Mostrando las entradas con la etiqueta 2010s. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta 2010s. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de junio de 2022

La Radiografía (o sea, la discografía de Radiohead)

 


Presentada en orden ascendente, usando como único criterio mi percepción de cada obra.

9. Pablo Honey (1993)


El primer álbum de Radiohead es el que menos suena a Radiohead, e irónicamente, es el que contiene el sonido de Radiohead con el que la mayoría de la gente lo asocia. Todo, claro, debido al éxito descomunal de "Creep", segundo track del álbum. Y efectivamente, el sonido general de la obra se asemeja mucho a este icónico tema: el grunge desolador, depresivo, guitarrero y altamente digerible para una generación juvenil desubicada (como lo son todas). Actualmente, los fans "cerebrales" de la banda odian este álbum. La banda misma odia este álbum. Pero si nos ponemos en el contexto adecuado (considerando a una banda de chicos que quieren encajar, con un primer álbum alineado al mainstream, sin experiencia, criterio ni expectativas, dada su naturaleza de novatos), y sobre todo, si olvidamos por un momento lo que la banda haría en años posteriores, podemos llegar a valorar algunas de las canciones. Por ejemplo, la abridora "You" es un buen tema, una canción bastante destacable si la comparamos con el grueso de bandas de rock de la época. Mismo caso para temas como "Stop Whispering", "Anyone Can Play Guitar", "Prove Yourself" o "Thinking About You". Por su parte, la ya mencionada "Creep", con todo y que está demasiado explotada y a muchos fans "únicos e irrepetibles" esto les escuece, con todo y que se le acusó de plagio (de manera excesivamente rigurosa, si me preguntan), y con todo y el desagrado que genera el que les guste a las personas que también escuchan "de todo", no deja de ser una canción icónica, universal e inmortal. 


8. The King of Limbs (2011)


Aquí nos situamos en el extremo diametralmente opuesto. La banda ya está consolidada, ya desarrolló un sonido excepcional, ya se volvió uno de los hitos del rock neomilenario, y finalmente la curva desciende e inevitablemente tienen que flaquear después de tantos años de obras geniales. Desciende al nivel de Radiohead, claro. Lo que significa que este álbum no es un bodrio, ni mucho menos. Simple y sencillamente, suena demasiado a Radiohead, y quizás este es el mayor pecado de la banda en la última década. Aunque siendo estrictos, este álbum suena, la primer mitad a Thom Yorke y la segunda mitad a Radiohead. Hay que tomar en cuenta que algunos años atrás, Thom Yorke (líder de la banda) publicó su primer disco solista, y su sonido se asemeja demasiado a los 4 primeros cortes de esta obra, tanto que pareciera que fueron temas desechados de aquella obra para ser incluidos en esta. Las otras 4 canciones (porque sí, el álbum se compone de sólo 8 temas) suenan al Radiohead que escuchamos 4 años atrás, en su álbum previo. Esta repetición de sonidos, nada sutil, le hace ser uno de los álbumes menos brillantes de la banda. Aunque es innegable la calidad musical en temas como "Morning Mr. Magpie", "Little By Little", "Codex" o "Give Up The Ghost".


7. A Moon Shaped Pool (2016)


Este es el último álbum de Radiohead que se ha publicado, al menos el último con material original. Y es otro álbum con muy buenas canciones, pero con muy poca trascendencia. Tanto que podríamos decir que es tan sólo un ligero paso hacia adelante con respecto a lo presentado en The King Of Limbs. Y este ligero paso adelante se debe a que la música, en su estructura, es mucho más orgánica. Se utiliza una mayor cantidad de instrumentos "acústicos" en vez de sus versiones ya sea eléctricas o sintetizadas (sin que lleguen a desaparecer del todo). Y ello hace que la música fluya de manera más natural, y a pesar de que la complejidad de algunas canciones está al nivel de lo presentado en obras previas, resulta más fácil procesarlas e interiorizarlas gracias al sonido natural de los instrumentos. Pero más allá de eso, la música sigue sonando, para bien y para mal, a Radiohead y solo a Radiohead. Esto significa que, mientras todas las cualidades musicales que han hecho destacar a la banda están presentes, también se refugian en pocos elementos, arreglos y/o recursos distintos a los ya utilizados anteriormente. Por lo cual no se ofrece nada nuevo, nada innovador, nada destellante, y lamentablemente Radiohead nos tuvo acostumbrados, por muchísimos años, que cada álbum nuevo sería una nueva sorpresa, un nuevo sonido, y un destrozadero de cerebros alrededor del mundo. Supongo que todos debemos acostumbrarnos al hecho de que esos días ya jamás regresarán. 


6. Hail To The Thief (2003)


Es importante puntualizar que, aunque en esta lista, la diferencia es de solo un puesto entre A Moon Shaped Pool y este disco, musicalmente la diferencia es mucho mayor. Este álbum es una obra mucho mayor, desde el número de canciones, hasta la calidad intrínseca de éstas. Podemos decir que en este disco se reunieron los sonidos de sus 4 álbumes previos, y se sazonaron con una pizca de paranoia política. De modo que podemos encontrar fantásticos temas guitarreros, como la espectacular "2+2=5" o la psicodélica y brillante "There, There", así como temas extremadamente electrónicos como "The Gloaming" o la desconcertante "Backdrifts", e incluso temas deliciosamente acústicos como la hermosa "Sail To The Moon" o la esquizofrénica "Go To Sleep". El resto de las canciones se encuentro dentro de los tres vértices que conforman los 3 estilos mencionados, ya sea más cerca o más lejos de ellos, pero sin salirse de las aristas musicales. Con este álbum sucedieron, principalmente, dos cosas que afectarían positivamente al sonido de la banda, al menos en su álbum siguiente. Primero, la reconciliación de la banda con la versión noventera de sí misma, cosa que les permitiría hacer literalmente lo que quisieran en términos de creatividad musical. Segundo, terminaban contrato con su casa discográfica, lo cual significaba que su siguiente álbum lo tendrían que publicar de manera independiente, cosa que, coincidentemente, también les permitiría hacer literalmente lo que quisieran en términos de creatividad musical. Si en la discografía de Radiohead tuviéramos que ubicar a un álbum "bisagra", uno que unificara a la banda en sus sonidos y momentos más significativos, definitivamente ese sería Hail To The Thief. 


