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viernes, 4 de mayo de 2018
Mi vida musical
Todos tenemos una pasión, un elemento en nuestras vidas que nos llena de alegrías y de emociones profundas, que además enriquecen nuestros días y los pueden transformar en algo memorable. En mi caso es la música. Yo amo la música desde hace muchos años, y desde antes de tener consciencia y criterio propio, ya era un melómano en proceso de formación. Mi más lejano recuerdo musical fue en una tienda de conveniencia, en la época en la que mi familia y yo vivíamos en la ciudad de Puebla, en la colonia Bosques de San Sebastián. Sonaba una canción del grupo pop mexicano Maná, que si mi memoria no me falla, se titulaba "Perdido en un barco". No fue algo que me cautivara, tenía apenas 2 o 3 años de edad, sin embargo, tuvo el suficiente impacto en mí como para que al día de hoy siga recordando tal suceso.
A lo largo de mi vida, hubo 3 personas que influyeron determinantemente en mi gusto por la música. La primera de ellas es mi madre, una mujer musical en todos los sentidos, sin un género preferido en particular, lo mismo podía gustar de una bella canción de rock que de "Vuela, vuela" de Magneto. De ella aprendí el hábito de escuchar música para animar alguna actividad que estuviese haciendo, además desde luego, de conocer a los Beatles. Como Beatlemana que es, conoce gran parte de las canciones de tal agrupación, y de ahí viene mi gusto por el famoso cuarteto de Liverpool. También gracias a ella conocí a agrupaciones como los Doors, Creedence Clearwater Revival, Rolling Stones, Simon & Garfunkel, o a solistas como Elton John, Bob Dylan, Eric Burdon, Janis Joplin, entre otros. Y por otro lado, conocí mucha música popular de su gusto, como el ya mencionado Magneto, Laureano Brizuela, Luis Miguel o el propio Maná. Todo me gustaba, por el hecho de ser música.
La segunda persona que influyó en mí en un sentido musical fue mi hermano mayor, Arieh, quien me enseñó a analizar la música, encontrar detalles en ella que multiplicaban su valía. Esto principalmente en los Beatles, en los que él puntualizaba en detalles como las armonías que John y Paul hacían con sus voces, casi jugando, o el sonido de la guitarra de acompañamiento, que no se escuchaba de primera instancia. Él analizaba la música a un nivel más profundo, lo que me llevó a hacer lo mismo, y encontrar joyas escondidas y desapercibidas dentro de las canciones que todos conocían. Además me enseñó el amor al rock, al sonido de las guitarras y las melodías rockeras. Así fue que se filtró un poco mi criterio, y me orientaba más hacia la música de rock. Gracias a él conocí a bandas como Bon Jovi, Def Leppard, Nirvana, Guns n' Roses, y una de mis favoritas hasta estos días: Oasis. El rock era ya mi género favorito.
La tercer persona que influyó en mi gusto musical fue mi hermano Diego, quien además de compartir gustos musicales conmigo, me mostró el lado más experimental, alternativo, original y osado del rock. Desde las bandas de nü metal clásicas, como Limp Bizkit y Korn (que en 1998 eran alternativas) hasta música exquisita y de mayor finura, como Sigur Rós, Pink Floyd, Flaming Lips, y la banda decisiva en mi formación de un criterio musical: Radiohead. Además, él era proveedor de una fuente inagotable de conocimiento musical; cada mes, sin falta, compraba la revista "La Mosca en la Pared", la cual hablaba de rock, jazz, y demás géneros musicales. Así que en definitiva, Diego me dio el empujón que me faltaba para atreverme a explorar música nueva por mi cuenta, y determinar si me llenaba o no. Uno de los mejores recuerdos que tengo con él en cuestión musical, era el de escuchar el disco "Toxicity" de System Of A Down, de principio a fin en la sala donde mis papás tenían sus juntas nocturnas del grupo al que asistían.
A partir de ahí, dado el amor que le tengo a la música, y dada mi fascinación por conocer la historia de las cosas que me gustan, he escuchado más música de décadas anteriores que actual, y fue de esta manera que encontré una de mis mayores pasiones, dentro de mi pasión principal que es la música: el rock progresivo. Todo comenzó desde luego por los discos de Pink Floyd de Diego, y a ello le siguió mi interés en un artículo de la revista "La Mosca" en una de sus secciones más memorables, que se llamaba "La nueva música clásica", en donde venía reseñado un álbum llamado "Trilogy", de una banda de la que no había escuchado jamás, Emerson, Lake & Palmer. Decidí descargar el disco y escucharlo, y si he de ser honesto, no me cautivó en la primer escucha. No estaba acostumbrado a tantos sintetizadores obsoletos. De inicio me pareció música de videojuegos de 8 bits.
