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miércoles, 17 de octubre de 2018

El mejor álbum de Café Tacuba



También se trata del más menospreciado, principalmente por los seguidores, quienes hicieron de él el álbum menos vendido de la banda, razón por la cual su disquera decidió terminar su contrato en 1999, año en que fue publicado el álbum. La obra es un álbum doble, que lleva por título "Revés/Yo soy", siendo el primero de los dos discos una muestra instrumental del abanico sonoro por el que la banda se caracterizaba, y el segundo es un disco más convencional, con canciones que van de lo experimental a lo sublime.

Para este punto, la banda ya era reconocida internacionalmente por el éxito en la crítica que tuvo su anterior álbum original, "Re" de 1994. Para quienes conocen este álbum, saben muy bien que la inconsistencia es una de las características en todos y cada uno de los álbumes de la banda, inconsistencia que se puede plasmar tanto en la calidad de las canciones, como en el concepto unificatorio que, en teoría, deberían tener todas las canciones de un álbum, y que en Café Tacuba no siempre sucede.

No debemos confundir al eclecticismo con la inconsistencia, el primero es una virtud que muchos álbumes en la historia del rock contienen, y que les enriquece y les hace superar las expectativas de la audiencia. La inconsistencia es más bien una falla conceptual en la que se tratan de amalgamar muchos sonidos dispares unos de otros, con un resultado más bien débil y aturdidor. Es aquí en donde se marca la diferencia entre el aclamado "Re" y el casi ignoto "Revés/Yo soy". Mientras en el primero escuchamos una amplia variedad de sonidos que van de la banda sinaloense y el bolero al funk y al metal industrial, pasando por el jarocho, la música costeña, la música disco y el rock, en el segundo tenemos un concepto que incluye sonidos diversos, pero que jamás exceden la línea marcada por el propio concepto que los artistas delimitaron.

Con esto no digo que "Re" sea un mal álbum, es de los más emocionantes que haya escuchado, y tiene muchas buenas canciones. Pero como álbum, palidece contra la conjunción y unidad de "Revés/Yo soy". Si bien el concepto de un ´'álbum doble es arriesgado, y el hecho que uno de esos dos discos que le conforman sea totalmente instrumental es doblemente arriesgado, la banda logra sobreponerse a esto gracias a la unificación de la música. El ambiente nostálgico, grisáceo y nuboso (que claramente fue influenciado por Radiohead) que se maneja tanto en la mitad instrumental como en la mitad convencional hace de la obra un todo, humano e íntimo.

Las canciones instrumentales son, cuando menos, interesantes, y hasta cierto punto, breves. Y ello es una cualidad porque un álbum instrumental con temas muy extensos puede ser tedioso e incluso aburrido. Es cierto que la mitad instrumental del álbum no es la más brillante, ni por asomo, sin embargo, se agradece y se valora el intento de innovar y de proponer cosas diferentes. La intención original de la banda era publicar sólo el álbum instrumental, cosa a la que su disquera se opuso rotundamente, por lo que tuvieron que grabar algunas canciones viejas y componer otras más para el segundo disco.

Esto podría orillarnos a pensar que la segunda mitad de la obra sería la más inconsistente, sin embargo, los arreglos y la instrumentación utilizada hace que la verdadera joya de la corona sea esta segunda mitad, la que no estaba planeada ni trabajada. "Yo Soy" tiene 3 canciones "pequeñas", menores en relación a las demás, que son "Guerra", "Sin Título" y "Esperando", las dos primeras instrumentales y la tercera muy breve. Otras 3 canciones son medianas, más buena que malas, pero sí se aprecia una diferencia en calidad con respecto a las verdaderas joyas. Éstas son "Bicicleta", "El Hombre Impasible" y "Lento". La primera es una canción alegre que en realidad destaca por estar compuesta de varios mini-tracks de 6 segundos de duración, que van del track 26 al 51. La segunda es una interesante pero muy breve canción, a la que le faltó desarrollar quizás un poco más la estructura, y la tercera es una melosa y un tanto bobalicona canción de Joselo Rangel, guitarrista de la banda.

Pero pasemos a las verdaderas joyas de la obra. El mismo Joselo Rangel compuso la maravillosa obra con la que abre el disco, "El Padre", con un aire a un bolero macabro en 6/8, en el que se narra la desesperación de un hombre por darse cuenta de cómo, lenta e inevitablemente, se iba convirtiendo en la persona que más había odiado en su vida: su propio padre. La canción se desarrolla de maravilla, con todo y su intro a capella, y su interludio semi-electrónico. El segundo tema es del inspirado Emmanuel Del Real, y digo inspirado porque todas las canciones que él compuso para esta segunda mitad del álbum son unas auténticas maravillas. "La Locomotora" es la primera de ellas. Es una canción muy oscura con melodías memorables, y sobre todo, con una ambientación estupenda que se logra gracias a la forma en que suenan los instrumentos. La sección final de la canción es de un nivel musical asombroso.

Las siguientes dos canciones, que también son de Del Real las dejaré para el final del texto, por lo que directamente pasamos a "Dos Niños", otra canción de Joselo que resulta ser la más macabra y perturbadora de todas la canciones del álbum. Los rechinidos del interludio son la cereza negra de esta oscura canción, pero lo más brillante es la instrumentación de la canción, que nuevamente nos hace sentir mucho más de lo que la letra nos narra. El trabajo de Emmanuel Del Real, tanto en las cajas de ritmos como en el piano, junto con la guitarra de Rangel, son el pináculo instrumental de esta canción. "La Muerte Chiquita" es una de las canciones más conocidas del álbum, una que hace referencia a la muerte, una imagen que todos los mexicanos percibimos de una manera muy  peculiar, imagen que queda perfectamente plasmada en la letra de la canción. La música tan tétrica como folclórica, y las constantes referencias a la muerte (más allá del título) la hacen un referente de la amalgama del rock con las tradiciones mexicanas ("dicen que usted trae las sombras/ y por dentro está toda herida", "...es por si alguien le hizo daño/ que yo por usted me muero", "sus pestañas dos palmeras/ a cuyo vaivén me rindo", "por una noche en su lecho/ soy capaz de dar la vida").

El deleite máximo llega con "El Espacio", una escalofriante y portentosa canción que es capaz de transportarnos con suma facilidad, gracias a la belleza y la nostalgia de la música, la ambientación de los coros y la magia de su letra. Pocas veces he escuchado una canción capaz de estremecerme de la forma en la que esta maravilla lo logra. La canción está compuesta, y parcialmente cantada, por Emmanuel Del Real, y en ella se perciben de forma más clara las influencias de Radiohead. Mientras que "El Ave" es otra maravilla, esta vez de Rubén Albarrán. La canción tiene la estructura de un círculo, que empieza en la parte más alta, pero que gradualmente comienza a bajar hasta llegar al punto más bajo, más ruin, más vil, y a partir de ahí ascender constantemente hasta llegar, por el otro lado, al punto de partida, en lo más alto de la emotividad de la canción, y del círculo mismo. Un pequeño desafío a nuestra percepción, que agradecemos infinitamente.

Y ahora sí, las dos canciones que teníamos pendientes, las dos joyas más grandes de toda la historia de Café Tacuba. "El Río" es una belleza a base de guitarra en 3/4, en la que se hace una metáfora de la vida con la naturaleza de un río, con juegos fonéticos de palabras muy ingeniosos y sobre todo, con una sensibilidad musical tan magnánima como básica. A veces componer las canciones más simples y bellas puede ser lo más difícil del mundo. Por otro lado, "El Polen" es Emmanuel Del Real con su piano y un efecto de distorsión, regalándonos un pequeño pedazo del cielo mismo en 3 minutos y medio de la música más bella y celestial que pueda existir. Nostálgica, sensible, triste, hermosa e inigualable. No existe una mejor canción de esta agrupación en toda su historia.

"Revés/Yo Soy" no es la obra más destellante, atractiva o popular de la banda, pero sí es la más uniforme, sensible y genuina. Están todos los elementos característicos de la banda, pero en su justa medida. No hay excesos, no hay vueltas de tuerca ni saltos gigantescos entre una canción y otra. Se considera la percepción emotiva del escucha, y se respeta el duelo nato de las canciones. En pocas palabras, se nos deja escuchar y llorar a gusto.

martes, 7 de agosto de 2018

La vanguardia rockera.



Hacia el año de 1972 en Inglaterra había 3 corrientes musicales bastante claras. La primera de ellas era la del Heavy Metal, que gracias a Black Sabbath y Deep Purple, entre otras bandas, se colocaba como uno de los sub-géneros esenciales para la comprensión del rock. La segunda era la del Rock Progresivo, en la que Pink Floyd y King Crimson eran las puntas de lanza, y en la que las experimentaciones eran menos frecuentes, sustituidas por las largas y complejas orquestaciones. La última de estas corrientes era la del Glam Rock, que en artistas como David Bowie y Lou Reed, o bandas como T. Rex, encontraban su lugar en el mundo musical, con una ambientación sonora muy marcada sobre la rudeza del rock, mezclada con la melodicidad del pop, pero adornada por las extravagantes vestimentas de los artistas que conformaban dicho sub-género.

Sin embargo había una banda londinense que se encontraba un tanto emparentado con estas 3 corrientes, sin pertenecer realmente a cualquiera de ellas. Una banda que, en su música, era posible escuchar las potentes melodías y solos guitarreros del heavy metal, así como la extraordinaria melodicidad del glam rock, mezclado todo eso con una dosis de complejidad y profundidad artística, como la que caracterizaba al rock progresivo de aquel entonces. Sí, una banda que amalgamaba los 3 sonidos, pero que como resultado nos regalaba algo novedoso, algo jamás escuchado y que aún hoy, a 46 años de distancia, resulta excitante y electrizante, por su capacidad de asombrarnos y llenarnos de gozo puro.

La banda en cuestión era Roxy Music, una banda que hoy en día se podría cosiderar como un supergrupo por la calidad de las figuras que le conformaban, empezando por el extravagante y genial  vocalista/pianista Bryan Ferry, pasando por el innovador y vanguardista Brian Eno en los teclados, y culminando con el virtuosísimo y sensibilísimo guitarrista Phil Manzanera. Además de ellos, estaba Paul Thompson en las percusiones, Graham Simpson en el bajo y un elemento poco usual, Andy Mackay que se encargaba de tocar algunos vientos y metales, en específico el oboe y el saxofón.

Si bien, bandas como King Crimson (que era influencia directa de Bryan Ferry, e incluso Robert Fripp, líder de Crimson, es un cercano amigo del vocalista) ya habían usado una sección de vientos y metales en sus primeros álbumes, no era como tal parte de la banda en sí, sino un agregado en ciertas canciones. Aquí no, aquí Mackay era parte fundamental de la banda, y su sonido es esencial para poder distinguir la genialidad de la música.

Fue así que en un lapso de 15 días, en marzo de 1972, se grabaría su álbum debut, que inicialmente pasaría desapercibido entre los círculos de la música popular, pero que eventualmente se convertiría en uno de los álbumes más importantes de la década de los 70. Con la cuñada de Mick Jagger en la portada, en junio de ese mismo año la banda dejaría asombrado a gran parte del medio musical con la publicación del álbum, y sería una joya tan incomprendida como alabada. No era nada reconocible, a pesar de los avances de la música para aquellos entonces. Nadie sabía en dónde colocar esta música, y dada la vistosa vestimenta de la banda en sus presentaciones, los colocaron como glamrockeros, sin realmente serlo.