5. The Bends (1995)


En 1995 estaba ocurriendo un suceso mediático sin precedentes en Inglaterra. La famosa "batalla del Britpop" entre Oasis y Blur. Un suceso que era tan sólo la cima de todo un movimiento musical de resurgimiento del rock británico. Por supuesto que Radiohead no era ajeno a este movimiento, y sin llegar a formar parte del mainstream al que pertenecían otras bandas, sí publicaron un álbum que musicalmente se plantó como uno de los mejores del género. The Bends es Radiohead siendo lo más típicamente británico que pudo llegar a ser la banda. Es un álbum guitarrero, con canciones simples y melódicas, y sin embargo, no desmerece de ninguna manera con los otros "grandes" de la discografía de la banda. Y ello se debe a que, en esencia, son excelentes compositores de canciones. Es cierto que posterior a este álbum, su rumbo musical se dirigiría hacia la experimentación y el distanciamiento (¿alienación?) musical con respecto al ya mencionado mainstream. Pero con esta obra demuestran que, en términos convencionales, pueden hacer canciones increíbles y memorables. Quizás las menos destacada sean "Bones" y "Bullet Proof... I Wish I Was", pero para nada son malas canciones. Es simplemente que las demás canciones son realmente buenas. Canciones como "Planet Telex", "The Bends", "Just", "My Iron Lung" o "Black Star" son indudablemente canciones que son tan fáciles de digerir como difíciles de olvidar por su calidad. Un poquito más arriba quizás, estén "High & Dry", "(Nice Dream)" o "Street Spirit (Fade Out)", canciones que demuestran una mayor capacidad de expresión emotiva (curiosamente son las "baladas" del álbum) y un alcance melódico inusual. Y la cereza del pastel, una de las canciones más desoladoramente bellas y desgarradoramente tristes de la historia del rock (a ese grado), que marcaría la pauta del sonido que haría histórico a Radiohead, la hermosísima "Fake Plastic Trees", un himno a la melancolía y al dolor, tan universal y tan humano, que resulta ser escalofriante. 


4. In Rainbows (2007)


Para efectos de esta lista, sólo estoy considerando el disco principal de In Rainbows (ya que posteriormente apareció el disk 2, como un complemento a la obra, sin realmente aparecer originalmente en ella). Y tomando esto en consideración, nos encontramos solamente con 10 canciones. 10 temas breves (sólo dos de ellos exceden los 5 minutos), que no parecen prometer mucho a simple vista. Escuchamos la primer canción, la rítmica e interesante "15 Step" que ciertamente nos remite a los mejores momentos de la banda, así que el inicio cumple. El segundo track es la inquietante "Bodysnatchers", un enérgico tema que serviría de inspiración a miles de bandas que imitarían el sonido de esta canción por los siguientes 5 años, que también resulta ser una buena canción. Pero no estamos listos para lo que nos espera a partir del tercer track, llegamos inocentes y desprevenidos a abordar la siguiente canción, sin saber que por los próximos 6 temas la banda se va a encargar de desarmarnos, desproveernos de toda defensa, y exponernos a la más bella dosis de crudeza musical, que al mismo tiempo que nos va a asombrar, nos va a despedazar inmisericordemente. "Nude" es la primer embestida, una que lentamente nos advierte lo que sigue, hermosa, doliente, única. "Weird Fishes" es un frenesí que no se aleja de la tónica presentada en la canción previa, solo que mucho más revolucionada, y por ende, mucho más directa. Para este punto ya estamos totalmente indefensos, así que "All I Need", de menos a más, nos entierra la estocada definitiva, una que no podremos resistir porque es tan dulce, tan atractiva, tan sutil, que soportamos el dolor a pesar de todo. "Faust Arp", con todo y su brevedad, será la siguiente tortura (una tortura bellísima, no olvidemos), sobre todo gracias a su peculiar sección de cuerdas, colocadas justo encima de la voz de Thom Yorke y la dulce guitarra de Johnny Greenwood. Ya no tendremos nada que hacer ante la desolación de "Reckoner", edulcorada e inquietante, sabremos apreciar su cruel sinceridad, a pesar de sonar tan hermosa. Si esto no fuera poco, recibimos la inmensa dosis de melancolía que nos regala "House Of Cards" y no habrá manera de evitar sentir con las notas y los acordes de esta triste y bella canción. El descanso llega con "Jigsaw Falling Into Place" (mi canción menos favorita del disco, por cierto), y encaramos el final en "Videotape", que justamente nos habla del final de todo, de un modo tan brutal y tan bello como ha sido todo el álbum. In Rainbows es un viaje que requiere valentía, un viaje que sin duda va a doler, pero que también disfrutaremos en cada nota y en cada herida abierta. 


3. Amnesiac (2001)


Surgido casi por accidente, como una colección de remanentes de su obra anterior, Amnesiac tiene tanta fuerza, tanta identidad y tanta belleza que se sostiene por sí mismo como uno de los mejores álbumes de rock de la historia (no es exageración). Es cierto que las canciones que aparecen aquí, fueron pensadas para otro álbum, pero se les dio un arreglo tan particular, que en ningún momento suena como los restos de otra obra, aunque sea su obra "hermana" (siempre me pareció inquietante el pensar qué hubiera pasado si Kid A/Amnesiac hubieran sido publicados como un álbum doble). Aquí tenemos canciones que, a pesar de ser del mismo estilo (rock electrónico), tienen un barniz de sensibilidad diferente, mucho más cálido y emotivo que lo presentado en el álbum previo. El álbum abre con  "Packt Like Sardiness in a Crushd Tin Box", una canción enteramente electrónica que nos hace ver por dónde va el sonido del álbum (aunque no sea del todo cierto). De ahí podemos distinguir a las canciones por su nivel de experimentación, como "Pulk/ Pull Revolving Doors" y su beat hipnótico que sostiene una serie de sonidos tan ininteligibles como fascinantes, o "Dollars And Cents", un exquisito homenaje al krautrock pero con un arreglo de cuerdas sombrío e igualmente bello. Mientras que por otro lado, tenemos a las canciones bellas (que son la mayoría), como "Morning Bell Amnesiac", "Knives Out" (con un video surrealista dirigido ni más ni menos que por Michel Gondry), "I Might Be Wrong" con su ritmo bailable, "Life In A Glass House" con su hiriente sonido bluesero de mala muerte, o "Pyramid Song" y su fantástica y fantasiosa letra. Pero si de emotividad hablamos, hay 2 canciones que inevitablemente llegan directo al alma, y que son capaces de llevarnos (al menos a mí sí) a las lágrimas cuando conectamos con ellas. Me refiero a la breve "You And Whose Army", con una estructura tan simple y un levantón hacia el final de la canción (cuando entra el piano) que sí o sí te rompe el alma, y "Like Spinning Plates", tan experimental como sublime, construida sobre un efecto backwards, tan fría y tan punzante, tan bella y tan agónica, no he escuchado una canción como esta en ningún otro punto de la historia musical. 