Pero sin duda algo removió en mí esa música, que me hizo volver a escucharla una y otra vez, hasta que finalmente me enamoré de ella, y obviamente, investigué más sobre este tipo de música, en un proceso que resultó ser uno de los más disfrutables de mi vida. Todas las noches iba yo al café internet para descargar y escuchar música viejita que para mí era completamente nueva, era algo mágico. Cada noche algo nuevo. Una vez fue Genesis, otra fue Yes, otra fue Camel, y así sucesivamente con cada una de las bandas míticas de este bello género. Era una época en la que la alta calidad de audio eran 196 kbps, y en la que un internet veloz descargaba un álbum de 54 Mb en 15 minutos, a unos 50 o 60 kb/s. Así que en una sesión de dos horas, de a $10 cada hora, me descargaba unos 4 o 5 discos, que guardaba en mi USB de 1 Gb y el resto de la semana me dedicaba a escuchar esos discos hasta que el café internet cerraba. Por último, compraba 5 cd's vírgenes de a $4 cada uno, y abría el programa Nero para quemar los discos, y así sentir que ya eran completamente míos. Una maravilla.
No había un límite, el progresivo parecía no acabarse nunca. Descubrí progarchives.com, donde descubrí listas interminables de lo mejor del género. Todo lo que veía en inglés, lo descargaba y lo escuuchaba. Aún tenía cierta aversión por los idiomas ajenos a los que conocía. Hasta que un día, luego de verlo en la parte más alta de muchas listas, decidí descargar y escuchar un álbum en italiano, llamado "Storia Di Un Minuto" de una banda que sólo aparecía como PFM. Ahí sí me enamoré de inmediato. Algo tuvo esta música que me llenó instantáneamente, y sucumbí ante las mieles del progresivo italiano. Decidí buscar álbumes en idiomas extraños, y encontré bandas españolas (Canarios, Imán Califato Independiente, Triana), francesas (Morse Code, Magma, Ange), alemanas (Can, Kraftwerk, Neu, Amon Duul, Tangerine Dream, Klaus Schulze), polacas (Marek Grechuta, SBB, Czeslaw Niemen), holandesas (Focus, Thijs Van Leer), suecas (Anglagard, Samla Mammas Manna), belgas (Cos), japonesas (Flower Travellin' Band), argentinas (Spinetta, Charly García), pero sobre todo, italianas.
Todas sonaban muy bien, algunos de mis álbumes favoritos son de estas bandas no-inglesas. Tal es el caso del "Mëkanïk Dëstruktïẁ Kömmandöh" de Magma, el "Slovenian Girls" de SBB, el "Ege Bamyasi" de Can, el "X" de Klaus Schulze, el "Phaedra" de Tangerine Dream, el "Moving Waves" de Focus, el "Kórowod" de Marek Grechuta, el "Maltid" de Samla Mammas Manna, o el "Au Dela Du Delire" de Ange. Pero algo tenían los italianos que me cautivaban de inmediato. Su romanticismo, su ascendencia clásica, sus raíces musicales, su cultura. Todo en conjunto me enamoró de la música italiana, del progresivo italiano que entregó muchísimas obras, y que aumentó la magia de buscar y encontrar música excitante y deliciosa. Fueron años los que estuve completamente inmerso en el rock progresivo, en los que de día y de noche era rock progresivo. Desde luego que esa etapa pasó, sin que ello signifique que ya no me gusta el prog rock, al contrario, creo que ahora me gusta más.
Pero también me dediqué a conocer al rock, a sus raíces: el blues, el jazz, el gospel, el country. Conocí el post punk, otro género del que me enamoré. Así como el brit pop en su versión más extendida. El nacimiento del indie, el glam setentero, el art rock, el alternativo ochentero, el rock gótico, el new wave, los maravillosos álbumes psicodélicos de los años sesenta, el garage, y el reciente indie.