El álbum transcurre por muchos pasajes que son tan disfrutables como complejos. A veces es estruendosamente rockero, a veces es tierno, otras veces es sumamente experimental, e incluso por momentos es deliciosamente popero. Sin embargo hay una característica presente en todos los temas, el maravilloso aire de dramatismo impreso en la voz de Ferry, que duplica la emotividad de todas las canciones, sea cual sea. Así, de los 9 temas que conforman al álbum, los 9 son auténticas joyas vanguardistas. Nadie veía venir el impacto de esta música, y nadie se creía que en verdad fuera a trascender algo tan fuera del radar musical de tal época.

De inicio tenemos a una de las canciones abridoras más impresionantes de toda la historia del rock: "Re-Make/Re-Model". Desde que escuchamos las primeras notas de piano, literalmente golpeadas por el propio Ferry, sentimos una descarga de electricidad recorrer todo nuestro cuerpo. Una apabullante canción sin una estructura clásica, pero con una exposición instrumental impecable. Ninguno de los instrumentistas se queda relegado, opacado o superado por sus compañeros. Todos tiene su momento de lucidez, y a lo largo de la canción, todos los instrumentos, incluyendo la voz de Ferry, suenan maravillosos. La increíble explosión musical inicial nos dejará absortos, inertes, anonadados y estupefactos. A ese grado.

Pero las cosas no hacen más que mejorar con "Ladytron", una canción mucho más ambiciosa con un inicio delicioso (el juego de palabras inicial es de lo más ingenioso para cualquier letrista del rock), y en la que el coro principal no es una sección cantada, sino el oboe de Mackay alterado por un sintetizador de Eno, que sustentado por las maravillosas percusiones de Thompson (luciéndose en el minuto y medio final de la canción) y acompañado más tarde por la guitarra de Manzanera y el mellotron de Eno, hacen que este tema se convierta en uno de los momentos más sublimes del álbum, en especial el cierre de la canción, que es un despliegue instrumental fantástico.

El dramatismo hace acto de presencia en "If There Is Something", en la que una vez más la canción inicia con una ambientación y termina con otra completamente diferente. De inicio escuchamos una tranquila pieza, adornada con un elegante riff de guitarra, y un ritmo semi lento que acompaña a las primeras estrofas. Una vez que la canción entra en su parte instrumental, todo se empieza a poner más y más denso, primero con la guitarra, luego con los metales/vientos, y finalmente con la espeluznante voz de Ferry (y su característico falsetto), que para nada suena tan amistosa como al inicio de la canción. La canción mantendrá esta tónica por los minutos que le restan, alternando deliciosas secciones instrumentales con escalofriantes estrofas. La simpleza del acompañamiento a lo largo de este extenso paisaje musical es, casi adrede, una manera de alejarse del rock progresivo, y centrarse en su estilo particular en el que la emotividad predomina sobre el virtuosismo, lo que hace que la canción sea muchísimo más original en su esencia.

En "2 H.B." finalmente tenemos una canción que mantiene su estilo de principio a fin, cosa que agradecemos mucho, pues se trata de una de las canciones con un sonido mucho más fino, mucho más pulido. Aquí se cuidó no sólo el sonido de cada instrumento, sino su volumen, para que la canción quedara como una especie de susurro musical detrás de un poema vocal. Así que todo en esta canción va más por la delicadeza y la finura que por la fuerza y explosividad. Esto hace que, literal,  a lo largo de los 4 minutos y medio que dura la canción, sintamos la suave caricia de la música en nuestros oídos, y la gocemos a plenitud. Las percusiones juguetonas, las guitarras sutiles, el bajo sofisticado, los metales discretos y precisos y, en especial, los sintetizadores como de terciopelo, logran este espectacular efecto sonoro. Sin ser una canción emotiva, la inmensa sensibilidad de los músicos queda evidenciada con creces en esta maravilla.

Por su parte, "The Bob" es la canción más "progresiva" del álbum tanto en su estructura de mini-suite, como en su sonido plagado de sintetizadores y momentos sinfónicos. Sin embargo, no por ello se le debe demeritar, por el contrario, es una de las canciones más complejas y experimentales del álbum. En el inicio escuchamos los sintetizadores que esta vez suenan futuristas, irrumpidos por la potente sección principal en la que la mezcla de guitarras y metales le dan al tema una especie de muro de sonido que, detrás de la ominosa voz de Ferry, suena espectacular. Luego de una ruptura, tenemos una alegre y cuasi sinfónica sección de vientos y cuerdas que anteceden a otra mini sección cantada, esta igualmente mucho más alegre que la inicial. Luego de otra mini sección, esta vez de piano y oboe, regresa la poderosa parte inicial para abrochar el tema.

Todo regresa a la normalidad en "Chance Meeting", una maravillosa balada a base de piano, que resulta ser la más romántica del álbum, al menos musicalmente. Fácilmente podemos imaginar a Ferry sentado en su piano interpretando la maravillosa melodía. Mención especial a los solos experimentales de la guitarra (claramente alterada) de Manzanera, que le dan una ambientación tétrica a la dulce melodía principal. Cerca del final hay un mini clímax, ya que la velocidad de la canción se acelera, y da pie a más instrumentaciones experimentales, que más que futuristas, suenan muy dolientes.

Otra de las joyas máximas del álbum es "Would You Believe?", una maravilla que evoca el soul sesentero de una manera muy particular, ya que dentro de la espectacular música y los asombrosos cambios de ritmo, el alma de la música soul (valga la redundancia) está más que presente en todo momento. Primero en la sección lenta, la voz de Ferry, duplicada y suavizada, encaja a la perfección con la enorme emotividad del fondo musical, adornado con el saxofón más que preciso en la canción. Sin embargo, en un punto la canción se rompe y se acelera súbitamente. Esto no hace que la emotividad descienda ni un milímetro, y en ello aporta el cambio de enfoque en la voz de Ferry, que de ser suave y dulce, pasa a ser poderosa. La balada inicial pasa a ser una especie de rockabilly esplendoroso, que a pesar de todo su poder, tiene tanta alma como la lenta sección inicial. Para terminar de rompernos en mil pedazos, regresa la lentitud primaria con la intensidad secundaria, mezcladas en una tercera parte poderosa y desgarradora. Esta es mi canción favorita del álbum, no tienen idea de cómo la gozo cada que la escucho.

Siguiendo en la línea de canciones monumentales, "Sea Breezes" es de lo más impresionante que escucharemos en el álbum. Incluso, quizás, se trate de la mejor canción del álbum. La palabra más exacta para definir esta canción debe ser "desgarradora". La canción se divide en una sección principal y un interludio. La sección principal es muy sensible, muy melancólica. La voz de Ferry empieza suave sobre los sintetizadores, dramática, pero suave. El oboe aparece discretamente, y un breve grito nos hace estremecer. Sin embargo, al final de la segunda estrofa está "el grito", el espeluznante grito de Ferry que nos pondrá la piel de gallina y los sentidos al borde del delirio. La música sigue suavemente en el fondo, hasta que de pronto aparece el piano, cambiando la dinámica de la canción en el interludio. El ánimo no cambia ni tantito, pero la intensidad de la canción sí. No se necesita una explosión para sentir la enorme intensidad en la música y en la voz. La brevedad del interludio es directamente proporcional a su poderío. Es impresionante lo que se nos puede hacer sentir con tan pocos elementos, perfectamente ejecutados y conjuntados. Es aquí que comprendemos la maestría de la canción, que finalmente nos regresa a la tristísima sección inicial, para desvanecerse entre la niebla, y llevarse una parte de nuestra alma consigo.

Sin embargo, el álbum cierra de amable y disfrutable manera con la irónica "Bitter's End", una singular y breve melodía que, armónicamente, nos recuerda a la música de los años 50, sin embargo los arreglos son propios del vanguardismo de la banda, así la mezcla de estilos tan contrastante es perfecta y precisa. Los coros, los metales, el piano, las curiosas percusiones, y el delicioso bajo se conjuntan a la perfección para culminar una obra maestra del rock.

El álbum debut de Roxy Music es una de las obras más grandes jamás creadas, una de las muestras musicales más singulares, aún en nuestros días, y se debe revalorar como tal. A mi gusto, es uno de los mejores álbumes de la historia, quizás uno de los 5 mejores álbumes debut del rock, y un perfecto de lo que la originalidad puede ser, aún cuando la inspiración viene de algo ya creado. No se necesita inventar el hilo negro para ser originales, simplemente tomar los elementos ya existentes, y mostrarlos desde una perspectiva que nadie ha visto jamás. He ahí el gran mérito de la banda y de su maravilloso debut.

martes, 10 de abril de 2018

Cómo grabar un álbum histórico y no volverte loco en el intento. Pet Sounds.



Mientras en la Gran Bretaña los Beatles estaban cambiando el rumbo de la historia en muchos sentidos (no sólo en el musical), en los Estados Unidos la Beatlemanía era un fenómeno frenético y desquiciado entre la inocente juventud norteamericana, tan correcta e influenciable. Evidentemente, también influenciaron a los músicos estadounidenses, quienes tomaban los elementos pop de los 4 de Liverpool, y los explotaban a su antojo. Incluso hubo influencia directa en artistas anteriores a los propios Beatles, como es el conocido caso de Bob Dylan.

De entre los múltiples músicos gringos que admiraban a los Beatles, había un peculiar joven que se tomaba muy en serio la parte artística de la música, y que no sólo quería componer canciones para conquistar mujeres o conocer el mundo y hacerse rico. A pesar de esto, pasó los primeros 5 años de la década de los 60 haciendo canciones alegres, populares e inofensivas, y sus compañeros de banda estaban más que complacidos con este estilo de vida. Pero él no, él quería trascender. Sabía que tenía la capacidad de hacer algo monumental, algo que pudiera ser parte de la historia de la música, algo justo como lo que sus ídolos británicos, y ahora rivales en la carrera por la supremacía creativa, hacían.

Todo comenzó en 1965, cuando luego de una larga gira en la que ganaba mucho dinero pero se sentía perdido y vacío a nivel artístico, tuvo que abandonar a su banda a mitad de gira por un ataque severo de ansiedad, y ello significó el pretexto perfecto para por fin trabajar a solas, sin la presión de su padre, su disquera o sus propios compañeros de banda. Fue así que Brian Wilson, líder de los Beach Boys, en la tranquilidad de su hogar escuchó el genial "Rubber Soul", sexto álbum de los Beatles, y quedó fascinado, estupefacto y confundido por igual. Era incapaz de creer la perfección musical de la obra que acababa de escuchar. Esto le generó una inmensa envidia y una interminable esperanza. Sí, estaba en un conflicto emocional supremo, pues en su mente, sus rivales habían hecho algo que ni él mismo se imaginaba, pero al mismo tiempo se había dado cuenta que podía hacer algo más allá de lo que pensaba, y que podía explotar sus inquietudes creativas al máximo, aprovechando que se encontraba solo.