2. Kid A (2000)


Este es el álbum que revolucionó a Radiohead y que cambió la industria de la música en más de un sentido. Fue todo un suceso, Radiohead había dejado las guitarras, había abandonado el cálido y cómodo asiento del rock de guitarras, y se había aventurado en el mundo de la música electrónica experimental. La banda perdió a muchos seguidores, y se ganó a unos cuantos nuevos. En términos económicos, fue la mayor pérdida que cualquier banda podría imaginar, un movimiento tan arriesgado que les costó muchísimo más de lo que cualquier banda está dispuesta a arriesgar. Pero artísticamente hablando, fue un movimiento genial, fue una expresión sublime de la búsqueda del arte, de la innovación al costo que sea. Fue por este cambio tan abrupto que Radiohead es una de las bandas más grandes de la historia del rock, uno de los gigantes del nuevo siglo, si no es que el más grande de todos, la última banda legendaria. Con 22 años de distancia, puedo decir que aún me asombra el sonido de esta obra maestra. Nada es orgánico ( en el estricto sentido de la palabra), todo es sintético y frío. Un sonido tan acorde con el cambio de siglo, con el cambio de milenio. En 10 canciones Radiohead revolucionó su mundo, y el mundo de todo aquel amante del rock. Y es que a pesar de no ser estrictamente rock, por el tipo de instrumentos que utilizaron para grabar las canciones, el ambiente y la estructura de las canciones aún pertenece al rock, tanto como el metal o el folk. Sin embargo esto era nuevo. Nadie jamás había presentado música así. Evidentemente las influencias musicales son muy claras: Can, Neu, Kraftwerk, Faust, Tangerine Dream, entre muchas otras bandas alemanas de los 70s. Pero Radiohead hizo lo que nadie ha vuelto a hacer, y quizás nadie vuelva a hacer, al menos dentro del mundo del rock: crear un sonido nuevo, un sonido original, un sonido que nadie jamás había escuchado antes. Muchos dicen que este es el mejor álbum de Radiohead, y en pos de la objetividad, diré que tienen razón. Es el mejor disco de Radiohead, desde cualquier ángulo que se le vea.


1. OK Computer (1997)


Es cierto que Kid A es el álbum que marcó el cambio definitivo en Radiohead, pero es en esta obra en donde se empieza a gestar ese cambio. Ok Computer es, "técnicamente", un disco de guitarras, una continuación a The Bends. Pero en el fondo, percibimos un añadido. En esta obra desaparecen los power chords y aparecen las emociones profundas. La melancolía y la alienación formaron parte inherente a la composición de las canciones. En todos los temas sentimos esa profunda tristeza, más allá de si estamos escuchando la peculiaridad rítmica de la genial "Airbag", la hermosura "McCartniana" de "Karma Police", el estruendo cuasi-punkero de "Electioneering" o la suavidad engañosa de "No Surprises", en todos los temas está presente como un elemento ineludible la melancolía, el dolor, el abrumador fantasma de la desolación y la desesperanza. Evidentemente las canciones son mucho más orgánicas que en Kid A, y eso las hace sentir mucho más sinceras con este fantasma que las acompaña en todo momento. En ese sentido, esto es lo más parecido a un álbum conceptual de Radiohead en todo su historial. Y no porque las letras o la temática esté interconectada a lo largo de los 12 tracks. Sino porque todas las canciones están hermanadas en el espíritu de la tristeza profunda. Y es elemento, tan sutil y tan poderoso a la vez, es lo que multiplica la inconmesurable belleza de la obra. Quizás no es tan innovador como otras obras, quizás no es tan espectacular, tan arriesgado o tan contundente en su mensaje. Pero sí es la semilla que deriva en todo ello. Incluso las canciones menos laureadas, como "Subterranean Homesick Alien", "Climbing Up The Walls", "Lucky" o "The Tourist" son de una enorme belleza potenciada por el elemento ineludible ya mencionado. Ni qué decir de las canciones más reconocidas, como "Exit Music (For a Film)", "Let Down" o "No Surprises". Y luego están las obras maestras, "Paranoid Android" y "Karma Police", dos de las canciones más icónicas y geniales del rock británico. Este álbum es mi favorito de Radiohead, tanto por aspectos subjetivos (fue el primer disco que escuché completo de Radiohead) como por aspectos objetivos. 

martes, 31 de julio de 2018

El último gran año musical



¿Qué es lo que define a los grandes años en la historia del rock? Son muchos factores, desde la trascendencia de algunas canciones, pasando por la calidad de artistas que publicaron sus obras en dicho año, hasta la calidad de las obras mismas, la trascendencia y la influencia del año musical en general. Así, podemos hablar de un 1964 importantísimo para la historia del rock, en el que surgió la llamada "invasión británica", el año en que se dan a conocer bandas como los Rolling Stones, los Kinks, los Dave Clark Five, y el año en que los Beatles hacen lo que ningún otro artista había hecho jamás: sacudir al planeta entero con algo que no sean armas o guerras.

