década que, en ese entonces, apenas comenzaba; una década histórica y por demás prolífica en la historia del rock.

jueves, 18 de mayo de 2017

Badmotorfinger: la contundencia sonora.



Si se puede mencionar a un álbum contundente, definitivamente Badmotorfinger es el que mejor se adapta a este calificativo, el álbum te golpea, te avasalla, te destroza y te zarandea de impresionante manera en todos sus cortes. A mi modo de ver, se trata del mejor álbum de Soundgarden, a pesar del éxito que tuvo su siguiente trabajo, el excelente aunque un poco más ligero Superunknown de 1994.

En 1992 la banda ya había grabado un par de álbumes anteriores, los cuales tenían un sonido poderoso y cuasi thrashero, pero fue hasta este álbum que supieron mezclarlo con sonidos un tanto más accesibles, sin perder su esencia metalera primigenia, y sin caer en facilismos comerciales. Tanto así que este álbum para muchos ha pasado desapercibido al momento de mencionar a los mejores álbumes de la década. La música aquí de hecho no es nada comercial, es dura y cruda, las guitarras ensordecedoras ahuyentan a los oídos domesticados de los amantes de lo comercial, las complejas estructuras musicales aturden y desconciertan a los headbangers empedernidos, la potente y virtuosa voz de Cornell ahuyenta a los que buscan sólo música deprimente que alimente su baja autoestima. Nada del álbum es atractivo para los que buscan pertenecer a una moda o a un status (incluidos los que escuchen el álbum luego de la muerte de Cornell, y salgan despavoridos con las notas iniciales de "Rusty Cage").

Repito, el álbum es un puñetazo en el pómulo, contundente como un martillo golpeando un clavo. No es para grungeros, ni para metaleros. Es para amantes de la buena música. Es cierto que la mezcla de grunge y metal pueda ser atractiva para algunos, pero el resultado no es nada de lo que un amante del grunge o un amante del metal esperaría. La banda aprovecha esto para dar un golpe de autoridad y establecer su verdadera premisa musical: las complejas estructuras musicales y los despliegues virtuosísimos de los intérpretes. Es cierto, estamos ante un álbum de alto nivel técnico, ante una obra perfeccionista de la interpretación y ante una cerebral y virtuosa exposición musical. Todo cubierto con los oscuros manteles del metal y del grunge.

Sus 58 minutos de duración no nos van a dar ninguna tregua, ningún instante de solemnidad o tranquilidad. No hay canciones "acústicas" que nos permitan recobrar el aliento, todo lo contario, "Rusty Cage" es potente, "Outshined" es cerebral y compleja con sus 7/8 de beat, "Slaves and Bulldozers" es una impresionante demostración del mejor rock pesado (en 6/8), donde la voz de Chris Cornell suena más perfecta que nunca, nos demuestra que es la mejor voz rockera de los últimos años. Con estos 3 temas iniciales debemos sentirnos aturdidos, demasiada energía, demasiados trancazos. "Jesus Christ Pose" es (quizás junto con "Hooker With A Penis" de Tool) la canción más contundente que yo haya escuchado en toda mi vida, no alcanzo a superar aún la potencia y la agresividad de la canción (sin usar la fórmula fácil de los metaleros para adolescentes, es decir, el constante uso de groserías y gritos esquizofrénicos). Las guitarras no están sobretrabajadas, ni la batería amplificada al triple, simplemente la música en su naturaleza, es contundente. Es, para mí, imposible imaginarme una versión acústica de esta canción. Es tan poderosa que no se le puede hacer versión acústica.

De ahí pasamos al speed metal de "Face Pollution", con sus pequeños pero impresionantes brillos de complejidad musical, el grunge de sepa de "Somewhere", la canción más accesible del álbum, con un sonido muy cercano a lo que harían en el ya mencionado "Superunknown" (es para destacar que, en un álbum como este, la canción más grungera sea la más ligera de todas); el homenaje fantástico a Black Sabbath y al mismo Ozzy Osbourne en la ascendente "Searching With My Good Eye Closed", la oscura y ominosa "Room A Thousand Years Wide", el auténtico deleite de principio a fin que es "Mind Riot", lo más cercano a una balada que encontraremos en el álbum (lo cual es maravilloso), otra muestra de complejidad rockera en la casi bluesera "Drawing Flies", la deprimente y pesada "Holy Water" y el oscuro y derrotista cierre en "New Damage".