Tengo en mi computadora más de 11 mil canciones, y estoy consciente de que me faltan algunas más. En mi teléfono tengo las de ley, las infaltables, por lo que el número se reduce a apenas cerca de 3500 (je). La música de hoy en día no me apasiona, pero sigo escuchándola, y disfrutándola hasta donde ésta me lo permita. Tampoco quiero ser un nostálgico musical, de esos que dicen que "ya no se hace música como antes" (por más de que esa aseveración sea evidentemente cierta, y hasta obvia). Es cierto que el rock está en peligro de extinción, pero también es cierto que todo lo que sube tiene que bajar, y eventualmente tenía que sucederle al rock. Si el barroco del siglo XVIII o el romanticismo clásico del siglo XIX también llegaron a su fin, ni modo que el rock no lo haga. Lo que nunca se acabará será la música, pues es una virtud tan humana como el amor.
Todo este escrito es una celebración a mí mismo, por llegar a los 30 años de vida, y por el impacto que la música ha tenido en mí durante todos estos años. Felicidades a mí.
martes, 31 de octubre de 2017
Fuente de Inspiración
¿De dónde nace la fuente de inspiración para un artista, para crear una obra magna o una obra mediana, o hasta una obra menor? ¿Cuál es el origen de todo ese derroche de talento que sólo unos pocos tienen, y que a tantos miles, o incluso millones, logran estremecer a lo largo y ancho del orbe? Y me refiero a gente que en verdad es creativa, llámese escritores, pintores, cineastas, fotógrafos, y por supuesto, músicos.
Desde luego que debemos considerar las experiencias de vida como uno de los principales orígenes de las mayores obras de la historia. Sin embargo, experiencias de vida todos tenemos, pero no todos tenemos (y quizás jamás tendremos) una obra magna que llegue a cientos, miles o millones de corazones, sentidos y almas.
De cualquier manera, ahí están miles de ejemplos, aún centrándonos en uno solo de los rubros antes expuestos, y que es principal razón de ser de esta suerte de blog: la música. Tenemos ejemplos muy obvios, como los Beatles o Bob Dylan (a mi gusto, los dos máximos exponentes de la música contemporánea a nivel artístico y popular), sin embargo hay muchos otros que son menos conocidos, pero no por ello menos valiosos.
Por poner algunos ejemplos, lo que hizo My Bloody Valentine con el excepcional "Loveless" de 1991, lo que hizo Sufjan Stevens con el imprescindible "Illinoise" de 2005, la explosión sonora igualmente rockera y melancólica de los Smashing Pumpkins en su destellante "Mellon Collie and the Infinite Sadness" de 1995, entre muchísimos otros.
La fuente original de donde nacieron esas y otras obras trascendentales y fundamentales en la vida no sólo de la música como arte, sino de la concepción del arte en millones de personas, se encuentra en los cerebros de los genios, los creativos detrás de estas magnas obras. Sus vivencias, su perspectiva única de las cosas y su innegable talento nato se combinaron de manera perfecta para regalarnos obras de altísimo nivel, y llenar nuestras grises vidas de brillos sonoros que nos hacen empatizar con sus emociones, sus dolencias y frustraciones, tales como las que muchos de nosotros tenemos pero no sabemos expresar con claridad.
En cierta manera, supongo que todos tenemos una fuente de inspiración para hacer cualquier cosa. Sin embargo, la fuente de inspiración para hacer un automóvil (por poner un ejemplo), en la que se requieren más conocimientos técnicos que inspiración artística, no se puede comparar con la inspiración de (por poner otro ejemplo) Frank Zappa, quien parecía tener una fuente de inspiración inagotable, de la cual se originaron más de 70 obras originales llenas de música delirante, y de las cuales por lo menos 10 son absolutamente brillantes.
Y ello me regresa a mi cuestionamiento inicial: ¿De dónde nace dicha inspiración? Quizás ni ellos mismos lo sepan, pero de que tenemos mucho que agradecerles, de ello no cabe ni la menor duda.
martes, 3 de octubre de 2017
De regreso
Para quienes regularmente leían este blog, les pido disculpas por el repentino abandono. El blog revive, con algunos proyectos interesantes que con el tiempo podrán conocer. Espero y les guste.
lunes, 10 de julio de 2017
Elementos de análisis musical
La manera en que cada quien escucha la música, ciertamente es diferente, única y característica de la unicidad que todos por naturaleza poseemos. La apreciación del arte es por necesidad un acto de subjetividad, como la mayoria de los análisis que hacemos en nuestras vidas. Sin embargo, todos sabemos que obras como la Mona Lisa de Da Vinci, La Piedad de Miguel Ángel o la Novena Sinfonía de Beethoven son obras artísticas de calidad incuestionable, y de una trascendencia histórica prácticamente inigualable. La aceptación universal de estas obras como monumentos a la historia del arte también pone en tela de juicio la subjetividad de la opinión. Claro, se trata de obras supremas, pero cuanto menos populares son las expresiones artísticas, más borrosa se hace la línea del arte y las burdas expresiones pseudo-artísticas.