Otro año que podríamos recordar como importante es 1967, en el cual se publican algunos de los mejores álbumes de rock de la historia, el "Sgt Pepper's" de los Beatles, el debut de Pink Floyd, el genial "Are You Experienced?" de Jimi Hendrix, el homónimo de los Doors, o el del plátano de Velvet Underground; además de la consolidación de la psicodelia como un movimiento que trascendió a la música, y que moldearía a las mentes de los llamados "baby boomers". Y podemos seguir: 1970 con la pronta aparición y consolidación del heavy metal, gracias a Black Sabbath, Led Zeppelin y Deep Purple; 1971 y su seguidilla de álbumes históricos, 1972 con la explosión del rock progresivo a nivel mundial, encabezada por Pink Floyd y King Crimson, 1977 con la irrupción del punk como la música de la nueva generación, aquellos que amaban a los Beatles de niños, pero que odiaban a sus padres de adolescentes, etcétera.

Conforme avanzaron las décadas, los años trascendentes fueron siendo menos frecuentes, con los años 90 teniendo sólo 2 casos: el del '91 y el del '97 (aunque estrictamente hablando, el año 2000 también forma parte de los 90). En el nuevo milenio sólo ha habido un par de años que se destacan sobre de los demás, el espectacular 2005 y el lúcido (y está por verse si trascendente) 2011. Y es sobre este último año que me centraré en este texto.

Si bien, ninguna de las obras y/o artistas que publicaron en el 2011 está a la altura de Hendrix, Led Zeppelin, los Ramones, Nirvana o Radiohead, sí que es verdad que muchos de ellos nos presentaron sus mejores obras en este año. Así que pongamos un poco de contexto. El primer año de una nueva década, que necesitábamos que fuera de mejor calidad que la que terminaba, en la que la música popular terminó por separarse en su totalidad de cualquier ápice de calidad artística, en la que hubo cosas como el nü metal o el happy punk, en la que el hip hop comenzaba a dominar y en la que las guitarras dejaron de sonar hacia el final de la década.

El indie parecía ser el único salvavidas de la escena musical, ya con Radiohead en decadencia y sin ningún reemplazo visible para tomar su estafeta. Y efectivamente, las bandas indie al parecer se unieron y nos regalaron una serie de álbumes que, si bien no cambiaron el rumbo de la historia, sí nos llenaron de esperanzas para la nueva década que apenas comenzaba. Y es que fueron tantos álbumes buenos los que se publicaron en ese año, que muchos pensamos que se repetiría la historia de los 8 y los 90. Lamentablemente no fue así, y esta década está siendo igual o más pobre musicalmente que la anterior.

Aún así, vale la pena recordar al 2011 como el mejor año musical de la década que ya casi termina, y también recordemos algunos de los álbumes que lo hicieron tan preciado.

"Bloom"  de Beach House. La obra máxima de este dueto de dream pop, engalanada con su tema más icónico y representativo, el inicial "Myth", pero con muchas otras grandes canciones que le enriquecen y le hacen una obra esencial para la comprensión de la música de nuestros días. De todos los álbumes publicados en este año, éste es quizás el más influyente.



"Bon Iver" de Bon Iver. Una joya folk del característico proycto encabezado por Justin Vernon, de la que se extraen temas maravillosos y conocidos dentro del círculo indie, como "Perth" o "Holocene", y que engloba a la perfección el nuevo folk, la resurrección de lo que iniciaron Bob Dylan y Joan Baez 50 años atrás, ahora con la sofisticación del nuevo siglo.



"Burst Apart" de The Antlers. Para algunos es una mezcla de folk con post rock, se trata de una bella obra de indie rock, llena de melancolía y pulcritud, se trata de la obra fundamental de los neoyorkinos (¿de dónde más?) en la que podemos encontrar joyas como "French Exit", "No Widows" o "Corsicana".



"Circuital" de My Morning Jacket. Una banda que desde la década anterior se hizo legendaria y se ganó el respeto de muchos, con su alt country de preciosa manufactura y de un poderío inusual en una banda como ésta. No es su mejor obra, pero sí una de las mejores, y para corroborarlo basta con escuchar el tema homónimo.



"Degeneration Street" de The Dears. Otra obra cumbre, esta vez de los canadienses The Dears, que nos muestran un rock fino pero para nada emparentado con el indie y sus aires de melancolía, sino que es más cercano a una versión oscura de Arcade Fire, y además tiene una estructura característica de álbum clásico. Así, de una especie de hip hop rock en la inicial "Omega Dog", pasamos a un rock durísimo en "Blood", y a su vez, de éste a un auténtico himno en "Lamentation". Una obra que vale mucho la pena.



"Father, Son, Holy Ghost" de Girls. La segunda y última obra de este estupendo grupo originario de San Francisco, y que a diferencia de su álbum debut, en este hay mucha presencia de las raíces del rock, sonidos blueseros y souleros llenos de belleza y emotividad. La visceralidad de "Vomit", la magia de "Magic", la ternura de "Saying I Love You" o la enorme belleza de "Jamie Marie", entre muchos otros temas, hacen del álbum una auténtica joya. Uno de los 3 mejores del año.



"Helplessness Blues" de Fleet Foxes. Otra gran muestra de indie folk, ahora en las voces corales y bellas de esta agrupación que nos entrega esta, su segunda gran obra, y una de las más accesibles del año. A pesar de ello, se puede palpar la complejidad estructural en algunas de sus canciones, que hábilmente se disimula gracias a sus armonías vocales  y sus melodías llenas de vida.



"Last Night On Earth" de Noah And The Whale. Un excelente álbum pop. No es el pop plástico y mezclado con elementos de hip hop, sino pop de verdad, pop como el de los Beatles, pop fino y lleno de optimismo. Así es este breve y bello álbum en el que destacan joyas como "L.I.F.E.G.O.E.S.O.N.", "Give It All Back" o "Waiting For My Chance To Come".



"Slave Ambient" de The War On Drugs. La obra cumbre de esta banda de dream pop psicodélico y alucinante, liderada por Adam Granduciel y Kurt Vile, y que entre las densas atmósferas de cada una de las canciones, nos sabremos encontrar fácilmente, pues las melodías y armonías son tan complejas como nuestras propias emociones, e igual de intensas. Una muestra de ello es la magnífica "Come To The City".