Entonces se encerró en el estudio de grabación, y comenzó a grabar, junto con una enorme diversidad de músicos de estudio, el que sería su trabajo maestro. Había de todo, desde un cuarteto de cuerdas o una sección de metales, hasta una chicharra y una campana de bicicleta. Todo era posible, justo como lo escuchaba en su mente. Liberó al demonio perfeccionista que se encontraba amarrado, y dio rienda suelta a su creatividad como nunca pensó que podría hacerlo. Así se grabaron las múltiples secciones musicales de "Pet Sounds", un álbum en el que sólo él creía, y que le costó llegar al borde de la locura.

Una vez que sus compañeros de banda regresaron de su gira, y escucharon las grabaciones de su entonces líder, comenzaron las tensiones y las discusiones, pues no todos estaban de acuerdo con la osadía musical que se encontraba almacenada en esas cintas. El principal reaccionario ante esto fue Mike Love, quien además de sentirse relegado por no estar en los procesos de grabación, sólo quería éxitos y poco más que eso. Pero era tal la determinación de Brian Wilson, que no cedió hasta convencer a sus compañeros, y hacer que grabaran las complejas armonías vocales que se requerían para completar a la perfección las canciones.

Así, el 16 de mayo de 1966 se publicó "Pet Sounds", y prácticamente pasó desapercibido. Sólo unos cuantos lo escucharon (entre ellos Paul McCartney), lo que provocó bajos niveles de ventas y un fracaso comercial mayúsculo. Pero lo que contenía el álbum era oro puro. Se trata sin duda de uno de los mejores álbumes de toda la historia, y a pesar de ser ninguneado en su momento, hoy en día el valor que tiene lo coloca en su justo lugar. Desde la inicial y enérgica "Wouldn't It Be Nice" hasta la final y hermosa "Caroline No", las canciones en el álbum son de una calidad y una complejidad armónica inusitadas. Quién podría demeritar la sensibilidad de la emotivísima "You Still Believe In Me", la potencia de "I'm Waiting For The Day", la pegajosa y deliciosa "I Know There's An Answer", la beatlesca "Here Today" o incluso las dos joyitas instrumentales, "Let's Go Away For A While" y "Pet Sounds" respectivamente.

Mención aparte merecen 2 canciones supremas, "Sloop John B" con su ritmo hacia adelante y su constante crescendo armónico que, a pesar de ser una adaptación de una canción popular entre los marineros, Wilson la hizo propia con esta matavillosa y complejísima estructura sonora. Ese interludio a capella a manera de nudos vocales es uno de los momentos más gloriosos de la historia del rock. Y la otra, la majestuosa y el himno por excelencia del álbum, "God Only Knows" con su letra deprimente escondida entre las hermosas melodías, armonías y arreglos musicales, que engalanan al rock todo y que se podría considerar como una de las 5 canciones más hermosas de la historia del rock. La emotividad es inalcanzable en esta canción, y de inmediato nos enamoraremos de semejante obra.

Así que, sin saberlo en su momento, Brian Wilson lo había logrado. Había hecho un álbum histórico que marcaría a toda una década, justo como lo hicieron (en 5 álbumes distintos) sus colegas británicos, ídolos y rivales a la vez. A pesar de ello, sólo bastó que accidentalmente, casi por casualidad, mientras conducía su automóvil en la radio escuchó "Strawberry Fields Forever" de los Beatles, y en ese momento lo supo. Eran inalcanzables. Así que lo volvió a intentar con su proyecto "Smile",  aún más osado que el anterior, y que no se llegó a completar, por lo que ahora sí  lo alcanzó la locura, y los Beach Boys artísticos murieron con su cordura.

Dentro de lo triste y amargo de esta historia, está una de las más grandes joyas musicales del siglo XX, un álbum monumental e idílico. Y es que así es la vida, agridulce, y afortunadamente, sin toda esa amargura, no hubiera existido la inmenza dulzura que aún disfrutamos, 52 años después.

viernes, 30 de marzo de 2018

El álbum más hermoso de la historia del rock.



No hay otra manera de definir la música incluida en este glorioso disco de Sigur Rós, aparecido en 1999, la música de esta modesta banda de 4 islandeses, quienes aún eran muy jóvenes en dicho año, pero que tenían un enorme talento creativo y un inmenso, interminable sentido estético de la música. Lo digo sin temor a equivocarme, se trata del disco más hermoso de toda la historia del rock. Entiéndase el término de hermosura, como la máxima muestra de estética, belleza, sensibilidad y humildad dentro de un álbum de rock. Ni ellos mismos han podido igualar el nivel de belleza que alcanzaron en este, su segundo trabajo.

En su debut, el místico "Von" de 1999, se percibía un aire completamente diferente en la banda. Eran más oscuros, menos brillantes, aunque igual de fríos. Pero en este "Ágætis Byrjun" hubo un factor para que el sonido de la banda se puliera: la llegada del virtuosísimo y sensibilísimo tecladista/pianista Kjartan Sveinsson, quien aportó su enorme talento y capacidad para elevar el nivel de la música. El resto de la alineación era el mismo: Jón Þór Birgisson (mejor conocido como Jónsi) en la voz y las guitarras (incluyendo el fantástico arco para cuerdas), Georg Hólm en el bajo y Ágúst Ævar Gunnarsson en la batería.

Así que la joven banda se metió al estudio de grabación en Álafoss, suburbio de la capital islandesa de Reykjavík, y comenzó la magia. Todos los elementos estaban presentes: la sensibilidad tanto de Jónsi como de Kjartan, la juventud vivida en uno de los países con mejor calidad de vida en el mundo, el eterno invierno islandés, los paisajes nubosos y la ausencia de bosques, los cientos de volcanes que abundan en la lejana isla del norte de Europa, los oscuros inviernos, los breves veranos, el amor a la música, la influencia de Pink Floyd, el rarísimo idioma islandés, el aún más raro idioma inventado por Jónsi: el vonlenska, la guitarra tocada con un arco para violín, el piano, el bajo, la batería, la madera, la calefacción, el puerto, el océano Atlántico, la soledad de vivir en una isla. Todo eso, de alguna manera se conjuntó y se mezcló entre las notas y las melodías, entre los sonidos y los cantos. Elementos que están y no están, que no los escuchamos pero sí que los percibimos.


Un extraño intro, con música al revés, es la que nos da la bienvenida. Breve pero hermosa, cálida. El frío islandés viene en "Svefn-g-Englar", el segundo tema que, al ritmo de un sonar, nos sumerge entre las nubes, nos lleva hacia abajo, pero abajo hay nubes. Es majestuoso el sonido de la sexta cuerda de la guitarra tocada con un arco de violín, tan estruendoso, tan sensible, tan frío, tan hermoso. Flotamos en un iceberg entre las nubes con esta lenta, pero nada pesada canción. Justo a la mitad, la canción se aisla más, entre los coros agudísimos de Jónsi, y los sonidos de fondo, es fácil dejarse ir, perderse en la majestuoidad inesperada. Hace frío, pero un frío de enorme belleza. La canción de bienvenida es enorme; Sigur Rós e Islandia, tan cerca y a la vez tan lejos del Reino Unido. Y luego comienza "Starálfur", elegantísima con sus cuerdas, con su piano de tres notas que tanto dice en tan poco contenido, con su letra fantasiosa, de alguna manera el islandés, un idioma tan raro para nosotros, suena elegante y sofisticado. Mientras el clima musical se esclarece, el asombro no deja de ser un elemento vital de la música. Qué facil lo hacen sonar estos veinteañeros, como si hacer música de esta altura fuera lo más fácil del mundo.

Una vez que nos han elevado, que nos han llevado al mismísimo paraíso, la banda nos regresa a Tierra con 3 canciones densas, la primera, "Flugufrelsarinn" es la menos vistosa del álbum, una oscura e intrincada canción en donde las voces sobresalen por encima de los instrumentos, pero en donde la misma emotividad la vemos plasmada en los emtivos cambios de ánimo de las estrofas a los coros. Se trata de un viaje al inframundo, al interior del cráter de un volcán, en donde el calor no es agradable, en donde extrañamos los paisajes y ansiamos regresar a ellos. Sin embargo, la banda nos lleva a un nivel más abajo de nuestra psique con "Ný Batterí, y justo aquí nos damos cuenta que esta oscuridad es parte de la belleza del álbum, que no todo lo bello tiene que brillar, que las cuevas tambien en su interior guardan grandes tesoros, entre la penumbra y la soledad. "Ný Batterí" es muy pesada, muy ominosa. Da miedo por momentos, los metales iniciales no son bellos en un sentido convencional, sino que son viscerales y nos abren paso por las misteriosas notas con que abre la canción. La llegada de las percusiones sólo confirma nuestras sospechas, y nos atrapan en un suspenso del que no queremos alejarnos, hasta que la canción implota y la emotividad explota y nos explota la cabeza sin que podamos evitarlo. Para cerrar esta triada de canciones oscuras, llega la fantástica "Hjartað Hamast (bamm bamm bamm)", que de inicio suena un poco como jazz de mala muerte, pero que conforme avanza, se adentra en nuestras mentes, con sutileza y suavidad, para que, una vez bien adentro, estalle en mil pedazos con la apabullante emotividad de los coros, en los que a lo lejos podemos escuchar un piano, un arco con guitarra, la voz de Jónsi que grita desesperadamente, y un ruido blanco que acapara todo sin que nos demos cuenta. El dramatismo aquí es parte fundamental, la confusión y el aparente caos sólo tienen sentido dentro de nuestras cabezas, en donde todo tiene una razón de ser, siempre. La canción finalmente nos saca a flote de forma gloriosa y catártica, luego de habernos mostrado una nueva y hasta ahora, desconocida faceta de la belleza.

Pero la banda nos complace, nos regresa a los terrenos de la belleza explícita, la belleza con sentido, la belleza de lo evidente. Y lo hace nuevamente con una triada de canciones inconmensurables, celestiales. La primera de ellas, "Viðrar Vel Til Loftárása" es un auténtico monumento. Se toma 5 minutos para mostrarnos con total calma y sin prisa alguna, su hermosa introducción de piano, al que se le añaden poco a poco más y más instrumentos. Pero desde el inicio estamos en el paraíso mismo, estamos viendo un poquito del mundo que se esconde al final de éste, ese mundo que tanto se nos promete, y en el que muchos escépticos dejan de creer una vez que crecen y se empapan de la crueldad de nuestro propio mundo. Aquí está, en forma de música. El hermosísimo piano, las discretas cuerdas, las delicadas percusiones, y la lejana voz de Jónsi que es un instrumento más, la nostalgia implícita, la suavidad armónica, la perfección melódica, la sensibilidad majestuosa y la humildad frente a los demás elementos, estamos ante una canción sin pretenciones, no nos quiere apantallar, no quiere lucirse, sólo es bella porque es, y en su naturaleza, nos llena a nosotros de sensibilidad y de humildad, nos hace rendirnos ante su majestuosidad celestial. Una vez que la canción se rompe, la emotividad se desboca y las emociones, que ya estaban a flor de piel, no pueden evitar expresarse en nuestro involuntario ser, ya sea a través de una sonrisa, una lágrima o un aplauso. Aquí no existe la pasividad, no hay impasibles ante esta obra monumental. Es la mano de Dios mismo tocando instrumentos de los humanos, y mostrándose ante nosotros en su lenguaje universal.