Sin duda se trata de un trabajo único, nadie más hizo lo que Soundgarden logró en Badmotorfinger, una amalgama excepcional de sonidos duros y contundentes, mezclados con el sonido de moda pero sin el facilismo implícito de éste. El mayor legado de Chris Cornell, para quienes piensan que está al nivel de Scott Weiland, o de Layne Staley, nada más lejano de la realidad. Cornell se merece un lugar entre los próceres del rock noventero, y este álbum es la prueba de ello. Con el tiempo, estoy seguro que se le dará el justo valor a esta obra imprescindible de la historia del rock.


lunes, 24 de abril de 2017

La evolución del grunge: Siamese Dream



El grunge era un género musical de adolescentes inadaptados y rebeldes asimilando la crudeza de su vida, llena de abusos y carencias, y cuyo estandarte es la rabia hacia todo y hacia todos. Luego de una década de hair metal, este movimiento fue no sólo una propuesa innovadora, sino necesaria. Entonces llegó 1991 con Seattle como sede del movimiento y Nirvana como su puerta de acceso. Pero el gusto duró muy poco, pronto la juventud norteamericana (como siempre) se excedió en el concepto y lo quiso llevar a un terreno comercial y moldeador de mentes imberbes, y el género murió convertido en lo que más aborrecía en principio: un ente comercial. Pero el género encontró un grupo que, lejos de buscar enriquecerse económicamente, buscó la evolución artística del género, una banda que curiosamente, no era de Seattle, sino de la muy lejana Chicago, cuna del blues más experimental de los años 40, y que ahora vería nacer a los Smashing Pumpkins, quiener incursionaron en el "alternativo" en 1991 con su contundente e inmaduro "Gish".

En 1993 publican una de sus dos obras cumbres, "Siamese Dream" llevaba por nombre, y musicalmente era una evolución del grunge, llevando la ira y la angustia a terrenos mucho más complejos, musicalmente hablando, y de mayor madurez emocional, líricamente hablando ("I'll torch my soul to show the world that i am pure, deep inside my heart, oh... no more lies!" es una muestra de ello). La manera en que se componen las canciones en este álbum es diferente, se alejan un poco de las estructuras convencionales y combinan el grunge con experimentaciones sonoras y estructuras progresivas. Así, la banda reinventó el sonido alternativo y lo llevó a un nivel más arriba.

Es cierto que Billy Corgan, líder de la banda, se volvió loco buscando la perfección sonora, y sacando de quicio a sus compañeros de banda, gracas a sus 120 overdubs de guitarra (es decir, grabar la misma sección de guitarra hasta 120 veces para encimarlas una con la otra y así alcanzar un muro de sonido rockero y poderoso) o de grabar una canción en 60 o más tomas. El precio del arte a veces es la locura. Sin embargo los resultados los disfrutamos nosostros, y vaya que son dignos de destacarse.

Integrado por 13 grandiosas canciones, la música puede ser triste, angustiante, esquizofrénica, tierna, romántica y desesperanzadora por igual. Entonces de un inicio altamente poderoso con temas rockerísimos como "Cherub Rock" y "Quiet", pasamos a una pseudo-infantil y perturbadoramente anti-optimista "Today". Entonces entramos en un terreno de gran calidad artística. "Hummer" es quizás la mejor canción que hayan grabado los Smashing Pumpkins en toda su carrera. Una canción sin estructura, que fluye en emociones conforme avanzan los minutos, y que en su melancolía radica la ternura que nos puede llegar a inspirar. Y es que ese es uno de los grandes méritos de Smashing Pumpkins, tener la capacidad de hacer canciones tan pesadas y guitarreras que al mismo tiempo, en su intensidad rockeras, son tristes y nostálgicas, y nos ponen de un ánimo deliciosamente gris y melancólico. "Hummer" es el pináculo, la cumbre máxima de este concepto musical. Al final de la canción quedaremos maravillados ante tanta genialidad, tan efímera pero tan satisfactoria, e incluso, con la hermosa sección final, llegaremos al punto de las lágrimas. Una obra maestra de canción.

Otra grandiosa canción a destacar, en la misma línea rockera-melancólica es "Rocket", una canción de derrota y de esperanza al mismo tiempo, un juego interno con nuestras emociones, que nos llevan de la angustia al despertar, representados por ese estremecedor solo de guitarra de mitad de canción, una oda a la libertad interna, una explosión espiritual de rompimiento de ataduras perfectamente representados en la línea climática de la canción, gritada a los cuatro vientos: "I Shall Be Free!". Por este par de canciones, todo el álbum vale la pena, sin embargo, no podemos ningunear la calida de canciones como la emotiva "Disarm", la entrañable "Space Boy", la esquizofrénica "Geek U.S.A.", la ultra-experimental "Silverfuck", la breve y deliciosa "Sweet Sweet", la desgarradora "Mayonaise", la espectacular, gigantesca incluso "Soma" o el hermoso y romántico cierre que es "Luna". Todas absolutamente bellas, tristes, nerviosas, angutiantes y artísticamente enormes.

Entonces, el álbum se trata de una cumbre del grunge, un eslabón hacia otros sonidos que habrían de explotar en su genial álbum siguiente, y que para el infortunio de todos nosotros, poca gente habría de comprender y asimilar, y la expectativa de escuchar hasta dónde podía llegar este nueo sonido, habría de desvanecerse en poco tiempo. El testimonio de que algo grande se estaba gestando está aquí, en éste bello álbum, y en su sucesor. Una representación de la dirección que pudo tomar el rock, algo novedoso y prometedor.

Aún no es demasiado tarde, aún alguien podría escuchar este álbum, continuar el legado e inspirarse en crear un sonido original, algo novedoso que no se haya escuchado antes, innovar como no se ha hecho en los últimos 20 años musicales. Inventar el hilo negro que, por Dios, que nos hace falta a los amantes de la música.