"Last Summer" de Eleanor Friedberger. Otro álbum de buen pop, sin complejidades, sin excesos, 10 simples canciones de pop bien hecho y perfectamente interpretado por la líder de los Fiery Furnaces. ¿Es tan difícil hacer lo más fácil? Aparentemente sí, pues álbumes como este son tan escasos.



"W H O K I L L" de tUnE-yArDs. Este singular proyecto musical con entregaría su obra más emblemática en 2011, un álbum muy complejo y experimental, pero con muchos momentos sublimes, como lo son la deliciosa "Powa" o la magistralmente catastrófica "Doorstep". De los álbmes menos conocidos, y de los más enriquecedores.



"Metals" de Feist. Ya con su anterior obra "The Reminder", la cantante canadiense nos había mostrado sus capacidades como compositora y como cantante (se trata de una de las voces más bellas de la música actual), y en el 2011 confirmaría su estatus con esta maravillosa obra, íntima y personal, que a pesar de tocar temas variados en las letras de sus canciones, todas tienen en común la melancolía y la delicadeza.



"Let England Shake" de PJ Harvey. Una estrella rockera de los 90, que en lo 00 pasó un tanto desapercibida, resurgiría con esta, su segunda obra maestra, uno de los álbumes más representativos de la británica. Es una mezcla de crítica con añoranza, todo enfocado hacia la actual y la pasada Inglaterra, con letras tan duras y tan hermosas que contrastan con la dulzura aparente de la música. Y la voz, es la voz que jamás le habíamos escuchado a Polly Jean, con un rango altísimo y una expresividad escalofriante.


viernes, 16 de febrero de 2018

Con la bendición del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo



2011 fue un año muy prolífico para la escena indie del rock internacional; varios de los mejores álbumes de la década fueron publicados en este espléndido año musical, y uno de ellos es el "Father, Son, Holy Ghost" de los californianos Girls, quienes en este álbum harían su segundo y último larga duración, luego de haber publicado en 2009 su interesante álbum debut intitulado minimalísticamente "Album".

A diferencia de su primer grabación, mucho más cercana al sonido indie con elementos electrónicos y rockeros, su segundo álbum fue uno mucho más cercano a las raíces del rock, con elementos de soul, gospel y un poco de blues, cosa rara en estos días. La obra abre con "Honey Bunny", una canción con aires poperos muy notorios, y con un intermedio soulero muy interesante, aunque en su mayoría predomina la ambientación jovial y vivaz. "Alex" es, sin embargo, una excelente canción de rock sin etiquetas, una canción con estructura de rock, guitarras rockeras y una letra de amor muy singular. Ojo al estupendo final de la canción. Por su parte, "Die" es un alocado rock lleno de poderío y con una breve estrofa que alimenta esta locura, la banda apuesta más hacia los sonidos duros y electrificantes.

Sin embargo, es en este punto que el álbum da un giro conceptual un tanto brusco, sin que ello afecte a la cohesión y uniformidad del álbum. Con "Saying I Love You" la banda ahora comienza a expresar dolor, tristeza y melancolía (de hecho el cambio se da desde la última parte de la canción anterior). La canción en apariencia es dulce y melódica, sin embargo tras esa fachada se esconde un tremendo dolor por el abandono y el vacío de la soledad. Y es así como poco a poco la banda nos hunde un poco más con cada canción, y "My Ma" está para confirmarlo, una canción nostálgica en acordes blueseros y con elementos claramente de soul y gospel (esos coros femeninos son bellísimos) es, a mi parecer, una de las mejores canciones del álbum. Una canción salida directamente del corazón, dispuesta a entrar a miles más a través de los oídos de quienes se lo permitamos.

Pero esto apenas es el comienzo del descenso emocional al que la banda nos pretende llevar suavemente. "Vomit" llega con su explícito título a sumergirnos un poco más, con una duración de por encima de los 6 minutos, alcanza niveles de emotividad escalofriantes, con ese deprimente inicio de la canción, y la potente ruptura musical del primer coro. Luego del estrepitoso y sí, vomitivo solo de guitarra, y de un puente interesante, llega el fastuoso final de la canción, elevando las emociones al máximo y llevándonos más cerca del fondo emocional del álbum. "Just a Song" es un deleite desde las primeras notas de guitarra, cercanas a lo barroco, y con esa agridulce letra llena de dolor y dulzura, acorde con la música que estamos escuchando. La canción va avanzando sin perder esa dulzura, esa deliciosa atmósfera de melancolía que se presenta de múltiples maneras a lo largo del tema, haciendo que, a pesar de ser claramente una canción llena de tristeza, nos llene el corazón de más ternura que dolor. La parte final ("Love... love... love... it's just a song") es una maravilla completa.

La tristeza desaparece por un momento, con la súper entusiasta, romántica y optimista "Magic", la cual regresa un poco a la temática popera del primer track, aunque mucho mejor lograda esta vez. La canción es totalmente pegajosa y llena de alma y carisma propia. Memorable desde la primera hasta la última nota, es en su simpleza en donde radica su mayor virtud. Pero esta breve luz se opaca rápidamente con la oscuridad de "Forgiveness", una canción pesada de casi 8 minutos de duración, que nos mantiene en suspenso y esperando una ruptura musical (que sí llega). Temáticamente, la canción está buscando la redención y la salida emocional a los problemas cotidianos que todos pasamos a diario. Irónicamente, la letra es mucho más esperanzadora que la música que le acompaña, cosa que genera un contraste que complementa nuestra percepción de la canción. Como suele suceder, la música se rompe junto con las emociones de la misma, y la canción alcanza su clímax catártico y hermoso por igual.

Anticipando el final del álbum, "Love Life" aligera las emociones sin dejar de ser una bella canción. Muy cercana al soul que cantaban Sam Cooke y Otis Redding, ahora la tristeza se ve bastante adornada con romance en vez de oscuridad, con elegancia en vez de depresión, y con sensualidad en vez de abandono. Un homenaje al soul de la época del 60-65, perfectamente bien logrado, al grado de erizarnos la piel por su enorme emotividad. Por último, "Jamie Marie" es la joya de la corona. La última canción es por demás fina y sutil, melancólica hasta los huesos, y colmada de ternura. Un perfecto cierre para lo que el álbum nos quiso transimitir, y para lo que nos ha hecho sentir a lo largo de 52 minutos de rock, blues, soul y una tristeza hermosísima.