Pero aquí no acaba el viaje espiritual-musical. "Olsen Olsen" es otro pedacito de cielo, es el pedacito de Islandia que bajó de entre las nubes para convertirse en tierra, y en gente, y en música. La estructura de la canción es tan simple que tampoco podemos considerar a esta canción como pretenciosa. En su soledad y abandono radica su belleza, pues los primeros minutos de canción son de una intimidad única. El bajo como protagonista, la batería como un preciso acompañante, el arco de guitarra como un hermoso adorno, y en el eco, la voz que vocaliza sin decir nada, mientras la música es la que nos dice todo, como para sentir que regresamos al mismo iceberg en el que estábamos minutos antes, contemplando el océnao, las olas, y la nada. La paz. Esa paz que sólo llega con la soledad, está musicalizada en la primera parte de la canción, mientras que en la segunda parte nos sentimos cálidamente acompañados, mientras la música se hace melódica y memorable, nosotros sentimos que ahora podemos compartir nuestro sentir a través de estas notas, y el acompañamiento instrumental es la clave para hacernos sentir así. Es como sumergirnos en nuestra mente, y descubrirnos, para luego emerger y compartir nuestro ser con los demás. Así se siente "Olsen Olsen", que en su final se conecta con la tercera de estas obras monumentales.

La homónima "Ágætis Byrjun" es una canción muchísimo más orgánica, menos celestial y más terrenal. Pero en la tierra también hay belleza, y dentro de nosotros está la belleza de la nostalgia, de los recuerdos, del pasado y el presente. De lo perdido y lo encontrado. De lo más lejano y lo más cercano. De eso trata esta deliciosa canción, de lo que nosotros, como seres humanos, podemos perder y recuperar, alejar y acercar a nosotros, expresado mediante una reunión de amigos, tan casual como las que todos nosotros hemos vivido en nuestras vidas. Aquí ya no hay cuerdas ni coros. Sólo son los cuatro músicos con sus instrumentos, sin efectos ni arreglos. Una guitarra acústica y melódica, un piano hermosísimo y brillante, un bajo preciso y precioso y una batería que se luce en su simpleza, y relaja el ambiente de la canción. No más. Sigur Rós nos demuestra lo que se necesita para hacer otra canción celestial, lo mismo que muchos otros músicos tienen al alcance de su mano. Con esa nostalgia tan humana, regresamos suavemente del paraíso, luego de haberle conocido en una mínima parte, agradecidos y entusiasmados. Es el efecto que tiene la música en uno. Con "Avalon" la banda cierra el álbum, cerciorándose de que estemos de regreso en nuestra realidad. Una instrumental a manera de epílogo, y termina el álbum más hermoso de la historia del rock.


Y es que no hay que ser un experto en música para detectar la belleza explícita (y también implícita) que abunda en "Agætis Byrjun", una belleza de escalas celestiales, una belleza que pocas veces y en contados momentos hemos escuchado a lo largo de la historia del rock. Muchos le llaman post-rock, muchos otros le dicen ambient, neo-prog o incluso Radiohead Islandés. Yo le llamo rock celestial, escrito para musicalizar el paraíso, y que incidentalmente llegó hasta nuestra cruda y maltrecha Tierra, como para conocer un poquito de lo que hay más allá del supuesto final. El álbum más hermoso de la historia del rock.


jueves, 29 de marzo de 2018

Un disco inusual - "Any Other City" de Life Without Buildings



Generalmente estamos predispuestos a rechazar todo aquello que nos sea desconocido o nos parezca extraño. Solemos acomodarnos a la familiaridad de lo conocido, y difícilmente buscaremos alternativas desconocidas por iniciativa propia. Esta máxima aplica en todos los aspectos de nuestras vidas, y en ello incluyo por supuesto, a nuestros gustos musicales. Es cómodo estancarnos en un estilo, o en algo que a la mayoría le parezca aceptable, y salirnos de esos lineamientos suele ser algo difícil de hacer.

Ahora bien, para aquellos que conocen un poco más a fondo la música, y que pueden presumir de haber escuchado algunos de los álbumes más extraños de la historia, aún les genera cierta incomodidad algún elemento distinto de un género que ya conocen. Es el caso de mucha gente que escuchó a la banda escocesa Life Without Buildings, quienes en 2001 grabaron su único álbum, el delirante y poco conocido "Any Other City". La banda tiene un estilo muy marcado: hacían indie rock con elementos de garage y pop. Sin embargo hay un elemento que les distingue de manera muy marcada: la constante vocalización de Sue Tompkins, quien más que cantar, simplemente recitaba con inusitada energía las letras que ella misma iba improvisando en su cabeza.

A mi gusto, este es un elemento maravilloso que, aunado a la música que por momentos es enloquecida y por otros es melancólica, hace de este álbum una joya escondida, una perla dispuesta a ser descubierta y admirada por todo aquel que se atreva a hacerlo. El álbum, por consiguiente, es más que un álbum indie entre muchos que pasaron al olvido, es más bien una delicia que vale la pena destacar y resaltar por encima de lo más comercial, dentro de ese mismo género, que se ha hecho en los últimos 20 años.

La banda no descubre el hilo negro, ni pretende hacerlo, simplemente hicieron un álbum con una enorme frescura, que viene a renovar nuestros ánimos y deseos de encontrar propuestas nuevas, diferentes y arriesgadas. También sé que no son los primeros ni los últimos en hacerlo. Es justo aquí donde la calidad musical y conceptual hace acto de presencia, pues si el álbum se destaca, además de lo ya mencionado, es por la enorme calidad de todas y cada una de sus canciones. No existe la típica canción de relleno, ni la clásica canción para la radio. Todas las canciones mantienen una misma tónica que hacen del álbum un todo dividido en 10 partes, pero que funciona como una obra total y no como una simple colección de canciones.

Desde "PS Exclusive" hasta la maravillosa "Sorrow", todas las canciones son entermanente disfrutables, aunque si me piden una favorita, estaría indeciso entre "The Leanover", "14 Days" o "New Town". Si embargo, no las destaco por que sean mejores que el resto, sino por un mero gusto personal por esos temas. Desde un punto de vista más objetivo, tengo que decir que todas las canciones son tan buenas como la anterior, y la posterior.

Así que aquí dejo testimonio de un gran álbum (de esos álbumes perfectos para viajar), del que muy pocas personas han escuchado, y que, a pesar de no ser el álbum que cambiaría el rumbo de la historia musical, sí es uno de esos que años después será redescubierto y revalorado como una de las propuestas más originales y maravillosas de la primer década del nuevo milenio. Y con todo merecimiento, pues es (reitero) una absoluta delicia de principio a fin.

miércoles, 28 de febrero de 2018

El fantástico viaje musical de Brian Eno.



Una vez que Brian Eno dejó definitivamente a Roxy Music, y se embarcó en su aventura en solitario, le costó trabajo dejar atrás el sonido de Brian Ferry y compañía, y no fue sino hasta la aparición de "Another Green World" de 1975 que lograría crear un sonido propio en su totalidad, y no sólo eso, sino que también sería el inaugurador de un estilo musical muy peculiar, y fuente de inspiración para muchos músicos después de su aparición.

Es cierto que el ambient como tal ya existía desde hace mucho, sin embargo, esta fusión de sonidos de rock, krautrock, electrónico y ambient, filtrados por la original mente del músico inglés, dio como resultado una de las obras más innovadoras y progresistas de la historia del rock. Las influencias van desde los Beatles hasta Karlheinz Stockhausen, pasando por el propio Roxy Music y el sonido glam muy de moda en aquellos días.

Mucho antes de ser conocido por producir álbumes de grandes artistas, Brian Eno forjó una carrera musical excepcional, en la cual una de sus cimas es precisamente este álbum, así que hablemos de él. "Sky Saw" es tan bizarra en su sonido como en su momento lo fue "I Am The Walrus" de los Beatles, aunque ahora se palpa la influencia electro con ese riff de guitarra distorsionado y robotizado, junto con las voces que parecen programadas desde la ultratumba. El bajo, en apariencia intrascendente, es de hecho la base fundamental del sonido creado por Eno, minimalista pero conciso por igual, un tanto funky pero también avant garde. Como complemento, esas cuerdas que rayan en la locura, y las percusiones inconsistentes, confirman un gran inicio para el álbum. A continuación, "Over Fire Island" es la primera de muchas mini suites instrumentales y muy innovadoras. De regreso el bajo minimalista, adornado con sonidos electrónicos que lo mismo pueden evocar memorias que provocar ideas dentro de quien le escucha. La brevedad del tema ayuda a que su mensaje musical sea directo y no se exceda en su intento por trascender (cosa muy común en la época).

El siguiente tema es uno de los más alucinantes, y más considerando la época en la que se grabó. "St. Elmo's Fire" es un jugueteo musical muy divertido e ingenioso. El bajo ahora es sintético, y los adornos sonoros son igualmente sintéticos, sin embargo la canción tiene tanta alma, que pasa de la frialdad, y se convierte en una canción bastante cálida y fácil de escuchar. Los experimentos de Eno son por demás exitosos, pues más que alejar o asustar al escucha, lo atrapan y lo interesan en los aún innovadores sonidos. Muy en la vena de lo que acabamos de escuchar, está "In Dark Trees", otro instrumental que va siempre hacia el frente, que no para en su marcha y que nos expone la sensibilidad del músico para intercalar, dentro de la monotonía rítmica, sonidos emotivos y orgánicos. La música, por más electrónica que suene, jamás es fría e insensible.

"The Big Ship" es otro corte instrumental, esta vez mucho más emotivo que todo lo que hemos escuchado en el álbum, y de hecho este lado emotivo de Brian Eno es el que hace del álbum un grande en la historia. Y ésta es la primer muestra de ello, lo entrañable de las melodías y las armonías nos inunda los oídos de serenidad y calidez. La belleza de este tema no se rompe nunca, y más que ser monótono, es tan bello que quisiéramos que siguiera y siguiera por más tiempo. Sin embargo, nos conviene que termine, pues "I'll Come Running" es otra de las joyas del álbum. Una de las más accesibles en su sonido, pues cuenta con instrumentos más orgánicos, pero sobre todo, nuevamente la parte emotiva del compositor es la que engrandece a esta canción, de verdad que el uso de instrumentos más convencionales, el piano y los solos de guitarra principalmente, le dan a la canción un espíritu único. Además de la accesibilidad de las melodías y lo memorable que resulta ser el coro, de inmediato esta será una de nuestras canciones favoritas.

Luego de estas muestras de belleza, de nuevo un corte instrumental, el breve "Another Green World", otro emotivo jam sintético y delicioso; un brillito como muchos otros que tiene el álbum, que están ahí sólo para deleitarnos y regocijarnos. Posterior a esto, "Sombre Reptiles" nos lleva por terrenos de la innovación otra vez, viajando a donde sea que nos lleve en sus 2 minutos de duración, y conformando un sonido que muchos imitarían después. El último de esta triada de instrumentales es "Little Fishes", una mezcla de belleza con rareza, con una base de piano que es hermosa, pero con adornos sonoros que son extraños e incluso irreverentes. El sentido de esta música va más allá de la comprensión o la estética, el sentido es viajar, dejarse llevar con los sonidos sobrepuestos, y las canciones instrumentales como ésta lo logran de manera perfecta.