En el terreno de la música, además de la mencionada novena de Beethoven, obras como la Pasión de Bach, el Réquiem de Mozart, las Cuatro Estaciones de Vivaldi o el Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, entre otras, son obras musicales de aceptación prácticamente universal, y es justo en este nivel de obras, que yo encuentro un patrón de conducta no tan visible en obras menos vistosas, aunque de muy buena calidad también. Qué pasa si alguien menciona que le "aburre la música clasica", o bien, que es muy buena música "para relajarse", o "para dormir". Lo único que se demostraría es que, más allá de la obvia incomprensión de la música como tal con sus elementos fundamentales, se estaría cayendo en el terreno de la ignorancia, no como un motivo de ofensa, sino como una razón para apreciar de tan paupérrima manera las obras musicales. Si esta situación la llevásemos a un terreno más convencional, podríamos deducir que, hoy en día, la subjetividad tiene más que ver con la ignorancia que con la independencia de razonamiento.
Ejemplos de esto podrían ser dos extremos diametralmente opuestos que se presentan con tanta frecuencia, que ya parecen ser un reflejo natural de la conducta de las personas. El primero es cuando se le pregunta a alguien su tipo de música favorito, y su respuesta es "de todo un poco". Una vez que afirma ser capaz de encontrar gusto a todo tipo de música, se le presenta música no tan convencional, como por ejemplo el álbum "Tago Mago" de la banda alemana de krautrock Can y, obviamente, dice no gustarle. Más allá de si conscientemente y con razonamientos lógicos argumenta su disgusto por el krautrock, su desdén tiene más que ver con su desconocimiento de dicha corriente musical. Y para cerrar con broche de oro, la frase de cajón incuestionable y sacrosanta con la que disculpa y se enorgullece de su falta de conocimiento, "en gustos se rompen géneros".
Es por ello que sería importante conocer los elementos de análisis musical en su nivel más teórico, que sirvan como herramientas base para un análisis posterior, individual y subjetivo, pero con razonamiento fundamentado. Es importante comprender que la música es la conjunción de 3 elementos, los cuales nunca deberán faltar en una expresión que pretenda ser artística: armonía, melodía y ritmo. Es decir, si yo, con mis dedos hago un sonido rítmico en la mesa o escritorio, estoy creando un ritmo, sin embargo, no estoy creando música, puesto que no hay melodías y armonías que sustenten mi expresión como tal. El ritmo es eso, la frecuencia numérica con que se mantiene un sonido, manteniendo coherencia y constancia. El ritmo es el sustento por ejemplo, del baile, aunque no es exclusivo un elemento con respecto al otro. Obras en ritmos complejos son imposibles de bailar, sin embargo, la frecuencia numérica del ritmo tiene sentido, y en su complejidad, mantiene una coherencia razonable, por lo que se mantiene en su estándar musical.
La armonía es la correcta conjunción de sonidos, que sean agradables, coherentes y expresivos, y que vayan de acuerdo con el ritmo. Si por ejemplo, en una canción de repente sonara un zumbido, o un estruendo que no tuviera ningún sentido con la temática de la canción, se estaría alterando la música. Así mismo, la correcta elección de instrumentos para interpretar alguna canción, es fundamental para incrementar o disminuir su calidad artística. Una cumbia metida en una canción de rock, no necesariamente es inaudible, pero ciertamente la mezcla de elementos sin sentido ni conexión cultural disminuye la calidad de la expresión musical. Es decir, se atenta contra la armonía musical.
Por último, la melodía es el alma de la música, todas las emociones y sentimentos, que van de lo sublime a lo grotesco, dentro de lo estrictamente humano y noble, se transmiten a través de las melodías de una canción, sonata o sinfonía. La originalidad y expresividad de las melodías es funndamental para alcanzar la gloria en el plano artístico. ¿Qué sería de la novena sinfonía de Beethoven sin esa melodía gloriosa que aparece en el último movimiento? Esta melodía es la más memorable de la historia de la humanidad, y es debido a que está tan bien hecha, que transmite múltiples emociones no sólo a los oídos o al cerebro de quienes le escuchan, sino a sus almas y corazones mismos. Aquí se evidencía la importancia de la melodía en la música. Cierto, si analizamos dicha obra, el ritmo jamás se pierde, y las armonías son fundamantales para alcanzar el éxtasis sonoro que todos hemos escuchado, pero el alma de la obra, es la melodía. Reitero, originalidad y expresividad. La misma melodía de siempre no funciona, el mismo sonsonete en cada canción no funciona.