Es por ello que de entre todos los buenos álbumes salidos en esta década por terminar, quise destacar a "Father, Son, Holy Ghost", porque es un álbum bastante inusual en nuestros tiempos, dominados por la electrónica, los derivados de Radiohead y el llamado indie. Girls, dentro de su temática indie, lograron rescatar en este álbum algo que parecía ya olvidado por la mayoría de los músicos de nuestros tiempos, es decir, las raíces y el alma del rock, no del rock como género, sino como expresión cultural y artística. Sí, es un álbum bastante inusual, y en ello radica su inmensa belleza.

lunes, 29 de enero de 2018

El último clásico del rock - Arcade Fire



En la historia del rock hay álbumes que podemos considerar como clásicos tanto por la calidad de sus canciones, así como la cohesión artística entre ellas que las encapsula dentro de un "concepto" sonoro uniforme, coherente y que además es memorable y agradable a los oídos. Los clásicos, desde mi punto de vista, no sólo deben ser buenos álbumes, sino que deben tener una gran conexión entre los (generalmente) más de 14 temas. Por poner un ejemplo, Soundgarden hizo un estupendo álbum, el mejor de su carrera, es decir el "Badmotorfinger" de 1992, que sin embargo no tiene la cohesión y la unidad de su sucesor, "Superunknown" de 1994, el cual yo sí consideraría como un clásico del rock, a pesar de ser de menor calidad artística que su antecesor. Esta cualidad de "clásico", para redondear, no se aplica necesariamente a los mejores álbumes, sino a los más redondos artísticamente hablando.

Y para mí, el último clásico del rock que se ha publicado, es el "The Suburbs" de Arcade Fire, de 2010, un álbum completo y que, sin llegar a ser conceptual ni una ópera rock, sí mantiene una unidad artistica desde el primer hasta el decimosexto tema. La nostalgia y homenaje al pasado son palpables en cada una de las canciones, y de ellas, cada una tiene su identidad propia, pero todas pertenecen al mismo concepto, lo cual las hace ser partes de una obra mayor, una obra que honra precisamente a la infancia, y la melancolía que todos inevitablemente sentimos al recordarla.

Ahora bien, la obra no es triste ni por un segundo, lo cual aumenta la calidad de la música, pues no aboga a los facilismos de la época, en la que la tristeza se utiliza para llegar a públicos mayores. No, aquí prepondera el rock, sin embargo, es inevitable al escuchar la música y leer las letras el sentir una añoranza deliciosa por las circunstancias descritas y las emociones transmitidas. En ese sentido, la homónima abridora "The Suburbs" es una delicia de principio a fin, con su línea inicial "In the suburbs I learned to drive...". Podemos palpar la vida en los suburbios norteamericanos, aquellos barrios idílicos con casas de enormes jardines y de una armonía ideal para vivir una infancia feliz y plena. El acompañamiento sonoro es fantástico, sobre todo en aquellos pequeños detalles, como una cuerda de guitarra escondida, un violín tímido o el piano acompañando a lo largo de toda la canción. Sin espacio para la reflexión, comienza "Ready to Start", corroborando lo que decíamos anteriormente. La canción no se parece en nada a la anterior, pero mantiene perfectamente la línea conceptual del álbum que ya para este punto no es bastante clara. El coro es delicioso a más no poder.

Al fin una pequeña pausa, para entrar a la arrítmica "Modern Man", una canción que nos habla del aislamiento social, y de lo sutil que puede entrar en nuestras vidas. La canción, a pesar de ser rockera, nunca estalla realmente, se mantiene con un bajo perfil muy agradable, con su riff de una cuerda y su puente ascendente que añade un poco de dramatismo. Por su parte, "Rococo" es una sátira a aquellos sabihondos imberbes que alardean a cualquier oportunidad, de esos que seguramente todos hemos conocido en algún punto de la vida. Aquí la música sí que estalla, y lo hace de manera gloriosa, con unos coros estupendos y una pesadez sonora abrumadora. Es hasta este punto la canción más destacada en lo musical, rayando en lo épico. Y la explosíon de energía no hace más que acrecentarse con la vertiginosa "Empty Room", una que nos transmite su infinita energía desde las primeras y alocadas notas de violín, secundadas por un poderoso rock y que, endulzadas con una bella voz femenina y una ambientación de ensueño, nos hacen estremecer. La canción hacia el final crece y se desvanece detrás del todo, cual ocaso detrás del océano. Una auténtica maravilla.

Nuevamente sin descanso, aparece "City With No Children", con su riff elaborado y sus armonías deliciosamente descendentes, nos plantea la terrible posibilidad de un mundo sin la felicidad infantil que todos tuvimos, una anti utopía que afortunadamente es sólo eso. Posterior a esto, viene mi canción preferida del álbum, la gloriosa "Half Light I", un himno auténtico en donde los sonidos se mezclan, se fusionan y se retroalimentan. A lo alto de toda la canción, unas cuerdas agudísimas, que marcan el ritmo emocional de toda la canción, y que ascienden y descienden en sus notas a su antojo, y con ello, nos suben y bajan el ánimo irremediablemente. El clímax de la canción es uno de los momentos más sublimes de toda la música que he escuchado en mi vida. Y su contraparte no se queda muy atrás, "Half Light II" es otra maravilla, mucho más cercano al techno ochentero, que incluso por momentos me recuerda a Erasure (aquellos que cantaban en los ochentas "A Little Respect" y "Always") pero nuevamente repitiendo la fórmula de las cuerdas en lo alto (aunque esta vez son sintéticas) para despertar en nosotros las emociones más bellas y entrañables. La letra habla del pasado, de lo que fue y ya no será, de lo nublados que estamos al ver a media luz las cosas, y de lo fantástico que fue vivir una época de felicidad eternamente perdida. Dice: "One day they will see it's long gone...". Otra obra de arte.