Y la grandeza regresa con "Golden Hours", un suave experimento, sin percusiones, pero con una base de sintetizadores tan contundentes que parecen serlo. Y toda experimentación, complementada con melodías beatlescas en la voz y las armonias vocales, son la fórmula perfecta para una excelente canción, una de esas que escuchamos y jamás olvidamos por su perfección. Toda la ambientación de esta canción nos vuelve a llevar muy lejos, a terrenos altos y escondidos, ya sea dentro o fuera de nuestro ser. Un nuevo sonido se estaba inventando. La cereza del pastel es ese cello del final, que se desvanece junto con la canción misma. Genial. Sigamos en nuestro viaje sonoro, ahora con "Becalmed" que, como su título lo indica, nos relaja aun más y nos permite alcanzar estados de profundidad a los que pocas veces llegamos, y a los que sólo la música de esta calidad es capaz de llevarnos. ¿Quién dijo que la música electrónica es fría?

"Zainwul-Lava" es un sutil retorno del paraíso al que nos había llevado el hermoso tema anterior. Ahora es la introspección la protagonista de este viaje, con esta música que se le adelantó 25 años al Post Rock, y que con el mayor minimalismo posible, es capaz de bajarnos suavemente, y acariciar nuestros oídos de manera tersa y sublime, para después elevarnos lentamente, sin que nos demos cuenta, y regresemos a las alturas a las que el álbum nos ha estado llevando. La última canción vocalizada es la bellísima "Everything Merges With The Night", una auténtica joya de principio a fin, que anticipa y engalana el cierre del álbum, y que además lo hace de una manera emotiva y sensible. Mientras el piano se lleva los créditos de la belleza de este tema, para mí, lo más bello que se escucha en esta canción son las guitarras de una cuerda del fondo, que suben y bajan a su antojo, y mientras todo lo demas embellece nuestros minutos, estas guitarras hace de lo bello, sublime, y de lo momentáneo, eterno. Eterna canción en nuestros corazones y nuestras almas.

"Spirits Drifting" es el último tema, un instrumental a base de cuerdas sintéticas y un sonido mucho más oscuro de lo que hubiéramos esperado. Un giro inesperado que no va a arruinar nuestra percepción del álbum, y que por el contrario, nos ayuda a regresar a nuestra realidad luego de haber salido de viaje, metafísicamente hablando. Un cierre adecuado, que nos hará valorar la música que acabamos de escuchar, y nos colmará con deseos de volver a escucharla una y otra vez.

Así que tenemos en nuestras manos un álbum que es mucho más influyente de lo que se le acredita. Ya no digamos artistas, que sobran los influenciados por la música de Brian Eno, sino géneros enteros que tuvieron sus cimientos en álbumes como éste, si no es que en este específicamente. Géneros como el Trip Hop, el Post Rock, el Indie y el Rock electrónico. Así que artistas como Suicide, Radiohead, Portishead, Bjork, Sigur Ros, Kraftwerk, Joy Division, Animal Collective, Cocteau Twins, entre muchísimos otros, deberán de estarle eternamente agradecidos al señor Eno por su enorme aporte a la historia musical.

Aquí, el principal agradecido soy yo, que me deleito cada que quiero con esta joya que quedará para la posteridad como uno de los viajes musicales más emotivos y sublimes de la historia. Amén.

lunes, 26 de febrero de 2018

Red Queen to Gryphon Three. La importancia de las armonías.



Una de las enormes ventajas que daba el hacer música en los años 70 es que, debido a la inocencia de la industria musical, aún había posibilidad de experimentar libremente, de hacer música por el amor a ella, y no por ganar montones de billetes verdes. Se respetaban las ideas y conceptos de los artistas, quienes además eran los jefes al momento de producir un álbum. Hoy en día existen presiones mercadológicas y mercadotécnicas que impiden que un artista se desarrolle a plenitud, como en aquellos días, y por ello la música de hoy suena casi toda igual, y las novedades son la excepción.

Por aquellas épocas, existía una banda londinense que abogaba por su libertad creativa, y hacían música que se salía totalmente de lo usual, y entraba en el terreno de lo extraño. Su música sonaba muy medieval, renacentista o barroca. No había estructuras convencionales ni un sonido claramente reconocible. Sin embargo, de inmediato se podía distinguir su enorme habillidad y virtuosismo en cuanto a la ejecución de sus instrumentos. Es por ello que sólo les bastaría tener una buena idea, grabar un buen álbum, para que se les reconociera. Lamentablemente su gran álbum pasó totalmente desapercibido, salvo por algunos. Y es que su sonido no es comercial, ni tantito, a pesar de tener melodías tan expresivas y armonías tan amables. Quizas el hecho de que no hubiera voces en su música fue la loza que jamás pudieron quitarse de encima.

La banda en cuestión se llamaba Gryphon (como el mítico animal, en español llamado Grifo) y para el momento en el que grabaron su obra maestra (de la que se trata este texto) estaba conformada por Brian Gulland, Graeme Taylor, Richard Harvey, Philip Nestor y David Oberlé. Todos ellos multi instrumentistas, todos ellos expertos en la ejecución de instrumentos de diversos tipos, todos ellos creativamente en su punto más alto. El álbum lleva por título "Red Queen To Gryphon Three", y consta de tan solo 4 temas, en los cuales escucharemos un sinfín de instrumentos diversos, que van desde los muy conocidos (batería, bajo, guitarras, piano) hasta los más extravagantes (timbal, fagot, cromorno, cornamusa, etc.), pasando por los no tan raros, pero sí inusuales (sintetizadores, clavecín, flauta dulce, etc.) por lo que el trabajo de composición se ve aun más complicado por la inclusión de la multitud de instrumentos.

Y sí, es cierto que el álbum no entra en los oídos de los iniciados en la música como arte, más que como entretenimiento, pero ello no significa que el álbum sea clasista, o pedante, sino todo lo contrario. Hay momentos en que se nota el esfuerzo de la banda por llegar a oídos más acostumbrrados al rock o al pop de la época. Las melodías aquí forman parte importantísima y esencial para alcanzar una calidad mayor. Además, claro, de que con un análisis más profundo, llegamos a la conlcusión de que las armonías en este álbum son colosales, y son el pilar de la cohesión y coherencia que tiene en su totalidad el álbum. Así que, una vez comprendida la importancia de las melodías, y sobre todo las armonías, nos disponemos a analizar las 4 canciones que conforman el álbum.

El álbum inicia de golpe con la canción estructuralmente más compleja, es decir "Opening Move", en donde desde ya escuchamos a por lo menos 8 instrumentos diferentes en el primer minuto de canción. La introducción es una alternancia entre el golpe inicial de fuertes percusiones y sonoros sintetizadores, y una serie de contrapuntos entre la guitarra y el piano (y de fondo quizás un clavecín); pero una vez que la calma llega (gracias a ese delicioso piano) la canción comienza a evolucionar, y de nuevo la calma se ve interrumpida ahora por otros tantos de instrumentos que suenan como pisadas de elefante, para regresar a la melodía calma de piano, ahora acompañada del fagot y otros instrumentos más. Después una pequeña tensión, y otra ruptura más, con una guitarra muy distorsionada y una emotividad sin igual que desemboca cual catarata en una hermosa melodía de piano. A esto le sigue un jugueteo de música renacentista, breve pero hermosamente estructurado, para finalmente llegar a la melodía principal de la canción, otra vez a cargo del fagot, la cual va en un constante ascenso emocional y musical, pues comienza con quizás 5 instrumentos y llega a su punto climático con más de 15 instrumentos sonando simultáneamente de manera espectacular. El clímax de la canción llega luego de varios y hermosos pasajes pastorales, y una vez que colapsa sobre sí mismo, y la canción no soporta más, da pie al delicado final, el cual nos remite la base melódica de la canción, resumida en unas cuantas notas. Y así de golpe, como inició la anción, así termina. No podemos comprender en su totalidad lo que hemos escuchado, así que será mejor repetir la canción y re analizarla, pues con cada escucha se escuchan nuevos detalles que antes pasaron desapercibidos, y así , se incrementa el valor artístico y emocional de la canción en nuestras mentes.

"Second Spasm" es la canción más accesible del álbum, y estucturalmente, la más convencional. Si la analizamos, podemos detectar que se compone de una estrofa, un coro, y un interludio juguetón. Sólo eso. El inicio es maravilloso, totalmente medieval en su ambientación, pero complejísimo en la ejecución musical. La construcción de las melodías aquí es notable. Y las armonías no se quedan atrás. 3 instrumentos: unas percusiones, una guitarra pastoral y el cromorno como protagonista, que conjuntados suenan con una belleza pocas veces escuchada. Mientras dura esta estrofa inicial, apreciamos la enorme capacidad de los músicos, pero pronto llegará el rockero coro, un riff de guitarra nada convencional y respaldado por unas potentes percusiones, y algunos instrumentos de adorno que embellecen el intenso momento musical. Esta parte no la olvidaremos tan fácilmente, muy a pesar de su complejidad, lo cual supone un gran mérito por parte de la banda. A continuación, el juguetón interludio, compuesto por un par de secciones intrincadas de instrumentos inusuales, nada simple por cierto. Seguido, una sección más convencional que nos remite un poco a la estrofa inicial pero ahora con un ritmo de marcha, lo cual mantiene la esencia juguetona del interludio. Para finalizar la obra, la estrofa inicial se repite, con unos ligeros cambios y unos cuantos añadidos, y el coro final llega de manera imponente a cerrar la canción poderosamente (en la que las percusiones están a otro nivel, por encima del resto de los instrumentos). Es la canción más corta del álbum, pero también la más concisa y directa en su concepto, por lo que no nos parecerá tan larga después de todo.

Por su parte, "Lament" es una deliciosa obra nostálgica, mucho más simple en la construcción de la obra, aunque manteniendo el alto nivel de virtuosismo instrumental. La melodía que se alternan al inicio de la canción el fagot y el cromorno (con la hermosa base de guitarra y unos cuantos brillitos hacia el final de la sección) es uno de los momentos musicales más bellos de toda la historia, y acapara los primeros 3 minutos de la canción. Posterior a este deleite, la canción entra en un terreno más misteriosos y ocultista, las notas son bajas y las percusiones discretas. Un momento de intimidad musical que cae a la perfección en este momento del álbum. Aunque es breve porque pronto la canción se alegra, y se alegra demasiado. Toda esa energía que guardaba la canción explota en la tercer sección, y nos llena de gozo tanto como podamos sentirlo, pues la música sigue y sigue explotando en sí misma, hasta finalmente llegar a una emotivísima repetición electrónica de la bella introducción, con la cual finaliza la canción, y con la cual corroboramos que la música está en un nivel diferente, y que pocas veces escucharemos algo como esto. Nuevamente, como en el tema anterior, destacan por igual las melodías y las armonías, señal de que la banda estaba haciendo un esfuerzo por llegar a más oídos, y regalándonos en el proceso un par de obras sin igual.