Una vez comprendidos estos elementos, una vez que asimilamos la importancia de cada uno de estos, ahora sí, podemos analizar la música, podemos ser subjetivos y desechar obras no por desconocimiento o ignorancia, sino con conocimiento de causa y con elementos fundamentados que sustenten nuestra sagrada subjetividad. De nosotros dependerá el incursionar en expresiones musicales mucho más complejas (como el jazz) o disfrutar las mieles de las expresiones más simples y destellantes (rock, pop, blues). Ahora sabemos por qué el reggateón es tan vilipendiado por críticos y conocedores; se trata de sólo ritmo, con armonías horrorosas (gritos y percusiones primitivescas) y una ausencia de melodías, o melodías tan burdas como poco creativas. Ahora sabemos en qué radica la aceptación universal de las obras mencionadas al principio de este escrito.
Para finalizar, una pequeña muestra, una serie de vídeos que cada quien, ahora con conocimiento de causa, podrá juzgar sobre cuales se pueden aceptar como expresiones artística, y cuales no.
lunes, 3 de julio de 2017
Peculiaridades
Los seres humanos somos extraños, únicos y excepcionalmente irrepetibles. Sin embargo todos buscamos pertenecer a un grupo mayor, por instinto incluso. Nos volvemos capaces de eliminar o intentar eliminar esos razgos tan únicos que os diferencían de los demás, y pretendemos encajar por fuerza en alguna masa, sólo para ser parte de ella.
A mí me gustan mis peculiaridades, pero lo mío va más allá de ser distinto y defender mi unicidad. Pero más allá de si lo mío es raro o no, a mí me gusta pertenecer a grupos, mi familia siendo el principal ejemplo de ello. Pero, ¿qué es lo que hace que funcione mi pertenencia a un grupo, si no soy similar a casi nadie de los miembros? Pues que yo respeto, y que se me respeta. Y es que casi nadie quiere respetar, porque de ser así, todos podríamos partenecer a todos los grupos, sin miedo a que se nos excluya, se nos relegue o se nos aparte del núcleo social de dicho grupo.
La verdad es que nadie acepta a otros tal cual, y por ello se generan las distinciones, y por miedo a ellas, es que decidimos renunciar a nosotros mismos, y hallamos la vacía satisfacción de compartir gustos, preferencias, actitudes y hasta valores que no son nuestros en verdad. Es eso precisamente, el vacío de vivir en una soledad voluntaria, y en una compañía de cartón.
¿En dónde queda nuestro real yo? Eso casi nadie lo sabe. Todos vivimos en el autoengaño de que "así soy", porque es más fácil creer que somos ese ente que pertenece por pertenecer.
Imagino cómo sería una vida de diversidad humana, casi una utopía. Sorpresas incontables en cada esquina, en cada salón de clases, en cada empleo, en cada persona que uno se topa. Ni modo.
A mí me gustan mis peculiaridades, pero lo mío va más allá de ser distinto y defender mi unicidad. Pero más allá de si lo mío es raro o no, a mí me gusta pertenecer a grupos, mi familia siendo el principal ejemplo de ello. Pero, ¿qué es lo que hace que funcione mi pertenencia a un grupo, si no soy similar a casi nadie de los miembros? Pues que yo respeto, y que se me respeta. Y es que casi nadie quiere respetar, porque de ser así, todos podríamos partenecer a todos los grupos, sin miedo a que se nos excluya, se nos relegue o se nos aparte del núcleo social de dicho grupo.
La verdad es que nadie acepta a otros tal cual, y por ello se generan las distinciones, y por miedo a ellas, es que decidimos renunciar a nosotros mismos, y hallamos la vacía satisfacción de compartir gustos, preferencias, actitudes y hasta valores que no son nuestros en verdad. Es eso precisamente, el vacío de vivir en una soledad voluntaria, y en una compañía de cartón.