"Suburban War" es una auténtica oda lírica a la adolescencia, a la irreverencia y la libertad de aquella época en la que uno siente que puede conquistar al mundo, y salir victorioso de esta catástrofe constante llamada vida. Musicalmente es nuevamente un rock entrañable, con un bello riff de contrapuntos, y su bajo perfil que se presta a la reflexión y al disfrute. Esto hasta la majestuosa ruptura del final, en la que la música se acelera, y los sonidos nos estremecen, nos confunden y sólo tenemos como guía un bello coro femenino, el cual nos lleva suavemente al final de la canción. "Month of May" es un rock and roll potente, en el que las bellas melodías y armonías se hacen a un lado, para dejarnos sólo el vertiginoso poder rockero de la banda. La música lentamente pasa de ser agresiva para terminar siendo misteriosa y oscura, con esos contundentes sintetizadores del final de la canción. Contrastantemente, "Wasted Hours" es una suave y cálida canción en lo musical, y un constante arrepentimiento del pasado en lo lírico. La canción tiene un ritmo ameno, casi como si fuera una marcha, el cual sólo se interrumpe para el suave coro, y regresa sin mayores aspavientos. Una canción totalmente introspectiva y reflexiva. La línea se mantiene un poco con "Deep Blue", una canción en constante ascenso que quizás nos deja un poco con las ganas de una explosión musical, pero que manteniendo la cohesión musical, funciona perfectamente. Este es el momento reflexivo del álbum, y esta canción está aquí para corroborarlo.

La canción más popular del álbum es la que sigue a continuación, "We Used To Wait" es una estupenda canción pop, no plástico, sino pop en su estructura y en su progresión armónica. Por momentos llega a ser bastante emotiva, y sin duda es una de las que más fácilmente recordaremos. No se trata de una canción fácil como tal, pero sí que es tan buena, y tan pegajosa, que relumbrará el brillo del álbum, perdido un poco en la introspección de los dos temas anteriores. Letrísticamente, es una canción que nos habla de lo ansiosos que solíamos ser por crecer, por ser adultos, y cómo es inevitable el querer lo opuesto una vez que hemos llegado a la esperada edad adulta. Un tema universal con el que todos nos identificamos. "Sprawl I (Flatland)" es una canción muy oscura, muy ominosa incluso, en la que se habla del momento en el que regresamos a los lugares idílicos de nuestra infancia, sólo para encontrarnos con que ya no son igual a como los recordamos, y cómo ello nos genera una profunda desilusión, una pérdida de cierta magia hacia el pasado. Musicalmente se acompaña a la perfección con lo que se narra, y en ello radica su mayor logro. La contraparte de ésta es también un contraste muy marcado, "Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)" es una canción techno, muy cercana al estilo que la banda nos presentaría en sus dos álbumes siguientes, se trata de una canción cercana al pop de plástico, un tanto bailable, un mucho electrónica, pero bastante disfrutable, ya que todo este concepto no lo llevan demasiado lejos, y se mantiene dentro de la línea musical del álbum. Las letras son ciertamente una extensión (sprawl) de las del tema anterior, y nos dicen lo triste que es que el crecimiento industrial y comercial de las ciudades hacen que se pierdan lugares mágicos y orgánicos de nuestra infancia. En ese sentido el coro es muy claro, al decir "Then we can never get away from the sprawl/ Living in the sprawl/ Dead shopping malls rise like mountains beyond mountains/ And there's no end in sight/ I need the darkness someone please cut the lights". Finalmente tenemos la coda, "The Suburbs (Continued)", un reprise del tema inicial ahora sólo con una base de cuerdas, que cierran el concepto de manera melancólica y entrañable, tal y como fue el resto del álbum.

Como tal, no se trata quizás ni del mejor álbum de la banda (aunque sí que es mi preferido), pero como clásico, nadie puede negar que el álbum no le falta ni le sobra nada, todas las canciones son buenas, todas están interconectadas entre sí, todas forman parte de un concepto maravilloso, y en conjunto son más valiosas que individualmente. Desde entonces no hemos vuelto a tener un álbum de tal magnitud, y a pesar de haber escuchado en lo que va de la década buenos álbumes, ninguno ha llegado a la categoría de clásico, ni mucho menos. Es por ello que este álbum tiene desde ya un lugar reservado en la historia del rock, y de la música contemporánea.

jueves, 18 de enero de 2018

Música de ensueño: The War on Drugs - Slave Ambient (2011)



El llamado "Indie" de estas épocas suele ser una mezcla de folk, con sonidos melancólicos a la Radiohead, y con una fuerte dosis de frescura que hace que el sonido sea agradable tanto para jóvenes como para adultos. Ahí tenemos el ejemplo de la música de los Fleet Foxes, Father John Misty, o los mismos The Lumineers, como ejemplos de ello. Sin embargo, la corriente también tiene una faceta mucho más profunda, mucho más etérea y rebuscada.

Un ejemplo de esto es el bellísimo "Slave Ambient", publicado en 2011 por la banda Norteamiericana "The War On Drugs", liderada en aquel entonces por el brillante Adam Granduciel, y el no menos destacado músico Kurt Vile. "Slave Ambient" es una pequeña joyita de poco más de 46 minutos de duración, divididos en 12 hermosos tracks.

Escucharle es como sumergirse en un sueño profundo, en medio de las nubes y con un ambiente ta denso como delicioso. Todas las canciones parecen ser parte de un viaje interno, o quizás un viaje extrasensorial, en el que de manera gratuita los músicos nos llevan y nos muestran algo de lo que ellos, en su creatividad, pueden apreciar, y dejarnos a los mortales admirar por 45 minutos. Cierto es que las canciones tienen mucho de melancolía, pero ello no significa que el álbum sea triste, al contrario, este álbum puede levantarnos el ánimo con relativa facilidad, debido a la calidad y cantidad de gozo que podemos hallar en él.

De los 12 temas, algunos son gigantescos, otros son transitorios y otros más son simplemente deliciosos. Pero en ningún momento vamos a sentir que estamos perdiendo nuestro tiempo, sino todo lo contrario. Quizás sea la apaciguada voz de Granduciel, quizás sean los beats rítmicos casi ochenteros, o quizás sea el ambiente etéreo y denso que en general rodea al álbum, como una especie de atmósfera suave, en apariencia impenetrable, pero tan accesible y amable para el escucha como si se tratara de nubes de vapor de agua, de esas que cálidamente nos recubren mientras nos duchamos. De cualquier manera, sabemos que no estamos escuchando un álbum indie más, como muchos que merodean el ambiente musical de estos días.