Y para finalizar, "Checkmate" nuevamente como la canción inicial, tiene una introducción de golpe en la cual se alterna el protagonismo entre dos mini secciones que son maravillosas y complejas. Luego de una transición como marcha de guerra medieval, nos llega la melodía más entrañable, deliciosa y memorable de todo el álbum, un deleite a base de guitarra, cromorno, bajo, percusiones y un ingenio creativo esplendoroso. Es breve pero lo suficiente hermosa como para dejarnos en las nubes por un par de minutos más, cosa que se agradece, pues la canción ofrece menos que sus tres antecesoras, y va transitando un poco en lo oscuro hasta la ruptura que marca el inicio del fin, la cual no suena tan afortunada por tener demasiados sintetizadores, sin embargo, el final final vuelve a ser emotivo y delicioso. Quizás en términos generales esta canción sea la menos brillante del álbum, pero ese momento maravilloso del que hablaba (del minuto 2:28 al 3:45) salva y enaltece en su totalidad esta obra final, por lo que no podríamos decir que es un fallo en el álbum.

Como detalle final, la portada del álbum es tan deliciosa y brillante como la música contenida en él. Nos transmite todo lo que la música encapsula, y en ella podemos encontrar detalles tan mínimo pero tan significativos, que casi el mismo tiempo que nos toma escuchar el álbum, nos tomará el apreciar y admirar su hermosa portada. Un viejo jugando ajedrez con piezas raras, un bosque de fondo, un río y quizás un castillo... pero hay mucho más que eso. Un detalle artístico que como parte del concepto del álbum, cuenta tanto como una melodía o un ritmo dentro de la música. Los créditos de la portada no los he sabido encontrar, pero quien sea el autor de ella, es un magnífico artista, sin lugar a dudas.

Con este álbum hemos descubierto la enorme importancia que tienen las armonías dentro de la música, sobre todo si se trata de hacer música completamente de estudio y compleja. Conjuntar una gran cantidad de instrumentos no es tarea fácil, y hacerlo para que suenen de un cierto modo específico, sin salirse del concepto musical (en este caso, medieval y renacentista) es aún más meritorio. Y si además, se conjuntan estas complejísimas y perfectamente logradas armonías con una serie de bellas melodías, ejecutadas con el instrumento perfecto, en el tiempo perfecto y acompañado de la música adecuada, nos da como resultado una auténtica joya musical. Una joya totalmente oculta, inadvertida por más de 4 décadas (el álbum se publicó en 1974) que está ahí, a la espera de ser descubierta y diisfrutada por quienes buscan música diferente, bien hecha y trascendente.

lunes, 19 de febrero de 2018

La corriente del (verdadero) rock mexicano



La Barranca es un grupo de rock mexicano formado a finales de 1994, liderado por el talentoso José Manuel Aguilera, quien ha estado presente en todas las grabaciones de la banda y es su principal compositor, además de ser la voz principal de la banda. Su álbum más reconocido sin duda es "Tempestad", de 1997, una perfecta mezcla de rock con sonidos latinos, sin caer en yuxtaposiciones de géneros incompatibles, sino más bien añadiendo elementos de música latinoamericana dentro de una música netamente rockera.

Sin embargo, fue en 2005 que publicarían el que ha sido su álbum más rockero, más guitarrero, incluso rozando la pesadez. "El Fluir" es un estupendo álbum de rock puro, sin pretenciones ni aspiraciones más allá de las meramente artísticas. Si he de decir algún elemento del álbum (y de la banda) que me genera un poco de ruido, que me disgusta un poco, es la voz de Aguilera, siendo esto una percepción meramente personal, sin embargo, en este álbum se puede obviar este elemento y disfrutar de la música a plenitud. El álbum como tal mantiene un concepto general, el cual es el ser como agua, como un río, fluir y jamás dejar de moverse. Esta temática se añade en todos los temas de formas diversas e ingeniosas, cosa más que destacable.

Además, es importante recalcar que en México no se hace rock como tal, desde hace mucho, por lo que esto le añade doble o triple valor a este trabajo musical. Otro dato interesante es la participación, en este álbum, de otro talentosísimo músico mexicano, el genial Alejandro Otaola, quien aportaría su cretividad e ingenio en la composición de varios de los temas que conforman el álbum. La obra abre con "Dormir sin miedo", una canción en la cual de inmediato se hace sentir la pesadez rockera de la que se hablaba, si bien no es una canción genial, sí es una enorme sacudida, perfecta para iniciar el álbum, e introducirnos en la ambientación del mismo. Ojo al final de la canción, un bello detalle. A continuación aparece "Por donde pasas", una canción que retoma el estilo de la banda, tomando prestados sonidos regionales y combinándolos con rock. No nos extraña mucho escuchar una canción así, que a pesar de ser por momentos bailable, tiene un riff muy rockero, lo cual hace que no desentone, y que, a pesar de no ser la favorita de muchos, sí aporta una gran cantidad de elementos musicales variados al álbum.

Sin embargo, la primer gran canción, la primer joya es el tercer track, titulado homónimamente "El fluir", un poderoso rock que inicia y termina entrecortado, con una progresión melódica fantástica, que es emotiva y potente por igual. La guitarra de Otaola suena increíble, y la letra, un tanto de abandono y otro tanto de crecimiento, es perfecta para la música que estamos escuchando. Ese puente antes del verso clímax de la canción es un crescendo estremecedor y maravilloso que pocas veces, si no es que nunca, se habían escuchado en el rock mexicano. Y el último minuto es un despliegue rockero increíble. Pero la calidad musical no decrece con "Zafiro", que quizás no es tan rockera (excepto el interludio) pero sí tiene una emotividad destacable, comenzando por el riff oscuro y denso; la canción parece ser muy dura, y de pronto en el coro se aligera, se vuelve una caricia que nuestros oídos no esperaban. Estos contrastes rockeros son constantes a lo largo del álbum.

El beat raro (11/8) y el genial riff de "Pare de sufrir" de inmediato nos recuerdan a King Crimson, es inevitable. Pero la canción no es progresiva, es rockera, es intensa y poderosa. Todo es rock hasta el primer coro, casi angelical, una luz breve pero deliciosa. Luego regresan las guitarras y la canción se hace más compleja. En medio del caos aparece un genial riff de bajo, aparece el segundo coro, más denso y más emotivo, que cierra la canción de genial forma. "Una tarde en la vida" es un regalo de José Manuel Aguilera a la Ciudad de México (a pesar de su disgusto por ella), a sus atardeceres, un homenaje irónico al smog, y la forma en que éste altera los atardeceres, al grado de hacerlos bellos y resplandecientes. La música es de una gran belleza, Otaola se luce con su guitarra, esta vez por la suavidad con la que la interpreta (ese arpeggio in crescendo del puente intermedio es estremecedor a más no poder). La calidad musical ya lleva rato sin descender.

Y todo lo contrario, asciende un poco más con "Usumacinta", una canción sin retorno, conformada por secciones que le hacen ser un fluido que una vez que pasa, ya no regresa más. Sí, se nota la aportación de Otaola en la composición de esta enorme canción. Un inicio de una guitarra que suena como agua, un verso delicado, un interludio militaresco, una guitarra emotiva, un segundo verso preapocalíptico, y para cerrar un riff poderoso que fluye y fluye desde nuestros oídos, pasando por nuestras piernas, nuestras manos, nuestro cerebro y termina en nuestro corazón, haciéndole latir como nunca. Majestuosa lentitud.

A continuación se nos presenta un espejismo. Luego de "Usumacinta" es difícil que la canción siguiente sea del mismo nivel, y parece ser que el álbum debe de bajar de nivel en este punto inevitablemente. Sin embargo, con un poco de apertura, nos daremos cuenta de que no es así, pues "Ser un destello" es una fantástica canción, nuevamente con la aportación en la composición de Alejandro Otaola. La canción es muy densa, por momentos triste, por momentos pesada, pero musicalmente es una obra genial, las estrofas, los puentes, los coros, todos ellos tienen elementos musicales muy complejos, y detalles deliciosos que engrandecen la calidad musical del tema. Incluso hace sonar la voz de Aguilera de manera maravillosa, y eso ya es un gran logro. No, el álbum no ha bajado de nivel musical, se mantiene con esta enorme e inevitablemente infravalorada canción.

Y ahora sí, "El cinturon de Orión" nos hace descansar un poquito, siendo una canción menos brillante, pero no por ello es una mala canción. Digamos que está al nivel de las dos primeras canciones, y pues sí, mantener el altísimo nivel musical constante desde el tercer track es demasiado esfuerzo, pero reitero, esta canción es muy buena, tiene momentos ingeniosos, una letra más que poética, y un intenso coro. Pero el descanso sonoro era inevitable. Afortunadamente se recupera la calidad musical con la instrumental "Río", un rock poderosísimo, un riff inusual, y de nuevo, la aportación de Otaola. La canción nos lleva de lo melódico a lo irreverente, y de ahí a lo poderoso. El headbanging aquí es ineludible. Todos llegamos a hacerlo en un punto específico de la canción (minuto 0:46). La influencia crimsoniana nuevamente es evidente.

Y llega la sección final del álbum, "Hendrix" es una emotiva, bella y melódica canción, con una letra mística y momentos musicales de enorme belleza... hasta el breve y poderoso final, que rompe totalmente con la canción, despedazándola (para bien) y compitiendo con otras como la mejor canción del álbum. Sí, los versos hermosos, las rupturas emotivas, el coro poético, la atmósfera cálida y entrañable. Todo eso contrasta con el poderoso riff, las estridentes guitarras y los potentes golpes a las percusiones que nos regalan en la sección final del tema. Qué gran álbum. Cerramos de forma perfecta con otra canción de Otaola, "Si acaso hay vida" es el delicado broche que este álbum necesitaba. La canción se iguala en belleza con "Una tarde en la vida", sin embargo la emotividad aquí es mayor, se palpa la melancolía en la canción, incluso en los momentos más rockeros, y nos deja con una sensación de cierre muy gratificante.

Si usted es de los que cree que el rock mexicano es Zoe, Moderatto, Fobia, Molotov o los Ángeles Azules, tiene que conseguir a como dé lugar este álbum, tiene que escuchar las guitarras, tiene que recordar que México es un país que también tiene talento, y que nosotros como escuchas, no debemos conformarnos "con lo que hay", con los facilismos de supuestos músicos o las imposiciones de la industria y la influencia de Timbiriche, sino que podemos escuchar música de verdadera calidad, y de un nivel artístico digno de nuestra cultura, y nuestra posición artística a nivel mundial. Aquí un ejemplo de ello.

miércoles, 24 de enero de 2018

Neu! y su inmenso legado.

Michael Rother/Klaus Dinger

Todos sabemos que el origen del último sonido original en la historia del rock, provino de Radiohead, con sus joyas "Ok Computer" (1997) y "Kid A" (2000), y casi todos sabemos que su gran influencia para lograr esto fue el rock progresivo alemán, o krautrock, de la década de los años 70. Ahora bien, quizás no todos saben que el krautrock fue por sí sólo un subgénero con identidad propia, que si bien se emparentaba con el rock progresivo inglés, no necesariamente era una traslación de éste a la cultura e idioma alemán, sino que fue una adaptación de la idea central, modificada y provista de todo el contexto que rodeaba a la Alemania (dividida) de aquél entonces. Es por ello que el krautrock no es sinfónico, no es tan melódico ni es tan virtuoso como el rock progresivo inglés. De hecho hoy en día al krautrock se le asocia más con el art rock y el ambient, que con el mismo progresivo, por lo que quizás sea sano el dejar de emparentar ambas corrientes desde ya.