¿En dónde queda nuestro real yo? Eso casi nadie lo sabe. Todos vivimos en el autoengaño de que "así soy", porque es más fácil creer que somos ese ente que pertenece por pertenecer.
Imagino cómo sería una vida de diversidad humana, casi una utopía. Sorpresas incontables en cada esquina, en cada salón de clases, en cada empleo, en cada persona que uno se topa. Ni modo.
lunes, 15 de mayo de 2017
La música popular.
La música es, sin dudas, un arte que expresa de manera muy sutil y bella las distintas emociones y virtudes del ser humano. A través de los siglos, de los milenios incluso, el ser humano ha sentido esa imperante necesidad de expresar con sonidos alguna emoción que le abruma, como la alegría o la tristeza. Desde el hombre primitivo, se desarrollaron instrumentos sonoros, principalmente de percusiones, para generar emociones y contagiarlas a sus compañeros de tribu y, ya sea para despedir a un ser querido, para celebrar una victoria o para prepararse para las batallas, siempre la música fue el método o el conducto que se usó para transmitir un sinfín de sentimientos de manera precisa y en un metalenguaje que sólo los humanos podemos entender.
Con el pasar del tiempo, el ser humano evolucionó, y la música también lo hizo. El pináculo de esta evolución llegó a principios del siglo XVIII, con la aparición del primer gran genio musical del que se tenga registro: Johann Sebastian Bach. Un músico que influenció, y sigue influenciando a artistas de todo el mundo, de todas las edades y de todas las razas, y esto se debe gracias a que su capacidad y su talento para expresar emociones de manera tan perfecta y sutil, han llegado a los oídos y a los corazones de todo quien le haya escuchado con el alma. Después le siguieron otros músicos gigantescos, y la música siguió su curso evolutivo natural.
En la historia contemporánea podría mencionar otro punto de inflexión histórico que, al igual que la aparición de Bach en el panorama, cambió para siempre la manera de hacer, de escuchar y de comprender la música. Me refiero a la aparición de la música popular. Cierto es que el concepto de música popular existe desde hace siglos y siglos, y siempre fue considerada como una forma vulgar de expresión musical, una vacuidad artística para los menos agraciados y una diversión para los incultos. Pero la música popular mezclada con arte que apareció a mediados de los sesenta con los Beatles, detonó la exposición de este tipo de música y la hizo el principal modelo de expresión musical, hasta nuestros días. Ya nadie se preocupa por escribir óperas, grandes sinfonías, sonatas o incluso misas, como se hacía con la música culta. Incluso, los músicos de hoy no buscan ser multiinstrumentistas, sabrán tocar un instrumento y conocerán las bases de otro más, pero hasta ahí. No son capaces de componer una obra para piano, otra para violín, otra para guitarra y otra para oboe, ni mucho menos una obra para una orquesta completa.
La música popular de hoy dictamina que un guitarrista puede componer canciones para guitarra, y quizás para piano, y con los arreglos de otros 3 o 4 instrumentos ya puede tener una canción, una pequeña obra de estructura simple y de no más de 5 minutos de duración. Las masas de hoy se han acostumbrado a este modelo simple de expresión musical. Y este hecho como tal, no es de ninguna manera negativo o dañino. Puedo nombrar a una centena de artistas o grupos que han hecho maravillas musicales con este concepto simplista de creación musical. Personajes que han labrado su nombre en el olimpo musical con su enorme talento y capacidad sobrehumana.
Pero también es cierto que, con este concepto musical popular, es mucho más fácil encontrar música desechable y reafirmar la idea que por centurias se tuvo de la música popular: que es una forma vulgar de expresión musical, una vacuidad artística para los menos agraciados y una diversión para los incultos. Y es que es cierto, la gran mayoría percibe a la música como un elemento de "diversión", alimentado en gran parte por otra necesidad primitiva del ser humano: bailar. Bailar es divertido, si la música es divertida. Con esto no trato de menospreciar el valor del baile, ni trato de ningunear su trascendencia como bálsamo contra las adversidades de la rutina diaria. Pero dentro de la música "bailable" o "divertida" también hay distinciones; no es lo mismo la música "swing" que el reggaetón, por poner un ejemplo. No es lo mismo el danzón que la música de banda, por mencionar ritmos latinos.