Y mientras pasan los tracks, prácticamente sin silencio entre uno y otro, sentimos como si estuviésemos escuchando una gran banda sonora de algún evento de nuestro pasado (puede ser el que sea, el que más se acople con nuestro estado de ánimo), y de manera entrañable, la música penetra nuestros oídos y se sumerge en nuestro interior hasta llegar justo a donde tiene que llegar, a ese lugar donde sólo la música especial nos llega, y ahí mismo se arma una guarida permanente.

A destacar, "Best Night", que me parece la canción ideal para adentrarnos en el ambiente esclavista del álbum, "I Was There" con su letra desesperanzadora y familiarmente catastrófica (I was there to catch a man, i thought i had him by the hand, i only had him by the glove...), "Your Love Is Calling My Name" y sus aires ochenteros innegables, e incluso casi bailables, "Come To The City" que es una monumental obra maestra de 4 minutos y medio, y que nos estremecerá al borde de las lágrimas gracias a sus espectaculares muros de sonido tan altos como majestuosos, "It's Your Destiny" nuevamente con aires ochenteros, aunque más cercanos al sonido de Cocteau Twins que al pop bailable de dicha década, a diferencia de "Baby Missiles", ante la cual podemos bailar y bailar sin descanso alguno, o el hermoso tema de cierre "Black Water Falls", un "acústico" etéreo que nos regresa lentamente a nuestro mundo material y lleno de banalidades tangibles e intrascendentes.

Y es que ese es el mayor mérito tanto de la banda, como de la joya que han creado, la capacidad de transportarnos a un mundo alterno, uno en donde el arte es vanagloriado, en donde las mundaneidades no tienen mayor relevancia, y donde podemos soñar despiertos, y dejar que nuestra imaginación vuele al ritmo de la música, acompañado de las hermosas melodías y las perfectas armonías que de manera tan gratuita, la banda nos ha regalado. Este es sin duda, uno de los álbumes más destacados de lo que va de esta década. Reitero, sin duda alguna.


Best Night – 5:30
Brothers – 4:28
I Was There – 3:49
Your Love Is Calling My Name – 6:01
The Animator – 2:16
Come to the City – 4:31
Come for It – 0:27
It's Your Destiny – 4:49
City Reprise #12 – 3:05
Baby Missiles – 3:33
Original Slave – 3:11
Black Water Falls – 5:10

miércoles, 26 de abril de 2017

Top Ten: Beach House




Mi selección de diez canciones de este dúo norteamericano de dream pop, conformado por Victoria Legrand (voces, órganos) y Alex Scally (guitarras, cajas de ritmos). Diez canciones para disfrutar, para añorar, para viajar, para estar solo o con la mejor compañía.

10. Tokyo Witch
9. Norway
8. Wedding Bell
7. Levitation
6. On The Sea
5. Turtle Island
4. Myth
3. Sparks
2. Space Song
1. Zebra


viernes, 27 de enero de 2017

El último verano de Eleanor


2011 fue un buen año para el rock femenino, para la música hecha por mujeres en muchos sentidos. De hecho, a mi modo de ver, los tres mejores álbumes del año fueron realizados por mujeres (e irónicamente, en mi lista personal, el cuarto lugar es para una banda de hombres llamada Girls) y uno de estos grandes discos pertenece a la irreverente y por demás creativa vocalista de los Fiery Furnaces, la genial Eleanor Friedberger, con su estupendo álbum solista llamado Last Summer.

Last Summer es básicamente un álbum de pop... sí, pop del más elemental, sin mezclas extrañas, sin experimentos psicodélicos, sin las excentridades de los antes mencionados Fiery Furnaces, sin nada que podríamos pensar al nombrar a la extraña Friedberger. Simplemente canciones de pop bien hechas, algunas muy alegres, otras no tanto, pero sin olvidar el elemento simple de estructura de canción de pop. ¿Cómo es que un álbum de simple y llano pop es que se considera de los mejores? ¿No se supone que el pop es plástico, vacío, materialista, superficial y poco sustancioso? Pues en teoría no. No porque los máximos exponentes del pop cumplan con los adjetivos antes mencionados, ni porque los artistas poperos de los últimos 37 años lo hayan sido, significa que el género en su totalidad lo sea.

El pop de hecho lo inventaron los Beatles, sin ser tan frívolos como los poperos modernos, sino todo lo contrario. El pop puede ser un género que, bien hecho con talento y un trasfondo artístico, puede superar en calidad a muchos otros más intrincados y de culto.



Pues aquí tenemos al Last Summer de Eleanor Friedberger, que desde la inicial y súper alegre "My Mistakes" nos anuncia que está lejos de pretenciones pseudo artísticas, y que nos espera un álbum sparky, destellante y simple. Y es así durante los casi 40 minutos de duración. Pasaremos por la mística "Inn of the Seventh Ray", la deliciosa y romántica "Heaven", la estupenda y meditativa "Scenes From Bensonhurst" (con su riff de bajo oculto y maravilloso), la funky, alegre y divertida "Roosevelt Island", "Glitter Gold Year" con su ritmo a base de piano casi marchante, la bucólica y hermosa "One Month Marathon", la letra rompecorazones con melodías alegres de "I Wont Fall Apart On You Tonight", la poética "Owl's Head Park" y por último, el cierre eufórico y alegre de "Early Earthquake"; todas barnizadas con un delicioso sonido pop, simple y elegante, que nos facilitará las cosas al escuchar esta maravilla de álbum.

Last Summer es una muestra de lo sencillo que puede resultar el hacer un álbum, con el género más fácil en el que se pueden grabar una serie de canciones, y con la estructura de composición en apariencia más simple de todas, con un resultado maravilloso y esplendoroso. La música del álbum no tiene ninguna restricción cultural, de edad o género. Es un álbum para todos los gustos, es en ello que radica su grandeza y su trascendencia.