Ahora bien, muy pocos saben que las principales bandas del Krautrock son, entre algunas otras, Kraftwerk, Can, Neu!, Amon Düül, Faust, Tangerine Dream, etc. El mismo Krautrock evolucionaría hacia la música electrónica y techno de los años 80, por lo que su relación con el rock tiene igual una conexión muy angosta, pero conexión al fin. De todas las bandas que mencioné, son 3 las principales influencias de Radiohead y su sonido maravilloso. Kraftwerk, por un lado, con su aporte electrónico y sus innovaciones tecnológicas, Can, con su irreverencia cerebral y su esquizofrenia controlada, y principalmente Neu!, por su elegancia musical y su frialdad cálida, su emotividad impasible, su paradoja emocional que parece ser robótica y humana por igual.

Neu! era una banda formada en 1971, en Düsseldorf, precisamente por dos ex miembros de Kraftwerk, los genios incomprendidos Michael Rother (1950- ) y Klaus Dinger (1946-2008), ambos multi instrumentistas aunque el primero se especializaba en las guitarras y el segundo en las percusiones. A éste último se le atribuye la invención de un ritmo constante, monótono, aparentemente sin vida pero que transmitía una energía sin igual, al cual se le conoció como "Motorik", y el cual se hace presente desde sus primeras grabaciones. Ambos músicos tenían la idea de revolucionar la música, trascendiendo los elementos bases de ésta (melodía, ritmo y armonía) y trasladándola hacia un plano emocional y futurista que significara una evolución del arte mismo. Sólo hasta 1997 (25 años después) Radiohead los comprendería.

En 1972 publicaron su primer álbum, un homónimo maravilloso e indescriptible. Una obra tan íntima como impersonal, que puede ser tan artificial como natural, y que ejemplifica la paradoja de lo sintético con lo humano, y su estrecha relación. "Hallogalloo" hace gala del antes mencionado Motorik, el cual se mantiene sin cambios mayores por 10 minutos, como si se tratara de una máquina industrial trabajando sin parar, mientras las guitarras hacen efectos que nos regresan del frío acero a la cálida sangre que fluye en nuestro interior, por momentos sublime y por momentos estridente, pero reflejando emociones humanas en su expresión musical más simple. Paradoja sin fin. "Sonderangebot" es un tema transitorio, de sonidos atemorizantes y metálicos, lejos de toda sensibilidad, mientras que "Weißensee" es una auténtica joya de la frialdad sensible. Mucho más lenta que el tema inicial, lo cual la hace mucho más emocional, la guitarra se luce con sonidos más que notas, recordándonos lo solitarios que estamos en este mundo, en el que nuestra cabeza piensa más rápido que lo que pueden expresar nuestros labios, y en el que decimos una cosa mientras en nuestro aislamiento mental ya pensamos 100. Esa hermosa soledad que nos separa de los demás, tan nuestra, tan íntima, tan enferma y tan bella. De repente los silencios incómodos se vuelven cómodos, ya que la canción no tiene letras, y la música nos abraza y nos reconforta ayudándonos a expresar y sentir esas 100 cosas por segundo que no podemos expresar. Una joya finísima.


Su contraparte, la atmosférica "Im Glück", es otra delicia, esta vez sin las percusiones, la canción se mueve sobre las aguas de manera irregular, gracias a su carencia de ritmo explícito, y nos aleja más y más de nuestros semejantes, nos transporta a la cima de una montaña, en donde finalmente podemos meditar y disfrutar del hermoso paisaje musical que ambos músicos nos están pintando con notas en vez de colores. Se culmina aquí un hermoso mini-concepto que nos llevó a la gloria con una elegancia majestuosa y nos regresa suavemente a la realidad de nuestra vida. Los martillos neumáticos y taladros nos despiertan de manera abrupta, para sumergirnos en "Negativland", en la que el Motorik regresa a distintas velocidades. Un tema precursor del rock industrial sin duda, con una base rítmica inamovible (salvo la parte media y final, en la que sólo incrementa su velocidad sin mayor modificación) y una serie de sonidos ambientales que dan a la canción una ambientación mucho menos sensible y más cargada de testosterona que en los dos temas anteriores, la cual termina tan abruptamente como inició. "Lieber Honig" es la última pieza del álbum, una escalofriante acústica con una base de guitarra de dos cuerdas, con una voz que quiere ser dulce pero que resulta ser bastante perturbadora, y que sin la belleza de las guitarras sería un tema de auténtico horror. Los sonidos ambientales regresan para recordarnos que seguimos solos, y que un álbum tan incomprendido como éste, puede ser nuestro único refugio de comprensión dentro de nuestras caóticas, aunque aparentemente apacibles mentes.

Para el año siguiente, 1973, ya tenían grabado su segundo álbum, el irregular aunque innovador "Neu! 2", el cual contiene un mayor número de temas, pero una menor regularidad que demerita al álbum con respecto a su predecesor. La obra inicia con otro Motorik, "Für Immer" de más de 11 minutos de duración, que resulta ser más cálida que su similar del álbum anterior, y que nos auguraría un mejor trabajo. En ése ya se pueden notar las tendencias musicales que Klaus Dinger comenzaba a tener, más lejanas del ambient y el krautrock mismo, y más cercanas al proto-punk y al rock de garage. El segundo tema evidencía más esto, "Spitzenqualität", al ser sólo la batería de Dinger, con sonidos ambientales, pero sin una sola nota de guitarra que aporte calidez y humanidad al tema. La transición conceptual no se había logrado del todo, aunque como tema experimental, puede salvarse. "Gedenkminute (für A + K)" es como su nombre lo indica, un minuto de silencio (de hecho 2), con sólo algunos sonidos ambientales y una tenue voz hacia el final. "Lila Engel" nuevamente suena como un Motorik que coquetea con los ásperos sonidos del garage, como si fusionaran su beat con una composición de los Stooges, por demás interesante aunque no del todo bien logrado. "Neuschnee 78" es un pequeño experimento, una canción acelerada (que aparece más adelante en el álbum, aunque en velocidad normal) que suena de hecho bastante bien, por momentos delicada, y por momentos desenfrenada.


Por otro lado, "Super 16" es un estupendo experimento sonoro, muy cercano al sonido que por aquel entonces desarrollaba Brian Eno, aunque trasladado al contexto de la banda alemana, suena de manera impresionante. Un tema que parece ser de transición pero que termina teniendo una identidad propia que le distingue de las demás obras del álbum. "Neuschnee" es otra estupenda canción, la misma que sonaba acelerada anteriormente, ahora en su velocidad original, parece ser mucho más orgánica y sensible, que realmente podemos llegar a disfrutar. Por momentos al álbum logra en este punto lo que logró majestuosamente en el anterior álbum con los tracks 3 y 4, aunque aquí es en menor medida y sólo por pequeños instantes. "Cassetto" es otro experimento sonoro, un tema bastante distorsionado mediante efectos de sonido, con el cual realmente pasa muy poco. "Super 78" hace lo mismo que "Neuschnee 78", pero con una canción menor, por lo que pasa desapercibida sin problemas, al igual que "Super" en velocidad normal. "Hallo Excentrico" es otro tema distorsionado, que es manejado de mejor manera gracias a sus efectos impredecibles que ciertamente nos dejarán maravillados por un instante. Éste sin duda es el álbum menos logrado de la banda, aunque tiene ciertos momentos destacables.

Para 1975, los dos integrantes de la banda ya tenían diferencias conceptuales y musicales muy marcadas, por lo que grabarían lo que sería su último álbum en esa década, el excelente "Neu 75", en el que dedicarían un lado del disco original (recordemos que antes los discos venían con lado A y lado B) para cada uno de los compositores, por lo que el primer lado sería compuesto por Michael Rother, con el estilo que le conocimos a la banda en su primer álbum, mientras que el segundo lado sería para Klaus Dinger, y su estilo más rockero, punketo y agresivo. Esto aparentemente derivaría en un álbum incongruente, pero irónicamente el álbum se siente más completo y redondeado que su anterior entrega. Con respecto al lado B, es decir los 3 últimos tracks compuestos por Klaus Dinger, podemos decir que son innovadores, irreverentes y poderosamente rockeros, además de contener letras y partes cantadas (por Dinger, quien asumió el rol de guitarrista principal) y de tener a 2 bateristas, sí, 2 bateristas simultáneos para estas 3 canciones. "Hero" abre esta sección del álbum, siendo una canción con lejanas reminiscencias al viejo Neu!, pero con muchas más guitarras. "E-Musik" es una interesante obra, que nuevamente nos recuerda al trabajo de Brian Eno, y que parece ser la mejor canción de esta tríada de obras rockeras, trascendiendo un poquito al rock como tal, y trasladándonos a paisajes musicales bastante interesantes. "After Eight", por último, es una canción de rock, muy similar a "Hero", que no logra destacar mucho.


Pero pasemos a la parte realmente interesante del álbum, la parte que hace que sea una joyita escondida, los primeros 3 tracks de Michael Rother, al estilo clásico de Neu! Comenzamos de manera sublime con "Isi", unas notas suaves de piano, un Motorik menos agresivo, una ambientación deliciosa de sintetizadores y pianos que nos enamoran de inmediato, llenos de optimismo y esperanza, que nos transportan a un lugar más idílico y nos hacen viajar felizmente hacia él. Todo ese optimismo cambia con "Seeland", una fantástica suite sonora, perfectamente ambientada, triste, nostálgica, memorable y hermosa. La base de bajo y batería parece tener un bajo perfil, sin embrago son la base de la inmensa belleza de la obra, la cual se ve perfectamente aderezada con las guitarras sonando maravillosamente, con angustia, con melancolía, con ese sonido adelantado 25 años a su época. Una joya de principio a fin. Por último, la no menos hermosa "Leb' Wohl", otra obra magna, esta vez con una base de piano, efectos de sonido entrañables y grises (por ponerles un color), y 9 minutos de inmensa melancolía, intimidad y una finura musical a la que sólo puedo describir como exquisita. Aún lo escucho, y sigo sin creer la inmensa belleza de esta música, y sigo sin creer que tenga 43 años de haber sido creada.

Por lo que el legado de Neu! va mucho más allá del krautrock, o del mismo Radiohead, su legado se escucha y se palpa aún hoy, a casi medio siglo de distancia, en una época en la que apenas estamos apreciando el valor de la emotividad musical, en una época en donde aún se preponderan valores musicales menores e intrascendentes, y en la que algunos artistas (St Vincent, Sufjan Stevens, Dirty Projectors, entre otros) comienzan a explotar la inmensa mina de oro resguardada en los sonidos creados por un dueto alemán de la época del muro de Berlín, de la Alemania Federal aliada con el capitalismo, y la Alemania Democrática aliada con el comunismo. Un dueto con una creatividad incomprendida y un legado bastante subvalorado e injusto con su impacto en el arte mismo de nuestros tiempos.