Otro factor determinante es el bajísimo estandar de calidad que las masas aceptan en estos días. En otras épocas la gente abucheaba las malas composiciones, la gente criticaba a Beethoven por su drástico cambio estilístico. Hoy en día es aceptable que una misma canción, con sólo cambiarle la letra y alterar mínimamente algunas secciones melódicas, se repita en sí misma diez o quince veces, y que incluso estos autoplagios sean exitosos. La cumbia, la salsa, el hip-hop, todas las canciones de estos géneros suenan exactamente iguales una de la otra. Y es aceptado. Y es vitoreado.
La detonación de la música popular ha caracterizado a por lo menos 3 generaciones, para bien y para mal. Yo en lo personal, me quedo con el blues, el rock, y sus derivados, que creo son lo más cercano a una expresión artística plena y genuina. Pero con ansias espero a alguien que cambie el panorama, que haga regresar a la música popular al lugar que le corresponde, y que nos permita volver a apreciar a la música como una expersión plena de las virtudes humanas, y no como un medio para divertirse y "pasarla bien".
lunes, 8 de mayo de 2017
¿Norteamericanos o británicos?
Los dos países con mayor cantidad y calidad de exponentes musicales contemporáneos son sin duda Estados Unidos y el Reino Unido. De ambas naciones han surgido artistas únicos e irrepetibles, los cuales han hecho un aporte inmenso a la música y a nuestra percepción y comprensión de la misma. También es cierto que de ambas naciones han surgido pseudo artistas deplorables y pretenciosos que no aportan nada, y que sólo funcionan a nivel masivo para idiotizar a la juventud fácilmente manipulable, y con ello incrementar el dinero en los bolsillos de los ejecutivos de disqueras. Pero en estos últimos no nos enfocaremos hoy.
De Estados Unidos podemos decir que fue aquí donde se gestó y se inventó el rock n' roll, gracias a sus maravillosos precursores como el blues, el gospel, el jazz, el rythm and blues, el ragtime, entre otros. Y esta gestación existió desde la época de la esclavitud norteamericana, desde los días de las plantaciones de algodón y la supremacía de los blancos sobre los negros. Entonces fueron casi 100 años de inventar y desarrollar géneros que en nada tenían que ver con lo que en esos días hacía Franz Liszt, Friedeich Chopin, Modest Mussorgsky, entre otros en Europa, géneros que tenían un alma y una identidad propia, llenos de dolor y angustia, de pérdidas y de añoranzas, y que fundamentaron el rock que hoy en día gozamos.
Por otro lado, del RU tenemos a los artistas que perfeccionaron y que afinaron los sonidos rústicos y rasposos norteamericanos, y pulieron la manera de componer canciones. Así, la llamada invasión británica de los años sesenta fue fundamental para la concepción que se tiene hoy en día del género, y de la manera en que se cataloga a la múltiple variedad sonora de estos días.
¿Entonces quiénes son mejores, norteamericanos o británicos? De manera objetiva puedo decir que ambas corrientes son tan trascendentes como de altísima calidad. De maner subjetiva puedo decir que prefiero el rock británico sobre el estadounidense. No niego que en nuestro vecino del norte se hayan creado obras maravillosas por geniales artistas. Ahí tenemos a Zappa, uno de los más grandes genios musicales que se hayan visto, con su enorme y genial discografía. Tenemos al recién fallecido Chuck Berry, al dios de la guitarra Jimi Hendrix y sus maravillosos 3 álbumes de estudio, o a los Beach Boys y su genial Pet Sounds, por mencionar a algunos. Pero del otro lado están los Beatles, los Rolling Stones, Pink Floyd, Led Zeppelin y The Who. Esas cinco bandas fundamentales del rock son el pináculo del movimiento británico, cada una en un subgénero específico, cada una aportando un costal de arena al desarrollo del rock. Sin estas 5 bandas (con los Beatles como punta de lanza, incluso para las otras 4 bandas), es difícil comprender la música como lo hacemos hoy en día. Mucho del talento de las décadas siguientes se hubiera perdido en la nada, y las horas interminables de gozo no existirían.
Finalmente, cada corriente tiene su aporte, y es tan valioso el uno como el otro, pero algo es cierto, jamás existirán otros Beatles, ni de Estados Unidos ni del Reino Unido, y eso es una ventaja que, a mi parecer, los británicos nunca perderán.
viernes, 3 de febrero de 2017
La música es un bálsamo
A lo largo de mi vida he escuchado a mucha gente decir que la música les gusta, que la aman, y sin embargo no es un elemento de suma importancia en sus vidas. No sé si se trate de una obsesión mía por la música o si de verdad no le dan la importancia que, según yo, se merece. Por ejemplo, hay gente que es capaz de escuchar música sólo por no estar en silencio, o hay gente que la escucha simultáneamente con la televisión, o que puede escuchar una canción que le gusta y entablar una conversación al mismo tiempo. Yo no puedo.