Klaus Dinger/Michael Rother

jueves, 29 de junio de 2017

La dureza de Van Der Graaf Generator


Ciertamente este es un álbum difícil de escuchar, un álbum atípico, en el que prácticamente no existen las guitarras eléctricas, y en donde los elementos encontrados apelan más a la densidad sonora que a la estética, sin que ello convierta a la música de este álbum en música fea, o inaudible. Es cierto, se requiere de una cierta paciencia para escuchar una a una las cuatro canciones que le conforman.

No será en la primera ni en la segunda escucha que logremos apreciar el arte detrás de esta superficio rocosa y áspera. Es más, a mí me tomó cerca de diez escuchas completas del álbum para hallar todos esos elementos que hacen de éste un estupendo álbum. Y es que los elementos integrados en el álbum nno facilitan la escucha, desde la ya mencionada ausencia de guitarras, pasando por la agresividad en la voz de Peter Hamill, las intrincadas y complejas melodías, los ecos al jazz más oscuro, y desde luego, la extensa duración de los temas (algo común en el rock progresivo).

Pero una vez superado eso, nos encontraremos ante una pieza única, una obra excelsa de principio a fin, y por momentos incluso, deliciosa. La abridora "The Undercover Man" es la pieza que más se acerca a la belleza de todo el álbum, y sí que lo es, aunque en un sentido poco cnvencional. La intensidad con la que cierra el tema es de destaarse, indudablemente. La banda quiso recibirnos con el tema más amable, para capturarnos y n dejarnos huir ante los tenebrosos sonidos de los tres temas siguientes.

"Scorched Earth" intensifica la agresividad, Hamill suena como un dictador que se alegra de la destrucción de la Tierra, mientras que los primeros minutos parecen tener una estructura más o menos convencional, pero esto se pierde rápidamente, y la canción transita por terrenos más ominosos, hasta desembocar en un riff de saxofones y otros metales en 12/8 que además de complejo, suena tan oscuro como esplendoroso, y que marca la mitad del tema. Posterior a esto, la estructura inicial regresa brevemente, y de ahí se comienza a gestar el intensísimo cierre de la canción, que constantemente asciende e incrementa la tensión. Para cerrar, un escalofriante feedback de guitarra (quizás lo único de guitarra que escuchemos en el álbum) nos pondrá la piel de gallina.

A continuación tenemos una de las canciones más difíciles de escuchar de todos los tiempos (bueno, quizás no es para tanto), "Arrow" es un compendio perfecto de la oscuridad y la agresividad de la que tanto se ha hablado. Sí, las percusiones iniciales no suenan tan intensas, y el acompañamiento de metales, si bien es excéntrico, no es tan oscuro como otros momentos del álbum. Pero una vez terminada esta breve introducción, y una vez que escuchamos a un Hamill (quien se debió dañar severamente sus cuerdas vocales luego de grabar esta canción) tan gruñón como gritón, nos damos cuenta que la intención del tema es ahuyentar a quienes tienen oídos sensibles. La canción tiene una estructura hasta cierto punto, simple. Introducción, tres estrofas con tres puentes y tres coros, y el cierre. Los coros son punto y aparte, si de por sí ya era agresiva la canción, los coros añaden tensión con su crescendo poderoso, y su desembocadura casi inaudible. Aún me cuesta trabajo escuchar esta canción completa sin hacer una mueca.

Por último, una canción tétrica aunque no tan agresiva, "The Sleepwalkers" es otra enorme canción, la cual se ve favorecida por ese riff de metales y vientos tan sonoramente accesible, que se repetirá durante la primer mitad de la canción. Lo mismo, la voz de Hamill parece ser más amable, más allá de que la temática lírica es una especie de versión setentera de The Walking Dead. Luego de una suerte de cha cha cha un tanto extraño, pero que increíblemente no suena tan mal, entramos a la intensa segunda mitad de la canción, en donde regresa la agresividad, pero ahora con aires de despedida que le otorgan una atmósfera interesante a la canción. De ahí, el cierre "circular" de los sintetizadores, sella el álbum, y nos deja con un sabor más agradable, sabiendo que hemos soportado un cierto grado de tortura sonora, no por calidad musical, sino por agresividad sonora.

Lo más destacable de este álbum es sin duda su rareza, su excentricidad única, y la manera en que la banda se supo distinguir de muchas otras bandas dentro de la escena no sólo progresiva, sino del rock en general. Ninguna otra banda suena de esta manera, y el hecho de que toda esta energía y originalidad la hayan condensado de manera excepcional en esta joya, la convierte en un objeto de culto y de colección.

viernes, 20 de enero de 2017

El rock progresivo de México

Nobilis Factum 1983

Es cierto que, en cuestión musical, México nunca ha estado a la vanguardia ni ha sido un referente a considerar para descubrir tendencias o sonidos nuevos. La música en México se divide en dos grandes vertientes: la autóctona, que incluye todos los ritmos populares mexicanos, como la banda, el ranchero o el grupero, e incluso algunos prestados como la cumbia, la salsa y el danzón; y por otro lado está la música con influencia anglosajona, llámese rock, pop, electrónico, blues, etc. Ésta última escena es la más cercana al arte, aunque son muy pocos los grupos de rock mexicano que en verdad han hecho los méritos suficientes para lograr trascender.

Pero dentro del rock, hay una vertiente muy particular de la que no cualquier músico puede formar parte, hablo del rock progresivo, y aunque no se crea, en México se hizo (y se sigue haciendo, aunque menos) rock progresivo de gran calidad, que pasó práctiamente desapercibido gracias a diversos factores. Primero que nada, el clímax del desarrollo de este género en nuestro país fue durante los años ochenta, época marcada (al menos en México) por tendencias musicales muy distintas a nivel popular. Pero también debemos considerar la falta de apoyo por parte de disqueras, y la poca difusión que de por sí había tenido el género en la década anterior.

No obstante, hubo grupos que hicieron rock progresivo, y de algunos de ellos se hablará en las siguientes líneas.


Chac Mool es quizás el grupo mexicano más conocido del género, y aunque grabó 4 discos, sólo los dos primeros tienen la calidad suficiente como para considerarse progresivos. Jorge Reyes, líder de la banda, ya había tenido experiencias en otros grupos progresivos, como Nuevo México y Al Universo, sin mayor trascendencia, pero fue en Chac Mool que alcanzó su mayor nivel artístico. Nadie en especial (1980) y Sueños de Metal (1981) fueron sus mejores trabajos. A pesar de que su sonido y sus letras parecían a veces muy inocentes e ingenuas, lograron posicionar al género en un mayor número de audiencia. A mi gusto, "Sombras de la Noche" es su mejor composición.


A partir de aquí surgieron muchos grupos que buscaron perfeccionar el sonido de Chac Mool, aunque hubo otros que destacaron por su sonido original y distintivo. Entre los más destacados se puede mencionar a Delirium con su Teatro del Delirio (Grabado en 1983 pero publicado hasta 1997), los tapatíos The High Fidelity Orchestra con su estupendo y emocionante álbum homónimo (1982), Nobilis Factum quienes grabaron un buen álbum con un sonido similar al de Chac Mool, llamado Mutante (1982), los experimentales Nazca, que grabaron dos estupendos álbumes con sonidos un tanto ominosos y novedosos para la escena nacional, el homónimo Nazca (1985) y el impresionante Estación de Sombra (1986), o el grupo más longevo de la escena progresiva mexicana, Iconoclasta, que entre sus mejores obras está el Reminiscencias (1984) o Soliloquio (1987).

0.720 Aleación 1986

Mención aparte merecen los que a mi parecer son los 3 mejores discos de rock progresivo mexicano. El primero de ellos es 0.720 Aleación (1986) de la banda con el mismo nombre. Un álbum primeramente pensado para honrar las raíces mexicanas mientras se llevaba a cabo la celebración del mundial de fútbol del mismo año, aunque la banda le dió un giro a la música luego del terremoto que devastó a la capital en 1985, y el álbum se convirtió en un homenaje a la sociedad afectada por el siniestro. La música del álbum es dolida y nostálgica, nos transmite el dolor que vivieron miles de mexicanos durante y después de aquel terrible sismo. Temas como "Tarahumara", "Danzante", "Campana del Silencio" (mi favorita) o "Para Estos Tiempos tan Ciertos" son pruebas del ambiente que se vivía en aquellos días, y son testimonios de uno de los momentos más difíciles que vivió la capital mexicana. Un gran álbum.

José Luis Fernandez Ledesma 1985



El segundo gran disco de progresivo mexicano es "...Y Murió la Tarde" (la publicación de 1995 contiene algunos temas adicionales, aunque originalmente fue grabado en 1985) de Nirgal Vallis, grupo lierado por el virtuoso tecladista-pianista José Luis Fernánndez Ledesma, y que contiene algunas de las mejores canciones de rock jamás escritas por algún mexicano. Un elemento que le añade cierta plusvalía al álbum es la voz dulce y enérgica de Claudia Martínez de Alba (algo muy raro en aquella época, sobre todo en México). En la música prevalece el sonido de teclados y sintetizadores, y podemos destacar temas tan maravillosos como la abridora "La Espera (un ser llamado muerte)", la inteligente  y casi cerebral "Y Murió la Tarde", las dulces armonías de "Hiperdulia al Fracaso", los homenajes a la música mexicana de inicios de siglo que son "Persistencia", "El Tiempero" y Premonición" respectivamente, y la pieza que da título a este blog, y que contiene uno de los paisajes musicales más increíbles que yo haya escuchado, "Memorias de un Cometa", con un Fernandez Ledesma inspirado, glorioso y sublime, los primeros 4 minutos de la canción son delirantes.


El último gran disco de esta pequeña lista es el más progresivo (en el estricto sentido de la palabra) que jamás se haya grabado en estas tierras. Flüght y su maravilloso disco hómonimo de 1982 es la muestra de virtuosismo, la creatividad y el ingenio musical más grande creado en nuestro país. Conformado únicamente por dos canciones, dos enormes canciones (literal) que nos obligan a salir de nuestro mundo y explorar las esquinas más recónditas del alma, Flüght está, sin miedo a equivocarme, a la altura de discos históricos como el X de Klaus Schulze o el Phaedra de Tangerine Dream. "Transparencias" abre el disco, una mezcla de barroco con electrónico, con pasajes de virtuosismo impresionantes, Sergio de Labra (teclados-piano) y Víctor Ruiz (guitarra), acompañados en el bajo por Armando González, nos dejan en claro la calidad de músicos y compositores que eran. A lo largo de los más de 21 minutos de duración, no tenemos descanso entre secciones de barroco, con otras de krautrock y space rock, pasamos fácilmente de melodias dulces de piano a melodías duras y pesadas de sintetizadores. El clímax llega cerca del minuto 14 y nos atrapa en sus redes sin dar tregua, hasta la sección final. La segunda pieza es "En un Viejo Castillo", más cercana al estilo del ya mencionado Klaus Schulze, con más participación de los sintetizadores, pero con una sección media barroca bastante compleja y deliciosa. El bajo también es un elemento fundamental en esta pieza, pues sostiene todas las melodías de guitarra a la perfección. Es, en fin, una obra maestra del género, y la máxima muestra musical de nuestro país.