Yo sé que en la vida hay cosas mucho más importantes que la música: el amor a la familia, la lealtad a la pareja, el bienestar emocional, la educación de los hijos; la música no se puede encontrar por encima de ninguno de estos aspectos de la vida. Sin embargo, la música sí va más allá de ser sólo una distracción, sólo un entretenimiento. La música puede ser una compañera de vida, una aliada, un ente liberador y una forma de comunicación trascendental a niveles espirituales. Lo digo en serio.
Yo no entiendo la vida de aquellas personas que sólo escuchan música para poder bailar, para poder cantar, y nada más. Esas personas que escuchan música pero no la escuchan en realidad. No analizan, no sienten, no se comunican, no la despedazan en micro-elementos y la van reconstruyendo poco a poco, haciéndola propia, descubriéndose a sí mismos en ella, y conociendo un poco del mundo, de las personas y de las emociones que les rodean. Porque la música transmite eso y mucho más.
La música debería prescindir de las letras. Quizás así, y sólo así, se genere una costumbre y una cultura de en verdad escuchar los matices, los instrumentos, la intensidad con que se interpreta y las emociones escondidas en ella. O si tiene letras, que sean un verdadero acompañamiento de la música, que se asocien y se retribuyan calidad artística y no sólo se roben el protagonismo con palabrería fácil y populista. Si se analiza una canción "normal", cualquiera que suene en la radio, y se le quita la letra, se convierte en una canción fría, sin alma, que no transmite absolutamente nada y que, de seguro, aburriría a la gran mayoría de quienes dicen "amar" esa canción.
Entonces no sé qué sentir, porque yo no soy así, y nunca podré serlo. ¿Soy afortunado? ¿O desafortunado? Ciertamente me considero afortunado por entender así las cosas. Nada se compara a la sensación de poner una canción y disfrutarla al máximo, sabiendo que la inspiración del artista viene de más arriba, y sabiendo que de alguna forma, esta canción ha tocado mi alma y la ha estremecido desde sus mismos cimientos. ¿Bailar provoca eso? Lo dudo, el baile es simplemente una expresión rítmica de alegría y/o romanticismo. No abarca la totalidad de sensaciones que puede provocar un canción. ¿Cantar? Lo mismo, son excelentes acompañamientos para disfrutar una canción, pero no basta. La música por fuerza debe cruzar por el cerebro y pasar por una serie de filtros intelectuales, para después sacudir nuestros conocimientos y experiencias; debe entrar al corazón y estremecer nuestra alma llena de alegrías, tristezas, enojos, y una infinidad de sinsabores tan implícitos en el ser y el existir del humano.
La música es, entonces, un verdadero nutriente. Uno que alimenta la mente y el espíritu, y de verdad, uno puede aprender cosas y conocer emociones de las que no se tenía conciencia. Claro, esto depende del contenido musical que se escuche. No es lo mismo escuchar a Plastilina Mosh que a Bob Dylan, o a Lorde que a King Crimson, por ejemplo. Y este es el verdadero meollo del asunto. No se puede imponer un gusto, por la naturaleza misma de éste. Y los gustos suelen ser poco depurados. Esto se sabe cuando a la mayoría de gente se le pregunta cuál es el genero o estilo musical de su agrado, y su flamante respuesta es: "de todo". Dudo que de verdad a alguien le guste "de todo", no conozco a alguien que guste por igual del reggaetón y del krautrock, o del grupero y de la música concreta (musiqué concrete) de Karlheinz Stockhausen. Pero esto es muestra del nivel de inconciencia que se tiene con respecto a la música.
Hay un mundo vasto de posibilidades que están ahí, esperando a que alguien se interese en ellas, y para mí eso es como un cheque en blanco, porque la cantidad de emociones y momentos trascendentales que me esperan es directamente proporcional a la cantidad de música que se encuentra escondida en el mundo. Y si tan sólo un porcentaje, mayor al actual, de gente se interesara en esto, habría más felicidad repartida en el mundo, y (aunque sé que es un cliché de los más asquerosos) el mundo sería un mejor lugar para vivir. Bien dice la frase popular: "de lo bueno, poco". Amén.
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